Responsabilidad, responsables e irresponsables.

“ Habiendo escaleras, el propietario no se hace responsable de los daños que pueda ocasionar el ascensor”.

En los ascensores de los edificios de los años 40 y 50, y también de los 60,  los propietarios pegaban un cartel con esta advertencia.

Hasta 1950 que se dicta la ley de propiedad horizontal casi todos los edificios del centro que tenían ascensor, esos ascensores de puertas enrejadas y pisos de madera eslavonia, tenían un único propietario que alquilaba las oficinas o departamentos. Los ascensores eran seguros, pero, por las dudas, los propietarios hacían saber que cualquier accidente que ocurriera con esos artefactos modernos no era responsabilidad de los dueños de los edificios.

La escalera era segura. Los ascensores más veloces y menos cansadores que las escaleras, pero, por las dudas, “yo, argentino”, frase muy elocuente que tiene como significado “no me hago responsable de lo que pueda pasar”.

Todo esto viene al caso para analizar las conductas de miles de argentin@s que con una total irresponsabilidad no cumplen con las normas, con las leyes, que se imponen a todos los ciudadan@s y resident@s de la república Argentina.

Unos y unas que miran con asombro las conductas de est@s irrespnsables que no respetan las leyes en época de plena efervescencia de la pandemia se preguntan si es locura, negación, odio, egoísmo  ¿o qué?

Hace pocos días esperé a que en la puerta de la verdulería no hubiera nadie para acercarme y elegir unos tomates, unas papas y algunas mandarinas. Estaba esperando que el verdulero me trajera la cuenta y la mercadería cuando se acercó una persona de unos 40 años que hablaba desde su celular y se colocó justo al lado mío, casi pegado. Sin hesitar me corrí los dos metros de aislamiento social. El tipo, sin dejar el celular pegado al oído, me miró con un gesto indudable de desagrado.

  • ¿y a vos que te pasa, boludo?
  • Me pasa que no quiero contagiarte, pelotudo.

Cuando se acercó amenazante intervino el verdulero que llegaba con la bolsa y el vuelto de la compra:

  • Eh, ché, paren…pará viejo (le dice al tipo), no ves que es un jovato.
  • Vos no te metas. El idiota se corrió como si yo tuviera sífilis.

Reconozco que me alejé del punto con evidente intención de hacerle saber que estaba en infracción y que era una amenaza. Lo hice sin disimulo. Realmente como si el tipo fuera un sarnoso.

No era el primero con quien me cruzaba en mis esporádicas salidas a la calle que hacían alarde de “me cago en la cuarentena, en el cuidado, en la puta pandemia”. Son la minoría, pero estar, están.

Con un exceso de racionalidad pienso que estos especímenes son producto de la cultura neoliberal. Digo, es tan fuerte el mensaje que penetra en las cabezas acerca del individualismo, la pelea contra el otro, defecarse en el otro, que en la vida cotidiana se demuestra en este tipo de acciones.

Pensé: “¿Será una actitud de viejo?”. Lo pensé y la verdad es que no creo que se trate de una actitud defensiva de miedo por pertenecer al grupo vulnerable. No. No creo. Es más una posición política. Una toma de conciencia acerca del mal que ocasiona la cultura neoliberal.

Hay una ola de irresponsabilidad. Y digo irresponsabilidad en el sentido de no poder tener respuesta frente al mal que pueden causar. Cuando un tipo maneja a 150 kilómetros por hora borracho, o alguien no pone protección a un balcón sin barandas o una madre o un padre miran la pantalla de un celular en una plaza mientras un hijo se sube a un tobogán, decimos que son unos irresponsables que deberían pagar por su irresponsabilidad, deberíamos proceder de la misma manera con un tipo que se para en una esquina y fuma un pucho bajándose el barbijo.

Dicen que en los países más avanzados no hace falta que el Estado decrete la cuarentena porque la sociedad es madura y responsable. No los sé.

Para terminar quiero dejar constancia que la irresponsabilidad es un estado generalizado en distintos grados. Posiblemente prevalezca la frase “justo a mí no me va a pasar”. Y ahí reside el error. En pandemia uno no se recluye por uno sino por los demás. Contagiar es un verbo que no se entiende. Libertad es un concepto que se transfigura.

Seguramente la irresponsabilidad continuará. Seguramente habrá más virus y más contagio. El tema no es superficial. Los muertos por la pandemia ya no pueden hablar para darme la razón. Es una lástima.

Esconder la basura debajo de la alfombra.

“No me amargues el día, no me deprimas, hay que ser optimista, siempre que llovió paró, no pasa nada, hay que olvidarse de esto, la vacuna viene a fin de año, fíjate en Europa, volvió el fútbol , este es un invento de los chinos, son los comunistas que quieren volver, etcétera”.

Vos sabés de qué te hablo.

De la negación, del miedo, de todo aquello que la cultura neoliberal nos impuso como estilo de vida y sin embargo creemos que en esos valores radica la felicidad.

Cada tanto aparece en la televisión, en las redes sociales, en la calle, una demostración de “no pasa nada”. La publicidad (salvo la del gobierno) toma como tema la pandemia y nos muestra, como siempre, un mundo divertido, cordial, con amor, familia, sexo y niños puros y plenos de simpatía.

¿Qué escondemos?

El miedo.

Tanto se habla de la cultura colonizadora de mentes del neoliberalismo que me parece necesario exponerla.

La desigualdad, la miseria, el odio, la violencia son más viejas que el trueno y la lluvia. Vienen de tan atrás que uno se olvida. La lucha siempre fue una: unos pocos tratando de imponerse sobre los muchos. Y la verdad es que vienen imponiéndose históricamente. Por goleada.

Todo indica que el neoliberalismo es un dogma económico y en todo caso económico social. Pero este dogma esconde el verdadero espíritu del neoliberalismo: someter al otro. El neoliberalismo es en esencia un sistema de dominación. Y lo más importante es que este modelo antiguo, heredero del liberalismo tradicional, es un modelo de apropiación del mundo a través de concentrar la mayor riqueza posible a costa del trabajo y la producción de los demás.

El neoliberalismo propone un juego en el que gana aquel que más acumula. Para eso es necesario que en el juego haya ganadores y perdedores. Nadie gana nada del otro si no lo somete. A la larga es un juego en que cual uno se queda con casi todo. Y si es todo, más ganador aún.

En este juego de estrategia es necesario conseguir que otros produzcan, pero, a la larga o a la corta, eso que les pertenece (de acuerdo con la teoría de la propiedad) lo pierden. La paradoja es que al perder tienen que atenerse a las reglas del juego que impone el ganador. Y el ganador necesita que los que perdieron sigan produciendo. Ese es el círculo. No hay capitalismo sin producción, no hay producción sin trabajadores. Por eso el neoliberalismo, que intenta despreciar la dictadura del proletariado necesita algo más que imponer sus principios por la fuerza (aunque la usa). El neoliberalismo usa las estrategias de la dominación por la cultura.

¿Cuáles son esas estrategias?

Convencer que la felicidad radica en la propiedad de una casa, un auto, viajes, ropa, moda, tecnología, etc. El neoliberalismo necesita que el que produce se desprenda de lo que recibe devolviendo su salario al mismo que se lo dio, con la característica de que ese salario que obtuvo le rindió ganancia a su patrón.

Como el empleador depende de su empleado necesita engañarlo.

¿Cómo es el engaño?

El poderoso engaña al desvalido haciéndole creer que si se empeña llegará a ser como él. Le inculca la idea del progreso a través de la competencia, de tener un enemigo (el enemigo no es el empleador sino el otr@ como él o ella).

El neoliberalismo necesita seducirlo para seguir explotándolo.

Por eso le muestra la vida de fantasía a través de la publicidad, el marketing.

Muchos podrían insinuar que es una manera de motivar a los que menos tienen a esforzarse por tener más, por llegar. Pero no es así. El mundo lo demuestra.

El ejemplo está en la pandemia. En plena crisis universal, con el virus creciendo y rebrotando, con millones de desocupados, con más hambrientos que nunca, con más chicos desnutridos, con caídas brutales de la economía, con amenazas de los bancos de no poder devolver los depósitos, con la idea del presidente Trump de suspender las elecciones en EEUU, cinco, solo cinco multimillonarios del mundo acrecentaron sus fortunas por cinco. Solo uno de ellos, Bezos de Amazon consiguió en cinco días todos los dólares que necesitaría la Argentina para pagar su impagable deuda causada por otro millonario menor pero intensamente perverso que hoy trata de olvidarse de sus delitos en París.

El neoliberalismo necesita de la cultura. Para eso monopoliza los medios de comunicación, la tecnología, los negocios, los mercados. El neoliberalismo se apodera de las mentes de los miles de millones de human@s para convencerlos de ser sus propios caníbales. Y lo peor es que lo consigue. Miles y miles de pobres vapuleados por el neoliberalismo defienden sus principios. Son los que desprecian la cuarentena, son los que no les importa que mueran los otros, son los que desprecian a los apenas más pobres que ellos.

Por eso decimos que la batalla es cultural. Por eso asoma una idea de apocalipsis. Por eso muchos creen que la felicidad volverá a ser como era antes sin darse cuenta de que antes eran también unos infelices.

Hay una pequeña abertura que deja abierta la pandemia: la libertad, la igualdad y la pelea contra el neoliberalismo que intentará de todos modos volver a ser toda la mierda que siempre fue.

Esconder la basura debajo de la alfombra.

“No me amargues el día, no me deprimas, hay que ser optimista, siempre que llovió paró, no pasa nada, hay que olvidarse de esto, la vacuna viene a fin de año, fíjate en Europa, volvió el fútbol , este es un invento de los chinos, son los comunistas que quieren volver, etcétera”.

Vos sabés de qué te hablo.

De la negación, del miedo, de todo aquello que la cultura neoliberal nos impuso como estilo de vida y sin embargo creemos que en esos valores radica la felicidad.

Cada tanto aparece en la televisión, en las redes sociales, en la calle, una demostración de “no pasa nada”. La publicidad (salvo la del gobierno) toma como tema la pandemia y nos muestra, como siempre, un mundo divertido, cordial, con amor, familia, sexo y niños puros y plenos de simpatía.

¿Qué escondemos?

El miedo.

Tanto se habla de la cultura colonizadora de mentes del neoliberalismo que me parece necesario exponerla.

La desigualdad, la miseria, el odio, la violencia son más viejas que el trueno y la lluvia. Vienen de tan atrás que uno se olvida. La lucha siempre fue una: unos pocos tratando de imponerse sobre los muchos. Y la verdad es que vienen imponiéndose históricamente. Por goleada.

Todo indica que el neoliberalismo es un dogma económico y en todo caso económico social. Pero este dogma esconde el verdadero espíritu del neoliberalismo: someter al otro. El neoliberalismo es en esencia un sistema de dominación. Y lo más importante es que este modelo antiguo, heredero del liberalismo tradicional, es un modelo de apropiación del mundo a través de concentrar la mayor riqueza posible a costa del trabajo y la producción de los demás.

El neoliberalismo propone un juego en el que gana aquel que más acumula. Para eso es necesario que en el juego haya ganadores y perdedores. Nadie gana nada del otro si no lo somete. A la larga es un juego en que cual uno se queda con casi todo. Y si es todo, más ganador aún.

En este juego de estrategia es necesario conseguir que otros produzcan, pero, a la larga o a la corta, eso que les pertenece (de acuerdo con la teoría de la propiedad) lo pierden. La paradoja es que al perder tienen que atenerse a las reglas del juego que impone el ganador. Y el ganador necesita que los que perdieron sigan produciendo. Ese es el círculo. No hay capitalismo sin producción, no hay producción sin trabajadores. Por eso el neoliberalismo, que intenta despreciar la dictadura del proletariado necesita algo más que imponer sus principios por la fuerza (aunque la usa). El neoliberalismo usa las estrategias de la dominación por la cultura.

¿Cuáles son esas estrategias?

Convencer que la felicidad radica en la propiedad de una casa, un auto, viajes, ropa, moda, tecnología, etc. El neoliberalismo necesita que el que produce se desprenda de lo que recibe devolviendo su salario al mismo que se lo dio, con la característica de que ese salario que obtuvo le rindió ganancia a su patrón.

Como el empleador depende de su empleado necesita engañarlo.

¿Cómo es el engaño?

El poderoso engaña al desvalido haciéndole creer que si se empeña llegará a ser como él. Le inculca la idea del progreso a través de la competencia, de tener un enemigo (el enemigo no es el empleador sino el otr@ como él o ella).

El neoliberalismo necesita seducirlo para seguir explotándolo.

Por eso le muestra la vida de fantasía a través de la publicidad, el marketing.

Muchos podrían insinuar que es una manera de motivar a los que menos tienen a esforzarse por tener más, por llegar. Pero no es así. El mundo lo demuestra.

El ejemplo está en la pandemia. En plena crisis universal, con el virus creciendo y rebrotando, con millones de desocupados, con más hambrientos que nunca, con más chicos desnutridos, con caídas brutales de la economía, con amenazas de los bancos de no poder devolver los depósitos, con la idea del presidente Trump de suspender las elecciones en EEUU, cinco, solo cinco multimillonarios del mundo acrecentaron sus fortunas por cinco. Solo uno de ellos, Bezos de Amazon consiguió en cinco días todos los dólares que necesitaría la Argentina para pagar su impagable deuda causada por otro millonario menor pero intensamente perverso que hoy trata de olvidarse de sus delitos en París.

El neoliberalismo necesita de la cultura. Para eso monopoliza los medios de comunicación, la tecnología, los negocios, los mercados. El neoliberalismo se apodera de las mentes de los miles de millones de human@s para convencerlos de ser sus propios caníbales. Y lo peor es que lo consigue. Miles y miles de pobres vapuleados por el neoliberalismo defienden sus principios. Son los que desprecian la cuarentena, son los que no les importa que mueran los otros, son los que desprecian a los apenas más pobres que ellos.

Por eso decimos que la batalla es cultural. Por eso asoma una idea de apocalipsis. Por eso muchos creen que la felicidad volverá a ser como era antes sin darse cuenta de que antes eran también unos infelices.

Hay una pequeña abertura que deja abierta la pandemia: la libertad, la igualdad y la pelea contra el neoliberalismo que intentará de todos modos volver a ser toda la mierda que siempre fue.

Algún día nos vamos a dar vuelta como una media.

Sobre Gorilas, fachos, troskos, peronchos y Ks.

Si hoy hubiera elecciones presidenciales Alberto Fernández ganaría con el 54% de los votos. Este es el porcentaje de ciudadan@s que apoyan las decisiones del del gobierno en materia sanitaria respecto a la pandemia del corona virus.

Pero este apoyo por el mérito de un gobierno de ser de los más eficientes respecto a un tema crucial que afecta al mundo también incluye los planes de subsidios, créditos y de alimentación a los sectores más carenciados.

Del 46% restante hay que ocuparse pese a que no votarían al frente electoral que se constituyó para las elecciones del 2019.

El opositor/a que odia todo lo que sea peronismo, populismo.

Es el o la opositor/a que sobresale rápidamente en el bloque “antiperonista”. La mayoría no adscribe, ni es afiliad@ a un partido político. Tienen una historia que se remonta a 1955 aunque ya casi todos son nacidos después de 1970. Es una vieja historia que se remonta a ser “contrera” antes que se los llamara “gorilas”. Son colonizad@s por mitos, leyendas, falsedades y mentiras repetidas una y mil veces por las mismas voces que desde hace 70 años se propalan por todo medio que tienen a su alcance. Hay pilas y pilas de bibliografía que analizan el fenómeno “gorila”, el anti-peronismo carnal.

Alejandro Grimson, antropólogo reconocido e historiador de una generación que no conoció a Perón, dice que la fobia al peronismo alcanza al 25% de los hombres y mujeres que votan en la Argentina. No son pocos. Al menos 10 millones de argentin@s sienten a nivel de piel odio por todo aquello que alcance alguna denominación, símbolo o cercanía al peronismo. Casi todos odian al peronismo y cuando se les pregunta por que aducen frases hechas y repetidas : ladrones, corruptos, vagos. Hay cientos de frases que usan para manifestar su odio a todo lo que contenga algo de peronismo. Históricamente, después del golpe cívico-militar que derrocó a Perón en 1955 y cuyo gobierno golpista llegó a prohibir a través de un decreto (4161) que se mencionara la palabra Perón, la de sus familiares, sus símbolos y cualquier representación similar, lo que circulaba en medios de comunicación era llamarlo a Perón “Tirano Prófugo”. Mientras Perón en su exilio era ayudado por algunos de sus amigos a subsistir, en su país se hablaba de su fortuna en oro, joyas y dinero que había conseguido acumular durante su presidencia y media. (1946-1955).

La oposición “facha”.

Ser opositor al gobierno es una cosa y ser “facho” es otra. Así como no todos los que se auto titulan “de izquierda” son troskos. Cuando le preguntás a un “peroncho” porqué odia a los troskos te contesta diciendo que “son funcionales a la derecha”. Cuando le preguntás a un trosko porqué odia a los peronchos, te contestan, porque son fachos. La verdad es que ni los acusados de fachos son todos fachos ni todos los “zurdos” son funcionales a la derecha. Más aún, si uno profundiza en la pregunta acerca de “qué es el trotskismo”, la mayoría no sabe. Más aún no sabe cuál es la diferencia entre el marxismo-leninismo de Stalin con el marxismo-leninismo de Trotsky. Trosko para el peronismo es horrible, tan horrible como el peronismo para los troskos. Por ejemplo pocos peronistas pueden explicar por qué en todos los actos de Cristina hay banderas del Partido Comunista CE , es decir el Partido Comunista Congreso Extraordinario, como así también cientos de imágenes del Ché Guevara y de Fidel Castro. ¿Son troskos? No son troskos. Son comunistas. ¿Y Cristina que es? Es centro izquierda? Pero no es que el partido Justicialista proclama la Tercera Posición: Ni yanquis, ni marxistas: peronistas.

Resulta que hay fachos pro-Videla, pero también hay fachos peronistas que fueron perseguidos por la dictadura. ¿O no son fachos?

Fachos son los periodistas de La Nación, los que escriben cartas al diario pidiendo que liberen a los presos de la dictadura por trato inhumano. ¿Morales Solá, qué es? ¿Facho? ¿Y Leuco? ¿Leuco era trosko en los 90 y ahora es facho?

La grieta es simbólica, histórica y pelotuda.

Para el filósofo Hobbes el estado natural del humano es la guerra. Sigmund Freud tampoco era muy optimista respecto a la relación humana. Desde que tenemos memoria histórica el mundo está en guerra. Unos contra otros. La grieta es una constante. En términos cotidianos para la realidad argentina es fácil reconocer a los distintos bandos.

Para el fútbol es más importante que el rival pierda que el propio equipo gane. ¿River o Boca? Unitarios y Federales, Morenistas y Saavedristas, Rosas o Sarmiento, Radicales y conservadores, Atlanta o Chacarita, militares contra civiles, feminismo Vs machismo, Etc. Vs Etc.

Si pensás que “el jubilado” hizo lo correcto en matar al chorro estás contra Fernández, si por el contrario resulta que el “jubilado” es un asesino, son K. Si estás de acuerdo con la cuarentena sos oficialista y si estás en contra de la cuarentena, sos PRO o macrista.

Si te parece bien que Alberto llame a Larreta amigo sos un blando o no sos peronista y si te parece mal sos K pero no sos de Alberto.

La verdad de la milanesa.

Alguien definió la grieta universal de manera más sencilla: Los de arriba oprimen a los de abajo. Y, los de arriba son pocos y poderosos y los de abajo son muchos y débiles.

Esa es la grieta desde siempre.

Somos más pero tenemos piedras. Ellos son menos pero tiene armas y gas pimienta. Somos más pero no tenemos guita. Ellos son menos pero la tienen toda. Ellos son blancos, nosotros somos negros.

¿Y en que nos igualamos?

La muerte nos iguala. Ahí no hay grieta. La diferencia hay que encontrarla en la vida. Algún día entenderemos que la única bandera que tenemos es La Igualdad. La libertad, está controlada por ellos. Los que acaparan son ellos. Nosotros, no les interesamos.

¿Es tan difícil entender estas diferencias?

Por eso me parece que hay que aprovechar la eclosión de la pandemia. Lo que necesitamos son líderes que nos comprendan y que sepan que algún día nos vamos a dar vuelta. Como una media nos vamos a dar vuelta.

Posiblemente, nos espera un mundo distinto.

Marcelo Cosin.

Estamos sobreviviendo en un mundo que inesperadamente pasa por la experiencia de darse cuenta de que el modelo social y económico que había logrado imponerse sobre el comunismo soviético, se derrumba.

Así como cayó el Muro de Berlín, símbolo del comienzo de la era de la desigualdad, el modelo capitalista triunfante, también tropieza y tambalea.

El consumismo, la idea de acaparar lo más posible a costa de los que menos tienen, la debacle ecológica, el individualismo, el poder cibernético, el ascenso de gobiernos de derecha, son hechos y valores que, al menos, están puestos en duda, por la simple y contundente amenaza de un virus del que se sabe poco y que produce cambios insospechables en la vida cotidiana de miles de millones de personas.

De repente, el mercado, ese dios que aparentemente domina a través de las leyes de la libertad económica, de la oferta y la demanda, que no necesita del Estado, que seduce con la publicidad, los envases y la imagen de marca, no sabe dónde ponerse, como ubicarse y menos aún planificar el futuro.

Es posible que el gran poder de los Poderosos consiga cambiar el mundo a sus mejores posibilidades. Se trata de desprenderse de un ínfimo porcentaje de humanos y humanas y recomponer un mundo de una desigualdad medida y acomodada a sus intereses. Si así fuera, un nuevo capitalismo, aún más devorador y egoísta, readaptaría los roles económicos y sociales. No va a resultar fácil.

En el discurso de hoy (24 de julio de 2020) Alberto Fernández da algunas señales de como esta pandemia podría ayudar a construir un modelo peronista moderno. Fernández dice que se ilusiona con un futuro con más igualdad distributiva, con mayor poder de empresas que producen bienes y servicios pequeñas y medianas, con incentivo por parte del Estado y con la participación de “todos”. Este “todos”, que además lleva la marca en el Frente que le dio el ascenso a la presidencia, es casi seguro utópico.

Fernández apuesta a un futuro posible: la caída de la globalización, de las marcas globales. Seguramente el gobierno especula con nuevos hechos:

  1. Menos o poco movimiento aéreo y por ende menor circulación de cultura consumista.
  2. Caída del turismo convencional internacional
  3. Caída de las marcas globales
  4. Apertura de mercados a bienes primarios
  5. Desarrollo de productos y servicios locales con capacidad industrial competitiva

¿Dónde está la oportunidad?

En un cambio cultural. En primer lugar la pandemia consiguió descubrir realidades que estaban ocultas:

  1. El trabajo a distancia es posible.
  2. La tele consulta profesional: médicos, abogados, contadores. Hasta kinesiólogos consiguieron trabajar de esta manera y, demás está decirlo, las psicólogas, psicólogos y profesionales de las diversas ramas de la salud.
  3. La educación a distancia.
  4. El delivery en general

Por supuesto hay problemas difíciles de solucionar. Por ejemplo como armar pareja. Los lugares típicos para conocerse y comenzar una relación son los lugares de trabajo (especialmente oficinas), universidades, gimnasios, boliches, o en la calle. Todos estos territorios están casi vedados.

La idea que intento comunicar es la de oportunidades desconocidas. Aunque la principal es partir de un concepto muy difícil: no sabemos, no se sabe. No se trata de optimismo o pesimismo. Se trata de no usar la negación. Por ejemplo: “esto termina a fin de año”, “muchos no tienen ni un estornudo”, “mejor contagiarse de una vez”, “que se mueran los que se tienen que morir”, etc.

La oportunidad es no imaginar que todo va a volver a ser como era. Primero porque si todo vuelve a ser como era, no es una buena noticia. Y segundo, porque es imposible que eso suceda.

Hay que romper con una cultura que nos impusieron. ¿Qué cultura?, la de suponer que la felicidad se consigue teniendo más y sobre todo teniendo más que el otro. Quizás aprendamos a que momentos felices se consigue siendo mejores personas, no más ricas. Que la meta no sea un auto mejor, sino un auto que se rompa menos, que gaste menos. Un auto sirve para trasladarse no para demostrarle al otro o a la otra que un@ es más potente.

Para terminar.

Estoy en el grupo de “vulnerables”. Posiblemente por eso este influenciado en las ideas que transmito. Al menos, presumo que no son ideas viejas ni nuevas. Son miradas en épocas de pandemia.

Atrapados sin Salida

Atrapados sin salida.
Marcelo Cosin
Son días más que difíciles. Por más que se quiera disimular la pandemia pone al descubierto la profunda crisis política, economía y social que padece la humanidad. Sin eufemismos podemos hacernos cargo que la frase que más se intenta ocultar es que “no sabemos que está pasando”. No sabemos en todos los sentidos y con todos los significados. No sabemos cuántos infectados realmente hay, ni cuántos muertos, ni cuales son los las posibilidades reales de que esta situación no se convierta en un “convivir con la enfermedad, el contagio, el virus”. Las miradas más optimistas son las que destacan una baja letalidad en los menores de sesenta años, pero tampoco se sabe si la mutación del virus puede inclusive variar estas condiciones. Convivir con la peste y con futuras pestes parece ser el camino que vamos a tener que transitar por mucho tiempo. La neurosis social hace que la negación sea el procedimiento al que más se recurre para seguir viviendo sin desesperar del todo.
La nota de hoy de Alfredo Zaiat pone en evidencia que el poder real representado por el grupo Clarín y Techint no cederán.
El mundo está dominado por unos pocos y esos pocos tienden a querer apropiarse cada vez más de todo. Eso significa que quedan pocas alternativas y esas no siempre son políticas. El mundo está dominado por una cultura que falsamente nos inculca que la felicidad radica en pelear con el “otro” por arrebatarle lo que tiene. La idea del emprendedor, el consumo, acaparar, tener más, va a terminar por acabar con todos nosotros.
El reformismo o la idea de un desarrollo nacional o regional en contra de los intereses oligopólicos es casi imposible.
No se trata de querer negociar con el enemigo. Y es enemigo porque quiere terminar con nosotros. Con ese no se negocia. Estamos probando ser un país capitalista bueno, distributivo y decente. Son contradicciones. Hay que vencer, porque convencer, no podemos.

Incertidumbre y Confusión

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Incertidumbre y confusión.


La incertidumbre de la cual todo el mundo habla se intenta tapar con teorías simplonas que van desde la negación del problema a las interpretaciones acerca del contagio, los medicamentos caseros, el enamoramiento de la cuarentena y las protestas anti cuarentenas o pensar que es necesario abrir los comercios, los shoppings y los gimnasios.
Cada cual asume la angustia de lo que no se sabe y sobre todo la angustia acerca de la muerte como puede.
Tenemos la costumbre (de todos los tiempos) de poner el carro delante del caballo.
El problema no es abrir los negocios, salir a correr, que el peluquero corte el pelo o que los hoteleros tengan turistas, etc..
El problema es que el virus puso al modelo patas para arriba.
¿Cuál es el modelo?
El modelo es el capitalismo neoliberal. Aunque repetitivo es necesario aclararlo. Desde la revolución Industrial comenzó a crecer la idea de una felicidad basada en la acumulación: tener más es ser más feliz. Ese modelo ilusorio motivó que cada vez más en el mundo muy, pero muy pocos acapararan el 80% o más de la riqueza y que el 20% restante se tuviera que conformar con la miseria de las sobras que dejaban los super poderosos.
Este modelo que prosperó y que venció al modelo socialista que no pudo, no supo o no quiso hacer las cosas bien para que hubiera un mundo mejor, con igualdad y dignidad, es el que hoy está colapsando.
Por lo tanto, este virus vino a poner a prueba el mundo capitalista neoliberal. Los muchos que hoy exigen al estado ayuda, subvención son los que desprecian a los “vagos, choriplaneros, los que cobran las AUH”. Ahora, creen que el Estado debe hacerse cargo de lo que ellos despreciaron.
Casi siempre las graves crisis ponen en emergencia los modelos de mercado. ¿Por qué? Simplemente porque los modelos basados en la competencia dejan fuera de carrera a los sectores sociales más vulnerables. El modelo neoliberal está basado en que haya ganadores (pocos) y perdedores (muchos). el sistema se alimenta con esta fórmula. Cuando el mundo entra en crisis, el modelo también. Si hay miedo de muerte sólo quedan dos recursos: aceptar las normas iguales para todos o ir a una guerra en la cual solo quedarán vivos los más poderosos. Por eso, creo, que lo que resta para la incertidumbre del futuro es que el Estado se haga cargo de la distribución de la producción, el consumo, la riqueza. En los países en los que la salud pública fue abandonada y sólo aplica la privada, hoy se ven necesitados de expropiar.
El tema da para mucho más. Pero la extensión nunca es buena en estos lares.

El virus puso al modelo a prueba.

Mente Colonizada.

Libros: Adán y Eva: la verdad detrás del mito más poderoso de la ...

Mente colonizada. (1ª parte) (941 palabras

(Una expresión que no todos comprenden)

Mente colonizada. ¿de qué se trata?

Colonizar es un verbo que usamos habitualmente para referirnos a una acción de sometimiento, de imponer una cultura, un estilo de vida. Estar colonizados implica que siempre hay un “otro” que nos impone algo. Siempre supimos que fuimos una colonia de España, que los belgas, los franceses, los holandeses y especialmente los ingleses colonizaban poblaciones africanas, americanas, indias. Colonizar es algo así como imponernos algo, generalmente por la fuerza. Wikipedia, a su manera, define la colonización: “Colonización es la acción de dominar un país o territorio por parte de otro. El proceso de colonización puede ser de carácter político, militar, cultural o presentar otras manifestaciones así como desarrollarse de en forma violenta o pacífica”

¿Es la mente un territorio? Sí.

Los humanos tenemos características que nos separan o diferencian de otras especies. También los gorilas, los chimpancés y otros primos hermanos tienen la capacidad de colonizar territorios y congéneres, pero solo nosotros alcanzamos el poder de colonizar mentes.

Muchas más veces de las que pensamos – y casi sin darnos cuenta – actuamos colonizando o intentando colonizar mentes. Cuando las mamás retan (y casi siempre con razón) colonizan mentes. Educar, de alguna manera es colonizar. “Eso no se hace, eso no se toca” es colonizar. El bautismo, el Bart Mitzva, la comunión, son sin dudas actos de colonización. Respetar las tradiciones, saludar de determinada manera, dejar el lado de la pared, etcétera, son ejemplos de colonización. Y no significa que eso esté mal Son ejemplo para mostrar que significa incidir con poder en las mentes ajenas.

¿Por qué tenemos determinadas ideas, valores, creencias? ¿Por qué pensamos como pensamos y por qué tenemos la ideología que tenemos?

En algunos casos nietos que fueron apropiados mantuvieron la cultura, los principios, los valores y las creencias de sus apropiadores. Nacieron de vientres de mujeres torturadas, violadas y asesinadas. Sin embargo mantuvieron las ideas, el cariño y la cultura de los mismos que torturaron a sus madres, padres y amigos de sus madres y padres. ¿Es posible? Sí, es posible. La cultura no es una herencia genética. Sus mentes, la de es@s chic@s , fueron colonizadas y lo fueron de la peor manera posible. En algunos casos, esa cultura transmitida choca con otras culturas que el nieto apropiado permite que prosperen en su cabeza. Un amigo, un indicio, alguna desconfianza. Y eso también sucedió. La cultura es responsable de lo que pensamos, hacemos y nos dejamos hacer. Eso también es colonizar las mentes.

¿Cómo se coloniza una mente?

Hablando a otr@, escribiendo para otr@, gesticulando, dibujando. Hay muchas maneras de colonizar, casi siempre estamos colonizando cada vez que comunicamos a otr@. Cuando comunicamos a través de palabras, imágenes, gestos, acciones (abrazar, besar, llorar, reír, sonrojarnos, palmear, golpear y otras maneras similares) estamos incidiendo en el otr@. No hay comunicación sin efecto. La más inocente acción de comunicar conlleva un acto, un intento de incidir en la conducta del otr@.

Apropiarse de la mente del otr@ o al menos intervenir en ella parece ser un acto constitutivo humano. En la biblia es lo que Lucifer hace con Eva al convencerla de algo que estaba prohibido. ¿Con cuáles recursos? El diablo convence, seduce, coloniza la mente de Eva, diciéndole que coma el fruto del árbol de la sabiduría y de esa manera y entonces podría “ver” la realidad, la verdad, el saber. Adán y Eva (Génesis 3) originarios seres creados por un dios todopoderoso nacieron a la vida con la posibilidad de gozar de aire libre, bosque, árboles y retozar ambos por el paraíso, un territorio imaginario libre de acechanzas y peligros, aparentes. Eva en su encuentro con la Serpiente (disfraz del diablo) cae en la tentación (el deseo) de “saber”. Dios había prevenido a ambos (Adán y Eva) de la prohibición de comer del árbol del “bien y del mal”. Eva come el fruto y convence a Adán de hacer lo mismo. Ambos, después de comer, descubren la mutua desnudez y seguramente se erotizan al mirarse y comprueban que se desean y tienen una relación sexual (cogen). Como ahora saben (comieron del árbol de la sabiduría y del bien y el mal) no tienen dudas que contravinieron la orden de dios, violaron la prohibición y por ende se esconden. Pese a todo, por algo dios es dios, los encuentra, los interpela y como todo amo los castiga por no cumplir con el mandato del propietario del paraíso: Eva deberá parir con extremo dolor a sus hijos y Adán deberá ganar el sustento de todos (Eva, hijos) labrando la tierra, cultivando trigo (o maíz) y amasando el pan, todo eso, transpirando, es decir con el “sudor de su frente”. Dios los hace a Adán y a Eva a “su imagen y semejanza”, por ende es su patrón, su dueño y les da los parámetros de existencia: una felicidad inocente, en un lugar más que paradisíaco (es el propio Edén), sin la carga del trabajo, sin necesidad de procrear (no había sexo permitido, obviamente), con gran cantidad de árboles que brindaban sus frutos, menos el prohibido: el del saber.

Dios coloniza la mente de Adán y de Eva. Pero Eva se rebela, escucha a la serpiente, comen del fruto prohibido, se ven desnudos, se aproximan, se desean, se tocan, Eva permite a Adán que penetre en ella, posiblemente los dos experimenten un orgasmo pleno, luego descansan, quizás duermen y al despertar descubren que están desnudos y de una parral consiguen dos hojas de parra con las que se cubren sus respectivos genitales.

Primera parte de la historia de la colonización de las mentes.

(Continuará).