Posiblemente, nos espera un mundo distinto.

Marcelo Cosin.

Estamos sobreviviendo en un mundo que inesperadamente pasa por la experiencia de darse cuenta de que el modelo social y económico que había logrado imponerse sobre el comunismo soviético, se derrumba.

Así como cayó el Muro de Berlín, símbolo del comienzo de la era de la desigualdad, el modelo capitalista triunfante, también tropieza y tambalea.

El consumismo, la idea de acaparar lo más posible a costa de los que menos tienen, la debacle ecológica, el individualismo, el poder cibernético, el ascenso de gobiernos de derecha, son hechos y valores que, al menos, están puestos en duda, por la simple y contundente amenaza de un virus del que se sabe poco y que produce cambios insospechables en la vida cotidiana de miles de millones de personas.

De repente, el mercado, ese dios que aparentemente domina a través de las leyes de la libertad económica, de la oferta y la demanda, que no necesita del Estado, que seduce con la publicidad, los envases y la imagen de marca, no sabe dónde ponerse, como ubicarse y menos aún planificar el futuro.

Es posible que el gran poder de los Poderosos consiga cambiar el mundo a sus mejores posibilidades. Se trata de desprenderse de un ínfimo porcentaje de humanos y humanas y recomponer un mundo de una desigualdad medida y acomodada a sus intereses. Si así fuera, un nuevo capitalismo, aún más devorador y egoísta, readaptaría los roles económicos y sociales. No va a resultar fácil.

En el discurso de hoy (24 de julio de 2020) Alberto Fernández da algunas señales de como esta pandemia podría ayudar a construir un modelo peronista moderno. Fernández dice que se ilusiona con un futuro con más igualdad distributiva, con mayor poder de empresas que producen bienes y servicios pequeñas y medianas, con incentivo por parte del Estado y con la participación de “todos”. Este “todos”, que además lleva la marca en el Frente que le dio el ascenso a la presidencia, es casi seguro utópico.

Fernández apuesta a un futuro posible: la caída de la globalización, de las marcas globales. Seguramente el gobierno especula con nuevos hechos:

  1. Menos o poco movimiento aéreo y por ende menor circulación de cultura consumista.
  2. Caída del turismo convencional internacional
  3. Caída de las marcas globales
  4. Apertura de mercados a bienes primarios
  5. Desarrollo de productos y servicios locales con capacidad industrial competitiva

¿Dónde está la oportunidad?

En un cambio cultural. En primer lugar la pandemia consiguió descubrir realidades que estaban ocultas:

  1. El trabajo a distancia es posible.
  2. La tele consulta profesional: médicos, abogados, contadores. Hasta kinesiólogos consiguieron trabajar de esta manera y, demás está decirlo, las psicólogas, psicólogos y profesionales de las diversas ramas de la salud.
  3. La educación a distancia.
  4. El delivery en general

Por supuesto hay problemas difíciles de solucionar. Por ejemplo como armar pareja. Los lugares típicos para conocerse y comenzar una relación son los lugares de trabajo (especialmente oficinas), universidades, gimnasios, boliches, o en la calle. Todos estos territorios están casi vedados.

La idea que intento comunicar es la de oportunidades desconocidas. Aunque la principal es partir de un concepto muy difícil: no sabemos, no se sabe. No se trata de optimismo o pesimismo. Se trata de no usar la negación. Por ejemplo: “esto termina a fin de año”, “muchos no tienen ni un estornudo”, “mejor contagiarse de una vez”, “que se mueran los que se tienen que morir”, etc.

La oportunidad es no imaginar que todo va a volver a ser como era. Primero porque si todo vuelve a ser como era, no es una buena noticia. Y segundo, porque es imposible que eso suceda.

Hay que romper con una cultura que nos impusieron. ¿Qué cultura?, la de suponer que la felicidad se consigue teniendo más y sobre todo teniendo más que el otro. Quizás aprendamos a que momentos felices se consigue siendo mejores personas, no más ricas. Que la meta no sea un auto mejor, sino un auto que se rompa menos, que gaste menos. Un auto sirve para trasladarse no para demostrarle al otro o a la otra que un@ es más potente.

Para terminar.

Estoy en el grupo de “vulnerables”. Posiblemente por eso este influenciado en las ideas que transmito. Al menos, presumo que no son ideas viejas ni nuevas. Son miradas en épocas de pandemia.

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