Yo, el otro y los demás.

Los fines de año coinciden con los balances, el pan dulce, los cohetes, los accidentes de auto, las discusiones en los festejos, los reclamos y las promesas. Y especialmente, en este año, año de pandemia, de sobresalto, de dolor por pérdidas muy sentidas.

Comentar la actualidad o hacer un balance sobre el año sería una redundancia. No tengo más comentarios que lo que aparece en las redes sociales y especialmente en las dos últimas cartas de CFK.Me importa más lo que puedo leer debajo del agua, o simplemente permitirme una lectura de lo que no se dice, se oculta, o no es lo más evidente.

Hay una pregunta que cada tanto hago: ¿de qué estamos hablando?Detrás de cada tema, de cada titular de los diarios o repeticiones como loros de frases que aparecen en Facebook, Twitter o Instagram hay un fondo, una trama, en el que se esconde otra cosa diferente a lo que se dice.¿Por qué pienso cómo pienso?¿Por qué creo en dios? ¿Por qué estoy a favor del aborto legal? ¿Por qué odio a los negros, o a los judíos o a los homosexuales?

Las creencias, los valores no son genéticos, son adquiridos. Más allá de la formación básica adquirida de la familia, la escuela, la iglesia, el club, los amigos, la ideología, las ideas básicas de una persona son consecuencia de una palabra amplia y constitutiva: la cultura.

Hay hijos e hijas de padres y madres progresistas, de izquierda, militantes sociales que fueron apropiados por fascistas, nazis y por lo tanto recibieron una formación y una manera de pensar igual o muy parecida a la de sus familias adoptantes.También, los menos, que pudieron percibir a través de otras fuentes otras ideas y lograron zafar de esa cultura cruenta y maligna.La grieta y un mundo desigual.

En un mundo de casi ocho mil millones de vidas humanas, más de la mitad sufre condiciones humillantes, hambre, pobreza. Sólo 2000 personas en el mundo tienen riquezas acumuladas por mas de 1000 millones de dólares. Dos mil sobre 8 mil millones. ¿Alguien puede imaginar cuando dinero es 1000 millones de dólares? (https://elordenmundial.com/vivimos-en-un-mundo-tan-desigual/)

Un ejemplo bastaría para demostrar que la grieta no es una brecha política, ni siquiera económica, ni tan solo cultural: la grieta no es otra cosa muy vieja: la lucha de clases.¿Para qué quiere alguien acumular una fortuna? ¿Por qué el que la acumula no es capaz de distribuirla entre quienes no tienen nada? ¿La tecnología tan avanzada no logra superar las diferencias enormes entres los que tienen más y los que no tienen nada?Dos ejemplo de nuestra actualidad pueden servir de modelo de lo que estoy tratando de sugerir.

La ley llamada Impuesto a la Riqueza y la ley de Aborto seguro, legal y gratuito.¿Qué hay detrás de 12 mil multimillonarios que se niegan a devolver un mínimo de su patrimonio para ayudar a millones que no tienen nada?¿Qué hay detrás de quiénes con hipocresía defienden las “dos vidas” cuando la realidad es que esas personas de dinero cuando tienen que abortar lo hacen en clínicas o con médicos que otorgan seguridad y cuidado y niegan a que el Estado haga lo mismo con millones de mujeres que mueren en abortos baratos o caseros sin respaldo alguno?

La falsa moral, la hipocresía, el desentendimiento del otro y la otra, forman parte de un mundo que se volvió absolutamente desigual.La verdadera lucha detrás de cada una de estas leyes, de estas manifestaciones, no es otra que una lucha por la igualdad, la justicia y en contra de la cultura neoliberal que impuso en el mundo un estilo de vida que aparentemente beneficia a unos pocos.

Y ni eso.

El banquero Jorge Brito subió a un helicóptero declarando que llamaba a una desobediencia civil para no pagar un impuesto a la riqueza, es decir a una desobediencia para que millones de pobres pudieran con su tributo estás apenas un poco mejor.Murió en un accidente. Se fue de este mundo igual que un indigente: sin nada.No pretendo encontrar moralejas inútiles.

Apenas pretendo volver a pensar.

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