Yo, el otro y los fantasmas.

Marcelo Cosin (Diario Digital)

El otro no es un espejo.

O la otra.

El siglo XXI nos enfrenta con otros y otras que no estaban en nuestros planes conocer, interactuar, discutir o coincidir.

Un viento en contra me detiene cuando pienso, o reflexiono o desvarío acerca de un resentimiento que no puedo controlar con los que están en las antípodas de mis valores, creencias y principios.

Tampoco, reconozco, tengo muy en claro cuales son mis valores, creencias y principios. No lo tengo en claro, pero hago lo posible por determinarlos y – a veces – a consolidarlos.

Digo: ¿Vivo cómo pienso? A veces sí, a veces no.

En ochenta años de actividad vital (oficio de vivir) dediqué mucho tiempo (iba a escribir, demasiado) a planificar y construir el futuro. Siempre hubo en mí una tendencia a hacer listas de lo que debía o tenía que hacer.

Mi mayor preocupación y angustia de mi vida adulta fue quedarme sin ingresos, sin trabajo. ¿Qué va a pasar con los chicos? ¿Qué van a comer? Pero también lo traduzco en medicina prepaga, el colegio, natación o las vacaciones.

Cuando defino ese perfil de mi vida me ubico en la zona de haber deambulado como un idiota en la consecución de un estilo de vida que articulaba tiempo y espacio para el ascenso social.

Ese otro que también fui yo, ese fantasma de mis sueños me produce un poco (o bastante) antipatía. Pero lo acepto. “Su hubiera sabido de que se trataba seguramente lo eludiría”. Pero ¿cómo saberlo?

(Fin del prólogo)

Un mundo en extinción. Detesto a los y las “caretas”. Mentir es casi natural.

Las inundaciones (los tsunamis), los incendios, los volcanes, las explosiones, la deforestación, el exceso de sal y azúcar, el tabaco, el alcohol, las guerras, la hambruna, el odio y la pandemia. Eso la pandemia.

En una entrevista Paul Auster (preferido entre los preferidos) decía algo muy sencillo y contundente: “el que no se vacuna contra el virus del Covid-19 es un asesino o un suicida”.

Los que nos vacunamos, usamos barbijos, abrimos las ventanas no podemos entender, no nos entra en la cabeza, que alguien con dos dedos de frente decida no vacunarse porque sí. Porque se le canta. Porque es antivacunas. ¿Se trata de imbéciles, locos o psicópatas?

Es en estas circunstancias cuando estalla en mi octogenaria vida la idea de perder toda ilusión acerca de un futuro mejor. Todo me parece peor, más triste, más desigual, más sucio, más parecido a las películas de zombis.

Con la caída del Muro de Berlín la filosofía del individualismo ganó en potencia, territorialidad y adictos.

Si bien nadie sabe como definir la felicidad, el capitalismo consiguió hipnotizar a miles de millones con una meta inalcanzable: lo que se desea se consigue con trabajo competitivo, desplazando al de al lado, haciéndole una zancadilla o zambulléndose en una piscina que en lugar de agua tiene billetes, dólares, oro, diamantes y celulares de última generación, IPhone si es posible. Tener un auto que cause envidia, mostrar las fotos de las vacaciones, comer langostinos, tener una marca de zapatillas que pocos tienen. Es decir, la caída del muro trajo una ilusión: subir un escalón aunque sea pisando al que está abajo. Así nacieron mis odiados “caretas”.

Mentir es normal, divertido y natural.

Muchos y muchas no podemos entender ni por casualidad como es posible votar a María Eugenia Vidal, a Larreta, a López Murphy, a Santilli, etc. etc. ¿Qué alguien nos explique como estos aparatos tienen más de 10 millones de ciudadanos y ciudadanas que en el momento de votar ponen en el sobre esa lista vergonzosa.?

Pero existen. Y muchos y muchas de ellos y ellas se cruzan con nosotros por las calles, los cafés y en las canchas como si fueran normales. ¿Qué pensamiento más absurdo, verdad? A veces cierro los ojos e imagino sacudiendo a uno como si de esa manera lo convenciera que está votando a su verdugo, a los que desvalijaron el país, los que endeudaron a nuestros bisnietos.

En un acto de reflexión o conversando con alguien que entiende más del asunto surge esta sensación fantasmagórica. Algunos dicen que están colonizados. Que los medios y las Redes Sociales los volvieron tarados.

No lo creo.

Freud lo anticipaba en El Malestar en la Cultura, Marcuse en su obra de los 60 y 70 y que hoy ya no se nombran El Hombre Unidimensional o Eros y Civilización. Más acá Jorge Alemán y el moderno de Zizek.

Voy a terminar con algo peligroso: Cristina en su último discurso dijo que toda la verdad estaba en la película Good By Lenin. Cristina, la dirigente más importante del siglo, se equivoca. En Good By Lenin se reivindica el posible error de haber terminado con el mundo bipolar.

Sin la URSS, Estados Unidos nos degradó más y más.

Para peor, sin Lenin avanza Milei.

Buenas tardes. Mucho gusto.

Cómo matar la política.

Ulrik Rasmussen en Copenhague, Ragnar Olsen en Oslo, Frida Müller en Berlín, o cualquier otro u otra ciudadana de un país nórdico, frío, blanco, con poblaciones pequeñas y costumbres y culturas de siglos, seguramente viven la incertidumbre de estos tiempos con su propia visión del mundo, de la época, de sus estilos de vida.

.(marcelo cosin – Diario Digital)

Sin dudas no es lo mismo ser un ciudadano de Burundi (uno de los países africanos más pobre del mundo) olvidado en los mapas y en las conciencias del resto de los humanos que ser un finlandés, con una casa de dos plantas en uno de los bosques más hermosos cercanos a la capital de Helsinki.

La desigualdad es el paradigma que atraviesa el siglo XXI en un mundo carcomido por las epidemias, las guerras, los desastres naturales y – nuestro tema de hoy – la muerte de la política. Una muerte tantas veces anunciada que por reiterada ya nadie cree del todo ni le presta atención.

Un debate aburrido, idiota y pernicioso.

Ayer, 20 de octubre de 2021, a través de un canal de cable, perteneciente al oligopolio de comunicación Grupo Clarín, TN, Todo Noticias, se llevó a cabo un debate programado entre los que encabezan las listas a diputados nacionales por la provincia de Buenos Aires para las elecciones programadas para el 14 de noviembre de 2021. (https://www.youtube.com/watch?v=-l0pjE-UEK8)

  1. Fue seguido por 500 mil personas sobre un total de 30 millones de empadronados. Apenas un 2% del electorado y la gran mayoría votantes de la alianza macrista-radical-etc. Tal es así, que en los resultados de la votación de los telespectadores el ganador con el 51% fue Espert. Un resultado esperado.
  2. Los tiempos asignados por la producción del programa solo alcanzan para que los candidatos y candidatas muestren apenas un mínimo porcentaje de rencor, odio y competencia personal.
  3. Pese a la gran diferencia de posturas ideológicas todos y todas parecen proponer lo mismo: seguridad, trabajo y felicidad. Ninguno puede ni tiene tiempo para contar como hacerlo y mucho menos exponer con claridad las herramientas a utilizar en el Congreso Nacional y sobre todo sin contar con mayorías propias que permitan cumplir con las promesas de campaña

En síntesis el debate es una muestra de incultura política y de pobreza intelectual. El debate demuestra que los actos eleccionarios se parecen cada vez más a una disputa de “marcas” en pos de alcanzar una mayor participación de mercado.

¿Por qué el debate no sirve?

La política en la era tecnológica.

Si algo está en crisis en el mundo – a mi gusto y experiencia – es el estado de desigualdad. ¿Cómo es posible pensar en un mundo en el cual las necesidades básicas del ser humano están insatisfechas? Casi 8 mil millones de personas y la mitad en estado de necesidad. Mil millones de chicos y chicas mueren de hambre mientras diez supermillonarios acumulan fortunas que superan los productos brutos internos (PBI) de países pobres. El 80% de la población del continente africano está en guerra civil. Las muchedumbres que huyen de sus tierras perseguidas por el hambre, la guerra y las epidemias mueren en el agua intentando alcanzar una tierra en la que puedan encontrar trabajo y comida. En la Argentina se debaten minucias como “amenazas” por tweet que son burdas operaciones políticas y los cables de noticias pierden horas mostrando como miles de infelices (en el verdadero sentido del término) hacen 12 horas de cola para conseguir entradas para un partido de fútbol.

En la era tecnológica el poder en manos de muy pocos consiguió algunas cosas casi irreparables:

  1. Idiotizar a la sociedad a través del consumismo como sustento de la felicidad.
  2. Despolitizar. Hacer que la política quede en manos de los que más tienen y que las grandes mayorías no accedan a construir ni a manejar su propio destino.
  3. A generar una verdadera dictadura de la información manejando a su criterio los deseos y voluntades de la sociedad.

¿Está todo perdido?

No creo que esté todo perdido. Los superpoderosos no cuentan con el poder de rebelión de los seres humano. Para ellos todo está en el día a día. Momentáneamente se conforman con vivir a costa de esas medianas porciones que quedan de seres que colaboran para que ellos manden. Eso que se da llamar clase media. Eso que se da en llamar American Life Style o Estilo de Vida Norteamericano. Cada vez más la pelea brutal de unos contra otros por robarse va aniquilando el convivir colectivo. Cada vez más hay menos comunidad. Pero eso es recuperable. Vivimos en la era del individualismo. Esa es la teoría que los que mandan consiguieron imponer. Matar al otro. El futuro no existe. Hay puro presente. Hay pura incertidumbre. La pandemia agudizó la división, la grieta, la pelea. Posiblemente una nueva camada de dirigentes que aún no aparecen pueda iniciar una era de concientización de la comunidad organizada e igualitaria. Obviamente no es la democracia que conocemos. Es otra cosa. Es lo que debemos encontrar y no sabemos cómo. Pero al menos planteamos la necesidad de encontrarlo.

Buen día para todos y todas.