Oisland

(Fuera de la aldea)

De Marcelo Cosin

La escena transcurre en la sala de una casa de una típica aldea judía, Svenigorodka, a 17 kilómetros de Kiev, Ucrania,. En el foro, una ventana y una puerta que comunican con la carpintería que mira a la calle principal de la aldea. Las escenas transcurren en una cocina-comedor. En el centro una gran mesa rústica, con sillas, en uno de los laterales la cocina a leña y estantes para untensillos, en el otro un sillón hamaca, una máquina de coser, un samovar, un aparador.

Los personajes:

Rosa: la hermana menor, 16años

Paula: la hermana del medio, 18 años

Clara: la hermana mayor, 22 años

Shlomo: el “novio” de las hermanas

La voz de Mijail: dependiente carpintero de 25 años

La voz de Mote: aprendiz de carpintero de 20 años

La historia: Shlomo, un muchacho judío de 21 años, antes de embarcarse con su padre y un amigo para emigrar a América, decide iniciar un periplo de despedida por las aldeas cercanas a la suya, intuyendo que es un viaje “para siempre”. En esas circunstancias conoce a Rosa y a su hermana Paula, y a través de ellas a Clara, la hermana mayor. Intiman unas horas de un domingo de verano y hace una promesa: “mandar a buscar” a alguna de ellas una vez que él se instale y eche raíces en la nueva tierra. Las tres hermanas, por motivos reales o aparentes, sienten que cada una de ellas será la elegida para emprender el camino de “oisland”, un lugar extranjero, “fuera de acá”.

Escena 1

(Mientras el público ingresa, Clara, la hermana mayor está en la sala, en el área de la cocina, preparando la cena. Tararea una canción en idish. Cada tanto mira por la ventana (desde la cual se ve la calle).

Por la puerta del foro ingresan Rosa y Paula hablando simultáneamente y encimándose. Están excitadas. Hablan en voz muy alta. Clara las observa y se aturde o gesticula aturdimiento.

Paula: (a gran velocidad y sin interrumpirse). Lo que más me gustaba era como movía las manos y especialmente cuando se reía que echaba la cabeza para atrás y después se agarraba la barriga como si le diera retortijones y se seguía riendo y decía que me duele la panza de tanto reírme y el amigo le decía a Shlomo, pará de reírte, qué van a pensar las chicas de vos y vos Rosa te contagiabas de la risa de él o por lo menos a mí me parecía que te reías para que él note que te reías de las cosas de la que él se reía…

Rosa: (simultáneamente a Paula) … porque vos no parabas de hablarle y él ni te escuchaba no sé sí por la risa o porque ni te entendía lo que le decías pero el amigo no podía decir ni “a”, tanto que vos hablabas y sin dejarle un minuto ni un segundo para que el pobre pueda por lo menos decir lo suyo…

Interponiéndose entre las dos, Clara con las palmas de las manos hacia abajo, dando a entender que bajen la voz y al mismo tiempo chistando para que las hermanas se callen.

Clara: (imponiendo su voz). Basta, basta las dos…cállense que no se les entiende nada, no se sabe que están diciendo, ni nada… basta. (Pausa)…basta.

Las tres se dispersan. Paula va hacia la olla que está en la cocina y levanta la tapa con la intención de probar un bocado de lo que se está cocinando. Detrás Clara, que no la deja hacer, arrebatándole la tapa de la olla. Rosa corre la cortina de la ventana (que da a la calle) y mira con expectativa de encontrar algo o a alguien. Rosa se sienta a la mesa, abre un costurero que está a su lado y comienza a zurcir una prenda. Se acerca Clara, le acaricia el pelo y a un costado, a horcajadas, se sienta Paula.

Paula: Conocimos unos muchachos que se van “oisland” …

Rosa: Shlomo se llama uno…

Paula: Shlomo es el más lindo

Rosa: ¿lindo?… ¿qué le viste de lindo?

Paula: Bueno, entonces vos podés quedarte con Hershl

(Una vez más las dos hablan al mismo tiempo mientras se convierte en discusión y enfrentamiento físico. Y también una vez más interviene Clara para separarlas)

Clara: ¡¡¡Terminen de pelear!!! (Levanta la voz). Quiero (dice pausadamente) que una a una y sin hablar al mismo tiempo me cuenten que pasó en la calle y quién es ese tal Shlomo y qué tiene que ver con ustedes y que es eso de irse Oisland.

(Clara mira a las dos chicas. Cada una sigue con lo que está haciendo. Rosa zurce la prenda y Paula desgrana un pan en el plato. Clara espera una contestación escrutando a una y a otra).

Paula: (A Clara). Bajamos la cuesta y en el abasto de verduras de la señora Rasha estaba comprando naranjas este muchacho Shlomo y su amigo que son de Vatutine[1] y vinieron a Svenigorodka, en gira de despedida. La semana que viene saludarán a unos familiares, un hermano que se casó con una chica de Kobrín y que ya tiene dos hijos. Shlomo es violinista y su papá un sastre que ahora se quedó sin clientela por culpa de los cosacos que en la última caballada rompieron la máquina de coser y todos los moldes de trajes y chaquetas. Ellos, tienen un pariente en un Oisland, dicen que América, que ya está ahí y los espera una vez que lleguen en un barco que sale dentro de poco de Odessa y va hasta otro lugar donde otro barco los lleva muy, muy lejos … Oisland.

Clara escucha atentamente. Cada tanto se toma la cara con ambas manos y limpia su sudor con el delantal que lleva puesto. Rosa no deja de zurcir con empeño, sin sacar la vista de la prenda. Cada tanto corta un hilo con sus dientes y sigue con su trabajo. Cuando Paula hace una breve pausa, Clara aprovecha para repreguntar.

Clara: ¿Y por qué se reían tanto que les daba dolor de panza?

Las dos chicas, Rosa y Paula, se miran, bajan la vista y no pueden contener un acceso de risa compulsivo. Clara se mantiene seria y contemplativa. Espera con paciencia que las dos hermanas se calmen y recuperen la conducta seria. No tardan en hacerlo.

Clara: No vuelvan a hacerse las tontas y cuéntenme que era eso que los muchachos decían y les causaba tanta gracia, en fin, quiero que no me oculten nada de lo que pasó en la calle antes que decida hablar con papá y que sea él quién se ocupe de poner las cosas en su lugar.

Rosa: (Mira con complicidad a Paula). (Se dirige a Clara). Nada del otro mundo, hermana. Son muchachos judíos, por supuesto, y como no son de acá vienen con cosas nuevas, diferentes a escuchar a Mijail o Mote, siempre con las mismas estupideces, los mismos chistes tontos y sus historias de haberse escapado de la guerra. ¿No es cierto Paula?

Paula: Es cierto Rosa.

Rosa: ¿Viste Clara? Eso es todo.

Clara: Todo esto me suena a mentiras, mentiras y mentiras. Demasiado simple para tanta risa y tanta pelea entre ustedes dos.

Paula: Puede ser, pero vos no sos mamá.

Rosa: Y aunque te hagas la grande, todavía te falta mucho para mandarnos y exigirnos verdades.

Clara: Me deben respeto porque soy la hermana mayor.

Paula: Si sos la mayor deberías hacerle caso a papá y a la bobe[2] y aceptar que la shajde[3] te va a conseguir un buen partido para casarte.

Clara: (ofuscada). Cállense mocosas. Mucho cuidado con faltar el respeto. Y si no me quieren contar que pasó con esos muchachos no me cuenten, pero prepárense para aceptar las consecuencias. Se van a terminar las salidas por el pueblo sin que yo vaya o algún mayor las acompañe.

Rosa se tapa la cara con la prenda que estaba zurciendo y llora. Paula se levanta de su silla y se arrincona frente al armario. Clara se levanta y consuela a Rosa, acariciándola.

Clara: (A Rosa) Sos la más chica Rosi, la más mimada, la preferida de papá… ¿por qué llorás? ¿Qué grandes problemas tenés?

Rosa: (A Clara). Ese muchacho me va a mandar a llamar desde Oisland y me va a ofrecer matrimonio y yo me voy a ir, me voy a ir a casar con él cuando me mande llamar. No me quiero quedar acá. No quiero volverme vieja como vos, esperando que una Shajde me consiga un buen partido sin más.

Se acerca silenciosamente Paula por detrás de Clara y Rosa. Y escucha el parlamento de Rosa.

Paula: (A Rosa) ¿Se puede saber qué es lo que dijiste acerca de casarte e irte Oisland cuando Shlomo te mande llamar?

Rosa: Lo que oíste, ya que estabas escuchando.

Paula: Me parece que oí mal o por lo menos lo que dijiste es una gran mentira…

Rosa: (levantando el tono) …escuchaste muy bien y dije la verdad. Eso me lo dijo Shlomo cuando subíamos la cuesta y pasábamos por la casa del Rabi[4] Krañavsky.

Paula: Pues te estaba haciendo una broma, porque antes de subir la cuesta y cuando él me dio una naranja y con su navaja hacía un agujerito para chuparla me prometió que si yo le contestaba sus cartas él me mandaría un pasaje de barco para Oisland.

Rosa: La broma te la hacía a vos, porque bien me di cuenta que cuando te daba la naranja a mi me hacía una seña levantando sus cejas y una mueca como diciendo “mirá como me burlo de ésta”.

Paula: ¿Tonta retonta, no te das cuenta que a vos te miraba cómo una nenita y a mí cómo a una mujer?

Rosa: (agresiva): Yo también ya soy mujer…y muy mujer ¿sabés?

Cuando Paula esta dispuesta a contestarle con intenciones aun más duras, Clara se interpone y las separa.

Clara: ¡Otra vez no! Suficiente. Ya me imaginaba que aquí pasaba algo más serio. Un muchacho que en un día sólo, les promete a dos hermanas mandarles pasajes para Oisland, así cómo sí, sin la más mínima responsabilidad. Se terminó, chicas. Acá no se habla más de este muchacho Shlomo. Historia pasada. Parece un goy. No tiene la más mínima intención de mandar nada a nadie. Se divirtió con las dos.

Pierdan cuidado, no voy a contarle nada a papá. Queda entre nosotras tres.

¿Y encima dicen, que ese Shlomo era lindo? Ajj…Oi oi oi.

Apagón

Escena 2

(Cambia la luz. Es de día, un lunes. La escena muestra la sala-estar vacía. En la carpintería, (que no vemos) hay movimiento. Dos dependientes que nos vemos, canturrean mientras trabajan. Se escuchan voces, risas, martillazos y el accionar de un serrucho y cada tanto de un formón).

Voz de Mijail: Y, a veces, el único amigo que uno tiene, es el vodka.

Voz de Mote: yo prefiero una amiga de carne y hueso…

Voz de Mijail: vas tener que ir a buscarla a Kiev, salvo que te resignes a casarte

Voz de Mote: no me voy a quedar toda la vida esperando que una  buena chica judía se apiade de mí.

Voz de Mijail: Idiota… si sos un tontito aprendiz de carpintero, más que esperar que una chica judía, buena y linda, se apiade de vos, primero vas a tener que engañar a un padre de esa chica… demostrarle que tenés…”futuro”…plata, bienes…

Promediando el diálogo de los carpinteros, entra por un lateral Clara. Trae arrastrando un atado de maderas, que los acomoda en un rincón de la cocina.

Por un instante intenta escuchar el diálogo de los dependientes. Pero este se va perdiendo por los ruidos de las herramientas. Clara va de un lado a otro, atareada y dispuesta a encarar la preparación del almuerzo.

Por la puerta del foro, la que da a la carpintería, entra Paula. Se incrementan los ruidos y voces de la  carpintería. Paula, antes de cerrar tras de sí, contesta a uno de los dependientes.

Paula: (a Mote). No creo que te pongan una silla a la mesa del calabat shabat[5], ni que yo tenga ganas de pasear el sábado después la cena, ni tampoco creo que se me ocurra escuchar como cantás tus infantiles canciones.

Mote (la voz del lado de la carpintería): Ya vas a ver… tu papá me prometió que si termino la mesa… me invita.

Paula cierra la puerta, mira el sobre que trae en sus manos, y corre a abrazar a Clara, quien intenta sacársela rápido de encima.

Clara: ¿Qué pasa Paula? ¿De dónde sale tanto amor por la hermana? ¿Qué estas necesitando de mí?

Paula: ¡No me vas a creer!

Clara: Despacio, despacio… ¿qué es lo que no voy a poder creer? … que historia nueva traes del mercado.

Paula: ¡Esto! (muestra el sobre a Clara)

Clara: (intentando arrebatarle el sobre a Paula, que levanta la mano en lo alto para evitar que se lo saque) Dame eso…dame esa carta…dámela Paula…

Paula: (entregando el sobre a Clara)…prometeme que la vas a leer completa sin guardarte nada de lo que dice…prometeme Clara

Clara: (leyendo la escritura en el sobre)… Paula, quiero que sepas que esta carta no está dirigida a vos…

Paula: (interrumpiéndola bruscamente) ¿Cómo que no es para mí?… Es mentira…una mentira tuya…

Clara: Dejame terminar…no está dirigida a vos…sola…está dirigida a Paula y Rosa Kaminietzky…

Paula: ¿Cómo?… ¿a las dos?…no puede ser…a las dos (defraudada)

Clara: Así es Paula…así que cuando Rosa llegue de la casa de la tía Malke, abriremos el sobre y se las voy a leer a las dos.

Paula: Clara, Clarita…te pido por favor…te pido por la memoria de la bobe Emma…te pido por lo que vos más quieras…que la leas ahora, a mí sola…Clarita…a mí sola, por favor.

Clara: (abrazando a Paula)…imposible Paula…en el sobre dice para Paula y Rosa Kaminietzky…

Paula: y bueno…primero dice Paula… ¿no?

Clara: pero después dice…Rosa…

Paula: ¿La carta es de Sholomo, verdad?

Clara: (Dando vuelta el sobre y leyendo  el remitente)…Si es de… (relee en voz alta): Salomón Kordon … me imagino que es Shlomo… Salomón Kordon, calle Luís Viale 729, Paternal, Buenos Aires, Argentina.

Paula: es Shlomo… y eso que dice atrás…es Oisland…¿es Oisland?.

(Se abre la puerta que da a la carpintería y entra Rosa que contesta a uno de los carpinteros que está trabajando)

Rosa: Mejor que termines la mesa calladito la boca sin hacer tantos chistes y cuando papá vuelva esté terminada…porque si no… me parece que se te van a terminar las ganas de hablarme sin permiso.

(Paula cierra la puerta de un portazo, sin darle tiempo al carpintero de contestar)

Paula nota que algo pasa entre sus hermanas y ella. Las mira. Las tres en silencio. Paula interroga con la mirada. Se acerca a Clara que intenta ocultar el sobre. Pero queda en evidencia. Antes que Rosa interrogue a una de las dos, Paula se adelanta.

Paula: Llegó carta.

Rosa: … ¿de Shlomo?

Clara: si…para las dos…

Rosa: ¿Cómo para las dos…que dos?

Paula: y sí, como dice Clara…para mí y para vos…

Rosa: ¿qué nombre pone primero?

Clara: pone el…

Paula (interrumpe bruscamente): ¿qué importa que nombre pone primero?

Rosa: importa, claro…porque pone el mío primero…

Clara: una vez más (interponiéndose entre Paula y Rosa)… ¡basta! Les voy a leer la carta. ¿Alguna de ustedes dos le dijo a Shlomo que no saben leer ni escribir?… (Las dos hermanas niegan con la cabeza). Bueno, veamos que dice el muchacho desde Oisland.

Clara rasga el sobre con cuidado y tomándose el tiempo necesario. Es especialmente lenta en el proceso. La luz baja pausadamente hasta negro total.

Spot ilumina la mesa y sobre ella, parado, al estilo de un bailarín ruso, vestido con bombachas de gaucho, botas, espuelas y poncho criollo, aparece Shlomo. Rodeando la mesa, las tres hermanas. Shlomo actúa la carta como una escena “teatral”, una narración, un cuento. Tiene a mano su violín, un mate, un paquete de yerba Nobleza Gaucha y una bombilla. Las muchachas asisten y festejan, como si fueran un público de la carta.

Música de danza rusa.

Shlomo: (voz off): Buenos Aires, septiembre 10 de 1907.

 Estimadas amigas: Tal como les prometí, aunque con un poco de demora, me dispongo a contarles, desde tan lejos, desde el otro lado del mundo, mis impresiones, imágenes, anotaciones y sentimientos que espero les resulten interesantes y puedan de esta manera hacerse una idea de lo que es estar, como decimos en nuestras tierras, OISLAND.

El viaje sirve, entre otras cosas, para ir acostumbrándose a una vida que no tiene nada que ver con la que, yo por lo menos, vivía en mi aldea, tan cerca de la de ustedes. En ese barco enorme, un barco italiano, el Comte Grande, una vez que zarpa, a los pocos días, se ve la costa, la tierra, por última vez y después todo es redondo, todo es azul, verde o gris, depende, y los grandes cambios son un sol que aparece y hacia la tarde desaparece. Desde nuestra aldea pocas veces confundimos el cielo con nuestras praderas verdes. No es lo mismo en ese barco. La tierra no se mueve, el barco si. El cielo es cielo y océano. El barco es lento, el tiempo en la tercera clase transcurre mucho más lento aún. Nadie dice nada, pero todos tenemos miedo. ¿Qué pasa si el barco se para en la mitad de la nada de un agua inmensa? A veces, parece, que el barco se detiene y cuando eso sucede el corazón es una máquina que se acelera. Cuarenta y cinco días de barco, muchachas, lo preparan a uno para bajar a tierra, besarla, mirarlo todo, aspirar el aire nuevo.

Estoy en La Argentina, la pampa, la América, la tierra nueva, el mundo nuevo. Una hora después de pisar tierra firme, estaba subido a un tranvía, el número 12, y sin saber cómo, mi papá pudo decirle mirando un papel que llevaba en el bolsillo de adentro de la chaqueta, al guarda del tranvía, unas palabras claves que nunca, nunca, voy a olvidar: “Avenida San Martín y calle Luís Viale”. Magia, pura magia. El guarda, que tenía una gorra como de militar, dijo si con la cabeza, le dio dos pedacitos de papel, boletos se llaman, que sacó de una especie de alcancía, nos sentamos en unos bancos de madera y mirábamos por la ventana como pasaba por ahí esta ciudad inmensa, llamada Buenos Aires, llena de gente, con sombreros, trajes y corbatas. En esa calle con nombre de persona, Luís Viale, vive el cuñado de nuestra vecina de Bialistock, que nos esperaba justamente para esos días en que llegamos, con un “mate”, “yerba” y “bombilla”, que, para que voy a decirles de que se trata, si es imposible de contar. Pero la casualidad no es sólo cosa de nuestra tierra. Acá también hay casualidad. Vivo en la calle Luís Viale y yo soy de…Bialistock. Como dijo el cuñado de nuestra vecina, el paisano que nos acomodó en su casa y nos dio trabajo a papá y a mí, “es fácil de acordarse de la calle en que vivimos, Luís es Leibl, Leibale, por eso, cuando salgo y un paisano me pregunta dónde vivo, le contesto…en Leibale Viale.

Esta es la primera carta, muchachas de Volskovyk. Pero no la última. Tengo miles de palabras guardadas y la música se escapa de mi violín. Trabajo de sol a sol. Seis días de la semana. Pero los domingos, los domingos de Buenos Aires, chicas, son únicos, soleados, ventosos o mojados, con tango, asado y… teatro.

Para despedirme. No puedo dejar de tener en mi mente la imagen de las chicas de Volskovyk que suben la cuesta de la calle principal y se pierden en la curva. No pienso no volver a verlas. Están en mi corazón, en mi espalda y en mi cabeza. Acepten que les deje un beso, el que nunca les pude haber dado, aquel día, antes de partir Oisland.

Post Data: Aunque no la conozco, dejen un saludo muy afectuoso para vuestra hermana Clara, de quién tan bien me hablaron.

Firmado, Sholomo

La luz baja hasta negro y sube lentamente. Clara lee la última parte de la carta de Shlomo.

Clara: …antes de partir Oisland. Aunque no la conozco, dejen un saludo muy afectuoso para vuestra hermana Clara, de quién tan bien me hablaron.

Firmado, Sholomo

Rosa: Leela otra vez Clara…

Paula: si una vez más…

Clara: Para nada. No hace falta. Y hay muchas cosas que hacer antes del almuerzo. Papá entrará en menos de diez minutos y todavía no preparé la comida, ni siquiera puse el pan al horno. Y ustedes, dejen de “mainzes”[6] y ayuden a poner la mesa, lavar y pelar las papas y a encender el fuego.

Escena 3

Clara está en la sala. Termina de lavar los platos y acomodarlos. Se saca el delantal y se acomoda en la silla hamaca. De un bolsillo saca el sobre con la carta de Shlomo y la lee apenas moviendo los labios. Cada tanto se sonríe. Finalmente la vuelve a guardar en el sobre y la guarda en su bolsillo. La luz baja y comienza una canción en idish muy romántica y suave.

Clara: (Mirando al techo). Habla con Dios (?). Y a mí, ¿qué me vas a dar como tarea? ¿Soy tan vieja que las únicas que hablan de amor y futuro son mis hermanas? ¿Tengo que olvidarme de dar besos, caminar tomados de la mano con un “josn”[7], ponerme un vestido largo y blanco…irme Oisland?

Un spot ilumina un sector oscuro del escenario y descubre a Shlomo; es un compadrito orillero de la década del 1910. La melodía en idish funde a una milonga. Clara se para, se acerca a Shlomo, él la toma en sus brazos y bailan la milonga. Cuando termina el baile, Clara se separa de él y corre hacia un lateral para refugiarse en la cocina.

Clara: No me haga tener ilusiones Shlomo, por favor se lo pido.

Sholomo: (recita, acercándose a Clara)

[8]En la soledad de tu cuarto de soltera esta el dolor.
Triste realidad, es el fin de tu jornada sin amor.
Lloras y al llorar, van las lágrimas templando tu emoción;
En las hojas de tu viejo novelón te ven sin fuerza palpitar.
Deja de llorar por el príncipe soñado que no fue junto a ti
a aportar el rimero melodioso de su voz tras el ventanal.
Mientras, pega la llovizna en el cristal
Con tus ojos tan cansados de llorar, un paisaje de amor.
 

Sholomo se acerca tiernamente a Clara. (Es como una escena de las películas de Carlos Gardel de los 30).

Sholomo: (arrabalero, gardeliano). Clara, hay una vida después de la frontera. Nos enseñaron a mirar hacia abajo o hacia el cielo. Pero hay un paisaje nuevo mirando al frente, Clara. Muchas cosas están cambiando, y en los ojos de los demás encontrarás tus ilusiones. Hay otras noticias que llegan del mundo, un mundo con mujeres que acompañan a sus hombres a trabajar, a luchar por sus hijos, a construir un presente y no sólo un futuro.

Clara: (romántica)…Shlomo, lléveme con usted Oisland. Yo soy una mujer. Se lavar, planchar, cocinar, se cuidar de los niños. Shlomo, tengo mucho más para dar…puedo darle amor, Shlomo…

La imagen de Shlomo va oscureciéndose  y queda iluminada Clara en la misma posición inicial, hablando con Dios, mirando al techo (cielo).

Clara: (a Dios) Ayudame Dios mío a que Shlomo me elija a mí para ir Oisland, Dios mío, Dios mío…

Apagón.

 

Escena 4

Es de día. En la sala hay un resplandor de sol, de primavera. La puerta que da a la carpintería está entreabierta. Sentadas a la mesa están Paula y Rosa. Paula zurce una prenda muy concentrada. Rosa pinta un cuadro naif.

Desde la carpintería llegan los clásicos sonidos de una carpintería artesanal. Paula se acerca a la puerta que da a la carpintería con intención de cerrarla, pero se queda escuchando un diálogo entre los dependientes, Mijail y Mote.

Voz off de Mote: Me lo dijo el asistente del Rabí Krañavsky

Voz off de Mijail: y a él quién se lo dijo…

Voz off de Mote: lo leyó en el diario que llegó de Kiev.

Voz de Mijail: hay que avisarle al patrón…

Voz de Mote: con los Cosacos a caballo… no hay nada que avisar… hay que esconderse.

Paula cierra la puerta violentamente y se queda apoyada en ella.

Paula (a Rosa): escuchaste Rosa…

Rosa: si escuché qué…

Paula: lo que le dijo Mote a Mijail… se vienen los cosacos…

Rosa: (deja lo que está pintando)… ¡los cosacos!

Paula: Hay que esconderse…eso es lo que dice Mote

Rosa: ¡Mote es un cobarde!

Paula: No digas eso de Mote, Rosa. Somos judíos ¿no?

Rosa: Sí, somos judíos y qué…nunca nos defendemos, nunca nos organizamos para pelearlos. Odio la cobardía.

Paula: Hablás como una goie[9] Rosa. Vivimos en una aldea judía. Somos judíos. Nuestros enemigos nos quieren matar. Nos odian Rosa. Todos los que no son judíos nos odian. No tenemos patria, no tenemos nuestra tierra. Vivimos como gitanos.

Rosa: Prefiero ser gitana, no judía.

Paula se aterra con lo que acaba de escuchar. Corre hacia Rosa y le tapa la boca con una mano.

Paula: Que no te escuche papá, Rosa. Sos loca. Estás loca. Nuestro orgullo es ser judíos. Somos el pueblo elegido. Nadie es como nosotros.

Rosa: ¿entonces será por eso que todos nos odian?…porque somos los elegidos de Dios. Mil veces prefiero no ser tan  “los elegidos” y que nos persigan menos, que nos odien menos, que nos quieran más.

Paula: no sabés lo que decís…sos muy nena, muy pequeña. Alguien te debe poner la cabeza así con esas ideas…antijudías, antisemitas Rosa, ideas antisemitas.

Rosa: Nadie me llena la cabeza, Paula. El día que Shlomo se fue Oisland, cuando íbamos caminando él me hablo…me habló de la libertad, me habló de ser uno mismo. Me dijo que Dios es un invento de los hombres.

Paula la interrumpe violentamente. Zamarrea a Rosa como para despertar a una persona que esta dormida o inconciente.

Paula: Shhh…callate Rosa, Por Dios, callate. Lo único que falta es que papá te escuche blasfemar. ¿Querés que papá se muera de un ataque al corazón? ¿Eso querés?

Rosa: ¡Basta de zamarrearme Paula! Basta. Yo soy yo y no un títere de papá o de Clara o tuya. Pienso lo que quiero. (Pausa).

Paula: Sos muy chica para pensar lo que quieras.

Rosa: y quién me va a obligar a pensar de otra manera, ¿vos?

Paula: Yo no, Rosa. Papá. Papá te va obligar. Sos judía Rosa. No Comunista.

Rosa: en Oisland voy a ser lo que yo quiera, Paula. Les guste o no. A vos, a papá y a quién me quiera obligar a pensar de una sola manera.

Apagón

Escena 5

Spot sobre la mesa de la sala. El resto del escenario a negro. Desde atrás, y de un salto sube a la mesa, como si fuera un escenario, Shlomo. Esta vestido a la moda del 1910. Camisa de cuello redondo, con corbata y travita . Saco ajustado al cuerpo, con los tres botones abrochados. Chaleco. Zapatos abotinados. Sombrero aleado

Shlomo: (muy actuado, a la manera de un presentador de la época). 

Buenos Aires, 6 de febrero de 1910. Queridas amigas de Volskovyk, aquí les escribe Shlomo, o como me dicen acá Salomón, Salo o Shloime, para los amigos de la colectividad. En pocos días cumpliré tres años viviendo en Buenos Aires, Oisland, como decíamos allí. Aunque ustedes no lo puedan creer me siento un “porteño”. Si, un porteño es una persona de aquí, de la ciudad. Porteño, porque vivimos en el puerto, una entrada al mar desde un río marrón y tan grande que cualquiera puede confundirlo con un mar dulce. Hablo en castellano. Bueno, la mayoría de nosotros dice “castellane” y si bien entre nosotros, los paisanos, seguimos hablando en idish, poco a poco nos vamos acostumbrando y aprendiendo el nuevo idioma: el español, o el “castellane”. Mi vida es trabajo, trabajo, violín y teatro. Digo dos veces trabajo, porque además de ser un muy buen oficial sastre en el taller de Ropa de Trabajo de don Iankl Kohen, también participo de las reuniones del sindicato de los obreros del vestido y, estoy muy contento, porque los compañeros del taller me eligieron delegado. Pese a todo me queda tiempo para tocar el violín en los entreactos del teatro Soleil e ir a las conferencias que organizan  unos compañeros de la FORA[10] en el barrio de Constitución.

No todas son flores, amigas queridas. También en Argentina algunos se aprovechan de otros y estos otros no siempre saben que hacer. Acá estamos un poco asustados porque se dictó una ley que se llama de residencia[11] y tememos que injustamente puedan echarnos de esta tierra que estamos aprendiendo a querer y también darnos cuenta que esta gente, de esta tierra, nos empieza a querer a nosotros. Bueno, para ser sincero, no todos.

¿Y que dicen mis novias? La carta que recibí de Paula y Rosa (pero escrita por Clara, me dicen) se las nota un poco tristes y temerosas. ¿Podrían decirme quién de ustedes tres se anima a dar el paso de venir Oisland? No es una broma. Cada vez se hace más necesario pensar en una familia, una compañía, un amor. La foto que me mandaron es muy linda. Las tres están her-mo-sas.

Este año ya ahorré una tercera parte del pasaje de la “novia”. Papá le manda a mamá y a dos de mis hermanos los pasajes para venir en un poco más de seis meses.

Espero que me escriban y me cuenten cuáles son los proyectos para emprender el viaje a una “vida nueva”.

Las quiere, siempre de ustedes,

Shlomo.

Escena 6

Se apaga el spot que ilumina a Shlomo y lentamente aparece una luz nocturna, tenue, de lámparas a kerosene. La sala está irreconocible. Todas la cosas de la cocina están tiradas en el suelo. El aparador  y el samovar caídos. Todo está destruido. Sólo la mesa está intacta. Hay vidrios rotos en el suelo. La puerta que “daba a la carpintería” esta tirada, en el suelo. Por esa puerta entran Clara, Paula y Rosa. Lloran. Clara esconde la cara entre sus manos. Rosa y Paula se abrazan. Lloran. Clara toma un escobillón que esta en el suelo, lo levanta y comienza a barrer.

Clara: Desgraciados, hay bosta de caballo en el medio de nuestra sala. Desgraciados… desgraciados.

Paula: Destrozaron la carpintería, quemaron la madera…

Rosa: no me importan los muebles rotos, me importa que Mijail y Mote están presos…

Clara: (intenta recomponer la casa, acomodando): ni siquiera sabemos si están presos, o vaya a saber dónde están, si es que están…

Paula: Por suerte papá tuvo la ocurrencia de sacarnos a Kirovograd, sabiendo que llegaban los cosacos…

Rosa: Mejor hubiera sido llevarlos a Mijail y a Mote…

Paula:…ellos no son familia

Clara: No es momento, chicas, de echarnos culpas… los desgraciados son los cosacos…

Rosa:… y nosotros los cobardes

Paula: No te permito eso Rosa.

Clara: No peleen, por favor. Dios no permitas que mis hermanas peleen…

Rosa: Por supuesto que lo permite… y también permite que los cosacos nos pisoteen, y permite que los lleven presos a Mote y Mijail … permite, permite y permite tantas cosas que nadie puede realmente pensar que él sea bueno, sabiendo que tiene todo el poder para hacer el bien…

Paula: Estás insultando nuestras creencias, Rosa y eso no lo puedo permitir…

Rosa: Nadie te pidió permiso, Paula.

Clara mira impotente, con el escobillón en mano, la disputa entre las hermanas.

Clara: (al techo)…Dios mío no permitas esta pelea en estas circunstancias en mi familia. No lo permitas.

Rosa sale por la puerta que da a la carpintería. Paula intenta detenerla, pero la puerta le da en la cara.

Escena 7

La sala esta recompuesta. Más vacía. La mesa sigue intacta en el medio de la sala. Paula sentada. Clara pelando papas.

Paula: Quiero decirte que pienso hablar con papá…

Clara: No tenés por qué denunciar a tu  hermana Rosa por lo que piensa y siente…

Paula: No es eso lo que pienso hablar con papá.

Clara: ¿ah, no es eso?… ¿y cuál es el motivo de esa conversación que querés tener con papá?

Paula: Voy a escribirle a Shlomo pidiéndole que me elija a mí para casarme con él en Oisland. De eso voy a hablar con papá y voy a pedirle que me de el permiso.

Clara: ¿Escribirle?… En todo caso deberás pedirme a mí que le escriba en tu nombre… no sabés escribir, no sabés leer…

Paula: Es lo mismo, eso quise decir. En Oisland voy a aprender para escribirle a papá, a vos… (duda) a Rosa.

Clara: (comprensiva y risueña). Muchos planes antes de esperar la respuesta del interesado, ¿no te parece Paula?

Paula: Soy la más linda y además la preferida de papá.

Clara: (ríe)…Sos la del medio Pauluska. Ni tan linda como Rosa ni tan inteligente como la mayor… ¿te acordás?…eso decía mamá. (Ríe más)…la más simpática, agregaba siempre la tía Malke.

Paula: No te hagás la grande. Desde que mamá murió vos quedaste como la garantía de que papá no iba a necesitar casarse de nuevo…sos la novia de papá y la mamacita mía y de Rosa. (Agresiva contenida)… solterita, soltera, solterona.

Clara: No creas, mocosa. Soy una mujer y no una chiquilina analfabeta. Y por las dudas, buscate a otra que te escriba las cartas… estoy demasiado vieja para hacerte favores, según vos.

Paula: No te hagás problemas Clara. La Shajde también sabe escribir. Y seguramente, mejor que vos.

Clara: Perfecto tonta. Así todo el pueblo se va a enterar y si fracasas…se terminaron los pretendientes…tonta.

Paula: No voy a fracasar, no te voy a dar el gusto. La que va a tener que bajar la cabeza y aceptar al más infeliz del pueblo tendrás que ser vos.

Clara: Ya veremos, ya veremos

Paula se va por la puerta que da a la carpintería, dando un portazo.

Clara: (Al techo). Vas a ayudarme, o vas a admitir que Rosa, tiene razón.

Apagón

Escena 7

Oscuridad total. Un spot ilumina a Shlomo, sentado en la silla, hamaca. Tiene el violín entre sus manos. Otro spot sigue a clara que se sienta a los pies de Shlomo.

Clara: (sobreactúa la carta que lee): Volskovyk, abril 22 de 1910. Estimado Shlomo: Espero que la presente lo encuentre bien, en compañía de su padre y amigos de la ciudad de Buenos Aires. Esta vez, Shlomo, no debo hacer la aclaración acerca de mi misión de “escribiente” de mis hermanas Paula y Rosa. Y no lo hago, justamente, porque soy yo, Clara, la que quiere mantener con usted una correspondencia de persona a persona.

Antes que nada, quiero hacerle saber que sus cartas son muy emotivas, llenas de noticias y no carentes de humor, cosa que me doy cuenta, lo caracteriza.

No quiero dar más vueltas al motivo central de mi carta. Posiblemente, usted, no lo tome a bien, pero quiero expresarle que, en el transcurso de este tiempo, siendo intermediaria en la lectura de las cartas que usted escribe a mis hermanas y, al mismo tiempo, ser la intérprete de las que ellas le escriben a usted, no he podido, dejar de enamorarme… enamorarme de usted.

Ya lo he escrito y no pretendo volver a atrás, ni romper esta carta, ni siquiera arrepentirme.

Estos son mis sentimientos y como usted se refiere a mí en las cartas que envía, es posible que entienda cuales son mis intenciones. Sólo le pido, Shlomo, que, si usted rechaza mis pretensiones, simplemente no me mencione más en sus misivas, ni me mande saludos ni siquiera lo haga a través de interpósitas personas.

Espero su respuesta en caso de ser positiva. Si no es así, hasta siempre y le deseo el más grande de los éxitos en su vida personal y profesional.

Suya,

Clara Kaminietzky.

Escena 8

La mesa está servida. Es una cena de viernes a la noche. En la cabecera, el lugar del padre está vacío. De un lado Rosa y Paula. En la otra cabecera, Clara. Silencio absoluto. Cada una de las muchachas mira hacia su plato. El candelabro de siete velas está encendido.

Clara: Papá está por llegar. Espero que se sepan comportar y esta cena sea en familia y de paz. ¿Están de acuerdo?

Paula y Rosa siguen mirando sus platos. No levantan la cabeza.

Clara: ¿No me piensan contestar? Soy su hermana mayor.

Paula: (Sin levantar la cabeza): Siempre fuiste la preferida.

Rosa: (Levantando la cabeza y mirando de frente). A mi me alegra que hayas sido la elegida, Clara. Tenés alma de esposa, ama de casa, (siempre fuiste una buena “balbuster”), y de madre. ¡Qué seas muy feliz!

Paula: No va a ser ni la primera ni la última vez que a una le quiten el novio.

Clara: Shlomo nunca fue tu novio, Paula.

Paula: …el tuyo, tampoco.

Rosa: Un novio no es un juguete, un muñeco, por el que peleábamos cuando éramos chicas…

Paula: Si yo supiera escribir… Shlomo me hubiera elegido a mí…

Clara: No seas tonta Paula…él eligió a una mujer, a la más responsable de todas…

Rosa: Vamos Clara…él no eligió a nadie. Las que elegimos somos las mujeres…

Paula: (A Clara). Papá ya me dijo que voy a tener que ayudarlo a soportar tu ausencia…

Clara: Yo los voy a extrañar muchísimo a todos…a vos también Paula…

Rosa: Y nosotras a vos, Clara. ¿Quién va a cocinar?

Paula: ¿y limpiar?…

Clara: Y cuidar a papá…eso, cuidar a papá.

Paula: Clara, ¿vos nunca lo viste a Shlomo?…ni sabés cómo es… no siquiera sabés si es lindo…

Clara: (se levanta y de una caja saca una foto). Es él, me la mandó con la última carta. Está tocando el violín. En esta otra hablando en el sindicato. Parece un actor de teatro.

Apagón

En el medio de la sala Clara, parada, al lado de dos valijas de cartón, atadas con un cinto de cuero para que no se abran. Paula y Rosa a sus laterales. La escena comienza congelada. A medida que hablan, los personajes van tomando vida.

Rosa: Estás realmente linda, Clara…muy parecida a la bobe Emma.

Paula: es cierto, igual a la bobe Emma.

Rosa: ¿y vas a recordarnos siempre y a querernos?

Paula: ¿y a cuidarnos?

Rosa: ¿y vas a hablar en “castellane”?

Paula: ¿y a tomar mate con la bombilla?

Rosa: ¿y a bailar tango, ir al Parque Japonés, bañarte en el río marrón…?

Paula:…viajar en tranvía 12, vivir en calle Viale, ser de Paternal…

Rosa: (emocionada)…darte besos con Shlomo, casarte, tener hijos, mirarlo cuando toca el violín…Clara, Clara…te vas,

Paula: (se abrazan las tres)…Oisland…Oisland…Oisland

Se enciende el spot sobre la mesa, salta sobre ella Shlomo y  la ayuda a subir a Clara, a Paula y a Rosa.

Música: Arráncame la Vida, cantada por Chico Novarro y Andrea Tenutta.

Shlomo baila consecutivamente con Rosa, Paula y finalmente con Clara, a quien besa apasionadamente.

FIN


[1] Bialistok, Volskovyk y Kobrin, son aldeas de población judía cercanas a la frontera con Polonia.

[2] Bobe, es abuela en idish

[3] Shajde, celestina, casamentera

[4] Rabi, rabino

[5] Ritual religioso del viernes a la noche

[6] Mainzes, cuentos.

[7] Josn, novio, contrayente.

[8] “Nunca tuvo novio”, de agustín Bardi y Enrique Cadìcamo

[9] Goie, gentil, cristiana

[10] La Federación Obrera Regional Argentina (FORA) fue una importante federación obrera argentina fundada el 25 de mayo de 1901

[11] Se conoce como Ley de Residencia o Ley Cané a la ley 4.144 de Residencia sancionada por el Congreso de la Nación Argentina en 1902 que permitió expulsar de la Argentina a militantes obreros extranjeros, principalmente anarquistas y socialistas.

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