Diario de Cuarentena. La cacerola no se mancha.

Reconozco que no participo de los aplausos de las 9 de la noche. No me gusta participar de eventos copiados de otros lares. (lugares). Tampoco participo de aplaudir en los entierros de gente famosa. Sin embargo me gusta cantar (me gustaba) en los tablones de Atlanta las canciones futboleras. También me gusta cantar en las marchas “como a los nazis/ a dónde vayan/ los iremos a buscar”. Son gustos.

Ayer a la noche después de aguantarme los aplausos (“una grasada”, según opina y comparto Mona Müller), a las 9 y media en punto aparecieron unos ruidos raros, como metálicos, en toda la cuadra de Charcas al 3300, la cuadra de mi casa. Salgo al balcón intuyendo de qué se trataba. Un tipo, desde un piso 12 usaba un megáfono y vociferaba: “devolvé la guita, chorra”. Las cacerolas encendidas por las cucharas, los cucharones y alguna sartencita quemada, batían el chan-chan clásico de los cacerolazos. De un salto pasé de C5N a TN y ahí comprendí el operativo “volvimos”. Me senté frente a la compu y en dos minutos comprobé el armado de los famosos trolls del macrista y ausente Marquitos Peña Braun, el bisnieto judío de un sabandija de la Patagonia.

Tengo que reconocer que me desesperé. No imaginaba que iban a volver de esa manera.

Ahora les voy a contar que me parece todo esto, desde mi óptica de veterano en lides políticas argentas.

Es simple. El 93% de imagen positiva de AF, más la desdichada aprobación de Su Giménez y la aparición de notas con el título de los macristas que ahora adoran a Alberto, fueron suficiente para que se despertara en el núcleo Círculo Rojo o en la AEA (Asociación Empresaria Argentina), o los Chupasangre, que vieron en el discurso del domingo de AF una advertencia, una amenaza, un peligro.

La situación mundial, más la incertidumbre que provoca la epidemia o pandemia lleva a que se pase de un estado de susto en algunos casos, pánico en otros, voracidad en muchos.

Esta vez pienso que es muy difícil lograr empatía con los enemigos. Más de una vez imaginé que uno podía colocarse en el lugar de alguien que estuviera en las antípodas. No es posible. Para eso es necesario nacer en esta época, posiblemente.

Raúl Larra, que fue mi suegro, era un escritor prolífico, comunista militante, coherente con sus creencias y principios, me dijo una vez que el reformismo nunca iba a poder encontrar una solución a la desigualdad y a la explotación. Lo pienso muchas veces. Creo que el peronismo, fundador de un reformismo con pragmatismo político pudo dar muchas más soluciones a la desigualdad que otros partidos de izquierda y a movimientos revolucionarios. Pero el problema del peronismo que renace de sus cenizas cada vez que es necesario es que vuelve a ser vencido por la prepotencia, el poder económico y especialmente la capacidad de persuadir a la sociedad de una felicidad aparente, innecesaria pero ambicionada. La felicidad del tener sobre el ser. La idea de alcanzar metas en base a la competencia, la adversidad y el entusiasmo.

Volviendo a la realidad, me parece que la derecha neoliberal, explotadora y aprovechadora vuelve cuándo y cómo puede. La derecha en manos de empresarios que acumulan unos pocos la riqueza que producen los explotados, sin inexpugnables. Son como el escorpión que prefieren su muerte con tal de exterminar a su salvador. Creo que no hay capitalismo sin consumo y sin explotación. Viven de los que explotan. Si matan a los explotados, ¿qué les queda?

Cómo verán mi cuarentena de hoy es sintomática, política y quizás para algun@s anacrónica.

Conozco muy bien la sociedad del consumo. La estudie a fondo. Sé de las debilidades y las apetencias de las personas, eso que los marketineros llaman insights.

Estamos ante un momento histórico. Un tiempo de cambio. Posiblemente muchas muertes acompañen este ciclo. Posiblemente cambie el mapa del mundo. Quizás el capitalismo se reponga una vez más y renazca el imperio. Quizás también se llegue a un acuerdo y el reformismo intente la igualdad social. También es posible que aparezca un nuevo intento revolucionario, diferente a los anteriores que nos lleven a uno o más siglos de igualdad, libertad y justicia.

Nos vemos.

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