Gemelos

De la serie Relatos de Marcelo Cosin

Hernán y Sergio, gemelos, idénticos,  igual estatura, peso y fisonomía, vivieron y murieron como lo que fueron: gemelos.

Los abuelos por parte de padre, germanos. Por parte de madre, asturianos.

La familia Spilermann vivía en un pueblo perdido de la Patagonia, en la provincia de Santa Cruz, en el departamento Del Deseado, llamado Koluel Kaike.

Hernán y Sergio vistieron las mismas ropas, con los mismos colores y calzaron los mismos zapatos, de cuero marrón, de igual numeración, desde pequeños hasta que ambos, murieron.

La única que los distinguía era, Ana, la madre. El padre de los chicos tuvo pocas oportunidades de probar su capacidad de saber quién era uno y el otro.

Herman Spilermann recorría la Patagonia de este a oeste, desde Trelew a Esquel y de allí hasta Comodoro Rivadavia y ahí, de vuelta a Trelew. Este trayecto lo hacía en un viejo Ford en los años 40 , cuando los gemelos eran adolescentes y cada gira demoraba entre 45 y 60 días.

Don Herman llevaba en sus valijas desde peines, sábanas y lana de tejer, hasta pedidos especiales como cámaras Leica, lentes de aumento y servicios especiales como dentaduras postizas pedidas a medida. También servía de correo privado entre familias alemanas y suizas distribuidas en distintos pueblos pequeños del sur del país.

Los gemelos tenían una tarea que el padre les imponía como condición superlativa: estudiar inglés con la Miss Marguie.

La señorita Marguie era una de los 109 mujeres que vivían en Koluel Kaike. Nacida en Dublin y criada en Londres, llegó a la Patagonia en 1930 con sus abuelos y desde pocos años después, adaptada a las costumbres del viento y el frío muy parecidas a su ciudad natal, comenzó a trabajar como private teacher.

Los gemelos fueron sus alumnos desde antes inclusive de comenzar su educación en el único colegio primario del pueblo, Escuela Perito Moreno, Consejo escolar 1 de la Circunscripción segunda de Puerto Deseado.

Quizás, producto de esa infancia de fríos profundos y largos recorridos a pie, Hernán y Sergio nunca dejaron de usar, durante toda la vida,  gruesas medias de lana, de caña larga. También, era habitual que los dos, en invierno y verano, portaran zapatos con gruesas suelas de goma.

Cuando Ana, la mamá, murió cuando aún no había cumplido los cincuenta y dos años, don Herman decidió encontrarles a los mellizos un hogar sustituto en Buenos Aires para que supervisaran sus estudios secundarios y también se encargó de abrir a nombres de sus hijos sendas cuentas de ahorro para que, una vez mayores de edad, pudieran completar sus estudios en los Estado Unidos.

Herman Spilermann siguió sus rutinas en el sur, pero mudó su domicilio a una pequeña casa con jardín en el centro de la ciudad de Trelew. Al comienzo Herman escribía una carta por mes a sus hijos. Poco tiempo después, dejó de escribirles. Herman conoció en una de sus giras a Zulma, una mapuche que trabajaba en artesanías y con quien decidió unir su vida.

A Hernán y a Sergio no les extrañó la ausencia de su padre y la falta de correspondencia. Ambos mantenían una relación formal. Se saludaban formalmente, en inglés y se despedían, habitualmente estrechando sus diestras.

Ambos consiguieron becas particulares para seguir sus estudios terciarios en los Estados Unidos de Norte América.

Lo que no consiguieron, fue vivir en la misma casa. Uno fue a parar a Chicago, con el frío parecido al de Trelew, y el otro, Hernán, consiguió alojamiento en una casa de familia judía en el centro de Brooklyn , en el estado de Nueva York.

Ambos, escorpianos, de finales de octubre y con una misma parálisis facial, apenas notoria.

Hernán tuvo la habilidad de mentir cuando le asignaron como hogar el de los Finkelstein:

“Si, soy judío…me llamo Hernán Spilermann”. (“Yes, I’m jewish…etc).

A su vez, Sergio, fue más directo y sin necesidad de explicaciones: “Si, soy alemán, de familia alemana”.  Los Moore, irlandeses en fondo y forma, aceptaron complacidos, el origen de su pensionado.

Hernán y Sergio dejaron de escribirles a sus protectores urbanos poco tiempo después que se instalaran en los EEUU y ambos decidieron por distintos motivos, asumir una personalidad y estilo de vida propia de los  norteamericanos.

Tampoco Hernán y Sergio estaban en contacto permanente. Salvo los tradicionales llamados de navidad o año nuevo, los gemelos sabían poco uno del otro.

Quizás por eso y por los genes es que la sorpresa de ambos fue grande cuando al mismo tiempo y con enorme coincidencia, casi veinte años después, los gemelos coincidieron en Buenos Aires, alquilando en el mismo edificio de Plaza San Martín, departamentos gemelos, separados apenas por una pared, sin que ni uno ni otro lo hubieran calculado o programado.

Un día de septiembre, soleado y frío, salieron al mismo tiempo de sus respectivos departamentos de solteros, cerraron las puertas al mismo tiempo, con doble cerrojo y se enfrentaron, vestidos de la misma manera, como si cada uno entendiera por un instante que estaban frente a un espejo.

Pese a la enorme sorpresa,  ninguno de los dos manifestó, justamente eso: sorpresa.

Seguramente contenidos por su parecida o idéntica personalidad, reservada y fría, los hermanos se saludaron extendiendo cada uno su mano derecha.

Hernán asumió la responsabilidad de abrir la boca:

–        Sergio, ¿cómo estás?

–        Bien, Hernán. Muy bien. ¿And you?

–        Fine, brother, very fine.

Los gemelos se disculparon por la falta de tiempo para seguir hablando y quedaron en verse y tomar juntos un trago a las siete de la tarde del miércoles, en el bar de Alvear Hotel, dos días después del encuentro.

Hernán había conseguido un trabajo muy bien remunerado en una agencia internacional de publicidad. Era el ejecutivo de cuentas de General Electric y todos sus compañeros pensaban que Hernán era un norteamericano enviado por la sede central de la compañía. Hablaba, gesticulaba y vestía como un neoyorquino.

Sergio, como no podía ser de otra manera, también había conseguido un trabajo en una agencia internacional de publicidad, pero, en su caso, como director de arte.

Las casualidades o causalidades, valga el lugar común de los términos, no terminaban en tener oficios similares. Sergio y Hernán conservaban las costumbres de los ejecutivos de Chicago y de Nueva York. Sus camisas eran Oxford con cuellos de botones, sus corbatas eran finitas y a rayas oblicuas y sus sacos de tweed hacían juego con los pantalones  de franela gris.

La relación entre ambos no variaba.

El reencuentro había servido para que fijaran como día de encuentro los sábados para jugar al golf en el Campo Municipal, entre los 8 y las 11 de la mañana y luego almorzaban en el restaurante de Pampa y Av Figueroa Alcorta, a las 12.30.

Una noche de un sábado de noviembre, Hernán invitó a Sergio a una salida con su novia y la hermana de ella. Ambas eran mellizas: Nancy y Lory. Nietas de ingleses y padres argentinos, las dos hermanas mellizas entablaron relaciones formales de novios con los dos gemelos Spilermann.

El casamiento simultáneo de ambos hermanos con las dos hermanas se consumó en la iglesia San Nicolas de Bari, de la Avenida Santa Fé y Talcahuano.

Hernán y Sergio, uniformados con sus jaquets combinados de chaqueta negra y pantalones rayados, negros y blancos, y moño negro, esperaron al pie del altar a Nancy y Lory que llegaron acompañados de su padre, Hugo, cada una colgada de cada uno de sus brazos.

Con idéntico vestido de novia y peinados similares, las dos chicas, dejaron el respectivo brazo de su padre y se unieron a sus novios.

Por supuesto, el comentario generalizado de la concurrencia fue cómo era que cada uno de ellos reconocía a su pareja, ya que no sólo Hernán y Sergio eran idénticos, sino que Nancy y Lory se distinguían por un diminuto lunar que una de ellas tenía sobre el labio superior, que por otra parte, la más de las veces tapaba con maquillaje.

El padre Antonio, a cargo de la ceremonia, sin faltarle el sentido de humor, preguntó a los esponsales, a los cuatro, si estaban seguros de sus respectivas parejas.

Hernán y Nancy alquilaron un chalet con techo a dos aguas en Hurlingham y Sergio con su mujer, Lory, lo hicieron en Hurlingham, en una casa “melliza”, pegada a la de sus hermanos y cuñados, de tal manera que el dormitorio de Hernán y Nancy estaba separado por la pared medianera del cuarto aposento de Sergio y Lory. También, ambos baños principales, estaban separados por una pared y compartían caños y servicios, de tal manera que cuando uno usaba un inodoro, el hermano, vecino o cuñada se enteraban por el ruido.

Ninguna de las dos parejas tuvo hijos. Y si bien vivían pegados desde el punto de vista físico, sus relaciones se limitaban a almorzar los cuatro, después del golf, en el Hurlingham Golf Club, a las 13 horas en punto, cada sábado, puntualmente.

Llamaba la atención, pero era así la relación. Cuando Hernán y Sergio se encontraban, se saludaban dándose la mano derecha. A veces se veían, dos veces por día, coincidiendo la hora de salida y llegada de sus respectivas oficinas, y las dos veces se estrechaban las manos derechas.

Las amigas del club de Nancy y Lory se divertían mucho preguntando a ambas “cómo sabían que el que se acostaba en la cama con cada una de ellas era el que correspondía a la libreta matrimonial”.

Nancy, siempre más extrovertida que su hermana melliza Lory, asumía que era imposible saberlo.

“Tienen la misma voz, la misma entonación, las mismas manos, la misma nariz, los mismos ojos y etcétera agregaba entre risas”.

¿Por qué se visten de la misma manera?, preguntó una vez una amiga de ambas.

Tienen hasta los mismos calzoncillos, respondió Lory.

¿Y ustedes, dos, desde cuando se visten, maquillan y actúan de la misma manera?, preguntó otra.

Desde siempre, contestó Nancy. Y Agregó: suponiendo que yo sea Nancy y no Lory…¿verdad Nancy – preguntó Nancy a Lory – aumentando la confusión que tanto divertía y asombraba a los demás.

Un 31 de diciembre el presidente de la agencia de publicidad en la que trabajaba Hernán, anunció formalmente que se unían o fusionaban con la agencia internacional en la que trabajaba Sergio.

El dos de enero, Hernán le propuso a Sergio que viajaran desde Hurlingham hasta el centro de la ciudad en un solo automóvil.

Los dos Spilermann tenían el mismo modelo de auto y de la misma marca: dos Rambler IKA Cross Country.

El arreglo sólo duró una jornada. Hernán manejó hasta el centro pero durante todo el trayecto Sergio sufrió de ataques de pánico sucesivos producto de suponer que iban a chocar y se produciría un accidente fatal. Tal fue el evento que Sergio decidió viajar al centro de la ciudad en su propio Rambler IKA Cross Country.

Por lo tanto, a la misma hora y con el mismo rumbo ambos salían de sus casas mellizas, de sus garajes mellizos, con sus autos mellizos, despidiéndose de sus esposas mellizas, rumbo a un mismo destino: la agencia de publicidad en la que eran además de hermanos, gemelos, compañeros de trabajo.

El 2 de febrero ingresó a la agencia una nueva empleada, Norma González.

Norma era la encargada de coordinar las órdenes de trabajo que emanaban del departamento de Cuentas de la agencia, a cargo de Hernán Spilermann con las del departamento creativo que las ejecutaba, cuyo jefe Creativo era Sergio Spilermann.

Las secretarias de la agencia muy rápidamente pusieron al tanto a Norma de las particularidades de las dos personas que debería “coordinar”. Las bromas y chanzas que se hacían eran comunes y continuas. Sergio decidió dejarse unos ralos bigotes para diferenciarse de su hermano, pero, Hernán hizo lo propio poco tiempo después.

Muchas veces Norma le dejaba una orden de trabajo firmada por Hernán a Sergio y cuando se la entregaba en mano, una secretaria le avisaba que el que la recibía era el mismo que la había ordenado.

Los clientes de la agencia se divertían muchas veces con la broma habitual del cambio de identidades entre ambos mellizos. Pero, en otras circunstancias, algún cliente disconforme con el trabajo creativo protestaba ante Hernán que debía justificar a su hermano, pero sin saber realmente a quién le estaba dirigiendo la queja.

Más allá de las bromas y las confusiones, ambos Spilermann, eran considerados muy buenos empleados, eficientes y cumplidores. El inglés de ambos era casi originario y por ende cuando llegaban ejecutivos de la casa central eran los dos hermanos los indicados para manejar los asuntos internos de la agencia.

La fiesta de fin de año fue muy particular.

Entre copa y copa de champagne, Norma se encontró besando en la boca a uno de los hermanos.

En mitad del encuentro apasionado, Norma, un poco confusa por el alcohol, riendo y dejándose llevar, preguntó…”sos Hernán o Sergio”.

Nunca lo supo.

La relación continuó por mucho tiempo.

Todas las tardes a las 5.30 PM Norma González subía a una Rambler Cross Country verde, pero no sabía si era la camioneta de Hernán o la de Sergio.

Cuando intentó encontrar una diferencia entre ambos, una noche apasionada, mordió con suavidad pero con intención y con succión, el cuello de uno de los dos.

Al día siguiente, muy temprano, fue a la oficina de Hernán y le pidió que le mostrara el cuello. No había señales de ese mordisco. Entendió que la noche anterior había tenido relaciones sexuales con Sergio. Cuando le pidió a este que le mostrara el cuello, su sorpresa fue mayor al comprobar que no tenía señal alguna.

¿Cómo podía ser posible?

“No soy Sergio, soy Hernán”.

Norma González corrió a la oficina de Hernán, pero su secretaria le informó que ese día Hernán no había llegado aún.

“Estuve con él hace apenas un rato, le dijo Norma”.

“Debes haber estado con Sergio”, fue la respuesta.

Por supuesto toda la oficina sabía que Norma González era la amante de los gemelos. De los dos.

Pero los dos negaban la relación. Cada uno, a su vez, decía que seguramente era la amante del otro.

Poco a poco Norma González dejó de tener curiosidad por saber con cuál de los dos gemelos  se acostaba. Daba por hecho que era con los dos. Y también daba por seguro que los dos eran uno solo.

Antes de cumplir los sesenta años, unos días antes, uno de los dos gemelos, nadie sabía bien cuál de los dos, murió de un infarto de miocardio en la agencia, en uno de los pasillos.

Norma González fue la encargada de informar a una de las hermanas mellizas que uno de sus maridos había muerto.

Llamó a Nancy y le dijo que se había producido una desgracia pero no podía asegurarle que fuera Hernán, su marido.

Hizo lo mismo con Lory.

En el bar que estaba enfrente de la agencia, uno de los dos gemelos estaba tomando su tercer whisky. Norma González se acercó y le preguntó…¿sos Hernán o Sergio?.

“No lo sé, porque acabo de morir hace unos pocos minutos”

Hoy habla para ustedes, Raúl Alfonsín.

¡Cómo pasa el tiempo!

En unos días se cumplen 12 años de mi muerte. Pasaron volando.

Poco antes de morirme, me invitaron a la inauguración de mi propio busto en la Casa Rosada. No fue justamente un presidente radical sino una presidenta peronista. ¿Casualidad o consecuencia?

Fue el primero de octubre de 2008. Seis meses antes de estirar la pata. Fue mi último discurso en público y justamente desde la Casa de Gobierno. La Rosada.

Cuando descubrieron el busto me sorprendí. No me vi identificado. Parecía otro. Diría que parecía que estuviera muerto. Y la verdad es que estaba vivo. Y bien vivo. Aunque un poco clueco producto de ese cáncer de pulmón que siempre pensé que lo vencería.

Ese día dije que si por mí fuera no hubiera permitido ese homenaje en vida. Siempre pensé – y muchas veces lo dije – que había que seguir ideas, no hombres (hoy agregaría ni mujeres). Nunca me gustó ser autorreferencial. Eso dije, pero haciendo memoria y destapando momentos de la historia política tengo que reconocer que es casi imposible llevar adelante una utopía sin el sostén de una imagen personal, de un liderazgo del individuo, de una capacidad propia de seducción. ¿Eso quiere decir que me contradigo con lo que afirmé tantas veces? No. Rotundamente, no. Son complementos.

No me pidan coherencia ahora que ya no estoy entre ustedes. ¿De qué serviría? Por eso voy a alternar algunas ideas filosóficas con otras anécdotas de mi vida política y también de corregirme de algunas afirmaciones que en su momento fueron categóricas.

La unidad nacional.

Siempre fue mi obsesión. Claro que como todo concepto unívoco – como es el de unión nacional – requiere de interpretación. Durante la dictadura, que para mi gusto duró una eternidad, tuve más tiempo de leer y pensar. Todos saben que Erich Fromm fue un autor que me dio capacidad de reflexión no solo para la política sino para plantear preguntas acerca de la sociedad, el mundo, el amor. Pero sobre todo Fromm me permitió interrogarme acerca de la libertad, la democracia y el autoritarismo. Pero más importante aún es la antítesis que plantea Fromm: el odio.

Tengo absoluta certeza acerca de que la gran mayoría del pueblo tiene sentimientos y metas comunes.

Me fui de este mundo sabiendo que aún quedaban muchas cosas por hacer para constituir la unión nacional. Pude conmemorar medio siglo de presidente civiles y también dejar asentado que faltaba hacer en términos generales para asegurar los famosos cien año de democracia.

Dije en ese último discurso que “Democracia es vigencia de la libertad y los derechos pero también la existencia de igualdad de oportunidades y distribución equitativa de la riqueza, los beneficios y las cargas sociales, tenemos libertad, pero nos falta igualdad”[1]

Pasaron más de doce años y ya llevamos treinta y ocho años de gobiernos civiles. Casi seis años de mi presidencia (siempre recuerdo que fueron cinco año y nueves meses), diez de Menem, dos de de la Rúa, el año y cinco meses de Duhalde, los cuatro de Néstor Kirchner, los ocho de Cristina y los cuatro de Mauricio Macri, y transcurriendo los primeros dos de Alberto Fernández.

El indescifrable periodista Lanata inventó, promovió y aprovechó el concepto de grieta para definir la desunión del pueblo argentino. Escuché y leí cientos de versiones acerca de la grieta. Hay una interpretación que parece contundente: la grieta es entre los de arriba y los de abajo. Los de arriba son muy pocos pero tienen el dominio hegemónico de los medios de comunicación y también los de producción. Los de abajo son la mayoría, pero no tienen casi nada. Por eso, a doce años de mi último discurso en el que señalé que el problema mayor era la desigualdad sigue vigente y, según veo, se agravó durante la presidencia del representante de los de arriba, Mauricio Macri.

Desigualdad

Los últimos años de mi vida fueron tiempos de síntesis y reflexión, aunque nunca dejé de tener una participación en la política. Creo que la lucha entablada por años tratando de demostrar que sin una unión verdadera que rompiera con los egoísmos y las ambiciones personales iba a ser imposible conseguir un país más justo. Simplemente, un país sin desigualdad. O al menos un país que fuera disminuyendo el índice de desigualdad.

¿Qué felicidad pueden conseguir aquellos que acumulan riqueza a costa de la pobreza de los demás? Yo se bien que muchos pueden tildarme de inocente o de no entender la realidad del mundo cruel en el que vivimos.

“Democracia es vigencia de la libertad y los derechos pero también existencia de igualdad de oportunidades y distribución equitativa de la riqueza, los beneficios y las cargas sociales: tenemos libertad, pero nos falta igualdad” ( Discurso del 1° de octubre de 2008)

El “padre de la democracia” fue un atributo que nunca me gustó. Nadie me pidió permiso para usarlo. ¿Saben por qué? Porque de ser así sería el padre de un hijo rengo, de una hija coja. La democracia no es ganar elecciones, ni poder votar cada dos años, ni siquiera es solo el derecho a la libertad de expresión. Eso es el piso de la democracia y me he muerto con multimillonarios incapaces de dar una mano cuando la mayoría del pueblo sufre de falta de alimento.

“Gobernar es dar trabajo”, muy linda la frasecita,  pero cuando te juntás con los capitanes de la industria, con los banqueros extranjeros, con los dueños de los poderosos medios de comunicación, y les pedís que ganen menos y paguen mejores salarios porque eso significará a la corta más beneficios para ellos pero con mejor calidad de vida para el pueblo, te miran por arriba y cuando salen comentan entre ellos que uno es un comunista.

¿Promover el bienestar general? Eso recitaba en mis campañas electorales repitiendo el Preámbulo de la Constitución Nacional. ¿Cómo vas a promover el bienestar general si lo único que te interesa es ganar lo más posible con el mínimo de sacrificio?

La Patria de Magnetto

En mi época había un diario, Ámbito Financiero, dirigido por un tipo frío e inteligente, Julio Ramos, que se hizo millonario publicando en la tapa del diario el precio del dólar negro y la tasa de interés de los plazos fijos. En mi época eso se llamaba la Patria Financiera. También estaba la patria socialista, la patria peronista, pero nunca escuché hablar de la patria radical o la patria alfonsinista. Me cansé en los discursos de hablar de la Unión Nacional. Una vez me consiguieron una entrevista con Héctor Magnetto. Vino a Olivos. La condición que puso era sin grabadores, ni micrófonos, ni terceros. Le dije a todo que sí. Le pregunté si quería café, té o agua. Me dijo que no quería nada. La reunión duró menos de diez minutos. Volví a preguntarle: ¿quería saber que quieren en Clarín para dejar de atacarnos, ofendernos y denigrarnos? Contestó: libertad de prensa. Le dije que eso lo tenían desde el mismo día que asumí la presidencia y que era notorio que así era. Entonces – dijo – eso es suficiente. Se levantó de la silla, me saludo y se fue. Cuando Terragno fue a La Rioja a verlo a Menem, que era el presidente electo, ¿saben con quién lo encontró? : Con Magnetto. Estaban arreglando como le iba a dar Canal 13. Comenzaba la era de la patria neoliberal.

La democracia y los virus.

¿Qué hubiera hecho yo desde la presidencia si me hubiera tocado una pandemia como la que está viviendo el mundo? ¿De qué lado me encontrarían? Voy a traer un recuerdo histórico que no fue un virus pero sí un momento dramático para la reciente democracia que estábamos tratando de construir.

Semana Santa de 1987. Hace treinta y cuatro años. Pese a nuestros históricos desacuerdos la cúpula y el pueblo peronista estaba a nuestro lado para defender no solo la democracia. Estábamos juntos porque reconocíamos un enemigo común: la dictadura y el autoritarismo. Las fotos lo dicen todo. La presencia de Antonio Cafiero en el balcón de la Casa de Gobierno y otros importantes dirigentes del justicialismo.

Frente a la pandemia no hubiera imaginado otro escenario que ese.

Tengo una gran desilusión. (y no es la única). Se privilegian las menudencias electorales, las pequeñeces de poder frente a la vida de los ciudadanos (y ahora diría y de las ciudadanas).

Parece ser que el mundo avanza hacia la derecha y si eso es así habrá muchas otras pandemias, y de todo tipo.

Futuro cercano.

Desde el fondo de los tiempos, justamente, el tiempo es lo de menos. No hay futuro, pero si hay memoria. Quisiera dejar, mirando mi propia memoria, algunas ideas básicas que por otro lado están en mis discursos, mi pensamiento y en el diálogo con mis compañeros de ruta.

No hay unión sin que se dejen de lado la mezquindad.

No hay democracia sin igualdad.

No hay política sin ética de la solidaridad.

Son tres principios que he repetido en mis sesenta años de político. Y debería agregar que no hay mundo posible sin política. Por eso siempre pude darme cuenta que los que querían minimizar la política en el fondo lo que querían era esclavizarnos. La no política es un principio de las dictaduras.

En un nuevo aniversario de mi muerte les deseo a todos comprensión por los que menos tienen. Nada más que eso. Eso sería suficiente.


[1] Discurso pronunciado el 1°de octubre de 2008 en ocasión del acto que celebró la inclusión de su escultura en el salón de bustos de la casa de gobierno.

La cultura de la incertidumbre.

Una mezcla de actualidad, comunicación y política.

Pasó un año.

Fue por esta época que aparecieron las noticias sobre un virus que afectaba a un pueblo de China, Wuhan. Días después aparece en Buenos Aires el primer caso. Un viajero, argentino, llegado de Europa, que se interna en Swiss Medical de Pueyrredón y Santa Fe y provoca un primer sobresalto entre las embarazadas del lugar y de sus familiares.

Hace un año, parecen diez años.

La vida cambia. Aparecen las versiones. Surge el miedo. No se sabe bien qué está pasando. Aparece la cuarentena. Las calles están vacías. No hay clases. No hay espectáculos. Cierran los negocios. Solo permanecen abiertos los comercios de alimentos y las farmacias. El gobierno asume una posición de resguardo a la sociedad. Crece la imagen positiva del presidente que aparece como un guardián de la salud pública. La oposición por un momento parece aceptar una tregua en beneficio de la vida. El Jefe de Gobierno de la Ciudad se reúne con el Gobernador Kicillof y con el presidente. Hay aplausos en los balcones a los héroes de la salud.

Incertidumbre.

Cada persona, cada familia, cada grupo social, construyó su nuevo ámbito de vida de acuerdo con la multiplicidad de factores que incidían en sus procesos de adaptación a las nuevas reglas de convivencia. Desde el punto de vista psicológico sabemos que una persona – y mucho más los chicos y chicas – prefieren lo conocido a lo desconocido, la estabilidad, la rutina. Si bien la idea de cambio, aventura o riesgo es mencionada a veces como desafíos que motivan, la realidad es que el ser humano se adapta la certeza y rechaza la incertidumbre. Y justamente lo que trajo la pandemia del Covid-19 es un estado generalizado de INCERTIDUMBRE.

La incertidumbre no es un estado de emergencia. Esta presente en la vida. Sin embargo cuando la incertidumbre se hace presente como realidad manifiesta y no latente la sociedad reacciona de manera imprevisible. A veces, esa reacción es “negar la realidad”. La incertidumbre produce ansiedad, angustia y una de las maneras de soportarla es LA NEGACIÓN.

“ Lo que los medios masivos imponen a cada uno de nosotros, se opone muchas veces a la posibilidad de interrogación y aparentemente disminuye el sufrimiento social que proviene de la incertidumbre.” ( Qué difícil es pensar incertidumbre y perplejidad. Janine Puget)

La incertidumbre produce sufrimiento social.

Janine Puget introduce a los medios masivos justamente para interpretar su rol frente a la incertidumbre. El “no saber”, el “no saber lo que realmente pasa” coloca a los medios de comunicación en un plano superior. Es algo así como “ellos (los medios) saben lo que yo no sé y por lo tanto su superioridad (“saben más, están más informados”) pasan a formar parte de una verdad que puede afrontar la incertidumbre.

Cuando una catástrofe irrumpe en nuestra vida social (y esta pandemia lo es) rompe los esquemas de la cotidianeidad. Despertarse y no ir a trabajar o a la Universidad o a abrir el negocio son hechos que al cabo de pocos días – al convertirse en la nueva rutina que no es la establecida – cada cual asume un rol que muchas veces no es el mismo que se tenía antes de la pandemia. La incertidumbre se acrecienta cuando la realidad es la asume el rol de ser vocera de lo que no sabemos. La incertidumbre por momentos se vuelve certidumbre cuando se dan a conocer las cifras, las estadísticas, los números. Generalmente “esta realidad” muestra lo cierto, lo verdadero y por lo tanto la sociedad, cada individuo, debe guarecerse de la angustia del sufrimiento, del dolor y una de las maneras que tiene es la de NEGAR.

Un mundo hostil

El año 2020 figurará como un momento bisagra de la historia universal. A diferencia de la llamada Gripe Española del 1918, ésta, la Covid-19, no pasará simplemente a ser un hito sin serias consecuencias futuras. Esta pandemia producirá cambios irreductibles en la vida de las personas. Y entre esos cambios, más allá de los individuales, algunos conciernen a la actividad social, política y económica.

El neoliberalismo habrá logrado acumular para pocos mayor cantidad de bienes, de r recursos y sistemas de explotación.

El mundo tendrá más hambre, más explotación y menos trabajo. La clase media descenderá más de un peldaño. La única posibilidad de recuperación será que los gobiernos nacionales y populares sostengan un criterio de lucha contra las corporaciones.

Un tiempo para la unión de los desprotegidos.

Para los años que vienen solo queda un recurso: la unión de los desprotegidos, es decir de la mayoría de la población mundial.

Cada hombre, cada mujer que caiga en la desventura del hambre y el empobrecimiento deberá juntarse con su par para intentar vencer al explotador.

No va a ser fácil y muchos caerán en la lucha. Pero es lo que hay que intentar.

Revuelto Gramajo. La Política, un invento argentino.

Es famosa la historia del invento culinario porteño por excelencia: el revuelto gramajo.

Después que Félix Luna aclarara que su versión del revuelto Gramajo era una ficción, el periodismo culinario encontró la verdad. El Revuelto Gramajo es un invento de los hermanos Arturo e Ignacio Gramajo, play boys de los años treinta, que una noche encontraron “la cocina cerrada” del famoso Restaurante Rio Bamba, de Río Bamba y Santa Fe , en la ciudad de Buenos Aires y metiéndose en la cocina gracias a ser clientes famosos por sus buenas propinas, crearon el plato que lleva su apellido, mezclando papas paillé recién freídas, un par de huevos frescos y cortando en tiritas un buen jamón cocido.

La política argentina es, de alguna manera, una metáfora del Revuelto Gramajo. Si bien no es nada original, los ingredientes son comunes, la mezcla, o la “rosca”, la hace especialmente particular.

¿Dónde está la política?

En ese afán de simplificar se puede pensar que la política está en todas partes y en todo momento. O recurrir a las definiciones. (Aristóteles)

La política está en todas partes porque en el tironeo de una misma cuerda hacia polos opuestos siempre ganan los más poderosos, los más forzudos.

La enorme mayoría de ciudadanos y ciudadanas no tironean de la cuerda. No sólo son espectadores sino que además sufren las consecuencias.

La política es, simplificando, una puja de poder entre dos o un poco más de jugadores, para imponer a todos los demás una serie de acciones administrativas que inciden directamente en sus vidas cotidianas y de relación.

Administrar “la polis”, dirían los griegos.

Política argentina

En la Argentina sucedió algo extraordinario: se inventó el peronismo.

Esa caracterización que muchas veces se hace del argentino, tan equivocada, porque es una caracterización del porteño, “canchero, piola, engreído, machista, pendenciero, peleador, ególatra, narcisista, etc.” tiene mucho que ver con la política vernácula.

Por supuesto que la “cultura ciudadana porteña” es dinámica y todo lo escrito en el párrafo anterior hoy podría adaptarse al lenguaje femenino o al inclusivo.

Si “me tenés los huevos llenos” hoy se equipara a “me tenés la concha seca” y no sólo un “boludo” es un idiota sino que hay también “boludas”, eso quiere decir que los calificativos en masculino necesariamente se adaptan a los femeninos. Muchas cosas cambian cada vez con mayor rapidez sin que nos demos cuenta.

Hasta que militares, civiles y clérigos tomaran el poder con la más perversa idea de gobernar en 1976, la política estaba en manos casi exclusivas de los hombres. No había mujeres en la política argentina, salvo casos excepcionales: Eva Perón, Alicia Moreau de Justo, y la rama femenina del Partido Peronista, otra de las innovaciones creativas del invento argento llamado “peronismo”.

Hasta que llegó el peronismo de la mano de Perón y el “ángel” de Evita, la política argentina era una pelea entre reformistas radicales y conservadores de levita, galera y bastón.

“De esto no se habla y esto no se toca”

Es necesario meterse en algunos datos para entender la política argentina.

Se calcula que en la Argentina la población es de 45 millones de habitantes. Un estimado de Naciones Unidas calcula que 2,6 millones son extranjeros no nacionalizados. En la última elección presidencial votaron sobre un padrón de 30 millones de inscriptos, 26.570 millones. Aproximadamente un 25% de los que votan tienen entre 16 y 30 años. Un 40% tienen entre 30 y 60 años. Un 12% entre 60 y 70. Los que tienen más de 70 no tienen obligación de votar pero representan casi un 10% del padrón. Otra característica del padrón electoral es que entre un 15 y un 20% no vota.

Sólo un 20% de la población (2 millones de familias) son las que viven bien. Las que pueden viajar, comer en restaurantes caros, tener uno o dos autos, casa propia o posiblemente dos. Compran ropa, son habitués a los shoppings y aparecen en la televisión cuando los reporteros hacen notas, hablando como “gente preparada”. En ese 20% (unas 8 millones de personas) sólo un 5%, es decir, 2 millones 200 mil personas. Son realmente ricas. Tienen ingresos económicos altos, superiores a los 20 o 30 mil dólares al año. Pero haciendo cálculos más finos apenas un grupo privilegiado de 300 a 500 multimillonarios acaparan en ingreso de unos 32 millones de argentinos. Y más profundo aún podemos saber que este año que terminó los 50 multimillonarios de la Argentina DECLARARON (no se sabe cuanto es lo que no declaran) bienes por casi 50 mil millones de dólares. ¿Alguien imagina contando esa cantidad de billetes? https://www.infobae.com/economia/2020/07/21/los-mas-ricos-de-la-argentina-quienes-son-y-cuanto-dinero-tienen-las-mayores-fortunas-del-pais/

 La realidad es que esa suma debería ser el doble o más tomando en cuenta que los bienes muebles que declaran son a precio de ABL y no del real. Además cada uno de ellos tienen una o más cuentas en paraísos fiscales. Los argentinos atesoran u$s222.807 millones en dinero depositado en el exterior, cajas de seguridad o lo que se conoce como “colchón”, según surge de datos oficiales calculados al primer trimestre del año.

https://www.ambito.com/economia/afip/cuanto-dinero-tienen-depositado-los-argentinos-el-exterior-n5114477

¿De qué estamos hablando?

Aunque no parezca estamos hablando de política, en varios sentidos.

La desigualdad no es nueva ni siquiera es desconocida. Sucede que aprendimos a convivir con ella. Y hay algo peor: un enorme sector de los que tienen poco o casi nada está penetrado con la idea de que esos que son sus explotadores representan el modelo de sociedad que quieren alcanzar. Este es el verdadero drama. Somos víctimas y sin embargo nos identificamos con nuestros victimarios. Y eso es en todo sentido. No sólo en lo económico. No se entiende, de otra manera, como un 40% de los votantes prefiere a quien se alza con los beneficios del trabajo ajeno.

Todo esto es política. Política es conceder a otros nuestros derechos de seres humanos. Concedemos que endeuden al país (que es nuestro) en nuestro nombre. Concedemos que concedan soberanía (que es nuestra). Concedemos que estipulen los impuestos, que fijen las relaciones con otros países, que establezcan las leyes y concedemos que los jueces disten los fallos y especialmente concedemos lo que se llama poder de policía, es decir, que en nuestro nombre repriman, apresen o maten.

¿Votar es hacer política?

No. Votar es entregar nuestra voluntad para que política hagan otros en nuestro nombre.

La democracia tenía algún sentido cuando los atenienses 500 años de Cristo, intentaban que una minoría elegida que separaba a las mujeres y a los esclavos pudieran en forma directa ejercer su derecho a gobernar.

Hoy la democracia como sistema de gobierno está herida y casi moribunda. Cuando desde EEUU elegir a los representantes del pueblo para que gobiernen se convirtió en un juego de marketing público la democracia se desmoronó.

La mayoría de los que votamos no sabemos que votamos. Todos nos movemos con slogans, simpatías y nos dejamos seducir como consumidores que nos enseñaron a ser.

Esta es una nota utópica.

Significa que no va a cambiar nada.

Pero igual la publico porque ejerzo un solo derecho que me queda: escribir lo que pienso. Informar de lo que sé. Intentar tener la conciencia libre. Abrir el inconsciente todo lo que pueda. Como siempre espero que toque a algunos en alguna parte del cuerpo o, como si existiera, del alma.

Los Fernández

Los Fernández.(Conversación supuesta entre Cristina y Alberto)

Pantalla dividida. A la derecha. Cristina está en su dormitorio de la calle Uruguay, en la cama, con una notebook sobre sus rodillas. A la izquierda Alberto está en Olivos, en su despacho, en el escritorio, revisando documentos en su computadora. Sábado de una tarde de febrero de 2021.

Cristina: ¿Estás durmiendo una siesta, Alberto?

Alberto: Cristina! No, nada de siesta. Laburando y aprovecho que ya se fueron los invitados para darme un refresco de soledad. ¿Cómo estás vos?

Cristina: Con el aire a 24.

Alberto: Buena ciudadana (risas)…y eso que el ANSES te dejó sin doble jubilación (risas).

Cristina: ¿Vos también lees Clarín, parece, no?

Alberto (risas)…es la costumbre, que vas a hacer…

Cristina: Che…¿tuviste alguna molestia con la “rusa”?

Alberto: Con la rusa, no. Con el ruso, sí.

Cristina: Hablaste dos horas con Vladimir.

Alberto: Qué confianza con el presidente de la Unión Soviética, Vicepresidenta.

Cristina: Hay que pararlo un poco, se va de mambo cuando lo dejás hablar.

Alberto: Todo el tiempo pensaba en esa serie en la que el traductor decía lo que quería…

Cristina: La vi. Los traductores son todos espías, ¿sabías?

Alberto: Si, claro. No te olvides que yo puse al nuestro.

Cristina: ¿sin mi permiso?

Alberto: (risas largas) Me tenté. Después aparece en TN y no sabemos como hacen.

Cristina: Vos no sabrás. Yo sé.

Alberto: Pasame el dato, así me avivo. ¿Dónde ponen las cámaras?

Cristina: Tenés que leer sobre Inteligencia Artificial. Todo es posible. Ahora nos están escuchando.

Alberto: No me digas!!! Debajo del escritorio debe estar el enano.

Cristina: No boludo…es Majulito que se hace pasar por el que te trae el café. (risas)

Alberto: No dejo que entre nadie…Cristina: Estás con Dylan?…

Alberto: Si, claro. Por supuesto, Dylan, firme junto al pueblo.

Cristina: No me confiaría tanto. Mirá si le pusieron un chip.Alberto: No hace falta. Dylan viene y me lo cuenta. Ayer lo deje un rato hablando con Macrón y el francés ni se dio cuenta.

Cristina: ¿Macrón? .Ese que vi en la televisión no era Macrón. Era un doble.

Alberto: No te hagas problema…tampoco era yo. Era un doble.

Cristina: Si tu doble es Vilma.

Alberto: Prefiero que sea Santiaguito.

Cristina: Lo llevaste al almuerzo.

Alberto: Para distraerlo a Máximo.

Cristina: Para eso llevale a Mayra.

Alberto: No hace falta. Si ahora rosquea con Sergio.

Cristina: Parece ser que quiere que Máximo lo quiere en la fórmula.

Alberto: Sergio lo quiere a Máximo en la fórmula.Cristina: Mirá que de eso sabemos los Kirchner (risas)

Alberto: Pero en tu fórmula yo fui primero.

Cristina: Puras estrategias muchacho! (risas)

Alberto: Otro Kirchner presidente?Cristina: “Puesto menor”, diría Máximo.

Alberto: Me llamó Garganta Ronca.

Cristina: ¿y ahora que amenaza tiene?

Alberto: Quiere negociar el 20% de cablevisión

Cristina: ¿quiere el 30% de aumento?

Alberto: (risas)…el cuarenta…

Cristina: Proponele llevarlo en la lista por la Ciudad, así le ganamos a Mauri

Alberto: ¿Quiere ir en primer lugar?

Cristina: Siempre y cuando le den la banca al fondo a la derecha, para dormir mejor.

Alberto: Nos tenemos que juntar, Cristina.

Cristina: ¿Para?

Alberto: ¿Cómo “para”?

Cristina: Mantengamos la distancia social, hermano.

Alberto: No me querés cerca vos.

Cristina: No hace falta, la llamo a Fabi.

Alberto: a mi me atiende siempre el boludo cuando llamo al Instituto.

Cristina: Pasame tu lista por Telegram

Alberto: ¿por Telegram?…se entera todo el mundo.

Cristina: Es lo que quiero. A ver si la ponés a Marcela como candidata.

Alberto: Para sacarla de Justicia.

Cristina: ¿Qué Justicia…? Para sacarla de Injusticia.

Alberto: Ya lo pianté a Nielsen

Cristina: Antes que el nos piante a nosotros…no sería la primera vez.

Alberto: Pero te puse al tuyo.

Cristina: ¿te puse?…Qué confianzudo estás!

Alberto: Bueno…lo puisimos.

Cristina: ¿pusimos?…¿quiénes?

Alberto: ¿podemos empatar una?

Cristina: Dale…la próxima con Putin hablo yo.

Alberto: Después salis en la revista Caras.

Cristina: Ese es mi deseo último.

Alberto: Beso

CristinaCristina: Abrazo, Alberto.

FIN

Las mujeres y el poder.

Cristina Fernández fue la primera mujer electa presidenta con el voto popular. El siglo XXI el feminismo parece ser el avance político más importante.

Entrevista a Cristina Fernández

Cristina Fernández de Kirchner fue la primera mujer electa presidenta en la Argentina por el voto popular. Previamente, María Estela Martínez de Perón ejerció la presidencia, constitucionalmente, posterior a la muerte en ejercicio de Juan Domingo Perón, siendo su esposa la vicepresidenta.

Para analizar el material gráfico de la presencia de lo femenino es indispensable fijar las imágenes de Evita, Eva Duarte o María Eva Duarte de Perón.

Evita Actriz

Primeras Damas

Regina Pacini, la mujer de Marcelo T de Alvear.

Zulemas (Zulema Yoma y Zulemita Menen)

Zulemita fue Primera Dama y Elena Fagionatto de Frondizi: la única foto en Google.

La era de “La vida a distancia Prudencial”

Marcelo Cosin

Ernestina, mi bisnieta, nació el 27 de diciembre de 2019. A días de comenzar el año de la transformación, 2020. El 12 de marzo, cuando aún no había cumplido tres meses, Ernestina comenzó a vivir en la era de la pandemia. Un mundo nuevo, diferente al que conocimos. ¿Cómo será este mundo cuando Ernestina tenga mi edad y posiblemente sea aún muy joven? Esto pensando en Ernestina en 2200. Con ochenta juveniles años. Con reemplazo de los órganos que se desgastan. Con IA, con Inteligencia Artificial capaz de dominar la inteligencia humana. Pero no sé, realmente no puedo imaginar, en qué clase de comunidad, en qué clase de sociedad, en que sistema de gobierno vivirá mi querida bisnieta.

Incertidumbre: el nuevo estado de conciencia.

Estamos entrando en la primer etapa del gran cambio: la incertidumbre. Todos hablamos de la incertidumbre – o algunos y algunas – pero los significados que le atribuimos son diferentes. Están los que piensan que la incertidumbre es un “compás de espera” hasta que llegue el fin de la pandemia producto de la vacuna salvadora que logrará que en un tiempo determinado todo vuelva a ser como era antes. Para otros, la incertidumbre llegó para quedarse. La incertidumbre es un estado de conciencia, una certeza a medias, un “no saber”. Es posible que antes de la pandemia la incertidumbre estuviera presente, pero en estado latente. Lo que produjo la incertidumbre fue el estallido de la muerte.

Negación.

Si hay algo que nos cuesta a todos es CAMBIAR. En general los partidos políticos en sus campañas electorales promueven el cambio sin saber que lo que nos produce miedo es cambiar. Mudarse es estresante porque significa un cambio importante. Así como casarse, separarse, salir del placard, entrar al placard, cambiar el voto, cambiar de trabajo, quedarse sin trabajo, pasar de la salud a la enfermedad y hasta el más temido de los cambios: morirse.

Quizás por todo esto como antecedente es que enfrentar a la pandemia nos demostró que una actitud generalizada es negar. ¿Qué es negar? Respecto a la pandemia negar es antes que nada desconocer la gravedad. Negar es un salvavidas frente para enfrentar la verdad. Negar es cerrar los ojos para no ver. Negar es esconder, driblear. Negar es hacerse el zonzo o la zonza. Negar es pensar que le va a pasar a otro/a. Negar es no querer enfrentar la realidad. Y por eso, negar CONTAGIA.

Consecuencias

La economía mundial enfrenta una dicotomía que queda reflejada en un solo dato: diez (10) empresarios en el mundo acumularon en 12 meses ganancias que podrían servir para pagar las 8 mil millones de vacunas que necesita el planeta para superar la crisis pandémica.

La desigualdad no es nueva. La desigualdad es evolutiva y cada día genera más gente con hambre, mortalidad infantil, guerras, crímenes. Como si esto fuera poco la naturaleza toma sus revanchas contra la desbocada acción humana que pone en jaque la biodiversidad. Incendios provocados, inundaciones producto de la desforestación, terremotos, tsunamis, ponen en evidencia la sentencia de Federico Engels que el peor enemigo de la revolución es la naturaleza.

Un mundo en el que el 20% de la población concentra el 80% de la riqueza dice de sobra que la vida humana vale poco.

La derecha neoliberal hace saber que sus intereses no son otros que la acumulación a costa de los que producen y trabajan y cada vez hay más acumulación con menos trabajo gracias a la tecnología que absorbe puestos de trabajo.

Las consecuencias de la pandemia mundial son inmedibles en términos reales. En primer lugar porque no se sabe si esta pandemia no es solo la primera sino que se deduce que no es la última.

Millones de personas piden regresar a la “normalidad”. Un regreso a una vida anterior que ahora se supone era mejor que la actual. La fantasía es que el tiempo pasado era mejor. Nadie o pocos ponen en duda que lo que nos ocurre no es otra cosa que lo que forjamos con un comportamiento egoísta y nada solidario.

Conclusiones

Con vacunas, con inmunidad, con una detención de la pandemia, el mundo no volverá a ser lo que fue. El estado de incertidumbre se convertirá en conciencia de la sociedad. Sin un cambio político y social en mundo corre el peligro en convertirse en un infierno. La negación no para la realidad. Apenas la evade. Una nueva generación de dirigentes deberá enfrentar esta realidad y decidir si hay una revolución en el fondo y en las formas. Quizás esto sea una utopía. Es un signo de esperanza.