Los ’60 Una generación en blanco y negro.

Crónicas de tiempo suplementario.

La librería de Jorge Álvarez, en Libertad y Lavalle. El Lorraine y la librería Fausto, en la avenida Corrientes. El chocolate con churros de La Giralda, a la tres de la matina. La Paz, en Montevideo y Corrientes, en la mesa de David Viñas, Piri Lugones y el colorado Ramos. La librería del viejo Palumbo, con olor a libro viejo y a Imparciales Negros sin filtro. Un café de parado en el Sorocabana de Talcahuano esquina Corrientes. El cineArte, una porción de fugazzeta en Guerrín, una caminata hasta Ángel Gallardo, donde termina Almagro y empieza Villa Crespo. Los ’60.

O si no, el Florida Garden, en la mesa que atendía César, con Federico Peralta Ramos, Jorge Schussheim, el turco Asís, Ronald Shakespeare y el salpicón de ave con salsa golf. El Di Tella, al lado de la Galería del Este, con Nacha Guevara, Roberto Plate, Villanueva y Alfredo Arias. La disquería El Agujerito, la librería de Casares, a la que iba Borges, cuando cruzaba de su departamento en Maipú y Marcelo T de Alvear hasta la galería.

Después de las doce la noche pasar por La Academia, jugarse unos dados, tomarse un café en vaso chico, una Bols, otra Bols y caminar hasta el Social de Sarmiento y Callao. Encontrarse con el tarta Barraza, con Germán Rozenmacher y el rengo Sofovich. Caminar hasta la Avenida de Mayo, entrar a ver si hay alguien en el Tortoni, seguir hasta los 36 Billares y a la vuelta comerse un pescado en el Hispano con una jarra de Manzanilla y una nata de postre.

Los sábados a la noche del Plus Ultra de Corrientes y Canning (Scalabrini Ortiz) con Daniel Schargorodsky, Pupi Rotblat, el turco Alberto, Tito Maglio, Hugo Schargo, el ruso Morris y contar como te fue con las minas, como anduvo el levante y fumarse unos Jockey Club con cafecito después de comerte un “milonga”, un tostado de pan francés sin corteza, con doble mayonesa, salame cargado y queso.

Los 60 con música de Los Plateros para chapar, Angelito Vargas para milonguear, Louis Armstrong para escuchar y Los Fronterizos para estar en la onda del folklore.

En los 60 estudiaba abogacía y rendía materias una detrás de otra hasta que me tocaron las codificadas (Procesales, Comercial y Contratos) y me di cuenta que a mí lo que me gustaba era escribir y no aprenderme leyes de memoria. Por eso me hice periodista, izquierdista, neoperonista, casi frondicista, pero sobre todo me hice un muchacho “intelectual”. Compraba y robaba muchos libros. Don Marcos de la librería Fray Mocho de Sarmiento y Callao me dio un crédito. Afanaba en Fausto y leía poemas, Primera Plana, Propósitos de Barletta y descubría a Jack Keruak (El Ángel Subterráneo, En el Camino) y también los libros de James Bond. Compraba El Escarabajo, El Grillo de Papel y frecuentaba a La Cueva de Pueyrredón y Santa Fe para escuchar a Sandro y los de Fuego.

Los ’60 fueron mágicos. Una mezcla de The Beatles con Falú, el Di Tella con la Nuvelle Vague, el amor libre con el ácido lisérgico de la Clínica de Fontana, las pilchas de Eduardo Spórt con las medialunas de la Jirafa de Villa Gesell y el periodismo con la publicidad.

Por eso, cuando pienso que pasaron 60 años y yo tenía 20 y no como ahora 80 me avivo que no hay máquina del tiempo. Apenas hay, tiempo. Esto sigue, mientras se pueda y el cuerpo aguante.

Nadie es perfecto.

Crónica de Tiempo de Descuento.

Represión 2021

Es imposible dejar a todo el mundo contento.

O satisfecho.

Porque hay algunos hechos, (que por ser hechos, actos) tienen pruebas de verdad. Esta foto en la que un policía de civil y otro con uniforme reprimen y se llevan a la fuerza a un trabajador es un documento de verdad. Un 1/24 milésima de segundo irrepetible y al mismo tiempo documento real e inapelable.

8000 millones de terrestres es mucho más que una multitud.

Apenas 10 señores multimillonarios de estos 8000 millones de terrestres habitantes del Planeta Tierra acumulan más de 800 mil millones de dólares.

Nadie es perfecto.

Si la Argentina tuviera la fortuna del señor Jeff Bezos (128 mil millones de dólares) podría ser un país desendeudado, en crecimiento y en desarrollo.

Jeff Bezos
Jeff Bezos

Nadie es perfecto. Y la Argentina no lo es.

Pero para no ser tan exigentes como para pedirle a Jeff Bezos, ex dueño de Amazon que sea un poco imperfecto mencionamos a un terrestre local como Paolo Rocca con 8 mil millones de dólares. O la locura de expropiarle la empresa a un joven argentino dueño de Mercado Libre que acumula entre declarado y paraísos fiscales (o cuevas fiscales como dice H.V.) una fortuna aún mayor que la de Rocca.

Nadie es perfecto. Tampoco el emprendedor Galperín, ahora residente uruguayo y posiblemente ciudadano naturalizado en algún tiempo.

El presidente Fernández, tampoco es perfecto.

Ni la propia Cristina, tampoco es perfecta.

Cuando Perón ganó las elecciones de 1974 (con Isabel Martínez) obtuvo una mayoría que nunca antes había obtenido un candidato a presidente: 61.86% de los votos. Pero como dice Aníbal Fernández, votó en contra de Perón un 38.14% –

Nadie es perfecto. Ni Perón.

Perón 1974

La política es una disciplina que regula una disputa que se inicia en los comienzos remotos de la vida en la Tierra. Las especies que nos antecedieron (al homo sapiens) disputaban territorio y supervivencia. Nada diferente a lo que se disputa hoy. Varían los detalles, pero en síntesis, se trata de lo mismo.

Los dinosaurios eran de sangre caliente? » DINOSAURIOPEDIA
Guerra de dinosaurios

Las grietas, las guerras, el odio, no son otra cosa que una aparente condición biológica. La supervivencia por la cual algunas especies debían derrotar a otras no ha terminado. El dominio por la perfección, un terreno de convivencia, amor, solidaridad, infinitud

El Tecnoceno, la nueva capa geológica creada por el hombre

Flavia Costa, autora de «Tecnoceno. Algoritmos, biohackers y nuevas formas de vida»

La investigadora sigue la hipótesis de un cambio de era a partir de la aceleración del desarrollo tecnológico y la transformación irreversible del ambiente. La escala no humana del Big Data y las hipótesis de una futura superinteligencia artificial que llegue a superar al hombre.

Por Julián Varsavsky

Flavia Costa se especializa en filosofía de la técnica y, como investigadora del Conicet, estudia la influencia de las nuevas tecnologías en las artes, las relaciones sociales y las subjetividades. Doctora en Ciencias Sociales, es desde 1995 profesora en la Universidad de Buenos Aires y tradujo buena parte de la obra de Giorgio Agamben. Su reciente libro Tecnoceno. Algoritmos, biohackers y nuevas formas de vida (Taurus) describe los desafíos del nuevo escenario tecnológico, político y cultural que se abrió con la digitalización y que se acentuó en pandemia: el uso de datos masivos, la vigilancia y el horizonte de una superinteligencia artificial.

Su libro describe una hipótesis fuerte sobre nuestro tiempo: “el ser humano se ha convertido en un agente geológico”. Es decir, dejamos huellas que modifican las capas geológicas de la Tierra. El nombre habitual que se le ha dado a esto es Antropoceno, pero Costa, siguiendo a autores como Herminio Martins y Peter Sloterdijk, incorpora la idea de Tecnoceno, ligada a la capacidad definitiva y comprobada del ser humano de afectar el planeta, dejando huellas concretas en las capas geológicas. 

–¿Cuándo empezó esta era?

–Uso el término Tecnoceno para hacer más específica la noción de Antropoceno, que propuso en el año 2000 el químico Paul Crutzen para señalar que la actividad humana sobre la Tierra está siendo tan significativa como para implicar transformaciones perdurables en los suelos, la atmósfera y los océanos. Dejamos huellas que pueden permanecer por cientos de miles de años. Ya el tema de la huella ecológica venía inquietando a investigadores de diferentes disciplinas desde fines del siglo XX, y la propuesta de Crutzen aglutinó esas preocupaciones por la sustentabilidad del crecimiento humano. También despertó controversia en su momento.

–¿Por qué?

–Hasta 2015, la comunidad científica no terminaba de aceptar el término; consideraban que era una tesis más política que científica. Pero en 2016, un equipo de geólogos realizó pruebas estratigráficas que mostraron la presencia de aluminio, hormigón, plástico, restos de pruebas nucleares y el aumento del dióxido de carbono, entre otras huellas en los sedimentos. Sobre esta base, en mayo de 2019, el Grupo de Trabajo sobre el Antropoceno –un cuerpo de la Comisión Internacional de Estratigrafía– votó por 29 votos contra 4 que el Antropoceno constituye una nueva capa estratigráfica en el planeta. Aunque aun debe ratificarse, fue un gesto importante. Ahí mismo se fechó su inicio hacia 1950, por los residuos radiactivos de plutonio producidos por la actividad atómica. Este dato me inclina a hablar de Tecnoceno: porque asocia la era del “antropos”, es decir del humano, con la capacidad poderosísima de afectar el planeta, con nuestros modos de liberar energía, de dejar residuos, de avanzar sobre las otras especies y los ecosistemas.

–¿Usted dice que la clave del hombre del Tecnoceno es su capacidad tecnológica?

–Sí, fue el desarrollo técnico el que impulsó el salto de escala que estamos atravesando. Y así como nos permitió pasar de ser tres mil millones de seres humanos en 1960 a casi ocho mil millones hoy –más longevos, con mejor salud y educación, con muchos más productos de consumo–, estamos agotando recursos que no sabemos cómo reemplazar. Por eso pongo el acento en el despliegue técnico, en las infraestructuras, en los modos de energía desencadenados y en las imaginaciones políticas, sociales y subjetivas que acompañan todo este movimiento. Otros investigadores hablan de «Capitaloceno», señalando la economía política y las relaciones sociales de la acumulación capitalista como los grandes propiciadores de este salto. En ambos casos, buscamos iluminar una dimensión significativa del Antropoceno. Digamos que Tecnoceno, Capitaloceno y Antropoceno no son términos en competencia, sino que tratamos de enfocar el problema y ser propositivos acerca de sobre qué trabajar para seguir adelante.

–Su libro profundiza conceptos de Paul Virilio como la dromología, el estudio del impacto político de la aceleración de los procesos tecnológicos en la sociedad. ¿Dónde observa esos incrementos exponenciales?

–Muy buena observación: Virilio fue pionero en abordar la aceleración técnica en su complejidad, poniendo en relación las cuestiones ecológicas, urbanísticas y subjetivas. En cuanto a la pregunta, veamos dónde estamos hoy: si todo sale bien, estamos empezando a dejar atrás una pandemia que afectó a la casi totalidad del planeta. En abril de 2020, más de un 90 por ciento de la población mundial tenía alguna limitación de movimiento. Ese mes escribí un artículo, La pandemia como accidente normal, que en parte impulsó este libro, porque toda la investigación que venía haciendo sobre la aceleración técnica y la digitalización me permitió poner en una serie histórica algo que podía parecer un acontecimiento disruptivo muy desconcertante. Pero que no lo era tanto si teníamos presente el salto de escala que venimos produciendo en los últimos 70 años. Estamos actuando en la escala del sistema Tierra.

Accidente normal

–¿Qué significa esto, concretamente?

–Ya no solo actuamos en la escala personal, doméstica, nacional e internacional: estamos siendo agentes transformadores en la escala planetaria. El químico Will Steffen llamó a este proceso la Gran Aceleración. Junto con su equipo, reunió estadísticas de tendencias desde 1750 hasta 2010 sobre 24 marcadores, doce referidos a áreas sociales (aumento de la población, de la urbanización, del producto bruto interno global, del uso de energía primaria) y doce del sistema Tierra (emisiones de dióxido de carbono, óxido nitroso y metano, descenso del nivel de ozono en la estratósfera, acidificación de los océanos, entre otros). Y lo que se ve en cada gráfico es que en torno a 1950 la curva sube abruptamente. Allí comienza esta nueva época. Si lo queremos ver en la vida cotidiana, pensemos en las nuevas infraestructuras y dispositivos: redes informáticas, cables submarinos interoceánicos, aeropuertos, centrales nucleares, plantas petroquímicas, satélites, laboratorios de biotecnología, celulares, tablets, ecografías, tests presintomáticos. Pensemos en las energías que los humanos somos capaces de liberar: algunas de altísima intensidad, como la atómica. Todo esto produce formas inéditas de relación entre lo humano y lo no humano, como los 132 embriones interespecie, o “quimeras”, que combinan células de mono y de humano, y que fueron producidos en 2019 para explorar la creación de órganos para trasplante. Y también nuevas relaciones entre los seres humanos, como cuando se “programa” el nacimiento de un niño para que su dotación genética pueda salvar la vida de su hermano. Haciendo una analogía, la pandemia aparecía así como un “accidente normal” de esta nueva época marcada por el salto de escala, que incluye el crecimiento inédito de nuestra especie, de la urbanización –no siempre en condiciones adecuadas–, y de las desigualdades estructurales, que es un punto crucial. Doy un solo dato: según el informe de la ONG Oxfam de enero de 2020, 2.153 personas tienen más dinero que los 4.600 millones de seres humanos más pobres del planeta, el 60 por ciento de la población del mundo.

–¿Qué implica un “accidente normal”?

–La noción de accidente normal o sistémico fue acuñada por el sociólogo estadounidense Charles Perrow para analizar los accidentes propios de industrias que operan con sistemas técnicos y organizaciones complejos e involucran tecnologías de alto riesgo. Perrow desarrolla su teoría luego de estudiar el accidente de la planta nuclear de Three Mile Island, en Pennsylvania, de 1979. Fue el mayor en su tipo conocido para entonces, y el tercero en envergadura todavía hoy después de Chernóbil y Fukushima. Los sistemas sociotécnicos complejos, dice Perrow, tienen dos características clave: una, que sus procesos están muy acoplados. Una vez que la actividad se desencadena, no es posible detenerla rápidamente, y ante una falla o un imprevisto no hay tecla off, como vemos en una corrida bancaria, un derrame de petróleo o un reactor nuclear que comienza a explotar. Y además en ellos se dan interacciones inesperadas: distintos componentes del sistema pueden interactuar con otros elementos por fuera de la secuencia prevista por el diseño. Perrow afirma que los accidentes normales son infrecuentes pero inevitables: tarde o temprano van a ocurrir. La buena noticia es que sabemos que es así, son previsibles. Lo que debemos hacer es actuar para que, cuando ocurran, los daños que provoquen sean lo más limitados posible. A partir de aquí, dependemos de nuestra capacidad para evaluar esos riesgos, e imaginar soluciones y formas de acción alternativas.

Más que Big Data

–La ampliación en la capacidad de acumular datos, la aceleración y complejización de los métodos algorítmicos de procesamiento, apresurarían entonces la aparición del «accidente normal tecnológico». ¿Cuál sería el accidente paradigmático del Big Data? ¿El robo de datos?

–Más que un accidente de los Big Data –en sí no son una tecnología, sino un producto de las tecnologías de captación, almacenamiento y procesamiento–, está la combinación entre datos masivos y los sistemas de tratamiento de esos datos, como la llamada minería de datos o data mining. Uno de los problemas más conocidos son las fallas en los sistemas de perfilado debido a los sesgos de programación. Los sistemas operan a partir de algoritmos, y estos suelen reproducir los sesgos cognitivos y culturales de los programadores. Un ejemplo lo ofreció la aplicación FaceApp, famosa por su filtro “edad” que permite ver cómo luciría el usuario en su vejez. En 2017, después de un escándalo, la aplicación tuvo que cambiar su algoritmo para hacer selfies más atractivas, porque incluía la instrucción de hacer que la piel luciera más blanca. Aquí tienen una tarea importante: trabajar con los programadores para que los algoritmos no automaticen y multipliquen los estereotipos, las falsas creencias. Por otro lado, los usos combinados de biometría, inteligencia artificial y datos masivos son un hecho en términos de vigilancia.

De eso quería hablar. En su libro ofrece datos impactantes sobre el “nuevo orden informacional”. Por ejemplo, que en este minuto 208 mil personas han participado de conferencias por Zoom; 347 mil historias se subieron a Instagram; se enviaron 350 mil tuits, 2 millones de dedos han hecho swip en Tinder y Amazon despachó 6.659 paquetes. Toda esta mega-información implica una gran novedad en términos comerciales y de gobernabilidad. Usted menciona el caso de Clearview IA. ¿Qué hace esa compañía?

–La aplicación Clearview IA rastrea en internet toda la información de la persona retratada con una precisión cercana al 99%, para lo cual usa una base de datos con más de 3.000 millones de imágenes recopiladas de sitios web y redes sociales. Hace unos años fue noticia cuando, a pesar de que su desarrollador decía que su uso estaba restringido a las agencias de aplicación de la ley, The New York Times reveló que también la usaban clientes poderosos, y difundió una escena: el propietario de una cadena de supermercados estaba cenando en un exclusivo restaurante de Nueva York cuando vio entrar a su hija con un desconocido. Le pidió al mozo que fotografiara con discreción a la pareja y subió la imagen a la aplicación, que en segundos le informó que el comensal de su hija era un capitalista de riesgo de San Francisco. «Quería asegurarme de que no era un charlatán», alardeó John Catsimatidis mientras le enviaba a su hija un mensaje de texto con la biografía del muchacho. En febrero de 2021, Canadá prohibió definitivamente el uso de la aplicación. Con todo, estos son más bien incidentes que accidentes, en el sentido de verdaderas crisis sistémicas. Involucran dilemas éticos, usos indebidos e aun ilegales de las tecnologías, pero no son accidentes al estilo del Flash Crash financiero de mayo de 2010, cuando un programa de inteligencia artificial reaccionó de forma incorrecta a una situación inesperada y provocó que el mercado de valores se desplomara durante nueve minutos, llevándose un billón de dólares. Volviendo a tu pregunta, necesitamos seguir trabajando en definir el real alcance de los problemas y cómo enfrentarlos. La investigación indica que no basta con proteger los datos personales: no es suficiente el entramado jurídico –que incluye decenas de términos y condiciones que jamás llegamos a leer–, ni la idea de evitar brindar datos personales en redes sociales. Sobre todo después del shock de virtualización que implicó la pandemia, la escala personal es insuficiente para enfrentar este tema.

Hacia una superinteligencia artificial

–En el epílogo, El malestar en la cultura digital, usted aborda la teoría de la Singularidad, desarrollada por un grupo de científicos para quienes el cuerpo humano está quedando obsoleto: en el futuro podríamos irnos a vivir –ellos sueñan con hacerlo– a una computadora o a un robot. Menos artificiosos –aunque inciertos– son los planteos sobre la “Gran Aceleración” de la inteligencia artificial. ¿Qué implica esto y cuáles son las etapas hipotéticas de ese salto?

–La idea de la Singularidad tecnológica se refiere a la posibilidad —hipotética, pero en la que confían tecnólo­gos influyentes, como el inventor y empresario transhumanista Ray Kurzweil, desde 2012 director de ingeniería de Google— de que la Inteligencia Artificial haga ella también, su salto de escala. Primero pasaría de ser la Inteligencia Artificial Estrecha que conocemos hoy (especializada en una sola tarea, como guiarnos en una ciudad) a ser una Inteligencia Artificial General, que será al menos tan desarrollada como un ser humano. Y que de allí saltaría a una Superinteligencia Artificial, mucho más veloz e inteligente que cualquier humano, e incluso que la humanidad en su conjunto. Y consideran imposible imaginar el futuro humano des­pués de ese punto de inflexión. La idea tiene sus detractores, como el cofundador de Microsoft, Paul Allen, para quien la complejidad de la cognición humana es un obstáculo que la tesis de la Singularidad subestima. En lugar del avance cada vez más acelerado que predice Kurzweil, Allen sostiene que hay un “freno de complejidad”: una vez que se investiga un sistema complejo como el capaz de desencadenar un pensamiento –o una acción social sofisticada– las cosas se vuelven más y más difíciles y la carrera de los “rendimientos acelerados” se frena forzosamente.

–¿Cuáles serían los peligros de alcanzar una Superinteligencia Artificial?

–De eso habla un conocido transhumanista, Nick Böstrom, director del Instituto Futuro de la Humanidad en Universidad de Oxford: asegura que la Superinteligencia es un desafío para el que no estamos preparados; para él somos como chicos jugando con una bomba. En la perspectiva de Böstrom, la primera computadora que alcanzara el nivel de Superinteligencia vería inmediatamente la ventaja estratégica decisiva de ser el único sistema así en el mundo, y podría suprimir a todos los competidores. Sería capaz de gobernar el mundo a su antojo; hacernos inmortales o borrarnos de un plumazo. ¿Qué nos queda? Para empezar, diseñar alternativas de inteligencia artificial amistosa, no competitiva, orientada por las necesidades humanas y del conjunto del sistema Tierra.

2022

Un nuevo año del blog

Apuntes, textos y Relatos.

Crónicas de tiempo suplementario.

2022 Proyectos

Mis proyectos para 2022

1- Scanear las 2745 fotos que tengo en papel.

2- Ordenar la biblioteca (este proyecto lleva 12 años)

3-Corregir la novela Qué hermosa locura es la revolución que reescribí en 2001, 2005 y 20144- Corregir mi blog Apuntes, Textos y Relatos (este proyecto tiene apenas 10 años)

4- Escribir un manual de Producción de Ideas basado en 40 años de experiencia, seminarios, cursos, cátedras universitarias, notas y 614 sitios de internet

5- Tirar al menos 200 remeras viejas y un pijama que me compré en 1981 en Marck&Spencer

6- Reflexionar acerca de los 23 talonarios de tacos calendarios que tengo guardados desde hace 23 años

7- Revisar los cientos de libretitas, cuadernos, apuntes, inclusive ese cuaderno viejo de tapas verdes estilo marmolado que compré en Caracas en 1973 y que aún conservo como un diario de notas en el que apuntaba los proyectos que tenía.

8- Escribir una historia familiar. Llena de mentiras, verdades, recuerdos, fantasías, sueños y proyectos.9- Manual de Publicidad que íbamos a escribir con Jorge Schussheim y se iba a llamar Back to the Basics

(el año que viene sigo)Marcelo Cosin a los 80 años.

A partir de mañana, 2022 comienzo a decir que tengo 81 años. Así lo hago desde siempre cada vez que cambia el año.

Finalmente, siempre tengo la esperanza que alguien más lea estas notas y casi siempre me frustro porque soy de los que piensan que el ego es fundamental para seguir creyendo en uno aunque los demás lo disimulen.

Las tres P: Pandemia/Política/Peronismo.

Vector illustration of seventeen different people looking up into the air.

Crónicas de Tiempo Suplementario

Las tres P: Pandemia/Política/Peronismo.

Crónica de fin de año.

A veces suena a balance, otras a recopilación y esta vez a agenda de un futuro cercano e incierto.

La agenda de los argentinos y argentinas es muy diversa. Para la mayoría (el 50% de los ciudadanos/as argentinos/as y residentes/as) la agenda es económica y lapidaria: cómo comer todos los días, no contagiarse, tener un techo, pagar las deudas, tener alguna que otra satisfacción ya sea porque gane el equipo de los amores (River, Boca, Atlanta, etc.), tener el celular con crédito y no mucho más.

La gran mayoría del pueblo no lee los diarios, no ve televisión abierta, no escucha radio (ya ni la FM) y si pueden todo pasa a través de la pantalla diminuta casi del celular.

En el celular está todo. En primer lugar están los wathsapp, Instagram, Tik Tok, Facebook y bastante menos Tweeter y en los sub-cuarenta You Tube y Spotfy.

Vivimos en un tubo con escenas intercaladas, fragmentos de realidad y fantasías, deseos y violencia y casi entenderlo femicidios, farándula, patovicas, rugbiers, marchas, contramarchas, represiones, recitales, campeonatos diversos de fútbol y la “maldita calor”, la “maldita lluvia” y los volcanes que tiran lava, los pescados muertos de los ríos, el Paraná sin agua y la inflación. Sí, la inflación. Los sueldos. Los manteros. La policía metropolitana. Cambalache, bah.

PANDEMIA

Dos años de pandemia.

La pandemia me tocó en los años de vejez. Antes de cumplir los pesados ochenta. Por supuesto que soy de los que piensan que no era “normalidad” lo que vivíamos antes de marzo del 20. Y por lo tanto no pienso en eso de “volver a la normalidad”. ¿Qué normalidad?

La pandemia nos enseñó a convivir con la incertidumbre.

Y eso no es poco.

Durante años y años hacía viajes diferentes a lugares conocidos y desconocidos. Todos los años. Ahorrar para el viaje. Endeudarse para el viaje. Pagar el viaje. Volver a ver las fotos del viaje. Guardar los planos de las ciudades. Revisar los cuadernos de viaje. Almacenar las libretas, lápices, cajitas y folletos del viaje.

Con el arribo de la pandemia no hubo más viajes. Ni ahorro para los viajes, ni compra de pasajes, ni reserva de hoteles.

(Quise acordarme de la compañía con la que hacia las reservas de los hoteles y…no me salía, no me acordaba. Tuve que googlear reserva de hoteles y apareció “booking.com”. Eso demuestra que la pandemia y los años hacen estragos en las neuronas reservadas para la memoria)

La pandemia en mi caso está referida a un aprendizaje, a reflexiones que me ayudan a tomar posición.

Pandemia está asociada a palabras claves: Zoom, Delivery, miedo, información, escribir, leer, mirar y otros verbos que no hacen falta mencionar porque sería una vil redundancia.

Pero dejé para el final la INCERTIDUMBRE.

¿Cómo se puede vivir sin saber que es lo que viene? ¿No hay futuro? ¿Es posible conformarse con lo que está pasando, con el presente?

La pandemia es inevitable en un mundo en el que prevalece un estado de individualidad con efectos contundentes en lo colectivo.

Las diferencias ideológicas que aparecen en la pandemia no son producto de la pandemia. Y no solo ideológicas. Diferencias en las formas de vida que sacan a relucir como se impusieron en el planeta unas ideas muy específicas: Acumular bienes (especialmente dinero) sin saber que esa acumulación es a costa de otros. Que nada se pierde que todo se transforma.

Imagino (o creo) que no voy a vivir sin barbijo en lo que me resta de vida. Pocos aceptan que las transformaciones de la vida biológica del planeta (su destrucción por el hombre) forma parte de vivir bajo amenazas de nuevas enfermedades, catástrofes naturales, guerras convencionales, herramientas de seguimiento y persecución.

El barbijo no sólo sirve para rechazar el virus.

El barbijo es un símbolo de contención de lo incontenible: la barbarie.

POLÍTICA y PERONISMO

¿Qué diferencia hay entre el gobierno de Macri y el de Fernández?

Una diferencia enorme.

El macrismo o la conjunción de centro derecha liberal, conservadora, capitalista gobernó para enriquecer a los ricos, fabricar hambre y pobreza e ilusionar con falsedad mentira y medios de comunicación a las mal llamadas clases medias.

El macrismo es perverso.

Tanto Menem como Macri obtuvieron porcentajes electorales elevados que demuestran a las claras que un sector muy importante de la sociedad argentina es muy vulnerable a la capacidad de los poderosos para intervenir en la subjetividad ciudadana.

Es decir, la sociedad está sometida. Consiguieron que un alto porcentaje, más de 40%, creyera en una felicidad basada en el odio al otro, en el individualismo, en la escalada por ascender socialmente, sin que se dieran cuenta que corren en la misma baldosa, a veces tropiezan y a veces caen, fulminados.

El oficialismo es un frente de progresistas (me incluyo), peronistas diversos y neoliberales pro-EEUU disfrazados de desarrollistas.

El cristinismo, la Cámpora, los alfonsinistas de Leopoldo y Leandro, algunos sectores de la izquierda, el grupo SoberanXs, los movimientos sociales (Juan Grabois), conforman un heterodoxo modelo en el que confluyen una especie de izquierda que combina el peronismo de Cristina (Humanismo, Social y Cristiano) con desilusionados del trotskismo, el comunismo, la izquierda radical  sobrevivientes de la escalada conservadora que hoy pretende arribar al poder con un neurólogo ambicioso de fama y poder. (Manes)

¿A quién pertenece Alberto Fernández?

Sin dudas al frente Renovador de Alberto Massa.

¿Quién es el restaurador de las banderas de Néstor Kirchner?

Otro Kirchner. Máximo Kirchner

AGENDA

Sintetizo la agenda en el primer párrafo de Horacio Verbitsky en la última nota del Cohete a la Luna del año:

“La pandemia, la deuda con el FMI, cuya auditoría no es auspiciosa, los salarios que no recuperan lo perdido con Macrì, el caos de la oposición y una Justicia en pie de guerra, conforman el cuadro con el que termina 2021 y comienza la segunda mitad de la presidencia de Alberto Fernández, cuya insistencia en una hipotética reelección desconcierta a propios y ajenos.”

Hay más, pero sería sobrepasar mi límite de las 1000 palabras.

Nos vemos.

El pan Miñón en Navidad

Miñon

En una navidad

De los años cincuenta

Cuando tenía apenas nueve añitos

En la casa de los Fariña

En el pueblo de Ituzaingó

Me invitaron a participar de la cena

Y cuando todos fueron a buscar el regalito

Al árbol de navidad

Me quedé sentado solo a la mesa

Y me agarré una garrapiñada

Un pedazo de pollo

Y me los comí mientras lloraba.

Los hermanos Fariña

Eran mis amigos.

Ellos vivían en la esquina de

Blas Parera y 24 de octubre.

Una tarde de verano,

Creo que era navidad,

Nos veníamos empujando con los Fariña

Y así fue como yo encontré en el suelo

Un pan miñón, de esos redonditos,

Y le dí una patada, al miñón.

El mayor de los hermanos Fariña,

De quien me acuerdo la cara

Pero no el nombre,

Me obligó a agacharme,

Agarrándome la cabeza y

Tirándome al piso

Hasta recoger el pan miñón,

Levantarlo del suelo,

Besarlo,

Y ponerlo en el marco de la ventana

De la casa por la cual pasábamos

En ese momento.

Los cuatro hermanos Fariña

Me insultaban.

Los cuatro hermanos Fariña

Me decían que había caído en

Pecado Mortal.

Porque resulta que cuando llorando

Puse el pan miñón en el marco de la ventana

De esa casa por la que pasábamos

Me dijeron que por judío iría al infierno

Por maldecir el pan de dios

Y por maldecir al cielo.

Entonces yo agarré el pan miñón

Lo tire con toda mis fuerzas y el pan miñón

Rodó por la calle 24 de octubre

Fecha en la que se conmemora la batalla de

ITUZAINGO.

Los cuatro hermanos Fariña

Me fajaron de lo lindo

Me dejaron tirado en la calle

Con el tabique de la nariz roto

Y mientras se burlaban

Hablando con todo de judío inmigrante

Me decían a los gritos

Como un coro angelical diabólico

JUDIO DE MIERDA

JUDIO DE MIERDA

JUDIO DE MIERDA.

Quizás por eso

Hasta el día de hoy

No me gusta la navidad.

Por eso no festejo

Por eso me parece falso

Y me parece

Una festividad pagana

Antisemita.

Tampoco festejo

Rosha Shana

Ni ayuno en Yom kipur

Y me cago en las fiestas religiosas.

También me recago en los cohetes

Los rompetoprtones

Y en el vité Thoné

Hecho especialmente para navidad.

A mí lo que me gusta

Es el tango, Leonardo Fabio, Woody Allen

Ingmar Bergman y Myriam Bregman.

No deseo felicidades ni nada eso.

Si por mí fuera,

Los festejos se los pueden meter

En el ORTO.

Marcelo Cosin El poeta rezagado

La trampa cultural del neoliberalismo.

El problema de fondo es como derrocar al poder mediático y económico portador de una cultura neoliberal que solo los favorece a ellos. Vivimos creyendo que podemos dar un salto hacia la clase social superior. Y esa es la zanahoria que nunca podremos alcanzar. La derecha neoliberal argentina y chilena tienen más del 40% de los que votan. Eso es el enemigo. Eso es lo que no quieren que sepamos. Estamos maniatados por ese poder que nos explota. Quizás nos demos cuenta algún día. El reformismo ayuda a querer alcanzar una meta imposible. Por eso nos recibimos de esclavos modernos. No es cierto que haciendo lo posible por volvernos clase media nos hace más felices. Nos hace más esclavos.

La lucha es contra los que tienen el poder económico y mediático como para hacerle creer a los trabajadores, al pueblo, a los pobres, a los que menos tienen que la felicidad consiste en el ascenso social. Nunca pueden ascender pero corren con una zanahoria pegada a la frente.

Manipulación Locura y Confusión.

(Marcelo Cosin – Diario Digital)

Somos muchos los que coincidimos en suponer que estamos viviendo en un mundo en estado de confusión.

Delirio, agregarán otros y otras.

Locura, por qué no.

Me parece bien que en la interpretación de cada uno se incluya un punto de partida. Un punto desde el cual se mira. Una intención.

En mi caso me coloco en mi estado de subjetividad particular.

Los ochenta recién cumplidos. Una especie de distancia temporal que cambia el cristal por el cual se mira. (¿la vejez? ¿el tiempo transcurrido? ¿la libertad de opinar sin temor a lo que vendrá?)

Todos los días de mis días comienzan con una agenda virtual que contempla pocos datos de actualidad, pero precisos:

  • Las cifras de la pandemia
  • Los titulares insidiosos y provocativos de los medios hegemónicos.
  • El estado de las catástrofes naturales del planeta.
  • El crimen del día que ayudará a la agenda comercial de los medios mercantiles.
  • La temperatura, los vientos y mi presión arterial.

El mundo lo repaso a través de algunos diarios importantes ( The New York Times, Le Monde, El País, y un repaso, una ojeada a los de acá y las redes Sociales y especialmente los portales que voy descubriendo en el tiempo que dedico a navegar libremente por Internet.)

MANIPULACIÓN

No puedo dejar de sorprenderme de la capacidad de manipulación que ejercen los medios de todo tipo sobre un segmento de la sociedad (gran mayoría) que construye sus creencias, principios y valores en una pequeña pantalla de 4.7 pulgadas que son en medidas usuales 11.94 centímetros medidos en diagonal de la pantalla. (Pruébelo ahora)

Siete personas de cada diez está mirando la pantalla del celular en cualquier circunstancia cotidiana.

¿Y qué sucede en ese rectángulo mágico?

Sucede de todo. Noticias verdaderas, falsas, publicidad, promociones, juegos, música, chistes, chismes.

Esa variedad de información que se recibe y se emite al mismo tiempo construye la subjetividad con la que nos manejamos para vivir de manera cotidiana.

Una proporción enorme de ese paquete de comunicación proviene de los medios concentrados y hegemónicos que son los que manipulan e interceden en nuestras decisiones, opiniones, acciones y voluntades.

El mundo actual está manipulado por una pequeña proporción de poderosos que acumulan el 90% de poder, dinero y medios.

La única revolución posible – creo – consiste en cambiar esas proporciones de poder.

Si el poder financiero, económico, productivo y mediático está en pocas manos es casi imposible acceder a la famosa LIBERTAD. Por el contrario somos un rebaño de 8 mil millones de habitantes del planeta que actuamos como títeres manipulados y explotados por un par de Grandes Hermanos que controlan y explotan nuestras vidas productivas.

LOCURA

Locura es una manera vulgar de denominar la neurosis social, un concepto que proviene de Sigmund Freud, especialmente en sus obras El Malestar en la Cultura y Psicología de Masas y Análisis del yo Obras completas Sigmund Freud Ordenamiento, comentarios y notas de James Strachey con la colaboración de Anna Freud, asistidos por Alix Strachey y Alan Tyson Traducción directa del alemán de José L. Etcheverry Volumen 18 (1920-22) Más allá del principio de placer Psicología de las masas y análisis del yo y otras obras Amorrortu editores

La locura es una incapacidad relacionada con la realidad.

Vivimos una etapa en la que poco a poco se agudizaron los conflictos de una sociedad fragmentada y enfrentada. El capitalismo consiguió que la gente pensara o sintiera que la felicidad consiste en perseguir un objetivo de triunfo, de éxito, simbolizado por el consumo.

El capitalismo establece como modelo la acumulación. Y no se puede conseguir acumular si no es a expensas de la explotación. El capitalismo es valorar lo individual versus lo colectivo. El capitalismo requiere de promover la competencia, el mercado y la disputa por una pirámide de poder.

El capitalismo no puede traer nada mejor que la idea de competencia, pelea, disputa y sometimiento.

El capitalismo es justamente locura porque establece el campo de acción en alcanzar el máximo posible siempre a costa de los más sacrificados e imposibilitados de competir.

Por eso el capitalismo está simbolizado por el aparente goce de unos pocos obtenido por el sufrimiento de muchos.

Por eso, este modelo que triunfó por encima de otros de características sociales y económicas basadas en IGUALDAD, LIBERTAD Y SOLIDARIDAD, condujo a una sociedad de estructura neurótica. Es decir una sociedad que no puede vivir la realidad. Una sociedad que está manipulada, exaltada, violentada. Una sociedad de la locura.

CONFUSIÓN

Una sociedad manipulada, manejada como un teatro de títeres con personajes sometidos y con malos que son buenos y buenos que son malos. Una sociedad sometida a la banalización de la cultura, a la producción de noticias falsas, escandalosas y provocativas. Una sociedad en la que la mayoría son pobres, marginales y que no tienen muchas veces ni techo, ni comida. Una sociedad en la que apenas diez multimillonarios en el mundo acaparan la riqueza de dos mil millones de personas. UNA SOCIEDAD CON ESTAS CARÁCTERÍSTICAS al menos debe sufrir de un estado de CONFUSIÓN.

¿Para qué vivimos? ¿En que consiste la felicidad? ¿Por qué odiamos al otro o a la otra? ¿Por qué nos odian? ¿Para qué sirven y cómo ayudan las miles de religiones? ¿Puede la cultura ordenar nuestras relaciones?

Es posible continuar hasta el infinito con estas preguntas sin respuesta. Esa es la confusión. No tenemos respuestas. Y quienes creen tenerlas gracias a la FE o a idolatrar gente como uno que tiene la capacidad de liderar, posiblemente se encuentren con la necesidad de hallar protección contra el sufrimiento con variables irracionales.

El siglo XXI está bajo el dominio de las fuerzas naturales que ayudadas por la incomprensión de líderes naturales de derecha que priorizan el hoy al mañana nos coloca en más y más CONFUSIÓN.

El debate está abierto.

Reseña: Pasaje al acto de Virginia Cosin — Daybreak Over the Ocean

Más información en la web de Malpaso En esta ocasión me gustaría dedicarle una entrada a un libro que he terminado de leer recientemente y me ha gustado bastante; me refiero a “Pasaje al acto” de Virginia Cosin, una novela que salió a la venta en el mercado español el pasado mes de julio de […]

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Yo, el otro y los fantasmas.

Marcelo Cosin (Diario Digital)

El otro no es un espejo.

O la otra.

El siglo XXI nos enfrenta con otros y otras que no estaban en nuestros planes conocer, interactuar, discutir o coincidir.

Un viento en contra me detiene cuando pienso, o reflexiono o desvarío acerca de un resentimiento que no puedo controlar con los que están en las antípodas de mis valores, creencias y principios.

Tampoco, reconozco, tengo muy en claro cuales son mis valores, creencias y principios. No lo tengo en claro, pero hago lo posible por determinarlos y – a veces – a consolidarlos.

Digo: ¿Vivo cómo pienso? A veces sí, a veces no.

En ochenta años de actividad vital (oficio de vivir) dediqué mucho tiempo (iba a escribir, demasiado) a planificar y construir el futuro. Siempre hubo en mí una tendencia a hacer listas de lo que debía o tenía que hacer.

Mi mayor preocupación y angustia de mi vida adulta fue quedarme sin ingresos, sin trabajo. ¿Qué va a pasar con los chicos? ¿Qué van a comer? Pero también lo traduzco en medicina prepaga, el colegio, natación o las vacaciones.

Cuando defino ese perfil de mi vida me ubico en la zona de haber deambulado como un idiota en la consecución de un estilo de vida que articulaba tiempo y espacio para el ascenso social.

Ese otro que también fui yo, ese fantasma de mis sueños me produce un poco (o bastante) antipatía. Pero lo acepto. “Su hubiera sabido de que se trataba seguramente lo eludiría”. Pero ¿cómo saberlo?

(Fin del prólogo)

Un mundo en extinción. Detesto a los y las “caretas”. Mentir es casi natural.

Las inundaciones (los tsunamis), los incendios, los volcanes, las explosiones, la deforestación, el exceso de sal y azúcar, el tabaco, el alcohol, las guerras, la hambruna, el odio y la pandemia. Eso la pandemia.

En una entrevista Paul Auster (preferido entre los preferidos) decía algo muy sencillo y contundente: “el que no se vacuna contra el virus del Covid-19 es un asesino o un suicida”.

Los que nos vacunamos, usamos barbijos, abrimos las ventanas no podemos entender, no nos entra en la cabeza, que alguien con dos dedos de frente decida no vacunarse porque sí. Porque se le canta. Porque es antivacunas. ¿Se trata de imbéciles, locos o psicópatas?

Es en estas circunstancias cuando estalla en mi octogenaria vida la idea de perder toda ilusión acerca de un futuro mejor. Todo me parece peor, más triste, más desigual, más sucio, más parecido a las películas de zombis.

Con la caída del Muro de Berlín la filosofía del individualismo ganó en potencia, territorialidad y adictos.

Si bien nadie sabe como definir la felicidad, el capitalismo consiguió hipnotizar a miles de millones con una meta inalcanzable: lo que se desea se consigue con trabajo competitivo, desplazando al de al lado, haciéndole una zancadilla o zambulléndose en una piscina que en lugar de agua tiene billetes, dólares, oro, diamantes y celulares de última generación, IPhone si es posible. Tener un auto que cause envidia, mostrar las fotos de las vacaciones, comer langostinos, tener una marca de zapatillas que pocos tienen. Es decir, la caída del muro trajo una ilusión: subir un escalón aunque sea pisando al que está abajo. Así nacieron mis odiados “caretas”.

Mentir es normal, divertido y natural.

Muchos y muchas no podemos entender ni por casualidad como es posible votar a María Eugenia Vidal, a Larreta, a López Murphy, a Santilli, etc. etc. ¿Qué alguien nos explique como estos aparatos tienen más de 10 millones de ciudadanos y ciudadanas que en el momento de votar ponen en el sobre esa lista vergonzosa.?

Pero existen. Y muchos y muchas de ellos y ellas se cruzan con nosotros por las calles, los cafés y en las canchas como si fueran normales. ¿Qué pensamiento más absurdo, verdad? A veces cierro los ojos e imagino sacudiendo a uno como si de esa manera lo convenciera que está votando a su verdugo, a los que desvalijaron el país, los que endeudaron a nuestros bisnietos.

En un acto de reflexión o conversando con alguien que entiende más del asunto surge esta sensación fantasmagórica. Algunos dicen que están colonizados. Que los medios y las Redes Sociales los volvieron tarados.

No lo creo.

Freud lo anticipaba en El Malestar en la Cultura, Marcuse en su obra de los 60 y 70 y que hoy ya no se nombran El Hombre Unidimensional o Eros y Civilización. Más acá Jorge Alemán y el moderno de Zizek.

Voy a terminar con algo peligroso: Cristina en su último discurso dijo que toda la verdad estaba en la película Good By Lenin. Cristina, la dirigente más importante del siglo, se equivoca. En Good By Lenin se reivindica el posible error de haber terminado con el mundo bipolar.

Sin la URSS, Estados Unidos nos degradó más y más.

Para peor, sin Lenin avanza Milei.

Buenas tardes. Mucho gusto.