Algún día nos vamos a dar vuelta como una media.

Sobre Gorilas, fachos, troskos, peronchos y Ks.

Si hoy hubiera elecciones presidenciales Alberto Fernández ganaría con el 54% de los votos. Este es el porcentaje de ciudadan@s que apoyan las decisiones del del gobierno en materia sanitaria respecto a la pandemia del corona virus.

Pero este apoyo por el mérito de un gobierno de ser de los más eficientes respecto a un tema crucial que afecta al mundo también incluye los planes de subsidios, créditos y de alimentación a los sectores más carenciados.

Del 46% restante hay que ocuparse pese a que no votarían al frente electoral que se constituyó para las elecciones del 2019.

El opositor/a que odia todo lo que sea peronismo, populismo.

Es el o la opositor/a que sobresale rápidamente en el bloque “antiperonista”. La mayoría no adscribe, ni es afiliad@ a un partido político. Tienen una historia que se remonta a 1955 aunque ya casi todos son nacidos después de 1970. Es una vieja historia que se remonta a ser “contrera” antes que se los llamara “gorilas”. Son colonizad@s por mitos, leyendas, falsedades y mentiras repetidas una y mil veces por las mismas voces que desde hace 70 años se propalan por todo medio que tienen a su alcance. Hay pilas y pilas de bibliografía que analizan el fenómeno “gorila”, el anti-peronismo carnal.

Alejandro Grimson, antropólogo reconocido e historiador de una generación que no conoció a Perón, dice que la fobia al peronismo alcanza al 25% de los hombres y mujeres que votan en la Argentina. No son pocos. Al menos 10 millones de argentin@s sienten a nivel de piel odio por todo aquello que alcance alguna denominación, símbolo o cercanía al peronismo. Casi todos odian al peronismo y cuando se les pregunta por que aducen frases hechas y repetidas : ladrones, corruptos, vagos. Hay cientos de frases que usan para manifestar su odio a todo lo que contenga algo de peronismo. Históricamente, después del golpe cívico-militar que derrocó a Perón en 1955 y cuyo gobierno golpista llegó a prohibir a través de un decreto (4161) que se mencionara la palabra Perón, la de sus familiares, sus símbolos y cualquier representación similar, lo que circulaba en medios de comunicación era llamarlo a Perón “Tirano Prófugo”. Mientras Perón en su exilio era ayudado por algunos de sus amigos a subsistir, en su país se hablaba de su fortuna en oro, joyas y dinero que había conseguido acumular durante su presidencia y media. (1946-1955).

La oposición “facha”.

Ser opositor al gobierno es una cosa y ser “facho” es otra. Así como no todos los que se auto titulan “de izquierda” son troskos. Cuando le preguntás a un “peroncho” porqué odia a los troskos te contesta diciendo que “son funcionales a la derecha”. Cuando le preguntás a un trosko porqué odia a los peronchos, te contestan, porque son fachos. La verdad es que ni los acusados de fachos son todos fachos ni todos los “zurdos” son funcionales a la derecha. Más aún, si uno profundiza en la pregunta acerca de “qué es el trotskismo”, la mayoría no sabe. Más aún no sabe cuál es la diferencia entre el marxismo-leninismo de Stalin con el marxismo-leninismo de Trotsky. Trosko para el peronismo es horrible, tan horrible como el peronismo para los troskos. Por ejemplo pocos peronistas pueden explicar por qué en todos los actos de Cristina hay banderas del Partido Comunista CE , es decir el Partido Comunista Congreso Extraordinario, como así también cientos de imágenes del Ché Guevara y de Fidel Castro. ¿Son troskos? No son troskos. Son comunistas. ¿Y Cristina que es? Es centro izquierda? Pero no es que el partido Justicialista proclama la Tercera Posición: Ni yanquis, ni marxistas: peronistas.

Resulta que hay fachos pro-Videla, pero también hay fachos peronistas que fueron perseguidos por la dictadura. ¿O no son fachos?

Fachos son los periodistas de La Nación, los que escriben cartas al diario pidiendo que liberen a los presos de la dictadura por trato inhumano. ¿Morales Solá, qué es? ¿Facho? ¿Y Leuco? ¿Leuco era trosko en los 90 y ahora es facho?

La grieta es simbólica, histórica y pelotuda.

Para el filósofo Hobbes el estado natural del humano es la guerra. Sigmund Freud tampoco era muy optimista respecto a la relación humana. Desde que tenemos memoria histórica el mundo está en guerra. Unos contra otros. La grieta es una constante. En términos cotidianos para la realidad argentina es fácil reconocer a los distintos bandos.

Para el fútbol es más importante que el rival pierda que el propio equipo gane. ¿River o Boca? Unitarios y Federales, Morenistas y Saavedristas, Rosas o Sarmiento, Radicales y conservadores, Atlanta o Chacarita, militares contra civiles, feminismo Vs machismo, Etc. Vs Etc.

Si pensás que “el jubilado” hizo lo correcto en matar al chorro estás contra Fernández, si por el contrario resulta que el “jubilado” es un asesino, son K. Si estás de acuerdo con la cuarentena sos oficialista y si estás en contra de la cuarentena, sos PRO o macrista.

Si te parece bien que Alberto llame a Larreta amigo sos un blando o no sos peronista y si te parece mal sos K pero no sos de Alberto.

La verdad de la milanesa.

Alguien definió la grieta universal de manera más sencilla: Los de arriba oprimen a los de abajo. Y, los de arriba son pocos y poderosos y los de abajo son muchos y débiles.

Esa es la grieta desde siempre.

Somos más pero tenemos piedras. Ellos son menos pero tiene armas y gas pimienta. Somos más pero no tenemos guita. Ellos son menos pero la tienen toda. Ellos son blancos, nosotros somos negros.

¿Y en que nos igualamos?

La muerte nos iguala. Ahí no hay grieta. La diferencia hay que encontrarla en la vida. Algún día entenderemos que la única bandera que tenemos es La Igualdad. La libertad, está controlada por ellos. Los que acaparan son ellos. Nosotros, no les interesamos.

¿Es tan difícil entender estas diferencias?

Por eso me parece que hay que aprovechar la eclosión de la pandemia. Lo que necesitamos son líderes que nos comprendan y que sepan que algún día nos vamos a dar vuelta. Como una media nos vamos a dar vuelta.

Posiblemente, nos espera un mundo distinto.

Marcelo Cosin.

Estamos sobreviviendo en un mundo que inesperadamente pasa por la experiencia de darse cuenta de que el modelo social y económico que había logrado imponerse sobre el comunismo soviético, se derrumba.

Así como cayó el Muro de Berlín, símbolo del comienzo de la era de la desigualdad, el modelo capitalista triunfante, también tropieza y tambalea.

El consumismo, la idea de acaparar lo más posible a costa de los que menos tienen, la debacle ecológica, el individualismo, el poder cibernético, el ascenso de gobiernos de derecha, son hechos y valores que, al menos, están puestos en duda, por la simple y contundente amenaza de un virus del que se sabe poco y que produce cambios insospechables en la vida cotidiana de miles de millones de personas.

De repente, el mercado, ese dios que aparentemente domina a través de las leyes de la libertad económica, de la oferta y la demanda, que no necesita del Estado, que seduce con la publicidad, los envases y la imagen de marca, no sabe dónde ponerse, como ubicarse y menos aún planificar el futuro.

Es posible que el gran poder de los Poderosos consiga cambiar el mundo a sus mejores posibilidades. Se trata de desprenderse de un ínfimo porcentaje de humanos y humanas y recomponer un mundo de una desigualdad medida y acomodada a sus intereses. Si así fuera, un nuevo capitalismo, aún más devorador y egoísta, readaptaría los roles económicos y sociales. No va a resultar fácil.

En el discurso de hoy (24 de julio de 2020) Alberto Fernández da algunas señales de como esta pandemia podría ayudar a construir un modelo peronista moderno. Fernández dice que se ilusiona con un futuro con más igualdad distributiva, con mayor poder de empresas que producen bienes y servicios pequeñas y medianas, con incentivo por parte del Estado y con la participación de “todos”. Este “todos”, que además lleva la marca en el Frente que le dio el ascenso a la presidencia, es casi seguro utópico.

Fernández apuesta a un futuro posible: la caída de la globalización, de las marcas globales. Seguramente el gobierno especula con nuevos hechos:

  1. Menos o poco movimiento aéreo y por ende menor circulación de cultura consumista.
  2. Caída del turismo convencional internacional
  3. Caída de las marcas globales
  4. Apertura de mercados a bienes primarios
  5. Desarrollo de productos y servicios locales con capacidad industrial competitiva

¿Dónde está la oportunidad?

En un cambio cultural. En primer lugar la pandemia consiguió descubrir realidades que estaban ocultas:

  1. El trabajo a distancia es posible.
  2. La tele consulta profesional: médicos, abogados, contadores. Hasta kinesiólogos consiguieron trabajar de esta manera y, demás está decirlo, las psicólogas, psicólogos y profesionales de las diversas ramas de la salud.
  3. La educación a distancia.
  4. El delivery en general

Por supuesto hay problemas difíciles de solucionar. Por ejemplo como armar pareja. Los lugares típicos para conocerse y comenzar una relación son los lugares de trabajo (especialmente oficinas), universidades, gimnasios, boliches, o en la calle. Todos estos territorios están casi vedados.

La idea que intento comunicar es la de oportunidades desconocidas. Aunque la principal es partir de un concepto muy difícil: no sabemos, no se sabe. No se trata de optimismo o pesimismo. Se trata de no usar la negación. Por ejemplo: “esto termina a fin de año”, “muchos no tienen ni un estornudo”, “mejor contagiarse de una vez”, “que se mueran los que se tienen que morir”, etc.

La oportunidad es no imaginar que todo va a volver a ser como era. Primero porque si todo vuelve a ser como era, no es una buena noticia. Y segundo, porque es imposible que eso suceda.

Hay que romper con una cultura que nos impusieron. ¿Qué cultura?, la de suponer que la felicidad se consigue teniendo más y sobre todo teniendo más que el otro. Quizás aprendamos a que momentos felices se consigue siendo mejores personas, no más ricas. Que la meta no sea un auto mejor, sino un auto que se rompa menos, que gaste menos. Un auto sirve para trasladarse no para demostrarle al otro o a la otra que un@ es más potente.

Para terminar.

Estoy en el grupo de “vulnerables”. Posiblemente por eso este influenciado en las ideas que transmito. Al menos, presumo que no son ideas viejas ni nuevas. Son miradas en épocas de pandemia.

Atrapados sin Salida

Atrapados sin salida.
Marcelo Cosin
Son días más que difíciles. Por más que se quiera disimular la pandemia pone al descubierto la profunda crisis política, economía y social que padece la humanidad. Sin eufemismos podemos hacernos cargo que la frase que más se intenta ocultar es que “no sabemos que está pasando”. No sabemos en todos los sentidos y con todos los significados. No sabemos cuántos infectados realmente hay, ni cuántos muertos, ni cuales son los las posibilidades reales de que esta situación no se convierta en un “convivir con la enfermedad, el contagio, el virus”. Las miradas más optimistas son las que destacan una baja letalidad en los menores de sesenta años, pero tampoco se sabe si la mutación del virus puede inclusive variar estas condiciones. Convivir con la peste y con futuras pestes parece ser el camino que vamos a tener que transitar por mucho tiempo. La neurosis social hace que la negación sea el procedimiento al que más se recurre para seguir viviendo sin desesperar del todo.
La nota de hoy de Alfredo Zaiat pone en evidencia que el poder real representado por el grupo Clarín y Techint no cederán.
El mundo está dominado por unos pocos y esos pocos tienden a querer apropiarse cada vez más de todo. Eso significa que quedan pocas alternativas y esas no siempre son políticas. El mundo está dominado por una cultura que falsamente nos inculca que la felicidad radica en pelear con el “otro” por arrebatarle lo que tiene. La idea del emprendedor, el consumo, acaparar, tener más, va a terminar por acabar con todos nosotros.
El reformismo o la idea de un desarrollo nacional o regional en contra de los intereses oligopólicos es casi imposible.
No se trata de querer negociar con el enemigo. Y es enemigo porque quiere terminar con nosotros. Con ese no se negocia. Estamos probando ser un país capitalista bueno, distributivo y decente. Son contradicciones. Hay que vencer, porque convencer, no podemos.