Esconder la basura debajo de la alfombra.

“No me amargues el día, no me deprimas, hay que ser optimista, siempre que llovió paró, no pasa nada, hay que olvidarse de esto, la vacuna viene a fin de año, fíjate en Europa, volvió el fútbol , este es un invento de los chinos, son los comunistas que quieren volver, etcétera”.

Vos sabés de qué te hablo.

De la negación, del miedo, de todo aquello que la cultura neoliberal nos impuso como estilo de vida y sin embargo creemos que en esos valores radica la felicidad.

Cada tanto aparece en la televisión, en las redes sociales, en la calle, una demostración de “no pasa nada”. La publicidad (salvo la del gobierno) toma como tema la pandemia y nos muestra, como siempre, un mundo divertido, cordial, con amor, familia, sexo y niños puros y plenos de simpatía.

¿Qué escondemos?

El miedo.

Tanto se habla de la cultura colonizadora de mentes del neoliberalismo que me parece necesario exponerla.

La desigualdad, la miseria, el odio, la violencia son más viejas que el trueno y la lluvia. Vienen de tan atrás que uno se olvida. La lucha siempre fue una: unos pocos tratando de imponerse sobre los muchos. Y la verdad es que vienen imponiéndose históricamente. Por goleada.

Todo indica que el neoliberalismo es un dogma económico y en todo caso económico social. Pero este dogma esconde el verdadero espíritu del neoliberalismo: someter al otro. El neoliberalismo es en esencia un sistema de dominación. Y lo más importante es que este modelo antiguo, heredero del liberalismo tradicional, es un modelo de apropiación del mundo a través de concentrar la mayor riqueza posible a costa del trabajo y la producción de los demás.

El neoliberalismo propone un juego en el que gana aquel que más acumula. Para eso es necesario que en el juego haya ganadores y perdedores. Nadie gana nada del otro si no lo somete. A la larga es un juego en que cual uno se queda con casi todo. Y si es todo, más ganador aún.

En este juego de estrategia es necesario conseguir que otros produzcan, pero, a la larga o a la corta, eso que les pertenece (de acuerdo con la teoría de la propiedad) lo pierden. La paradoja es que al perder tienen que atenerse a las reglas del juego que impone el ganador. Y el ganador necesita que los que perdieron sigan produciendo. Ese es el círculo. No hay capitalismo sin producción, no hay producción sin trabajadores. Por eso el neoliberalismo, que intenta despreciar la dictadura del proletariado necesita algo más que imponer sus principios por la fuerza (aunque la usa). El neoliberalismo usa las estrategias de la dominación por la cultura.

¿Cuáles son esas estrategias?

Convencer que la felicidad radica en la propiedad de una casa, un auto, viajes, ropa, moda, tecnología, etc. El neoliberalismo necesita que el que produce se desprenda de lo que recibe devolviendo su salario al mismo que se lo dio, con la característica de que ese salario que obtuvo le rindió ganancia a su patrón.

Como el empleador depende de su empleado necesita engañarlo.

¿Cómo es el engaño?

El poderoso engaña al desvalido haciéndole creer que si se empeña llegará a ser como él. Le inculca la idea del progreso a través de la competencia, de tener un enemigo (el enemigo no es el empleador sino el otr@ como él o ella).

El neoliberalismo necesita seducirlo para seguir explotándolo.

Por eso le muestra la vida de fantasía a través de la publicidad, el marketing.

Muchos podrían insinuar que es una manera de motivar a los que menos tienen a esforzarse por tener más, por llegar. Pero no es así. El mundo lo demuestra.

El ejemplo está en la pandemia. En plena crisis universal, con el virus creciendo y rebrotando, con millones de desocupados, con más hambrientos que nunca, con más chicos desnutridos, con caídas brutales de la economía, con amenazas de los bancos de no poder devolver los depósitos, con la idea del presidente Trump de suspender las elecciones en EEUU, cinco, solo cinco multimillonarios del mundo acrecentaron sus fortunas por cinco. Solo uno de ellos, Bezos de Amazon consiguió en cinco días todos los dólares que necesitaría la Argentina para pagar su impagable deuda causada por otro millonario menor pero intensamente perverso que hoy trata de olvidarse de sus delitos en París.

El neoliberalismo necesita de la cultura. Para eso monopoliza los medios de comunicación, la tecnología, los negocios, los mercados. El neoliberalismo se apodera de las mentes de los miles de millones de human@s para convencerlos de ser sus propios caníbales. Y lo peor es que lo consigue. Miles y miles de pobres vapuleados por el neoliberalismo defienden sus principios. Son los que desprecian la cuarentena, son los que no les importa que mueran los otros, son los que desprecian a los apenas más pobres que ellos.

Por eso decimos que la batalla es cultural. Por eso asoma una idea de apocalipsis. Por eso muchos creen que la felicidad volverá a ser como era antes sin darse cuenta de que antes eran también unos infelices.

Hay una pequeña abertura que deja abierta la pandemia: la libertad, la igualdad y la pelea contra el neoliberalismo que intentará de todos modos volver a ser toda la mierda que siempre fue.

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