Los ’80

Relatos con retraso.

Por Marcelo Cosin

Resulta que extrañaba mucho a mis dos hijitas que había dejado con su mamá en Buenos Aires y eso hizo que adelantara mi vuelta a Buenos Aires que estaba programada recién para cuando se acabara la dictadura cívico, militar y eclesiástica. Vivía en Caracas desde 1973 y tenía una hija y un hijo venezolanos. No pude esperar y llegué a Buenos Aires un 23 de noviembre de 1978. Pocos días después, aterrorizado, me preparaba para vivir una guerra con Chile producto de los conflictos fronterizos , especialmente con la península de Beagle. Un día como hoy, en plena navidad, me acuerdo que me paró un retén militar en la Panamericana a la altura de Ingeniero Maschwitz y me ordenaron que llevara hasta Rio Santiago a dos colimbas. En el viaje uno de los soldados dijo “que los chilenos se cuiden porque van a perder como en la guerra”. Lo escuché y no lo podía creer. “Pibe, esto no es un partido de fútbol, es la guerra”. Ahora pienso que este pibe, a quién llevé hasta Río Santiago, tiene 62 años. Una de esas es abuelo. Y, en mi caso, en ese momento tenía 36 años y estaba en condiciones de que me enrolaran como reservista de guerra si no hubiera sido por las participación del Cardenal Samoré que vino a arreglar el estofado. (El conflicto llegó a su punto culminante el 22 de diciembre de 1978 cuando la Junta Militar argentina ordenó la Operación Soberanía: invasión de las islas en disputa, retractándose de su ejecución, cuando el choque de la Escuadra de Chile y la Flota de Mar argentina era inminente. Conflicto del Beagle – Wikipedia, la enciclopedia libre es.wikipedia.org › wiki › Conflicto_del_Beagle).

En esos momentos tan difíciles trabajaba en una agencia de publicidad, Blotta&Asociados, en la calle Paraguay a metros de Maipú y del Florida Garden. La agencia manejaba la cuenta de Aerolíneas Argentinas y tuvimos que preparar un aviso de urgencia anunciando que la flota de aviones de la compañía de bandera del país estaba en plena adaptación de los aviones civiles para convertirlos en bombarderos de guerra. Fui a una reunión en la calle Perú y Avenida de Mayo y le presenté a Comandante en Jefe de la Aeronáutica el aviso que habíamos preparado que mostraba a un avión de AA en vuelo con un título que decía “Los aviones argentinos defendiendo las fronteras de la patria”. El jefe de publicidad de Aerolíneas preguntó si no sería bueno hacer un jingle para la radio con ese título. Le dije, un poco confundido, que tratándose de un aviso institucional en tiempos de guerra, mejor no ponerle música. Agosti coincidió.

Por suerte el aviso no tuvo necesidad de publicarse. Sin embargo ese día me enteré que el gobierno llamado del Proceso de reorganización Nacional había mandado a comprar treinta mil féretros de plástico. El número treinta mil, para mí criterio,  era algo más que casualidad.

Hoy, un paso que comunica a la provincia del Neuquén con Chile a través de la Cordillera de los Andes lleva el nombre de Cardenal Samoré, quién vino a pactar la paz entre dos terribles dictadores: Videla y Pinochet.

El ministro de economía era Alfredo Martínez de Hoz y era el que impulsaba la famosa “tablita” que no era otra cosa que un índice de devaluación del peso. En 1979 era peligroso ir de a tres en un auto. Eran tiempos en los que se veía a cada rato pasar los Ford Falcón con los canas que sacaban por las ventanas a relucir sus tartamudas o ametralladoras a repetición. Eran los tiempo en que pateaban las puertas para llevarse a cualquier perejil y con esa excusa afanarle todo lo que tenía en su casa.

(Relato con retraso 1) (Para revistas digitales, portales y blogs)

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