Diario de Cuarentena. El azar, la incertidumbre y la ilusión.

El azar, la incertidumbre y la ilusión.

¿Cómo es lo inimaginable? Si no puedo imaginar, fantasear, vislumbrar el futuro es posible que necesite aprender a vivir como si nunca hubiera vivido.

En estos días, cuando estoy viendo una serie, una película vieja o algo de ciencia ficción me extraña ver a gente que camina por las calles, a una familia sentada alrededor de la mesa, a una pareja que se conoce en un tren, a una multitud gritando un gol en una tribuna de una cancha de fútbol, a King Kong en la cúpula del Empire State Building asustando a miles de neoyorquinos. Siento que algo está mal si la gente está a menos de un metro y medio de distancia, sino no tienen un barbijo, si se besan o simplemente se saludan con un apretón de manos.

Este es el primer 24 de marzo que no voy a la Plaza de Mayo, es el primer año en mi vida que no veo un partido de fútbol, que no salgo a la calle, que no veo a mis nietos, que no los beso, abrazo y huelo.

Esto es absolutamente nuevo, inimaginable. Parece ficción pero es pura realidad. Cada mañana, cada madrugada, me pregunto si el mundo cambió de tal manera que voy a pasar el resto de mis días en medio de esta nueva realidad.

Cuando me pongo muy racional contesto mis preguntas más angustiosas con una simple respuesta: hay que esperar la vacuna. Y entonces aparece el fantasma del virus que muta, el virus inteligente que descubrió que los seres humanos con toda su tecnología y sapiencia ignoraron que la naturaleza es sabia y no permitiría que acaben con el planeta.

Todas las mañanas me asomo al balcón y veo a mi vecino de enfrente caminando de punta a punta su propio balcón. Da exactamente 16 pasos hasta un extremo, gira y da otros 16 pasos. ¿Cómo lo sé? Porque los conté. Tiene un balcón de 8.66×2, es decir da 16 pasos para recorrer 17.32 metros . Mientras tanto habla por el celular. Recorre esos 16 pasos en 18 segundos y lo hace por 40 minutos, es decir que camina cada mañana 2400 segundos para recorrer casi 4 kilómetros, 200 metros, sin moverse de su casa. Ni de su balcón. Le grité preguntándole su WhatsApp y me lo cantó uno a uno los números. El primer wapp que le mandé le dije que lo felicitaba porque en 30 días de cuarentena había caminado por su balcón 126 kilómetros, casi lo mismo que haber ido caminando durante un mes a Chascomús. Me contestó con un “ajajaja”. Por mi cuenta hago durante 45 días 22 kilómetros por día en la bicicleta fija.

Paul Auster es un escritor que trabaja sus textos con la idea del azar como eje de las tramas. ¿Qué es el azar? Un efecto, un hecho, que no podemos prever. El hecho que relata Paul Auster en varios de sus libros transcurre en su pubertad. Estando en un campamento de estudiantes en un bosque se desata una tormenta y todos corren para guarescerse debajo de unos árboles. Para alcanzar esa meta hay que cruzar un alambrado. Su amigo de la infancia pone un pie sobre el alambrado para que él pase y en ese momento un rayo alcanza a su amigo que muere electrocutado por darle paso a Paul. Varias veces se pregunta que hubiera pasado si el que hubiera apoyado el pie en el cerco era el mismo y no su amigo. Hubiera muerto. El azar hizo que Paul se salvara de la muerte.

Todos vivimos pendientes del azar. Nunca sabemos si la decisión de cruzar o no una calle puede significar que el azar intervenga para vivir o morir. ¿Salir a la calle y contagiarnos de la enfermedad que provoca el coronavirus? ¿Y si el coronavirus llega a casa de la mano de un proveedor que dejó su mercadería infectada? Todos escuchamos a alguien decir que prefiere morir de la enfermedad del virus a morir de angustia por no salir. Pocos son los que saben que No Salir es más por lo otros que por uno.

Estamos aprendiendo de a poco a vivir con más incertidumbre que la que habitualmente soportamos. Nada es certero de lo que estamos pasando. Nada es totalmente cierto. A veces pasa que la realidad y la fantasía se confunden entre sí. Vivimos en un estado de suspensión.

Seguramente la capacidad de adaptación de los humanos posibilite que más adelante los más jóvenes, los que hoy son pibes y pibas, encuentren un modelo de vida que se adapte la depredación que estamos infringiendo al planeta.

Hoy veía en un noticiero como la guerra continúa en Siria con pandemia. No se sabe que causa más muertes. Miles de millones de dólares, Euros o pesos son usados para matar sin virus. El presidente del país más importante (hasta ahora) del mundo aconseja a inyectarse lavandina. Miles y miles de personas viven la pandemia en un total hacinamiento. Miles de personas enfermas que no sufren el coronavirus mueren por no tener paliativos a sus enfermedades crónicas.

La ilusión es encontrar nuevos paradigmas que nos permitan ser mejores personas. Este mundo está padeciendo lo que hacemos en un estado de victoria del individualismo, el acaparamiento, la desigualdad.

Esta cuarentena no habla del pasado. Hoy nos toca el presente y algo del futuro.

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Pedazos de Familia

(Crónica de recuerdos fragmentados)

Se podía entrar por el negocio o por un pasillo angosto que tenía una puerta de chapón beige, con ranura para tirar las cartas. La entrada del negocio era por la Avenida Córdoba 6026. La puerta de entrada del pasillo era la misma avenida pero con la numeración 6022.

El negocio con dos vidrieras se llamaba Les Enfants y lo atendía mi mamá. Vendía ropa para bebés y niños y niñas. Había un mostrador de madera y otro de vidrio. Además de mi mamá en el negocio había una empleada que atendía al público y además limpiaba las vidireras y también se encargaba de hacernos la leche a la tarde, llevarnos a cortar el pelo a la peluquería de enfrente.

En el lateral izquierdo del negocio había una especie de buhardilla donde se guardaban las cajas vacías de la mercadería, una máquina de coser Singer y cachivaches. Era el lugar de los cachivaches. Había, también, cajas de fotos viejas, recortes de telas, papeles de contabilidad, libros de abuelo y un porta papeles de envolver que se había roto y nadie mandaba a arreglar.

La casa estaba separada del negocio por una pesada cortina color bordó, creo que de terciopelo o imitación terciopelo. La parte de atrás del negocio era tecnicamente el comedor diario. Estaba el aparador, una mesa para ocho personas, la máquina de coser Singer, pero la eléctrica, las sillas y el combinado de radio y tocadiscos.

Al salir del comedor diario estaba el patio de baldosas blancas y negras con la hamaca colorada en la que yo me sentaba para tomar la mamadera de las cinco de la tarde. Al patio daban los dos dormitorios. El de mi papá y mi mamá y Quique y el dormitorio del fondo, que era mucho más grande porque ahí estaba la cama de bronce de mis abuelos, las dos camitas de mi hermano Juan y la mía, más una mesa de comer, más una biblioteca con libros de mi abuelo, otra máquina de coser Singer pero a pedal, y el ropero que habían comprado cuando se casaron Rosa y Salomón en 1913.

Entre los dos dormitorios estaba el baño grande con bañadera y afuera, en el costado del patio, al lado de la pileta de lavar ropa, el bañito chiquito con una piletita y un inodoro Pescadas.

En esa casa fuimos felices, calculo, hasta que nació Quique.

Es triste lo que voy a contar, pero algo pasaba con Quique desde que nació porque uno de mis primeros recuerdos es espiar como mi tíó el médico Abraham lo revisaba a Quique y decía algo que hizo que mi mamá llorara en los hombros de mi papá, que, me parece, también lloraba o al menos tenía una cara de triste que no se podía creer.

Mi hermano mayor, Juan, era muy lindo, inteligente y, sobre todo, muy buen alumno. Desde chiquito tenía linda letra, el cuaderno de clase era muy prolijo y además estudiaba piano, teoría y solfeo.

Yo era el hijo del medio. Juan me llevaba cinco años y yo le llevaba a Quique cinco años. Cuando yo nací, en 1941, mis viejos tenían 27 años. Cuando nació Juan, apenas 22 y cuando llegó Quique en 1946, 32 años. Era una familia con tres varones. Mi papá tenía auto y era un comerciante próspero. Mi abuelo Salomón no era comerciante ni próspero. Era un obrero de la confección de ropa, sindicalista, anarquista, violinista y actor de teatro judío. Mi abuela Rosa era analfabeta, cocinaba muy ricos knishes y varenikes, entre otras especialidades judías y sobre todo era una abuela amorosa, dulce y cariñosa.

Juan y Quique eran blancos como mi papá. Yo era negrito como mi abuelo Salomón. Un shuarse (negro) judío.Así éramos Salomón y yo.

(Diario de la Cuarentena – Borrador)

Diario de Cuarentena/Yo tuve un papá millonario que murió pobre.

¿Cuántos millonarios conociste en tu vida?

El primer millonario que conocí en mi vida fue a mi viejo. No era un millonario en serio, de esos millonarios que tienen la guita en un banco suizo, o tienen acciones o bonos de la deuda externa, no. Me estoy refiriendo a un millonario de los años 50 o 60. Mi viejo era un pequeño industrial, lo que hoy se llamaría una PYME mediana o grande. Depende. Era hijo de mi abuelo Jacobo, un inmigrante que llegó de Rusia en 1905 a los 16 años, de profesión sastre y que gracias a esta tierra generosa consiguió hacer una pequeña fortuna con un taller de unas diez o doce máquinas de coser Singer, trabajando para otros talleres más grandes, confeccionando pantalones y camisas. Jacobo y Sofía, mi abuela, tuvieron cinco hijos: Abraham (1912) Luis, mi papá (1914) Juanita (1916), Jaituve (1918) y Sarita (1924). Como correspondía a una familia inmigrante, Abraham, el mayor se recibió de médico, puso su consultorio en Avellaneda y fue un pediatra reconocido y estudioso. Mi papá, dejó el colegio primario en cuarto grado y empezó a vender jabones, casa por casa, a los 11 años. Juanita ayudaba a la abuela Sofía con las cosas de la casa, le encontraron un novio para casarse a la edad de prometer y de pura rebelde se consiguió un amante clandestino que tenía algunas características que no le caían muy bien a Jacobo: era negro (brasileño), fornido, sensual y encima, lo peor, católico. Juanita se suicidó estando embarazada, unos meses antes de cumplir con la promesa de casamiento al novio judío oficial. Jaituve demoró en suicidarse unos 25 años después. Ella cumplió con la promesa de casarse con su primo hermano, mi tío Avelino, con quien tuvo dos hijos, un varón y una nena. Jaituve se suicidó porque se había enamorado del médico de mi tío Avelino, quien a su vez había sufrido un ACV a la temprana edad de 48 años y había quedado paralítico de su lado izquierdo, pero le permitía usar su bastón con la derecha, con el cual le producía variados moretones a la pobre Jaituve. Ella también se suicidó cuando mi abuelo Jacobo no aprobó su separación de Avelino, por más que ella justificara que el bueno y gordo marido le pegaba con un bastón. Finalmente, la menor, Sarita, se casó con un buen muchacho judío, trabajador, que era el dependiente del negocio de Jacobo, su mano derecha, su cadete y también, el candidato ideal para la tía Sarita. Por lo tanto, Sarita no se suicidó. Apenas si se volvió loca, fumadora empedernida, neurótica de manual.

Bueno de esa familia judía surgió mi papá que de vender jabones pasó por distintas etapas hasta llegar a tener una fábrica con casi una centena de obreros y empleados y entre estos últimos un chofer llamado Rodolfo.

Y sí, mi papá, era millonario a los 38 años, tenía chofer y algunas novias que yo conocía porque casi siempre eran o empleadas de confianza o amigas íntimas de mi mamá, Adela, o Adelita para los de mayor confianza.

Así que siendo mi papá millonario, teníamos un departamento de 400 metros cuadrados en Villa Crespo, con jardín, jardinero y dos empleadas de servicio, con cama adentro y Adolfo el chofer.

Mi papá era bastante avaro. Amarrete, se decía. Tacaño, también. Ahí descubrí a la edad temprana que una de las características de los millonarios es que no se desprenden fácilmente del dinero que ganan a costa de sus explotados. Mi papá le dejaba a mi mamá todos los días la plata para el mercado y mi mamá todos los días le reclamaba que eso no alcanzaba. También, en el transcurso de los años escuchaba que no solo le dejaba poco a mamá, sino que además ella lo acusaba de gastarse el dinero con sus amantes, o lo que descubriríamos tiempo después, en una amiga de mi mamá, viuda joven de un cliente de mi papá, con el cual hacían negocios con corrupción mediante.

Cuando Carlos se murió increíblemente después de una operación de apendicitis, su viuda comenzó a ser la novia de mi papá y dejó de ser la amiga de mi mamá. Cosa de millonarios.

Cuando Perón es derrocado por el golpe cívico militar de 1955 mi papá deja de ser millonario. La Fundación Evita, a la que él le vendía miles de indumentarias para los pibes pobres , fue intervenida por las fuerzas militares y por ende nunca cobró lo que le debían. El era acreedor de una organización que los militares consideraban corrupta. No le pagaron y él dejo de ser millonario por unos cuantos años.

Ya casado con su nueva mujer, encontró un nuevo rumbo en Venezuela, la Venezuela del petróleo y la nueva democracia de Rómulo Betancourt el líder de esos momentos del partido Acción Democrática.

Papá, en Venezuela, volvió a ser millonario. Reconstruyó su modelo de fábrica, consiguió ser proveedor del estado venezolano, pagó las coimas necesarias y consiguió su objetivo: nadar en plata, o en Bolívares.

Una vez más, volvió a las grandes casas, a sus gustos de pequeño burgués, con autos importantes y viajes a Europa. Visitó la clínica de la doctora Aslan donde hizo los exámenes previos para conseguir las famosas pastillas de la juventud eterna.

El rodrigazo en la Argentina de Isabel lo encontró financiando sus propias obras de construcción y en menos de una año quedó nuevamente pobre. Y así murió, pobre, en el Hospital Durand, de una septicemia que seguramente hubiera podido evitar en el Otamendi o en la Clínica de la Swiss Medical.

De todo esto me acordé hoy mientras leía con pasión la nota de Horacio Verbitsky acerca del impuesto a las fortunas argentinas. Cómo se oponen los millonarios genuinos, pero también los que no lo son pero sueñan con serlo o admiran a los que lo son.

Hoy un columnista del New York Times decía que lo que habría que encontrar rápido es un antídoto contra Trump, que no solo es multi millonario sino que además es el presidente del país más poderoso del mundo. O quizás el que fue el país más poderoso del mundo.

(Una cuarentena llena de recuerdos familiares. Que dios me perdone)

Diario de Cuarentena. Acerca del amor, la vida y la muerte.

Ingmar Bergman (director de teatro y cine sueco – Upsala 1918 Isla Faro 2007) en una carta dirigida a sus actores y actrices convocándolos a la filmación de una nueva película, les dice: “como siempre esta nueva película tiene como tema la vida, el amor y la muerte”.

Desde hace tiempo, pero especialmente en estos últimos 40 días, justamente de “cuarentena”, esta carta de Bergman me persigue y me deleita. La vida, el amor y la muerte.

Esta semana murieron Fontova y Marcos Mundstok. A ambos los conocí trabajando en publicidad. A Fontova le pedí una letra para una canción (un jingle)  para Alfombras Kalpakian. Quería una cumbia que se burlara de las moquetes y alabara los arabescos. A Marcos, cuando los dos trabajábamos en publicidad en distintas agencias para un cliente importante de esos tiempos: Ducilo (internacionalmente Dupont).

Tenían en común un don: el desparpajo. Sonia Braguetti era un hallazgo del Negro Fontova que Jorge Guinzburg, también muerto, supo explotar gracias a su genio empresario y productor artístico. Marcos inventó a Giuseppe Mastropiero, otro personaje inesperado que hizo de Les Luthiers un éxito que persiste hace medio siglo.

Todos los Luthiers son grandes músicos, menos Marcos, que sabía mucho de música, pero nunca ejecutó un instrumento. No sé si el negro murió pobre, pero seguro no terminó sus días siendo rico.

MI hermano Juan vivió casi toda su vida como un millonario, un exquisito, un excéntrico. Vivió en casas enormes, las mejores ubicadas, con ropa de muy buen gusto, sobre toda inglesa. Juan nunca tomó otro whisky que no fuera Chivas Regall, ni fumó otros cigarrillos que no provinieran de Inglaterra, Estados Unidos u habanos Montecristo originales de Cuba. Murió como lo que fue: un millonario. Juan murió un 28 de agosto de 2010 sin un peso en el bolsillo. El último verano clamaba por un ventilador, vendía sus cuchillos de acero de marca Wüsthof, sus 10 pares de zapatos Church (ingleses) y dos sillones que trajo de la India, para poder seguir tomando champán francés y comer ostras importadas. Murió pobre y vivió como un rico.

Es una confesión: la muerte que más lloré fue la de mi perro Bargach. Bargach era un Boxer adorable. Simpático, cariñoso y amigo entrañable. La mañana del día que se murió se despidió subiéndose con sus patas a mi pecho esperando la caricia en la cabezota. Lo abracé, le besé esa cabeza cuadrada y me fui a trabajar. Cuando volví a la noche a casa y me dijeron que Bargach se había muerto de golpe, seguramente de un infarto masivo, no pude contener un llanto espontáneo, una sensación de pérdida enorme y salí de casa rumbo a algún lado, solo, diciéndome que no era posible, que Bargach era joven, que su vida había sido solo un suspiro. Hice el duelo y hoy, a casi 25 años de su muerte sigue siendo la pérdida de un amigo irremplazable.

Cuando murió Pepe Eliaschev también lloré. A solas, en el baño de mi casa. Mirándome al espejo le dije a Pepe “no me diste la oportunidad de decirte cuanto te despreciaba por tu revés en la vida política”. Yo no lo quería ya a Pepe. Pero yo quería que viviera. Yo quería que algún día me dijera porque me había traicionado pasándose a la derecha. Pero no quería que se muriera.

En casi 80 años aprendí y entendí que a la vida hay que dejarla fluir, que vaya pasando, que transcurra. Claro que lo entendí tarde, pero lo entendí. Mi infancia fue una mezcla de tristezas y pronósticos de cosas terribles. Tuve padres ocupados en otro hermano, en otras cosas y los suplanté por abuelos, novias, amigos entrañables.

Pupi era mi amigo de la adolescencia. También murió muy joven. En la guerrilla de Orán, Salta, siendo un aprendiz de guerrillero en el EGP el ejército guerrillero del pueblo, un movimiento guevarista que impulsó y comandó Jorge Masetti, el Comandante Segundo.

La vida transcurre mientras otros mueren y uno sigue viviendo. El amor es una sensación muy profunda que el tiempo transforma de enamoramiento en amor. El enamoramiento es esa sensación de tener la cabeza ocupada todo el tiempo en otro nombre, en otra imagen, en otros recuerdos, en algunos sueños. Sufrir por amor, aprendí del libro de Igor Caruso La Separación de los Amantes, es perder el lugar privilegiado de otro u otra en su cabeza, en su mente. Cuando uno desaparece de la mente del otro es cuando el sufrimiento por amor se transforma en duelo de muerte.

La vida, el amor y la muerte es un triángulo maravilloso, único e insoportable. Es un peso, una pluma, una pared. Por eso los que acumulan bienes en lugar de amor tienen la misma muerte que los que no acumularon bienes: la nada. Porque la vida empieza de la nada, o casi la nada, y termina en la nada. Nada más cierto que del polvo vienes y en polvo te conviertes.

Hasta mañana.

Diario De Cuarentena “Contame tu condena, decime tu fracaso”

(La última curda de Cátulo Castillo y Aníbal Troilo)

Fui docente 43 años. Debuté un abril de 1966. Un cliente de la agencia Relán de Publicidad, jefe de publicidad de una compañía textil famosa de la época, Telas Arly, me invitó a dar clases de redacción en una universidad privada llamada Joaquín González, en la carrera de periodismo. Nunca dejé de hacerlo hasta que me jubilaron en el 2010 por llegar al límite de los 70 años y por lo tanto considerar que ya estaba lo suficientemente gagá como para seguir dando clase. Pasé por muchas universidades, dos carreras de la UBA (Diseño Gráfico y Publicidad), Universidad de Belgrano, Universidad de Palermo, UAI, Universidad Central de Venezuela, Universidad de Nuevas Profesiones. Dicté centenas de cursos, talleres y seminarios en instituciones empresarias. Fui el primer director académico de los cursos de creación y arte de la AAAP , entonces Asociación Argentina de Agencias de Publicidad y dicté el primer taller de creatividad en el Círculo de Creativos Argentinos. Parece que quiero tirar mi trayectoria “exitosa” en el mundo del periodismo y la publicidad y posiblemente sea cierto. Aunque, por otra parte, mi curriculum vitae que es extenso y vistoso, sea visto por mí, a la distancia como una condena, como un fracaso, como dice el tango La Última curda.Tengo más años de paciente de psicoanálisis que de docente. Quizás por eso hoy en este diario de cuarentena (cuarentena que me da tiempo para repasar mi vida) pueda mirar esas tres páginas de CV con algo de vergüenza, un poco de lástima y mucho de crítica. Varias veces en estos últimos años de una cuasi retiro descubrí con espanto cuanto arruina la vida de una persona la vanidad. Eso, la vanidad es una sombra que corre detrás de uno e intenta sobrepasarlo.Quiero mostrar la otra cara. Viví un proceso de transformación que comenzó con un idea de sociedad igualitaria en la que el Estado sería un ente superior capaz de administrar la producción, la economía, el consumo. En pocas palabras, el socialismo que proclamó el manifiesto Comunista de Carlos Marx y Federico Engels, era una ilusión para quienes transitábamos la adolescencia en un mundo dividido por la segunda guerra mundial. Claro que nos costaba asumir la posibilidad de que una parte del mundo socialista usara el poder que le otorgaba la revolución para traicionar las banderas de los sectores del trabajo, de la producción, de la igualdad, de la justicia, de la participación.¿Qué entendíamos los que teníamos 15, 16, 20 años de lo que estaba pasando en el mundo y en la Argentina? Escuchábamos a hablar de la “guerra fría”, es decir, una guerra entre los países comunistas versus los países capitalistas sin armas, sin fuego. Esa guerra fría era relativa. La guerra de Corea muy poco después del fin de la Gran Guerra era una muestra. Entre 1950 y 1953 la disputa de las dos Coreas (Norte y Sur), una con el apoyo de los EEUU y sus aliados (Corea del Sur) y la otra, República Popular Democrática de Corea (Corea del Norte) apoyada por la URSS y la China de Mao-Tse-Tung. Más de 3 millones de muertos ponían en evidencia que las guerras no eran frías ni habían terminado con la derrota del eje alemán-japonés.Mientras todo eso sucedía, en la Argentina sucedía una revolución: la tercera posición del Peronismo. Para mi clase social, que era minoría, para la de mi familia, el peronismo era una “tiranía”. Las conquistas de la clase trabajadora y los derechos de los niños y de la ancianidad, para los “contreras”, era “demagogia. Sin televisión, el Diario La Prensa y La Nación, eran los que saboteaban esa política de justicia social y privilegios para los trabajadores y los más necesitados. Los derechos de las mujeres con el derecho al voto en primer lugar y la constitución de la rama femenina del partido peronista, con el liderazgo de Eva Perón, fue un golpe enorme a la vieja tradición conservadora. El partido del centro, el radicalismo, oposición al peronismo, superó al partido conservador y generó la otra cara del peronismo.Mi generación vivió un quiebre con la posguerra. EEUU rápidamente se consolidó con un estilo de acumulación de riqueza, producción y especialmente con un procedimiento de explotación de otros países. En los años posteriores a la guerra, EEUU ocupó militarmente países de américa y en otros casos lo hizo a través de compañías que explotaban las riquezas de esos mismos países: el petróleo, el carbón, los minerales, las frutas, los cereales. Estados Unidos creó un sistema de vida social llamado American Life Style, que estaba concentrado en un slogan de la General Motors: “Hot-dogs , Apple Pie & Chevrolet”. El estilo de vida norteamericano basado en el consumismo, el pleno empleo, el crecimiento económico y el poderío militar se oponía a una sociedad oscura, austera, dominada aunque de crecimiento económico en base a la producción, la industria, el trabajo duro sin propiedad privada y con un Estado dominante con contención de la libertad individual: el bloque de países comunistas detrás de la Cortina de Hierro.A nosotros nos tocaba, el derrocamiento de Perón, la promoción de una derecha liberal autoritaria, la revolución cubana y el comienzo de una etapa nueva: los movimiento armados urbanos, la guerrilla en la selva, Vietnam, el Di Tella, Sartre, el Teatro independiente, el nuevo cine, la televisión, el rock nacional y la apertura a una cultura urbana con el auge de la psicología, el psicoanálisis y el hipismo de Villa Gesell Vs el chetismno de Punta del Este.(Esto sigue, por lo menos para mí).

Freud, Bergman, Woody Allen y mi abuelo Salomón.

Diario de Cuarentena

Freud, Bergman, Woody Allen y mi abuelo Salomón.

Sigmund Freud, Ingmar Bergman, Woody Allen y mi abuelo Salomón Tulchinsky. Tres ídolos famosos y uno anónimo.

Salomón nació en una aldea cercana a Kiev, en Ucrania, en 1891. A los catorce años llegó a Buenos Aires con una valija de cartón y un violín en su estuche. Llegó el 5 de julio de 1905 y ese mismo día con su papá, mi bisabuelo Moisés, tomaron el tranvía en el puerto de Buenos Aires y fueron hasta la Avenida San Martín y Luis Viale, a la dirección que tenían anotada en un papelito de un paisano que había llegado dos años antes. Trabajó de sastre, tocaba el violín en un bar de Villa Crespo, estudió y trabajó de actor de teatro idish, fue sindicalista y anarquista. Viví con él y mi abuela Rosa muchos años de mi infancia. Me leía Bakunin antes de dormirme. Me enseñaba que en la vida hay que compartir lo que uno tiene, porque es la única manera de ser un “mench”, una persona. Salomón me llevaba al cine, al Parque Japonés en Retiro, al Zoológico, al Botánico y también lo acompañaba a las reuniones políticas que tenía con un grupo de compañeros del sindicato del vestido.

A Freud llegué gracias a mi novia de la adolescencia. Frida lo conoció a Freud gracias a la revista Nuestros Hijos, una publicación de avanzada que hablaba de la psicoterapia, del psicoanálisis y de Sigmund Freud.

La primera vez que me analicé fue en 1959. Tuve un par de meses viendo al DR Gallinovsky que era un médico psiquiatra que había ingresado a los cursos de la APA, la Asociación Psicoanalítica Argentina. Poco después comencé una terapia de grupo con León Grinberg, quien terminaba de publicar un libro Psicoterapia de Grupo escrito juntamente con Mari Langer y Emilio Rodrigué. El primer tomo de Freud lo compré en la librería de Fray Mocho, cuyo dueño, Don Marcos, me dio un crédito por pura confianza para pagarlo en seis veces. Compré el tomo Psicoanálisis de los sueños que era la lectura que recomendaban Ángel Garma y Arnaldo Rascovsky en las clases abiertas que daban en la facultad de medicina los martes y jueves. Mi libro de cabecera o el libro que consulto cada vez que me encuentro ante la alternativa de entender algo de lo que pasa con el hombre y la sociedad, es El Malestar en la Cultura.

Fui también un lector apasionado de la correspondencia de Freud, especialmente con Lou Salomé y con el odontólogo William Fliess. También las cartas que le enviaba a Marta Bernays, su novia y esposa de toda la vida.

Mi frustración es no haber sido psicoanalista. También no haber sido un escritor. También no saber disfrutar de la pintura, aunque si del diseño gráfico.

Es difícil explicarlo, pero creo que soy freudiano. ¿Qué significa eso? Que creo en el inconsciente. Para decirlo más sencillo, creo que el inconsciente existe más allá de no poder ubicarlo en ningún lado físico del cuerpo humano.

Como ya lo conté vi mucho cine en mi vida. Miles de películas. De esas miles de películas pocas me produjeron un efecto de sensibilidad artística y emocional como algunas de las películas de Ingmar Bergman. Cuando Huye el Día, El Séptimo Sello, Escenas de la Vida Conyugal y posteriormente Sarabanda, fueron impactos al corazón, golpes al estómago, sudestadas en la cabeza.

Cada tanto veo un documental, una entrevista que la televisión sueca le hace a Bergman y a su actor predilecto Erland Josephson, poco antes que los dos amigos y compañeros mueran. Es un final de vida que resume una vida dedicada al teatro y al cine. (les recomiendo muy especialmente verla en You Tube https://www.youtube.com/watch?v=HqTRUQe-bAc&t=2489s

Con Woody Allen me une una relación generacional. Es apenas siete años mayor, pero siempre pienso que no quiero morirme antes que él para no perderme su última película.

Tengo todas la biografías de Woody. Todas son muy parecidas. Todas intentan demostrar que él y sus personajes son distintos, pero cuanto más intentan menos lo consiguen.

Vi absolutamente todas sus películas. Algunas 10 veces, como Manhattan, Crímenes y Pecados, Hanna y sus hermanas, Match Point. Cuando alguien me dice que una película de Woody es mala yo contesto que la más mala me gusta. ¿Fanatismo? Posiblemente. Ahora está a punto de publicar su Autobiografía. La espero ansiosamente. También espero ver su última película y si por culpa de esta pandemia no se podrá ir al cine por mucho tiempo espero que las nuevas tecnologías sirvan al menos para ver en el televisor estas películas inmensas.

Gracias por leer. Es un gusto.

Diario de Cuarentena La publicidad en los 60

Los que me conocen saben que soy publicitario de profesión. Comencé a los 21 años en el periodismo profesional y un verano de 1966, cuando me faltaban unos meses para cumplir 25 años, cerró Stop, un semanario de actualidad a la manera de Paris Match y el dueño y director, Raúl Damonte Taborda, el yerno de Botana y padre de Copi, me vendió junto a una tonelada de papel importado a Héctor Ricardo García de Crónica. Es decir, cerró Stop que había acumulado mucho papel comprado a $40 el dólar y se lo vendió a García a $80 el dólar. La revista perdía plata, pero con el papel ganó una fortuna.Una tarde casi noche de enero del 66 lo conocí a Héctor Ricardo García, el gallego.- Pasá, pasá…¿vos sos el pibe que vino con el papel de Damonte Taborda?- Hola…Raúl me dijo que al cerrar la revista usted estaba interesado en que trabajara en el diario.- (Carcajadas de García). Mirá pibe, Damonte me dijo que como eras un buen pibe, muy laburador y con talento me pedía que te tomara como parte del negocio…¿entendés?- Entiendo.- Bueno, vas a laburar en el matutino. Ya hablé con Américo Barrios para que te ponga al lado de Villita, el que hace policiales. Con él vas a aprender periodismo en serio.Así fue. Américo Barrios, que venía de acompañar a Perón en su exilio había desembarcado como director del matutino de García. Crónica con sus tres ediciones matutina, vespertina y 6ª, vendía más ejemplares que Clarín. Don Américo me presentó a Villita y antes de saludarme me dijo que en 10 minutos salía con el chofer del jeep de Crónica a hacer la nota de un tren que se “había llevado puesto a un tipo de sesenta años”. Cuando llegamos a Moreno, a la barrera de la estación del tren, bajé con mi anotador y una Bic y un policía que me estaba esperando me dijo que al “fiambre” ya se lo habían llevado. El fotógrafo que venía conmigo no dudó: “Mira pibe tirate ahí en las vías que te tapo con una lona y hacés de muerto”. Así fue mu debut en Crónica. Al día siguiente salí en la tapa del matutino, tapado con una lona y una pierna desnuda que sobresalía. Mi primera nota la escribí descubriendo que para Crónica una buena imagen era mucho mejor que 1000 palabras.Trabajaba en Crónica de 5 de la tarde a 12 de la noche. Mi día franco era el martes, por eso, los sábados y domingos me tocaba fútbol. Pero tenía libre todo el día. Por eso, un primero de febrero de 1966 empecé a trabajar como redactor publicitario en Relator Publicidad, la agencia oficial de Cervecerías Quilmes.Pensaba que me venía bien ganar una plata extra durante el verano. Mi hija Gabriela cumplía un año y si bien no había pañales descartables, de todas maneras sentía necesidad de ganar más dinero.La publicidad me resultaba algo fácil y divertido y, sobre todo, me gustaba porque ganaba el triple que en Crónica. El primer aviso que hice para Toddy lo terminé en 10 minutos. Se lo llevé a Luis Cícero, que era mi jefe y me dijo: “Nunca más me traigas un aviso en 10 minutos. Hacer el texto de un aviso demora por lo menos un día.”. De todas maneras lo aprobó y me dijo que yo tenía futuro. ¿Futuro?En abril del mismo año un amigo me recomendó para ser el Jefe de Redacción de la agencia cautiva de YPF. Yo ganaba en Crónica $17,000, en Relator $35.000 y en YPF me ofrecían $60.000. En menos de tres meses tenía la sensación de ser casi millonario.Ese mismo año me fui a Relán Publicidad, la agencia que había fundado Héctor Cavallero, el que fue el primer novio de la famosa Susana Giménez. Me recomendó un tipo excepcional, Jorge Mitchell, el compañero de la artista plástica Josefina Robirosa.Unos meses después, el dueño de una agencia en franco crecimiento, Frank Johnson, me ofreció $180,000 para ir a su agencia como Director Creativo. Ya había nacido mi segunda hija, Paula, nos habíamos mudado a Olivos, a un departamento frente al puerto y yo ya me había prostituido trabajando en esos burdeles llamados Agencias de Publicidad.La nueva vida trajo aparejadas otras experiencias. Por un lado comencé a frecuentar bares, lugares, productoras de cine, estudios de fotógrafos, nuevos amigos de la profesión. También aprendí a convivir con esos especímenes llamados clientes, siempre indecisos, disconformes y sobre todo con pánico a ser expulsados de sus empleos ejecutivos muy bien pagos, con autos, vales de nafta y bulines y minas muy buenas.Habían pasado apenas dos años de vivir en un monoambiente, vivir comprometido con las desgracias políticas, viajar en bondi a tener un departamento frente al Puerto de Olivos, comer en restaurantes de hoteles, tener auto y plata en el bolsillo.¿Era feliz? Ese es otro capítulo de esta cuarentena en la que cuento historias de hace nada más y nada menos que unos…cincuenta años.

Diario de Cuarentena. Periodistas cercanos de los años ‘60

Paco Urondo.

Hacía un mes que trabajaba en la Revista Todo, que dirigía Bernardo Neustad. Era cronista de la sección Vida Moderna. Mi secretario de redacción era Esteban Peicovich. Una tarde de marzo de 1965 Esteban entró a la redacción con Paco Urondo. Dijo algo así como “muchachos, Paco Urondo se incorpora como redactor y seguramente aportará sus experiencias de periodista, pero yo lo contraté porque Paco es un poeta magnífico”. Paco era un tipo excepcional. Trabajé con él en notas de crímenes de la época. Lo que más le divertía a Paco era encontrar el restaurante al que iríamos a comer después de hacer la nota y sobre todo que vinito íbamos a tomar. Paco seducía todo. Era lindo, apuesto, simpático y tenía una sonrisa que aparecía en los ojos.

Hanglin, Eliaschev, Gerchunoff.

Pablo Gerchunoff tenía 21 años, Jose Ricardo Eliaschev 20 y Rolando Hanglin 19. Pepe, por ejemplo, era un especialista en política internacional. Conocía al detalle los conflictos bélicos en Medio Oriente, las rebeliones en Africa, la campaña electoral de Kennedy y las supuestas teorías acerca de su asesinato, la caída de Pérez Jiménez en Venezuela y las amenazas de la guerra fría entre Krushev y el gobierno norteamericano. Su manía era recortar diarios, revistas y conseguir material de lugares recónditos, como el Congo Belga.Hanglin trabajaba en política nacional. Estaba orgulloso de ser de Ramos Mejía y de sus hermanas que eran muy lindas. Era peronista y seguía de cerca las andanzas de Perón en Madrid y sus relaciones con los sindicalistas, la juventud peronista y la llegada del líder en un famoso y fantasioso Avión Negro.Gerchunoff era muy lindo, muy rubio, y tenía una prosa entre moderna y sofisticada. Imitaba las notas de Primera Plana, especialmente las que escribía Tomás Eloy Martínez y Ramiro de Casasbellas. Pablo fue el primero en supervisar una nota que escribí apenas llegué a la redacción de Todo. Era una investigación sobre las confiterías bailables en la ciudad. La nota estaba encarada desde la sociología urbana, un interés que nunca desapareció en mí. El título que le había puesto era: Infieles Vs Infieles. Pablo la corrigió, agregó algunas escenas divertidas no reales y le cambió el título: Dónde la soledad se muerde la cola. A Esteban Peicovich le pareció genial y a mí también.

Chiche Gelblung, René Sallas y Víctor Sueiro

A Samuel Gelblung lo conocí en la revista Gente en 1966. Tenía 22 años. Era uno de los redactores estrella de la revista, solo superado por René Sallas y Víctor Sueiro. En el número cero trabajamos un@s 20 periodistas. El secretario de redacción era Jarito Walker (Gelly Walker) que oficiaba de coordinador general. Jarito fue secuestrado y desaparecido durante la dictadura cívico militar del 76. Cuando la policía irrumpió en el cine en el que estaba pudo correr, subir la escenario y gritar su nombre y apellido. Se lo llevaron y nunca más apareció. Fontanarrosa era el director y Aníbal Vigil, uno de los dueños de la Editorial Atlántida, el jefe del proyecto. Gente copiaba a Gente de Italia y People de Estados Unidos. Cacho Fontana fue el elegido para la tapa del número Uno en Julio de 1965.

Carlos Ulanovsky

Una tarde de marzo de 1965 esperábamos en una salita del segundo piso de la Editorial Atlántida, Eduardo Covadlo, Carlos Ulanovsky, Víctor Sueiro y yo para ser atendidos por el encargado de formar “la tropa” de jóvenes periodistas para el proyecto de la revista Gente: Horacio de Dios. A mí me tocó hacer el entrenamiento en Para Tí con la supervisión de Laura Güell. El único rechazado fue Eduardo Covadlo, hoy Lázaro Covadlo. Era muy ansioso y si bien era el más creativo de todos a Horacio le pareció que podía poner en peligro la unidad del grupo.Carlos tenía una novia que lo estaba esperando en la puerta: Cecilia Absat. Víctor tenía una carpeta con poemas, composiciones de sexto grado, reportajes publicados en una revista de colegio secundario y fotos de artistas famosos.Carlos Ulanovsky hizo una gran carrera. Escribió varios libros, trabajó en los más importantes medios de los últimos cincuenta años y por encima de todo es una gran persona, muy querido por todos y respetado. Siempre fue coherente con sus ideas y principios. Es uno de los periodistas que admiro, junto a Enrique Raab, Horacio Verbitsky y Luis Bruschtein, a quién también conocí en Editorial Atlántida.

Estoy terminando mi recorrido por los 60. Falta aún lo más importante: mi vida en esas épocas. Hijas, hijos, compañer@s, amig@s, cónyuges (?) y novias. Prometo ser un buen cronista de mis actos públicos y privados. Una vez Pepe Eliaschev me dijo que su amigo y compañero de colegio Rodolfo Terragno había llegado a ser presidente de la UCR, Ministro, empresario exitoso, simplemente porque él en lugar de escribir poemas de amor se dedicaba a leer política. Volveré.

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Diario de Cuarentena 3a Parte. La vida cotidiana en los ’60

Diario de Cuarentena 3a Parte.
La vida cotidiana en los ’60
La generación del ’60 estaba politizada. Los que teníamos entre 20 y 30 años nos caracterizaban algunos hechos referenciales. En enero de 1959 Fidel Castro había bajado de Sierra Maestra, derrocando all dictador y sobador de gringos Fulgencio Batista, Era presidente Arturo Frondizi que estaba continuamente siendo asediado por los militares que habían derrocado a Perón y no le perdonaban que hubiera ganado las elecciones del 23 de febrero de 1958 con su ayuda. Al lado de Frondizi estaba el Tapir, Rogelio Frigerio, un ex comunista que se había corrido a un nacionalismo economicista y proclamaba la teoría del desarrollo económico.
En noviembre de 1962 Jacobo Timerman lanzaba el primer semanario de noticias a la manera de la revista Time de EEUU, Primera Plana.
El peronismo, especialmente el ala sindical, proscripto, crecía en la ilegalidad y el nombre de Perón que había sido prohibido por un decreto de la Revolución Libertadora, el famoso 4161, se inscribía en cada pared del suburbano con el símbolo de una V y encima una p. El famoso Perón Vuelve.
Perón había iniciado un largo exilio que comenzó en Paraguay, siguió en Venezuela y llegó hasta Panamá con un último destino en Madrid, España.
Pasaron 18 años y el famoso Perón vuelve se cumplió. Y volvió a ser presidente en 1974.
El radicalismo se había dividido en dos La UCR del Pueblo y la UCRI, la Unión Cívica Radical Intransigente. Balbín de un lado, Frondizi del otro.
En la década del 60 a la del 70 pasaron por el gobierno Frondizi, Guido, Illia, Onganía, Levingston y finalmente el General Lanusse.
Dos presidentes derrocados, un presidente civil títere de los militares (Guido) y tres militares sucesivos.
El peronismo volvió a la legalidad por poco tiempo. Frondizi cumplió con su palabra y en las elecciones de Marzo de 1962 el peronismo ganó por amplia mayoría la Provincia de Buenos Aires, siendo su candidato a gobernador el sindicalista Andrés Framini,. Frondizi, acosado por la cúpula militar, anuló las elecciones y se produjo el golpe cívico militar que terminaría con el gobierno elegido por el pueblo.
Comienza así una nueva etapa :la lucha armada.

Diario de Cuarentena. Intimidades de los ’60. 2a parte

Diario de Cuarentena.
Intimidades de los ’60
2a Parte

La década del 60 fue especialmente abierta a la creación, al arte, a la libertad expresiva y a la libertad sexual.
Tener 20 años en los ’60 era una verdadera oportunidad de crecimiento intelectual.
En los comienzo de la década gobernaba Arturo Frondizi, hasta que un golpe cívico-militar lo destituyó. El peronismo estaba proscripto y sus militantes eran perseguidos.
En la ciudad, en Buenos Aires, aparecían algunas modas. Por ejemplo, hubo una vuelta a la música folklórica. Los Chalchaleros, Los Fronterizos, Atahualpa Yupanqui, no solo eran escuchados sino que también producían un efecto imitativo. Se vendían miles de guitarras que los jóvenes tocaban apenas aprendían tres acordes.
También aparecían las primeras manifestaciones de una promesa de libertad: el amor libre.
En 1966 una nueva dictadura militar encabezada por el General Onganía derroca al presidente Illia, que había llegado al poder con la proscripcion del peronismo y con sólo el 25% de los votos.
En 1964,Juan José Sebreli publica el primer libro de sociología urbana y cotidiana: Buenos Aires, vida cotidiana y alienación.
En la misma época comienza a hablarse de un psicoanálisis de moda: la clínica del Dr Alberto Fontana, que experimenta con grupos una sustancia llamada Ácido Lisérgico.
(Continuará)

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