Diario De Cuarentena “Contame tu condena, decime tu fracaso”

(La última curda de Cátulo Castillo y Aníbal Troilo)

Fui docente 43 años. Debuté un abril de 1966. Un cliente de la agencia Relán de Publicidad, jefe de publicidad de una compañía textil famosa de la época, Telas Arly, me invitó a dar clases de redacción en una universidad privada llamada Joaquín González, en la carrera de periodismo. Nunca dejé de hacerlo hasta que me jubilaron en el 2010 por llegar al límite de los 70 años y por lo tanto considerar que ya estaba lo suficientemente gagá como para seguir dando clase. Pasé por muchas universidades, dos carreras de la UBA (Diseño Gráfico y Publicidad), Universidad de Belgrano, Universidad de Palermo, UAI, Universidad Central de Venezuela, Universidad de Nuevas Profesiones. Dicté centenas de cursos, talleres y seminarios en instituciones empresarias. Fui el primer director académico de los cursos de creación y arte de la AAAP , entonces Asociación Argentina de Agencias de Publicidad y dicté el primer taller de creatividad en el Círculo de Creativos Argentinos. Parece que quiero tirar mi trayectoria “exitosa” en el mundo del periodismo y la publicidad y posiblemente sea cierto. Aunque, por otra parte, mi curriculum vitae que es extenso y vistoso, sea visto por mí, a la distancia como una condena, como un fracaso, como dice el tango La Última curda.Tengo más años de paciente de psicoanálisis que de docente. Quizás por eso hoy en este diario de cuarentena (cuarentena que me da tiempo para repasar mi vida) pueda mirar esas tres páginas de CV con algo de vergüenza, un poco de lástima y mucho de crítica. Varias veces en estos últimos años de una cuasi retiro descubrí con espanto cuanto arruina la vida de una persona la vanidad. Eso, la vanidad es una sombra que corre detrás de uno e intenta sobrepasarlo.Quiero mostrar la otra cara. Viví un proceso de transformación que comenzó con un idea de sociedad igualitaria en la que el Estado sería un ente superior capaz de administrar la producción, la economía, el consumo. En pocas palabras, el socialismo que proclamó el manifiesto Comunista de Carlos Marx y Federico Engels, era una ilusión para quienes transitábamos la adolescencia en un mundo dividido por la segunda guerra mundial. Claro que nos costaba asumir la posibilidad de que una parte del mundo socialista usara el poder que le otorgaba la revolución para traicionar las banderas de los sectores del trabajo, de la producción, de la igualdad, de la justicia, de la participación.¿Qué entendíamos los que teníamos 15, 16, 20 años de lo que estaba pasando en el mundo y en la Argentina? Escuchábamos a hablar de la “guerra fría”, es decir, una guerra entre los países comunistas versus los países capitalistas sin armas, sin fuego. Esa guerra fría era relativa. La guerra de Corea muy poco después del fin de la Gran Guerra era una muestra. Entre 1950 y 1953 la disputa de las dos Coreas (Norte y Sur), una con el apoyo de los EEUU y sus aliados (Corea del Sur) y la otra, República Popular Democrática de Corea (Corea del Norte) apoyada por la URSS y la China de Mao-Tse-Tung. Más de 3 millones de muertos ponían en evidencia que las guerras no eran frías ni habían terminado con la derrota del eje alemán-japonés.Mientras todo eso sucedía, en la Argentina sucedía una revolución: la tercera posición del Peronismo. Para mi clase social, que era minoría, para la de mi familia, el peronismo era una “tiranía”. Las conquistas de la clase trabajadora y los derechos de los niños y de la ancianidad, para los “contreras”, era “demagogia. Sin televisión, el Diario La Prensa y La Nación, eran los que saboteaban esa política de justicia social y privilegios para los trabajadores y los más necesitados. Los derechos de las mujeres con el derecho al voto en primer lugar y la constitución de la rama femenina del partido peronista, con el liderazgo de Eva Perón, fue un golpe enorme a la vieja tradición conservadora. El partido del centro, el radicalismo, oposición al peronismo, superó al partido conservador y generó la otra cara del peronismo.Mi generación vivió un quiebre con la posguerra. EEUU rápidamente se consolidó con un estilo de acumulación de riqueza, producción y especialmente con un procedimiento de explotación de otros países. En los años posteriores a la guerra, EEUU ocupó militarmente países de américa y en otros casos lo hizo a través de compañías que explotaban las riquezas de esos mismos países: el petróleo, el carbón, los minerales, las frutas, los cereales. Estados Unidos creó un sistema de vida social llamado American Life Style, que estaba concentrado en un slogan de la General Motors: “Hot-dogs , Apple Pie & Chevrolet”. El estilo de vida norteamericano basado en el consumismo, el pleno empleo, el crecimiento económico y el poderío militar se oponía a una sociedad oscura, austera, dominada aunque de crecimiento económico en base a la producción, la industria, el trabajo duro sin propiedad privada y con un Estado dominante con contención de la libertad individual: el bloque de países comunistas detrás de la Cortina de Hierro.A nosotros nos tocaba, el derrocamiento de Perón, la promoción de una derecha liberal autoritaria, la revolución cubana y el comienzo de una etapa nueva: los movimiento armados urbanos, la guerrilla en la selva, Vietnam, el Di Tella, Sartre, el Teatro independiente, el nuevo cine, la televisión, el rock nacional y la apertura a una cultura urbana con el auge de la psicología, el psicoanálisis y el hipismo de Villa Gesell Vs el chetismno de Punta del Este.(Esto sigue, por lo menos para mí).

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