Soy lo que soy.

Soy lo que soy.

Por Marcelo Cosin

Un viejo precepto de mi época decía: comunista a los 20, liberal a los 40 y conservador a los 60.

Claro, después te morías.

Me alegra tanto de no haber cumplido con el designio de ser conservador a los 60 ni a los 70 ni ahora cerca de los 80.

Pero la intención de esta nota (generalmente leída por pocos) es la de convocar a la reflexión de una idea que pocas veces fluye: ¿por qué pensamos como pensamos? ¿Por qué tenemos ideas, creencias o valores de un determinado tipo y no de otro?

Lamento decir que nuestra ideas y creencias, incluidos los valores, no nos pertenecen del todo.

¿Alguien cree que estamos a favor de la ley de aborto porque realmente no creemos que la vida comienza en la gestación? No, no es por eso. Y tampoco lo contrario. Es decir que nadie está a favor de la mal llamada “dos vidas” porque por un criterio humanista no aceptamos que se termine con la vida de un embrión. No, no es por eso.

Nuestra ideas, creencias y valores provienen de una intrincada red de fuentes de persuasión. Persuasión y no necesariamente de información.

Sufrí bullying a los 12 años en el Colegio Ward, al que me mandaron pupilo mis viejos porque estaba circuncidado y en las duchas 11 tipos con los que convivía en la misma enorme habitación me señalaron el pene al grito reiterado de judío, judío, judío.

  • ¿judío yo? Me llamo Cosan…más francés que Napoleón, dije sin saber bien el origen corso del personaje. Transformé el cosin en cosan.

Y me creyeron.

Me creyeron hasta que un sábado vino a buscarme mi abuela y la escucharon hablar, como una judía que preguntaba por mí a los gritos. Se acabó el cosan y volvió el judío, judío, judío.

Odiaba ser judío. Me aguanté todo tipo de ofensas, insultos y hubiera pagado para que me devuelvan el prepucio.

Poco tiempo después en el Sholem Maleijem, escuela judía, me decían que era adoptado, porque soy oscuro de piel, más bien cabecita negra, con pelo hasta en la frente. Vos sos goi, que vas a ser idishe!

Esa fue mi pubertad: odiaba ser judío y cuando quise ser judío me despreciaron los de mi palo.

Somos lo que somos más allá de lo que queremos ser.

Nací en un hogar judío no practicante, más bien ateo, pero de costumbres gastronómicas bien judías. Sobre todo por la influencia de mis dos abuelas, una nacida en Kiev y la otra en Varsovia.

Mi abuelo materno era obrero, sindicalista, actor de teatro, anarquista. Para dormirme me leía Bakunin.

Mi otro abuelo era prestamista, religioso y le gustaban las “shicses!”, las chicas del barrio que trabajaban de “sirvientas”.

¿Qué clase de judío iba a resultar yo con esas fuentes de intelectualidad?

Salí a Salomón. Medio anarco, medio bolche.

Con mi amigo Pupi nos adherimos a la Fede (Federación Juvenil Comunista) y poco después por la influencia de mi hermano Juan, me hice frondicista, pero de la izquierda frondicista, en el grupo en que estaban los hermanos Viñas, Noé Jitrik, Susana Fiorito y otros héroes del progresismo de los 60.

Nunca voté a Balbín, sí a Altamira, a Alende, a Sueldo. Inclusive la voté en el 2003 a Carrió. Sí, a Carrió, porque pensaba que era el progresismo.

Me hice kirchnerista el día que asumió Néstor. Y durante todo el tiempo fui y creo que soy alfonsinista. Pero no estoy seguro.

Empecé en Facebook en el 2008, hace 12 años. Voté a Cristina dos veces y a Scioli, inclusive. Ahora fui fiscal de mesa del frente Tod@s y milito por Alberto Fernández y por Cristina.

No dudo en afirmar siempre que soy de izquierda. Me cuesta ser reformista, pero lo acepto como mal menor. Me cae bien y me parece honesta Miriam Bregman. Coincido con el Frente de Izquierda en muchas cosas. Me molesta terriblemente el odio de cierto peronismo hacia el trotskismo, pero lo acepto porque se del odio del trotskismo por el peronismo.

Me parece que el reformismo fracasa cada tanto y permite que vuelva el conservadorismo. El peronismo es reformista, no es revolucionario. El verdadero socialismo es revolucionario. Por eso me permito siempre la duda. Sí, la duda de los intelectuales.

Me analizo desde hace más de cuarenta años. Casi cincuenta, o sesenta.

Soy filosóficamente freudiano. Creo en el inconsciente,

Mi sueño que no voy a ver cumplido es el de una sociedad igualitaria. Odio a los que acumulan miles de miles. Me gusta la idea de la igualdad más que la de la solidaridad. En eso sigo siendo anarquista. Me gusta la libertad. Me encanta la libertad. Tengo una bisnieta que se llama Libertad. Ernestina Libertad.

Quería escribir esta nota, aunque la lean pocos, para que quede registro para mis hijos, mis nietos y mi bisnieta.

Para que sepan de alguna manera cómo pienso. O cómo creo que pienso. O cómo siento que pienso.

Termino me volví cabrón. Me agarra ira contra la repetición de frases como por ejemplo “descerebrado”, “funcional a la derecha”, “si no sos peronista no hables” o “buen finde”.

Como Guillermo Saccomano también tengo bastante desprecio por la clase a la cual pertenezco: la media. La media falsa. La media idiota.

Estoy en contra de la acumulación y también sé que la acumulación es casi humana.

Siempre termino las notas con un Salute. Hoy también, salute a todos.

Marcelo Cosin

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