Revuelto Gramajo. La Política, un invento argentino.

Es famosa la historia del invento culinario porteño por excelencia: el revuelto gramajo.

Después que Félix Luna aclarara que su versión del revuelto Gramajo era una ficción, el periodismo culinario encontró la verdad. El Revuelto Gramajo es un invento de los hermanos Arturo e Ignacio Gramajo, play boys de los años treinta, que una noche encontraron “la cocina cerrada” del famoso Restaurante Rio Bamba, de Río Bamba y Santa Fe , en la ciudad de Buenos Aires y metiéndose en la cocina gracias a ser clientes famosos por sus buenas propinas, crearon el plato que lleva su apellido, mezclando papas paillé recién freídas, un par de huevos frescos y cortando en tiritas un buen jamón cocido.

La política argentina es, de alguna manera, una metáfora del Revuelto Gramajo. Si bien no es nada original, los ingredientes son comunes, la mezcla, o la “rosca”, la hace especialmente particular.

¿Dónde está la política?

En ese afán de simplificar se puede pensar que la política está en todas partes y en todo momento. O recurrir a las definiciones. (Aristóteles)

La política está en todas partes porque en el tironeo de una misma cuerda hacia polos opuestos siempre ganan los más poderosos, los más forzudos.

La enorme mayoría de ciudadanos y ciudadanas no tironean de la cuerda. No sólo son espectadores sino que además sufren las consecuencias.

La política es, simplificando, una puja de poder entre dos o un poco más de jugadores, para imponer a todos los demás una serie de acciones administrativas que inciden directamente en sus vidas cotidianas y de relación.

Administrar “la polis”, dirían los griegos.

Política argentina

En la Argentina sucedió algo extraordinario: se inventó el peronismo.

Esa caracterización que muchas veces se hace del argentino, tan equivocada, porque es una caracterización del porteño, “canchero, piola, engreído, machista, pendenciero, peleador, ególatra, narcisista, etc.” tiene mucho que ver con la política vernácula.

Por supuesto que la “cultura ciudadana porteña” es dinámica y todo lo escrito en el párrafo anterior hoy podría adaptarse al lenguaje femenino o al inclusivo.

Si “me tenés los huevos llenos” hoy se equipara a “me tenés la concha seca” y no sólo un “boludo” es un idiota sino que hay también “boludas”, eso quiere decir que los calificativos en masculino necesariamente se adaptan a los femeninos. Muchas cosas cambian cada vez con mayor rapidez sin que nos demos cuenta.

Hasta que militares, civiles y clérigos tomaran el poder con la más perversa idea de gobernar en 1976, la política estaba en manos casi exclusivas de los hombres. No había mujeres en la política argentina, salvo casos excepcionales: Eva Perón, Alicia Moreau de Justo, y la rama femenina del Partido Peronista, otra de las innovaciones creativas del invento argento llamado “peronismo”.

Hasta que llegó el peronismo de la mano de Perón y el “ángel” de Evita, la política argentina era una pelea entre reformistas radicales y conservadores de levita, galera y bastón.

“De esto no se habla y esto no se toca”

Es necesario meterse en algunos datos para entender la política argentina.

Se calcula que en la Argentina la población es de 45 millones de habitantes. Un estimado de Naciones Unidas calcula que 2,6 millones son extranjeros no nacionalizados. En la última elección presidencial votaron sobre un padrón de 30 millones de inscriptos, 26.570 millones. Aproximadamente un 25% de los que votan tienen entre 16 y 30 años. Un 40% tienen entre 30 y 60 años. Un 12% entre 60 y 70. Los que tienen más de 70 no tienen obligación de votar pero representan casi un 10% del padrón. Otra característica del padrón electoral es que entre un 15 y un 20% no vota.

Sólo un 20% de la población (2 millones de familias) son las que viven bien. Las que pueden viajar, comer en restaurantes caros, tener uno o dos autos, casa propia o posiblemente dos. Compran ropa, son habitués a los shoppings y aparecen en la televisión cuando los reporteros hacen notas, hablando como “gente preparada”. En ese 20% (unas 8 millones de personas) sólo un 5%, es decir, 2 millones 200 mil personas. Son realmente ricas. Tienen ingresos económicos altos, superiores a los 20 o 30 mil dólares al año. Pero haciendo cálculos más finos apenas un grupo privilegiado de 300 a 500 multimillonarios acaparan en ingreso de unos 32 millones de argentinos. Y más profundo aún podemos saber que este año que terminó los 50 multimillonarios de la Argentina DECLARARON (no se sabe cuanto es lo que no declaran) bienes por casi 50 mil millones de dólares. ¿Alguien imagina contando esa cantidad de billetes? https://www.infobae.com/economia/2020/07/21/los-mas-ricos-de-la-argentina-quienes-son-y-cuanto-dinero-tienen-las-mayores-fortunas-del-pais/

 La realidad es que esa suma debería ser el doble o más tomando en cuenta que los bienes muebles que declaran son a precio de ABL y no del real. Además cada uno de ellos tienen una o más cuentas en paraísos fiscales. Los argentinos atesoran u$s222.807 millones en dinero depositado en el exterior, cajas de seguridad o lo que se conoce como “colchón”, según surge de datos oficiales calculados al primer trimestre del año.

https://www.ambito.com/economia/afip/cuanto-dinero-tienen-depositado-los-argentinos-el-exterior-n5114477

¿De qué estamos hablando?

Aunque no parezca estamos hablando de política, en varios sentidos.

La desigualdad no es nueva ni siquiera es desconocida. Sucede que aprendimos a convivir con ella. Y hay algo peor: un enorme sector de los que tienen poco o casi nada está penetrado con la idea de que esos que son sus explotadores representan el modelo de sociedad que quieren alcanzar. Este es el verdadero drama. Somos víctimas y sin embargo nos identificamos con nuestros victimarios. Y eso es en todo sentido. No sólo en lo económico. No se entiende, de otra manera, como un 40% de los votantes prefiere a quien se alza con los beneficios del trabajo ajeno.

Todo esto es política. Política es conceder a otros nuestros derechos de seres humanos. Concedemos que endeuden al país (que es nuestro) en nuestro nombre. Concedemos que concedan soberanía (que es nuestra). Concedemos que estipulen los impuestos, que fijen las relaciones con otros países, que establezcan las leyes y concedemos que los jueces disten los fallos y especialmente concedemos lo que se llama poder de policía, es decir, que en nuestro nombre repriman, apresen o maten.

¿Votar es hacer política?

No. Votar es entregar nuestra voluntad para que política hagan otros en nuestro nombre.

La democracia tenía algún sentido cuando los atenienses 500 años de Cristo, intentaban que una minoría elegida que separaba a las mujeres y a los esclavos pudieran en forma directa ejercer su derecho a gobernar.

Hoy la democracia como sistema de gobierno está herida y casi moribunda. Cuando desde EEUU elegir a los representantes del pueblo para que gobiernen se convirtió en un juego de marketing público la democracia se desmoronó.

La mayoría de los que votamos no sabemos que votamos. Todos nos movemos con slogans, simpatías y nos dejamos seducir como consumidores que nos enseñaron a ser.

Esta es una nota utópica.

Significa que no va a cambiar nada.

Pero igual la publico porque ejerzo un solo derecho que me queda: escribir lo que pienso. Informar de lo que sé. Intentar tener la conciencia libre. Abrir el inconsciente todo lo que pueda. Como siempre espero que toque a algunos en alguna parte del cuerpo o, como si existiera, del alma.

Un comentario en “Revuelto Gramajo. La Política, un invento argentino.

  1. Estoy en general de acuerdo, pero no en cuanto tu concepto de lo que es política. Todo es política porque como como se suele decir, el ser humano es un animal político. Y ello porque tiene conciencia de si mismo, de lo que le rodea y toma decisiones aunque su percepción sea equivocada. Sobre la democracia, se puede decir que nunca fue practicada tal como la conciben los que la nombran como ejemplo de libertad. Lo más cercano, en mi opinión, sería la democracia participativa directa; es decir, la que es ejercida con el compromiso de la mayoría, sin la tutela de líderes a quienes se le delegan las decisiones que afectan al conjunto de una sociedad.

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