Diario de Cuarentena. Acerca del amor, la vida y la muerte.

Ingmar Bergman (director de teatro y cine sueco – Upsala 1918 Isla Faro 2007) en una carta dirigida a sus actores y actrices convocándolos a la filmación de una nueva película, les dice: “como siempre esta nueva película tiene como tema la vida, el amor y la muerte”.

Desde hace tiempo, pero especialmente en estos últimos 40 días, justamente de “cuarentena”, esta carta de Bergman me persigue y me deleita. La vida, el amor y la muerte.

Esta semana murieron Fontova y Marcos Mundstok. A ambos los conocí trabajando en publicidad. A Fontova le pedí una letra para una canción (un jingle)  para Alfombras Kalpakian. Quería una cumbia que se burlara de las moquetes y alabara los arabescos. A Marcos, cuando los dos trabajábamos en publicidad en distintas agencias para un cliente importante de esos tiempos: Ducilo (internacionalmente Dupont).

Tenían en común un don: el desparpajo. Sonia Braguetti era un hallazgo del Negro Fontova que Jorge Guinzburg, también muerto, supo explotar gracias a su genio empresario y productor artístico. Marcos inventó a Giuseppe Mastropiero, otro personaje inesperado que hizo de Les Luthiers un éxito que persiste hace medio siglo.

Todos los Luthiers son grandes músicos, menos Marcos, que sabía mucho de música, pero nunca ejecutó un instrumento. No sé si el negro murió pobre, pero seguro no terminó sus días siendo rico.

MI hermano Juan vivió casi toda su vida como un millonario, un exquisito, un excéntrico. Vivió en casas enormes, las mejores ubicadas, con ropa de muy buen gusto, sobre toda inglesa. Juan nunca tomó otro whisky que no fuera Chivas Regall, ni fumó otros cigarrillos que no provinieran de Inglaterra, Estados Unidos u habanos Montecristo originales de Cuba. Murió como lo que fue: un millonario. Juan murió un 28 de agosto de 2010 sin un peso en el bolsillo. El último verano clamaba por un ventilador, vendía sus cuchillos de acero de marca Wüsthof, sus 10 pares de zapatos Church (ingleses) y dos sillones que trajo de la India, para poder seguir tomando champán francés y comer ostras importadas. Murió pobre y vivió como un rico.

Es una confesión: la muerte que más lloré fue la de mi perro Bargach. Bargach era un Boxer adorable. Simpático, cariñoso y amigo entrañable. La mañana del día que se murió se despidió subiéndose con sus patas a mi pecho esperando la caricia en la cabezota. Lo abracé, le besé esa cabeza cuadrada y me fui a trabajar. Cuando volví a la noche a casa y me dijeron que Bargach se había muerto de golpe, seguramente de un infarto masivo, no pude contener un llanto espontáneo, una sensación de pérdida enorme y salí de casa rumbo a algún lado, solo, diciéndome que no era posible, que Bargach era joven, que su vida había sido solo un suspiro. Hice el duelo y hoy, a casi 25 años de su muerte sigue siendo la pérdida de un amigo irremplazable.

Cuando murió Pepe Eliaschev también lloré. A solas, en el baño de mi casa. Mirándome al espejo le dije a Pepe “no me diste la oportunidad de decirte cuanto te despreciaba por tu revés en la vida política”. Yo no lo quería ya a Pepe. Pero yo quería que viviera. Yo quería que algún día me dijera porque me había traicionado pasándose a la derecha. Pero no quería que se muriera.

En casi 80 años aprendí y entendí que a la vida hay que dejarla fluir, que vaya pasando, que transcurra. Claro que lo entendí tarde, pero lo entendí. Mi infancia fue una mezcla de tristezas y pronósticos de cosas terribles. Tuve padres ocupados en otro hermano, en otras cosas y los suplanté por abuelos, novias, amigos entrañables.

Pupi era mi amigo de la adolescencia. También murió muy joven. En la guerrilla de Orán, Salta, siendo un aprendiz de guerrillero en el EGP el ejército guerrillero del pueblo, un movimiento guevarista que impulsó y comandó Jorge Masetti, el Comandante Segundo.

La vida transcurre mientras otros mueren y uno sigue viviendo. El amor es una sensación muy profunda que el tiempo transforma de enamoramiento en amor. El enamoramiento es esa sensación de tener la cabeza ocupada todo el tiempo en otro nombre, en otra imagen, en otros recuerdos, en algunos sueños. Sufrir por amor, aprendí del libro de Igor Caruso La Separación de los Amantes, es perder el lugar privilegiado de otro u otra en su cabeza, en su mente. Cuando uno desaparece de la mente del otro es cuando el sufrimiento por amor se transforma en duelo de muerte.

La vida, el amor y la muerte es un triángulo maravilloso, único e insoportable. Es un peso, una pluma, una pared. Por eso los que acumulan bienes en lugar de amor tienen la misma muerte que los que no acumularon bienes: la nada. Porque la vida empieza de la nada, o casi la nada, y termina en la nada. Nada más cierto que del polvo vienes y en polvo te conviertes.

Hasta mañana.

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