Diario de Cuarentena. El azar, la incertidumbre y la ilusión.

El azar, la incertidumbre y la ilusión.

¿Cómo es lo inimaginable? Si no puedo imaginar, fantasear, vislumbrar el futuro es posible que necesite aprender a vivir como si nunca hubiera vivido.

En estos días, cuando estoy viendo una serie, una película vieja o algo de ciencia ficción me extraña ver a gente que camina por las calles, a una familia sentada alrededor de la mesa, a una pareja que se conoce en un tren, a una multitud gritando un gol en una tribuna de una cancha de fútbol, a King Kong en la cúpula del Empire State Building asustando a miles de neoyorquinos. Siento que algo está mal si la gente está a menos de un metro y medio de distancia, sino no tienen un barbijo, si se besan o simplemente se saludan con un apretón de manos.

Este es el primer 24 de marzo que no voy a la Plaza de Mayo, es el primer año en mi vida que no veo un partido de fútbol, que no salgo a la calle, que no veo a mis nietos, que no los beso, abrazo y huelo.

Esto es absolutamente nuevo, inimaginable. Parece ficción pero es pura realidad. Cada mañana, cada madrugada, me pregunto si el mundo cambió de tal manera que voy a pasar el resto de mis días en medio de esta nueva realidad.

Cuando me pongo muy racional contesto mis preguntas más angustiosas con una simple respuesta: hay que esperar la vacuna. Y entonces aparece el fantasma del virus que muta, el virus inteligente que descubrió que los seres humanos con toda su tecnología y sapiencia ignoraron que la naturaleza es sabia y no permitiría que acaben con el planeta.

Todas las mañanas me asomo al balcón y veo a mi vecino de enfrente caminando de punta a punta su propio balcón. Da exactamente 16 pasos hasta un extremo, gira y da otros 16 pasos. ¿Cómo lo sé? Porque los conté. Tiene un balcón de 8.66×2, es decir da 16 pasos para recorrer 17.32 metros . Mientras tanto habla por el celular. Recorre esos 16 pasos en 18 segundos y lo hace por 40 minutos, es decir que camina cada mañana 2400 segundos para recorrer casi 4 kilómetros, 200 metros, sin moverse de su casa. Ni de su balcón. Le grité preguntándole su WhatsApp y me lo cantó uno a uno los números. El primer wapp que le mandé le dije que lo felicitaba porque en 30 días de cuarentena había caminado por su balcón 126 kilómetros, casi lo mismo que haber ido caminando durante un mes a Chascomús. Me contestó con un “ajajaja”. Por mi cuenta hago durante 45 días 22 kilómetros por día en la bicicleta fija.

Paul Auster es un escritor que trabaja sus textos con la idea del azar como eje de las tramas. ¿Qué es el azar? Un efecto, un hecho, que no podemos prever. El hecho que relata Paul Auster en varios de sus libros transcurre en su pubertad. Estando en un campamento de estudiantes en un bosque se desata una tormenta y todos corren para guarescerse debajo de unos árboles. Para alcanzar esa meta hay que cruzar un alambrado. Su amigo de la infancia pone un pie sobre el alambrado para que él pase y en ese momento un rayo alcanza a su amigo que muere electrocutado por darle paso a Paul. Varias veces se pregunta que hubiera pasado si el que hubiera apoyado el pie en el cerco era el mismo y no su amigo. Hubiera muerto. El azar hizo que Paul se salvara de la muerte.

Todos vivimos pendientes del azar. Nunca sabemos si la decisión de cruzar o no una calle puede significar que el azar intervenga para vivir o morir. ¿Salir a la calle y contagiarnos de la enfermedad que provoca el coronavirus? ¿Y si el coronavirus llega a casa de la mano de un proveedor que dejó su mercadería infectada? Todos escuchamos a alguien decir que prefiere morir de la enfermedad del virus a morir de angustia por no salir. Pocos son los que saben que No Salir es más por lo otros que por uno.

Estamos aprendiendo de a poco a vivir con más incertidumbre que la que habitualmente soportamos. Nada es certero de lo que estamos pasando. Nada es totalmente cierto. A veces pasa que la realidad y la fantasía se confunden entre sí. Vivimos en un estado de suspensión.

Seguramente la capacidad de adaptación de los humanos posibilite que más adelante los más jóvenes, los que hoy son pibes y pibas, encuentren un modelo de vida que se adapte la depredación que estamos infringiendo al planeta.

Hoy veía en un noticiero como la guerra continúa en Siria con pandemia. No se sabe que causa más muertes. Miles de millones de dólares, Euros o pesos son usados para matar sin virus. El presidente del país más importante (hasta ahora) del mundo aconseja a inyectarse lavandina. Miles y miles de personas viven la pandemia en un total hacinamiento. Miles de personas enfermas que no sufren el coronavirus mueren por no tener paliativos a sus enfermedades crónicas.

La ilusión es encontrar nuevos paradigmas que nos permitan ser mejores personas. Este mundo está padeciendo lo que hacemos en un estado de victoria del individualismo, el acaparamiento, la desigualdad.

Esta cuarentena no habla del pasado. Hoy nos toca el presente y algo del futuro.

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