Hoy habla para ustedes, Raúl Alfonsín.

¡Cómo pasa el tiempo!

En unos días se cumplen 12 años de mi muerte. Pasaron volando.

Poco antes de morirme, me invitaron a la inauguración de mi propio busto en la Casa Rosada. No fue justamente un presidente radical sino una presidenta peronista. ¿Casualidad o consecuencia?

Fue el primero de octubre de 2008. Seis meses antes de estirar la pata. Fue mi último discurso en público y justamente desde la Casa de Gobierno. La Rosada.

Cuando descubrieron el busto me sorprendí. No me vi identificado. Parecía otro. Diría que parecía que estuviera muerto. Y la verdad es que estaba vivo. Y bien vivo. Aunque un poco clueco producto de ese cáncer de pulmón que siempre pensé que lo vencería.

Ese día dije que si por mí fuera no hubiera permitido ese homenaje en vida. Siempre pensé – y muchas veces lo dije – que había que seguir ideas, no hombres (hoy agregaría ni mujeres). Nunca me gustó ser autorreferencial. Eso dije, pero haciendo memoria y destapando momentos de la historia política tengo que reconocer que es casi imposible llevar adelante una utopía sin el sostén de una imagen personal, de un liderazgo del individuo, de una capacidad propia de seducción. ¿Eso quiere decir que me contradigo con lo que afirmé tantas veces? No. Rotundamente, no. Son complementos.

No me pidan coherencia ahora que ya no estoy entre ustedes. ¿De qué serviría? Por eso voy a alternar algunas ideas filosóficas con otras anécdotas de mi vida política y también de corregirme de algunas afirmaciones que en su momento fueron categóricas.

La unidad nacional.

Siempre fue mi obsesión. Claro que como todo concepto unívoco – como es el de unión nacional – requiere de interpretación. Durante la dictadura, que para mi gusto duró una eternidad, tuve más tiempo de leer y pensar. Todos saben que Erich Fromm fue un autor que me dio capacidad de reflexión no solo para la política sino para plantear preguntas acerca de la sociedad, el mundo, el amor. Pero sobre todo Fromm me permitió interrogarme acerca de la libertad, la democracia y el autoritarismo. Pero más importante aún es la antítesis que plantea Fromm: el odio.

Tengo absoluta certeza acerca de que la gran mayoría del pueblo tiene sentimientos y metas comunes.

Me fui de este mundo sabiendo que aún quedaban muchas cosas por hacer para constituir la unión nacional. Pude conmemorar medio siglo de presidente civiles y también dejar asentado que faltaba hacer en términos generales para asegurar los famosos cien año de democracia.

Dije en ese último discurso que “Democracia es vigencia de la libertad y los derechos pero también la existencia de igualdad de oportunidades y distribución equitativa de la riqueza, los beneficios y las cargas sociales, tenemos libertad, pero nos falta igualdad”[1]

Pasaron más de doce años y ya llevamos treinta y ocho años de gobiernos civiles. Casi seis años de mi presidencia (siempre recuerdo que fueron cinco año y nueves meses), diez de Menem, dos de de la Rúa, el año y cinco meses de Duhalde, los cuatro de Néstor Kirchner, los ocho de Cristina y los cuatro de Mauricio Macri, y transcurriendo los primeros dos de Alberto Fernández.

El indescifrable periodista Lanata inventó, promovió y aprovechó el concepto de grieta para definir la desunión del pueblo argentino. Escuché y leí cientos de versiones acerca de la grieta. Hay una interpretación que parece contundente: la grieta es entre los de arriba y los de abajo. Los de arriba son muy pocos pero tienen el dominio hegemónico de los medios de comunicación y también los de producción. Los de abajo son la mayoría, pero no tienen casi nada. Por eso, a doce años de mi último discurso en el que señalé que el problema mayor era la desigualdad sigue vigente y, según veo, se agravó durante la presidencia del representante de los de arriba, Mauricio Macri.

Desigualdad

Los últimos años de mi vida fueron tiempos de síntesis y reflexión, aunque nunca dejé de tener una participación en la política. Creo que la lucha entablada por años tratando de demostrar que sin una unión verdadera que rompiera con los egoísmos y las ambiciones personales iba a ser imposible conseguir un país más justo. Simplemente, un país sin desigualdad. O al menos un país que fuera disminuyendo el índice de desigualdad.

¿Qué felicidad pueden conseguir aquellos que acumulan riqueza a costa de la pobreza de los demás? Yo se bien que muchos pueden tildarme de inocente o de no entender la realidad del mundo cruel en el que vivimos.

“Democracia es vigencia de la libertad y los derechos pero también existencia de igualdad de oportunidades y distribución equitativa de la riqueza, los beneficios y las cargas sociales: tenemos libertad, pero nos falta igualdad” ( Discurso del 1° de octubre de 2008)

El “padre de la democracia” fue un atributo que nunca me gustó. Nadie me pidió permiso para usarlo. ¿Saben por qué? Porque de ser así sería el padre de un hijo rengo, de una hija coja. La democracia no es ganar elecciones, ni poder votar cada dos años, ni siquiera es solo el derecho a la libertad de expresión. Eso es el piso de la democracia y me he muerto con multimillonarios incapaces de dar una mano cuando la mayoría del pueblo sufre de falta de alimento.

“Gobernar es dar trabajo”, muy linda la frasecita,  pero cuando te juntás con los capitanes de la industria, con los banqueros extranjeros, con los dueños de los poderosos medios de comunicación, y les pedís que ganen menos y paguen mejores salarios porque eso significará a la corta más beneficios para ellos pero con mejor calidad de vida para el pueblo, te miran por arriba y cuando salen comentan entre ellos que uno es un comunista.

¿Promover el bienestar general? Eso recitaba en mis campañas electorales repitiendo el Preámbulo de la Constitución Nacional. ¿Cómo vas a promover el bienestar general si lo único que te interesa es ganar lo más posible con el mínimo de sacrificio?

La Patria de Magnetto

En mi época había un diario, Ámbito Financiero, dirigido por un tipo frío e inteligente, Julio Ramos, que se hizo millonario publicando en la tapa del diario el precio del dólar negro y la tasa de interés de los plazos fijos. En mi época eso se llamaba la Patria Financiera. También estaba la patria socialista, la patria peronista, pero nunca escuché hablar de la patria radical o la patria alfonsinista. Me cansé en los discursos de hablar de la Unión Nacional. Una vez me consiguieron una entrevista con Héctor Magnetto. Vino a Olivos. La condición que puso era sin grabadores, ni micrófonos, ni terceros. Le dije a todo que sí. Le pregunté si quería café, té o agua. Me dijo que no quería nada. La reunión duró menos de diez minutos. Volví a preguntarle: ¿quería saber que quieren en Clarín para dejar de atacarnos, ofendernos y denigrarnos? Contestó: libertad de prensa. Le dije que eso lo tenían desde el mismo día que asumí la presidencia y que era notorio que así era. Entonces – dijo – eso es suficiente. Se levantó de la silla, me saludo y se fue. Cuando Terragno fue a La Rioja a verlo a Menem, que era el presidente electo, ¿saben con quién lo encontró? : Con Magnetto. Estaban arreglando como le iba a dar Canal 13. Comenzaba la era de la patria neoliberal.

La democracia y los virus.

¿Qué hubiera hecho yo desde la presidencia si me hubiera tocado una pandemia como la que está viviendo el mundo? ¿De qué lado me encontrarían? Voy a traer un recuerdo histórico que no fue un virus pero sí un momento dramático para la reciente democracia que estábamos tratando de construir.

Semana Santa de 1987. Hace treinta y cuatro años. Pese a nuestros históricos desacuerdos la cúpula y el pueblo peronista estaba a nuestro lado para defender no solo la democracia. Estábamos juntos porque reconocíamos un enemigo común: la dictadura y el autoritarismo. Las fotos lo dicen todo. La presencia de Antonio Cafiero en el balcón de la Casa de Gobierno y otros importantes dirigentes del justicialismo.

Frente a la pandemia no hubiera imaginado otro escenario que ese.

Tengo una gran desilusión. (y no es la única). Se privilegian las menudencias electorales, las pequeñeces de poder frente a la vida de los ciudadanos (y ahora diría y de las ciudadanas).

Parece ser que el mundo avanza hacia la derecha y si eso es así habrá muchas otras pandemias, y de todo tipo.

Futuro cercano.

Desde el fondo de los tiempos, justamente, el tiempo es lo de menos. No hay futuro, pero si hay memoria. Quisiera dejar, mirando mi propia memoria, algunas ideas básicas que por otro lado están en mis discursos, mi pensamiento y en el diálogo con mis compañeros de ruta.

No hay unión sin que se dejen de lado la mezquindad.

No hay democracia sin igualdad.

No hay política sin ética de la solidaridad.

Son tres principios que he repetido en mis sesenta años de político. Y debería agregar que no hay mundo posible sin política. Por eso siempre pude darme cuenta que los que querían minimizar la política en el fondo lo que querían era esclavizarnos. La no política es un principio de las dictaduras.

En un nuevo aniversario de mi muerte les deseo a todos comprensión por los que menos tienen. Nada más que eso. Eso sería suficiente.


[1] Discurso pronunciado el 1°de octubre de 2008 en ocasión del acto que celebró la inclusión de su escultura en el salón de bustos de la casa de gobierno.

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