Hoy a la madrugada soñé con Alfonsín.

Sí, soñé que hablaba con Raúl Alfonsín.

Este es el apunte mi sueño.

Yo estaba sentado en un sillón clásico, esos de orejas a los costados, de felpa verde, con la tela un poco gastada. Raúl estaba sentado también pero en uno de los brazos del sillón. Por eso el estaba un poco agachado, hacia mí, escuchándome.

Le decía a Raúl Alfonsín:

“Raúl usted no ganó ni por la plataforma, ni por el pacto síndico militar, ni por la campaña publicitaria. No, Raúl. Usted ganó porque usted representaba a un padre protector, capaz de dar seguridad a un pueblo huérfano. Lo bueno era que usted no necesitaba actuar de padre comprensivo. Era evidente que usted era así. No era necesario que fuera creíble. Lo que usted decía era verdad y se le creía. Ahora Raúl nos pasa que este pueblo tiene confundido los padres. Mire, Raúl, Alberto es un gran presidente, como a usted le tocó lo peor. A usted Raúl le tocó gobernar con el aliento en la nuca de los militares. A Alberto le toca gobernar con el aliento en la nuca de la muerte de la pandemia y para peor con los hijos y los nietos de los golpistas patean do las puertas. Usted, Raúl, ¿no puede volver? Raúl se acercó a mi oído y me susurró: ¿pero que quiere que yo haga, Marcelo?

Me desperté seguro que lo que había soñado era trascendente. No se si lo que escribí son las palabras textuales de mi sueño. ¿quién lo puede saber?, pero no tengo dudas que soñé con Raúl Alfonsín y que él me escuchaba atentamente.

Antes de escribir este sueño pensé mucho. Durante toda la mañana no pude hacer otra cosa que pensar en el sueño. También pensaba en escribirlo o no. Tengo la sensación que hace falta producir un efecto que nos ponga a todos en la realidad, en el peligro de los que están fuera de sí. Estoy seguro que los enemigos son pocos, poderosos e incapaces de retroceder un paso de sus metas de poder.

Como suele suceder con el peligro no está a la vista con un cartel rojo con una calavera. Esta ahí, presente como un fantasma. Un día llegó Aramburu, otro Onganía, Lanusse, Videla, pero también llegó Menem, de la Rúa y Macri.

Hace un minuto escuché en radio 10 a Méndez preguntando si lo de Duhalde no fue una alerta.

Hace falta producir un evento. Hace falta que Alberto y Cristina juntos den un mensaje de unidad del 60 o 70 por ciento de los que aún estamos en contra de la derecha.

No creo en los mensajes del más allá. Pero soñar con Alfonsín me dio esperanzas.

Una de esas, una de estas noches sueño con Perón o, mejor, con Evita.

Marcelo

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