El creador Schussheim

El creador Schussheim.

Hay una gran diferencia entre ser creativo y ser un creador.Schussheim fue un creador, un inventor, un ingeniero del humor, un vanidoso orgulloso de serlo, un soberbio que admiraba su soberbia y la disfrutaba. El único competidor que Jorge admitía era su otro yo. Su ego. No alcanzan los adjetivos para calificar a este tipo tan diferente, tan único, tan admirado, tan odiado.Retomo la idea: creativo se llama generalmente a un publicitario que consigue de una manera original, novedosa y eficiente, contar una historia sobre una marca, un producto, un servicio o un político (da lo mismo). En el mundo se cuentan con los dedos de dos manos a esos prodigiosos creativos publicitarios. Acá, en la Argentina, los mejores creativos fueron esos tipos brillantes que supieron hacer justamente anuncios, avisos, spots, etc. que rompían los moldes generalmente conservadores, plagiados, de la publicidad. Hugo Casares y David Ratto fueron esas estrellas cósmicas de la publicidad. También lo fue Jorge Schussheim. Pero Jorge tenía una diferencia: él era un creador. Creó música y letras, creo conjuntos musicales, creo empresas, creo industrias, creo restaurantes y creo…un personaje: Jorge Schussheim.Muchos de los emprendimientos que inició Jorge, fracasaron. Tuvo una exitosa agencia de publicidad que terminó vendiendo a su socio Fernando Braga Menéndez por un cheque de escasos ceros. Fracasó en sus emprendimientos gastronómicos que eran ideas brillantes, con comidas exquisitas y menús escritos por él que eran verdaderos textos de literatura mayor. Su mayor éxito, la canción de la Coca Cola, nunca le dio un solo pesos. Tuvo un emprendimiento de campo, en Baradero, para criar chanchos, que conseguía muchos amigos que iban a comer asado.Tuvo autos de lujo, se compró un avión que el mismo piloteaba, construyo una casa en Palermo Soho con teatro incluido que tuvo que vender por no soportar que el barrio se pusiera de moda y lo incomodaran hasta el hartazgo los ruidos de los boliches vecinos.Fuimos socios varios años junto a Rubén Weinsteiner. Formamos S+C+W una consultora en estrategias de comunicación política. La misma que creo en el 2012 #YoNoVoy, el lema que se oponía a la marcha opositora a CFK por parte de los mismos que ayer organizaron el “banderazo” contra el gobierno de Alberto y Cristina. Esa vez, Patricia Bullrich, junto a Eduardo Amadeo y otros, siendo diputada pidió al Poder Ejecutivo un informe acerca de quiénes éramos y cuánto cobrábamos. Nada cobramos.Nos divertimos mucho, trabajamos mucho y nunca nos aprobaron ningún presupuesto. Jorge tenía la idea de cobrar exactamente 10 veces más de lo que yo pensaba que era razonable. Yo decía 2000 y Jorge pedía 20000. Así nos fue.El último trabajo que hicimos juntos fue para Gustavo López, cuando aspiraba a ser Jefe de Gobierno de la Ciudad. Esa fue la última pelea. Coincidíamos en que si algo no íbamos a hacer era un afiche con la cara de Gustavo López. Dos días después me mostró un aviso con la foto de Gustavo López. La pelea fue a los gritos. Como un inocente le dije: habíamos quedado que la estrategia era sin foto de Gustavo. Su respuesta fue la que esperaba:“La estrategia soy yo”.Jorge era un experto en inventar “historias verdaderas”. Contador de chistes judíos, inventor de anécdotas y sobre todo un relator profesional. Por ejemplo, le dijo a Luis Kon, su amigo entrañable y a Any Ventura en su programa de radio que yo había inventado para Raúl Alfonsín la famosa frase de “Un médico, allí”. Cuando yo mismo le decía que eso no era cierto y que fue un invento del mismo Raúl, ¿qué contestaba, Jorge? Nos conviene que hayas sido vos el que inventó eso.Contaba en forma reiterada que su suegra, la mamá de Lía Jelín, yendo en auto a Baradero, una vez le preguntó, “Jorge, cuanto falta para Ingeniero Auschwitz”. No era cierto, pero era tan gracioso como lo contaba que un o quería escucharlo cien veces.Más de una vez adjudicaba una anécdota a uno y a otro amigo. Nadie se animaba a decirle que eso ponía en evidencia sus fantasiosas leyendas.Viajando a Rosario para hacer una presentación a una agrupación política, con Rubén Weinsteiner, nos dimos cuenta de que algo le pasaba. Iba al baño a cada rato. Le dije si le pasaba algo, si se sentía mal, Me dijo: “es algo que ya conozco, meo sangre, eso quiere decir que tengo un cáncer de vejiga. Ya tuve una vez ese cáncer y se opera, no es nada. Y no vuelvan a preguntarme qué me pasa”. – Jorge, es una locura, cuando lleguemos a Rosario vamos a una clínica.- Ni en pedo.- No seas boludo, te vas a morir.- ¿Morir? Ese es un problema para los otros. No para mí.Y así fue. La muerte de Jorge nos deja a muchos huérfanos de su humor, su talento, su soberbia y sobre todo de su creación.

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