Crónicas publicitarias. Ford Falcon (La vida tiene sus miserias) Marcelo Cosin

Pasaba por el sexto piso, donde estaban los directores de cuentas y también la gerencia, cuando Graciela me avisó que tenía una llamada. Levanté el tubo y antes de preguntar quién era escuché una voz cavernosa que me amenazaba con matarme a mí y a mi familia si no me iba del país en 24 horas. Me dijo algo más, pero no me acuerdo porque quedé aturdido, sin saber que debía hacer, pensar o decir. Solo atiné a hacer la pregunta más idiota del momento: ¿pero, quién habla?

El sexto piso era el sexto piso de la agencia J.W.Thompson, el gerente era Horacio Diez, y ese día era el viernes 7 de octubre de 1983, a 23 días de las elecciones presidenciales en las que Raúl Alfonsín sería proclamado el nuevo presidente constitucional de la Argentina.

Casualmente, en esos días, estaban en pleno apogeo las campañas políticas de los dos partidos que aspiraban a gobernar un país destruido por la desaparición de personas, la persecución indiscriminada de toda índole, pobreza, inflación y sobre todo, un país con sus valores sociales despedazados. El final de una guerra absurda, con una sociedad confundida que solo atinaba a confiar en un final terrible y un comienzo, al menos, diferente.

Desde 10 meses atrás, integraba un grupo de profesionales de la publicidad que trabajamos en la campaña publicitaria por la fórmula presidencial Alfonsín-Martínez. Ese grupo era encabezado por David Ratto y también estaba Gabriel Dreyfus.

Cuando me repuse de esa llamada de terror, pude hablar con Emilio Gibaja, coordinador de la campaña desde la UCR y poco después pudo corroborar que no se trataba de ningún grupo político, ni terrorista, ni peronista, ni montonero, ni gremial. También Gibaja pudo saber que el llamado existió y que estaba hecho por profesionales y que seguramente provenía de algún “servicio” pero que no podían identificar exactamente de qué servicio se trataba.

En esos días, además de mi intensa labor en la campaña política estaba en la agencia trabajando la creación de un comercial para Ford – empresa tradicional cliente de JWT – para intentar revitalizar la imagen de una marca con fuertes ribetes cívico-militares-policiales: Ford Falcon.

En esos días, sin que pocos lo supiéramos, existía en la Planta de Ford de Pacheco una fuerza de tareas de la FFAA, seguramente del ejército. Muchos de nosotros comimos asado en ese quincho de Pacheco sin saber que a pocos metros se torturaba y se exterminaba gente.

Casi 30 años después supe la verdad acerca de ese llamado misterioso y amenazador. Provenía del grupo de tareas de Ford y tenía como objetivo alejarme de la producción de ese comercial de televisión para Ford Falcon.

El director de la cuenta de Ford en JWT era en esos momentos Marcos Golfari, quien años después se convirtiera en uno de los más afamados publicitarios mundiales desde la agencia David Ogilvy.

Todos los comerciales de Ford los producía una sola compañía: Horacio Casares y Asociados.

Por las características del comercial que mi grupo había creado, Ford Falcon Comics (vaya título de comercial para esa época) Marcos me había preguntado a quién yo consideraba el mejor director para un trabajo de ese estilo. A Luis Puenzo, le contesté sin dudar a Marcos (Hoy Luis es el presidente del INCAA y en esos momentos aún no había ganado el Clío por la Historia Oficial). Marcos tampoco dudo. Pedile un presupuesto. Así lo hice y Luis me contestó que no pensaba mandarme ningún presupuesto porque sabía que los comerciales de Ford los hacía Horacio Casares “por orden de Ford”.

Pese a todo, un productor de cine de JWT ligado a la mafia Ford, denunció mi propuesta y el resultado fue la amenaza telefónica.

Han pasado 37 años.

Algunos funcionarios de Ford fueron condenados por delitos de lesa humanidad, tortura y desaparición de personas.

Se comprobó que en la Planta de Pacheco de Ford funcionaba un centro de tareas.

La publicidad, muchas veces esconde detrás de sus frivolidades algunas historias que deben ser develadas.

Soy un testigo, aún vivo, de esas miserias.

El comercial terminaba con un coro que cantaba:

“Viva Falcon. Viva Ford”.

Perdón.

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