Las cuatro reglas del método cartesiano.

Las cuatro reglas del método cartesiano

La primera era no aceptar nunca nada como verdadero que no me hubiese dado pruebas evidentes de serlo: es decir, evitar cuidadosamente la precipitación y la prevención; y no incluir en mis juicios nada más que lo que se presentase tan clara y distintamente a mi inteligencia que excluyese cualquier posibilidad de duda. La segunda era dividir cada problema.en tantas pequeñas partes como fuese posible y necesario para resolverlo mejor. La tercera, conducir con orden mis pensamientos, empezando por los objetos más sencillos y más fáciles de conocer, para ir ascendiendo poco a poco, como por peldaños, hasta el conocimiento de los más complejos; y suponiendo un orden también entre aquellos en que los unos no preceden naturalmente a los otros.

Descartes, 1637

La creación en la vejez.

La creación en la vejez.
Desde que siento que estoy viejo cumplo con algunos ritos obsesivos que me resultan interesantes. Uno (no tan íntimo) consiste en tener varios calendarios, almanaques, en distintos lugares de mi casa. El que más me gusta es un almanaque de “taco”, esos que se sacan hoja por hoja, día por día. es lo primero que hago cuando llego a mi estudio cada mañana. tengo otros ritos tales como contar los escalones que subo y dar vuelta el rollo de papel higiénico del baño para que la hoja siempre se desprenda por la parte superior.
Estoy muy dedicado a la política. Casi obsesivamente. No es nuevo, pero desde que soy viejo, la política me importa no como un trabajo sino como un acontecer cotidiano que me hostiga y hasta me maltrata. Intento crear anuncios para las redes sociales y siempre estoy muy pendiente de que resultados obtengo. Generalmente son magros para mis expectativas. También dedico muchas horas a leer periódicos, casi todos en la pantalla de mi computadora, o de la tablet o del celular. Tomo notas, guardo en archivos digitales y los clasifico. Tengo más de cinco mil testimonios de “posteos” que me resultan atractivos por el odio, por las faltas de ortografía o por los insultos. También colecciono en la compu fotos de fiestas, de casamientos, de reuniones de fin de año, de turismo, de ancianas y ancianos con bastones o esos carritos nuevos con dos rueditas para apoyarse al caminar y cuidar de no caerse. En los últimos años, desde que soy viejo, me caí un par de veces. Nunca con caderas rotas, ni huesos rotos. Apenas magullones. Pero el otro día intentando abrir una puerta de balcón que estaba un poco atascada me rompí un tendón, el manguito rotador o algo así. Me causo gracia tener roto el manguito rotador y sorpresa cuando la traumatóloga me dijo que nada tenía que ver la puerta atascada sino que mi tendón estaba viejo y se deshilachó. Me dijo que también me podía haber roto el tendón saludando a un amigo con un apretón de manos.
Ahora tengo un tiempo de creación bastante amplio en los momentos de insomnio. Ahí es cuando se me ocurren las mejores ideas, pero no tengo la paciencia de anotarlas. Siempre creo que las voy a recordar al día siguiente. Pero no. Las olvido. Eso es lo que me resulta interesante y al mismo tiempo creativo. No importa la trascendencia de las ideas sino la presencia de las mismas.
La verdad es que este texto tiene la intención de invitar a otros viejos a que cuenten sus actuales movimientos de creación. Los invito y espero, acá. En ésta.