FicciónNews El amor por la patria es puro Cuento.

No puedo dormir, le dijo Eduardo (Duhalde) a Chiche (Hilda Beatriz Gonzáles de Duhalde). Hacete una leche con miel, contesto la petisa mientras se daba vuelta en la cama y se tapaba con el acolchado hasta la cabeza. Es que no puedo dormir porque tengo pesadillas, Pipi. Chiche odia que el Negro la llame Pipi. El Negro se levanta de la cama a oscuras, se calza las pantuflas escocesas rojas y negras, las que él dice que le dan suerte para ganar elecciones, y eludiendo la banqueta larga que está al pie de la cama, abre la puerta del baño, enciende la luz, se mira al espejo y sonríe.

Una aclaración. El baño en suite del matrimonio Duhalde está especialmente acondicionado. Sí, especialmente. El lavabo o pileta no está a la altura normal de 1.10 metros y el espejo siguiendo esa altura también está debajo de lo normal. El Negro mide 1.56 y Chiche 1.49. Si no hubieran acondicionado los artefactos a sus alturas tendrían serios inconvenientes para mirarse, peinarse o afeitarse.

Bueno, el Negro se mira al espejo, sonríe como siempre con la boca torcida a la izquierda, se pasa la manito regordeta por el pelo, abre la canilla de agua caliente, se lava las manos con un jabón neutro, abre el botiquín que está debajo de la pileta, encuentra el Rivotril de 2 miligramos, se lo lleva a la boca, esa boca de labios finitos, se pone la pastilla rosadita en la mitad de la lengua, agarra el vaso que está sobre la repisa, lo llena hasta la mitad de agua de la canilla, y se engulle el psicofármaco.

Al rato nomás, el Negro está durmiendo.

El Negro sueña que está en un cuarto muy oscuro. Él está parado en su cuna, agarrado de los barrotes, llora, grita y patalea. Sueña que es un nenito, pero se sueña a sí mismo como un nenito que tiene la cabeza, la cara, de un adulto. Es el mismo, nenito, pero con su cara de ahora, de un señor de cabeza grande – como todo el mundo sabe -pero de cuerpo de dos añitos, o quizás de tres añitos. Nadie acude a ayudarlo, a tranquilizarlo, a tomarlo upa. El Negro grita mamá. Un grito agudo, de voz chillona y finita. Mamá. En la pesadilla el grito tiene eco. El sonido de mamá choca con las paredes del cuarto. María Esther, su mamá, le habla al Negrito detrás de la puerta de su dormitorio. Le dice que duerma, que se calme, que su papá Tomás tiene que descansar. Pero la voz de María Esther suena con voz de Patria. ¿Cómo es la voz de patria en un sueño del Negro? Es como la voz de la directora de su colegio en Lomas de Zamora. Una voz autoritaria, pesada, una voz que da órdenes del estilo “rompan filas” o “el silencio alumnos”. Pero Eduardito sabe que es la voz de la patria la que le dice que se deje de joder chillando como un marrano. Eduardo sueña que entra por la ventana un ángel envuelto en una bandera argentina. Sabe que es un ángel porque tiene alas. El negro piensa, dios es argentino y me manda un angelito. “Eso es señal de algo”, piensa en el sueño el Negro.

A la mañana siguiente Duhalde se levanta temprano. Chiche duerme hasta más tarde. Recuerda el sueño con lujo de detalles. Reconoce esa cuna. No es la que él tenía cuando era un nene. Esa cuna la vio en algún lado. De repente tiene la imagen de la cuna que se transforma en barrotes. Está despierto, desnudo, en el baño, mirándose al espejo. Los barrotes, esos barrotes. No era una cuna. Era la cárcel. Como una ráfaga aparece la imagen de los dos pibes que murieron en la estación antes llamada Avellaneda. Se toma la cabeza con ambas manitas. Descubre que por esa maldita desgracia tuvo que llamar a elecciones anticipadas. Cruza por su cabeza la imagen de De la Rúa perdido en el set de televisión de Tinelli. Cruza por el espacio de su frente, ancha, el llamado a Raúl Alfonsín. Escucha la voz del Padre de la Democracia. Se acuerda bien de lo que le dijo esa mañana: “De la Rúa está grogui, don Raúl”.

  • Me prende la computadora, Raquel.
  • Si, doctor, ya mismo.
  • Me pone el Esquipe, Raquel
  • ¿Skype, doctor?
  • Eso, Raquel
  • Ya mismo, doctor
  • Comuníqueme con Fantino, Raquel.
  • Fantino está a la tarde, doctor
  • Entonces con…cómo se llama…el negro…el negro Oro. Eso.
  • Está en Montevideo
  • Deme con una radio, pero que sea buena
  • ¿La AM750, doctor?
  • NO!!! Esa no.
  • Mitre?
  • Esa ya no me atiende
  • ¿Rivadavia?
  • …y si no hay otra

El doctor Eduardo Duhalde, hoy declaró a Radio Rivadavia que el presidente Fernández está grogui, como estuvo De la Rúa y el mismo cuando fue presidente. Esta vez le preguntaron si tenía un ataque psicótico, pero el doctor Duhalde no contestó. Hoy fue internado en un nosocomio de la ciudad de La Plata. Iba envuelto en una bandera argentina, gritaba con voz de directora de colegio, “La Patria es la otra” y repetía, “La Patria es la otra”.

Hoy a la tarde, el presidente Alberto Fernández se interesó por el estado de salud del expresidente y le contestaron que estaba repuesto e iba a ser dado de alta en las próximas horas.

Cuando salió del Hospital de la ciudad de las diagonales, el Negro tenía el pantalón negro mojado, justo de la bragueta para abajo. Chorreaba orín por uno de sus tobillos.

La patria está enferma, dijo uno de sus custodios.

Hoy a la madrugada soñé con Alfonsín.

Sí, soñé que hablaba con Raúl Alfonsín.

Este es el apunte mi sueño.

Yo estaba sentado en un sillón clásico, esos de orejas a los costados, de felpa verde, con la tela un poco gastada. Raúl estaba sentado también pero en uno de los brazos del sillón. Por eso el estaba un poco agachado, hacia mí, escuchándome.

Le decía a Raúl Alfonsín:

“Raúl usted no ganó ni por la plataforma, ni por el pacto síndico militar, ni por la campaña publicitaria. No, Raúl. Usted ganó porque usted representaba a un padre protector, capaz de dar seguridad a un pueblo huérfano. Lo bueno era que usted no necesitaba actuar de padre comprensivo. Era evidente que usted era así. No era necesario que fuera creíble. Lo que usted decía era verdad y se le creía. Ahora Raúl nos pasa que este pueblo tiene confundido los padres. Mire, Raúl, Alberto es un gran presidente, como a usted le tocó lo peor. A usted Raúl le tocó gobernar con el aliento en la nuca de los militares. A Alberto le toca gobernar con el aliento en la nuca de la muerte de la pandemia y para peor con los hijos y los nietos de los golpistas patean do las puertas. Usted, Raúl, ¿no puede volver? Raúl se acercó a mi oído y me susurró: ¿pero que quiere que yo haga, Marcelo?

Me desperté seguro que lo que había soñado era trascendente. No se si lo que escribí son las palabras textuales de mi sueño. ¿quién lo puede saber?, pero no tengo dudas que soñé con Raúl Alfonsín y que él me escuchaba atentamente.

Antes de escribir este sueño pensé mucho. Durante toda la mañana no pude hacer otra cosa que pensar en el sueño. También pensaba en escribirlo o no. Tengo la sensación que hace falta producir un efecto que nos ponga a todos en la realidad, en el peligro de los que están fuera de sí. Estoy seguro que los enemigos son pocos, poderosos e incapaces de retroceder un paso de sus metas de poder.

Como suele suceder con el peligro no está a la vista con un cartel rojo con una calavera. Esta ahí, presente como un fantasma. Un día llegó Aramburu, otro Onganía, Lanusse, Videla, pero también llegó Menem, de la Rúa y Macri.

Hace un minuto escuché en radio 10 a Méndez preguntando si lo de Duhalde no fue una alerta.

Hace falta producir un evento. Hace falta que Alberto y Cristina juntos den un mensaje de unidad del 60 o 70 por ciento de los que aún estamos en contra de la derecha.

No creo en los mensajes del más allá. Pero soñar con Alfonsín me dio esperanzas.

Una de esas, una de estas noches sueño con Perón o, mejor, con Evita.

Marcelo

Lanata, Chomsky, Verbitsky y Duhalde.(El mundo como lo que es: un chiquero)

Hoy es otro domingo de pandemia.

¿La verdad?, ¿quiere que le diga, la verdad? Estoy adaptado.

Ayer le dije a mi hijo Juan que no tenía planes para mañana (domingo) y que tampoco mañana, domingo, voy a tener planes para el lunes. Cada día empiezo un día y cuando termina, termina el plan. Así es. Y mirá que apoyo la cuarentena, al gobierno, al lenguaje inclusivo, al impuesto a la riqueza, a la reforma judicial y todo lo demás. Estoy de este lado de la grieta. Soy casi como un comunista corregido. O un alfonsinista histórico. Quizás algún día me acepten la solicitud al peronismo.

Hoy es domingo y a las diez, cuando me decidí a dejar la cama, la radio con los auriculares en las orejas, directamente desde el celular leí la carta del director del Cohete a la Luna. Si, la carta que me llega todos los domingos a la madrugada por e-mail en la que Horacio Verbitsky me cuenta como viene la mano. Cuando leí las primeras líneas me di cuenta que la mano venía por uno de esos chismes que tiene “el Perro” que son puro dulce de leche. Después de leer la carta y la nota (Pescados y ajedrez) (¡Qué título, mamá!) me levanté dispuesto a investigar qué es lo que realmente Duhalde quiere. Así de simple.

La nota es imperdible (https://www.elcohetealaluna.com/pescados-y-ajedrez/). Duhalde actuó una operación con toda la intención de conseguir algo para él. Seguramente seguir presente en el escenario. A los casi 79 años, Tachuela como lo llama Horacio, o el Cabeza, como nadie le dice, o simplemente El Negro como le dicen los íntimos, como casi todo los políticos argentinos y no argentinos, quiere permanecer, quiere sentir el amor del pueblo, quiere reconocimiento, o como dice Dolina, “todo lo que hacemos es para levantarnos minas”, que en pocas palabras significa darse un masaje al ego.

Duhalde, te recuerdo, fue concejal de Lomas de Zamora, cuando Cámpora ganó las elecciones en 1973 y, fíjate vos, llegó a intendente, mirá como lo cuenta Wikipedia: “y por acefalía terminaría siendo Intendente de su ciudad natal, luego de que las presiones de la Unión Obrera Metalúrgica (Sindicato argentino) terminaran con la baja de la intendencia del por entonces Intendente de la ciudad, Pedro Pablo Turner, apoyado por la Juventud Peronista. Bandas armadas presionaron a otros dos Concejales para que renunciaran al puesto, mientras la Triple A (Alianza Anticomunista Argentina) llegaba a Lomas de Zamora para asesinar a Turner y a sus partidarios de la Juventud Peronista, fuertes en la universidad local y en algunos barrios. Durante la intendencia de Duhalde, la Triple A y comandos de la policía provincial llevaron a cabo varios asesinatos y secuestros, entre ellos la masacre de Pasco. (https://es.wikipedia.org/wiki/Eduardo_Duhalde).

Por lo tanto, El Negro, comienza la carrera barriendo opositores. Tenía en 1974 treinta y tres años, la edad de Cristo. Y no para.

No te voy a contar toda la vida de Duhalde. Ni tampoco que era guardavidas en la pileta en la que trabajaba cuando la conoció a Chiche, que era una petisa que estaba bien buena.

En abril del 2000, poco después de perder las elecciones presidenciales con Fernando de la Rúa, el aburrido, el “cabezón” reabrió su inmobiliaria familiar con un importante aviso en Clarín Clasificados. Muchos pensaron que nada mejor que una inmobiliaria para mantener sus contactos en cada distrito de la provincia de Buenos Aires.

Después fue vice de Menem, gobernador de la Provincia de Buenos Aires, candidato a Presidente en 1999 con Palito Ortega de vice, senador nacional y gracias a eso, resultó electo presidente transitorio en el 2001.

Su famosa frase “el que depositó dólares, recibirá dólares”, fue algo más que una anécdota. Tuvo que adelantar el llamado a elecciones por el asesinato de Maxi Kosteki y Darío Santillán. Dio por sentado que el corredor de autos Reutemann sería su próximo presidente, pero no pudo ser. Midió al cordobés De la Sota, pero los números no le daban. El único que le quedaba era Néstor Kirchner, pero nadie lo conocía. Pensó que lo iba a manejar como si fuera Chirolita, pero lo máximo que pudo hacer fue dejarle por un tiempo a Lavagna, que a su vez, era el mérito de Raúl Alfonsín, que lo acompañó casi en secreto en su afán de ser presidente.

Todo aparenta ser un nuevo fracaso de Duhalde. No habrá golpe de Estado, pero si habrá intento de golpes blandos. Antes de hacer la denuncia en Animales Sueltos le robó cinco minutos a Alberto Fernández, que lo mandó a hablar con Cristina. Cristina le dijo que esa denuncia debía hacerla al Chivo Rossi y el Chivo Rossi le dijo que se quedara tranquilo, que no había golpe militar en la Argentina. El mismo jefe del estado Mayor del Ejército argentino lo tranquilizó vía Twitter.

Pero lo más importante de este domingo fue una nota nada tranquilizadora del intelectual vivo más importante del mundo Noam Chomsky.

“No ha habido otro momento de estas características en la historia de la Humanidad. Así lo asegura el prestigioso intelectual y activista estadounidense Noam Chomsky, quien dijo que la pandemia del coronavirus ha hecho de estos tiempos los más oscuros de los que se tenga memoria. Chomsky explicó que el presente representa un “punto de confluencia de distintas crisis muy graves”, entre las que se incluyen una amenaza de guerra nuclear, cambio climático, la pandemia del coronavirus, una gran depresión económica y una contraofensiva racista que tiene como epicentro a los Estados Unidos. (https://www.pagina12.com.ar/288631-noam-chomsky-tenemos-poco-tiempo-para-decidir-si-la-vida-hum)

Por eso, vuelvo al comienzo. O lo que le dije a mi hijo Juan: Mi plan termina hoy a la noche. Con un poco de suerte mañana a la mañana tendré alguno.

La publicidad en la Cultura

Esta es la portada de un libro digital que se edita diariamente en Facebook, Twitter e Instagram y en mi blog www.mycreacion.com
No tiene fin en dos sentido del fin: no termina nunca y no se sabe para qué es. Pueden publicar todos aquellos que crean que tienen algo para aportar. Se abrirá, pronto o no, un grupo para participar, debatir y publicar. El título parte de un libro: El Malestar en la Cultura de Sigmund Freud. En este caso “la publicidad” reemplaza a “el malestar”. Vengo investigando en este tema hace medio siglo. Tengo miles de páginas de apuntes. Una biblioteca referida a temas que abarca la cultura y la publicidad. Miles de anuncios, comerciales de televisión, y últimamente, publicidad digital, en redes y portales. El tema es apasionante para publicitari@s, polític@s, periodistas, psicólog@s. Parto de una idea simple: la publicidad, las comunicaciones de marketing, las promociones, son verdaderas armas de transformación, de penetración. Es decir, la publicidad es una cultura viviente de la nadie es ajena. En general los publicitari@s que conozco están más interesados en ganar dinero que en aportar sus ideas a obras como la que propongo. Muchos de ellos están retirad@s. Otr@s en actividad, pero no los conozco. Este es el primer informe. Voy a trabajar en este tema combinado con otros que estoy llevando a cabo sin apuro. Al fin y al cabo, recién voy a cumplir 79 años y me siento bastante bien. Miren, la publicidad es una disciplina muy abarcadora. Pocos pueden imaginar cómo interviene de una manera transversal en la vida de los human@s. Para finalizar les pido a los interesados en participar que contesten a este post. Habrá otras maneras. Están tod@s cordialmente invitados. Comienza la función. (Este prólogo es un homenaje a mi amigo Juan Fresán que me enseñó a disfrutar de cada fracaso como su fuera el último)

Esconder la basura debajo de la alfombra.

“No me amargues el día, no me deprimas, hay que ser optimista, siempre que llovió paró, no pasa nada, hay que olvidarse de esto, la vacuna viene a fin de año, fíjate en Europa, volvió el fútbol , este es un invento de los chinos, son los comunistas que quieren volver, etcétera”.

Vos sabés de qué te hablo.

De la negación, del miedo, de todo aquello que la cultura neoliberal nos impuso como estilo de vida y sin embargo creemos que en esos valores radica la felicidad.

Cada tanto aparece en la televisión, en las redes sociales, en la calle, una demostración de “no pasa nada”. La publicidad (salvo la del gobierno) toma como tema la pandemia y nos muestra, como siempre, un mundo divertido, cordial, con amor, familia, sexo y niños puros y plenos de simpatía.

¿Qué escondemos?

El miedo.

Tanto se habla de la cultura colonizadora de mentes del neoliberalismo que me parece necesario exponerla.

La desigualdad, la miseria, el odio, la violencia son más viejas que el trueno y la lluvia. Vienen de tan atrás que uno se olvida. La lucha siempre fue una: unos pocos tratando de imponerse sobre los muchos. Y la verdad es que vienen imponiéndose históricamente. Por goleada.

Todo indica que el neoliberalismo es un dogma económico y en todo caso económico social. Pero este dogma esconde el verdadero espíritu del neoliberalismo: someter al otro. El neoliberalismo es en esencia un sistema de dominación. Y lo más importante es que este modelo antiguo, heredero del liberalismo tradicional, es un modelo de apropiación del mundo a través de concentrar la mayor riqueza posible a costa del trabajo y la producción de los demás.

El neoliberalismo propone un juego en el que gana aquel que más acumula. Para eso es necesario que en el juego haya ganadores y perdedores. Nadie gana nada del otro si no lo somete. A la larga es un juego en que cual uno se queda con casi todo. Y si es todo, más ganador aún.

En este juego de estrategia es necesario conseguir que otros produzcan, pero, a la larga o a la corta, eso que les pertenece (de acuerdo con la teoría de la propiedad) lo pierden. La paradoja es que al perder tienen que atenerse a las reglas del juego que impone el ganador. Y el ganador necesita que los que perdieron sigan produciendo. Ese es el círculo. No hay capitalismo sin producción, no hay producción sin trabajadores. Por eso el neoliberalismo, que intenta despreciar la dictadura del proletariado necesita algo más que imponer sus principios por la fuerza (aunque la usa). El neoliberalismo usa las estrategias de la dominación por la cultura.

¿Cuáles son esas estrategias?

Convencer que la felicidad radica en la propiedad de una casa, un auto, viajes, ropa, moda, tecnología, etc. El neoliberalismo necesita que el que produce se desprenda de lo que recibe devolviendo su salario al mismo que se lo dio, con la característica de que ese salario que obtuvo le rindió ganancia a su patrón.

Como el empleador depende de su empleado necesita engañarlo.

¿Cómo es el engaño?

El poderoso engaña al desvalido haciéndole creer que si se empeña llegará a ser como él. Le inculca la idea del progreso a través de la competencia, de tener un enemigo (el enemigo no es el empleador sino el otr@ como él o ella).

El neoliberalismo necesita seducirlo para seguir explotándolo.

Por eso le muestra la vida de fantasía a través de la publicidad, el marketing.

Muchos podrían insinuar que es una manera de motivar a los que menos tienen a esforzarse por tener más, por llegar. Pero no es así. El mundo lo demuestra.

El ejemplo está en la pandemia. En plena crisis universal, con el virus creciendo y rebrotando, con millones de desocupados, con más hambrientos que nunca, con más chicos desnutridos, con caídas brutales de la economía, con amenazas de los bancos de no poder devolver los depósitos, con la idea del presidente Trump de suspender las elecciones en EEUU, cinco, solo cinco multimillonarios del mundo acrecentaron sus fortunas por cinco. Solo uno de ellos, Bezos de Amazon consiguió en cinco días todos los dólares que necesitaría la Argentina para pagar su impagable deuda causada por otro millonario menor pero intensamente perverso que hoy trata de olvidarse de sus delitos en París.

El neoliberalismo necesita de la cultura. Para eso monopoliza los medios de comunicación, la tecnología, los negocios, los mercados. El neoliberalismo se apodera de las mentes de los miles de millones de human@s para convencerlos de ser sus propios caníbales. Y lo peor es que lo consigue. Miles y miles de pobres vapuleados por el neoliberalismo defienden sus principios. Son los que desprecian la cuarentena, son los que no les importa que mueran los otros, son los que desprecian a los apenas más pobres que ellos.

Por eso decimos que la batalla es cultural. Por eso asoma una idea de apocalipsis. Por eso muchos creen que la felicidad volverá a ser como era antes sin darse cuenta de que antes eran también unos infelices.

Hay una pequeña abertura que deja abierta la pandemia: la libertad, la igualdad y la pelea contra el neoliberalismo que intentará de todos modos volver a ser toda la mierda que siempre fue.

Diario de cuarentena. Certezas de la incertidumbre

Diario de cuarentena

Certezas de la incertidumbre

“Solo sé que no sé nada”, ¿se acuerdan de esta frase que circulaba en las clases de filosofía del colegio secundario, allá por la década del 50? ¿Se acuerdan quién la dijo. Se le atribuye a Sócrates, si bien es Platón quién la menciona como dicha por Sócrates.

Seguramente se acuerdan de la famosa “gafe” de Menem que en un reportaje dijo que sus lecturas preferidas eran las obras completas de Sócrates, quién en verdad, no dejó ni una sola obra escrita. Ni siquiera su famosa frase de Solo sé que no se nada”.

De esto se trata esta columna de hoy. Algo sabemos. Como muchos dicen nada será igual. Otros suponen que en poco tiempo todo volverá a ser como siempre fue. Los del medio ambulan entre nada va a ser igual a “con el tiempo todo volverá a ser igual”. No lo sabemos. Estamos en estado de suspensión, especulación, tristeza, desamparo y ansiedad. Pero podemos ir especulando con algunas cosas. Juntos podemos sacar algunas conclusiones.

Hay algunas aseveraciones que parecen no generar dudas. Por ejemplo que esta enfermedad es mucho más grave para l@s viej@s. Las estadísticas mundiales señalan que más del 80% de l@s muert@s tenían más de 70 años. Es más, el promedio ronda los 71 años. Los más jóvenes seguramente tienen otras ilusiones con respecto a la evolución de la enfermedad. Pero muchos anuncian que esta pandemia, que ya estaba anunciada, no será la única. Hay puesta mucho esperanza en la vacuna, aunque todos los científicos coinciden en que para eso hay que esperar al menos un año o año y medio.

Hay señales claras de que todo no será igual. Algunos economistas adelantan que la caída mundial de la economía en este año rondará el 10%. En los EEUU, en menos de un mes hay 10 millones de solicitudes de subsidio por desempleo. Según El País de Madrid, a España le llevará dos años recuperarse de esta tragedia, siempre y cuando las condiciones de la pandemia sean positivas para la población. Hay industrias que no saben si esto significa la quiebra en cadena de aerolíneas internacionales, aeropuertos, cadenas de hoteles, compañías de Cruceros, agencias de viajes y turismo. Muchísimos profesionales independientes están prácticamente desamparados si no fuera por la ayuda del Estado: actores y actrices, la industria del cine, los espectáculos teatrales, electricistas, decoradores, maquilladores, vestuaristas, solo por mencionar algunas. Médicos, odontólogos, kinesiólogos, son una rama de la salud que sufren las consecuencias de las cuarentenas. Colegios privados que no cobran las cuotas porque hay padres que no cobran sus sueldos. El servicio doméstico está sin trabajar y no todos los hogares de clase media tienen ingresos o ahorros como para pagar esos sueldos. Gimnasios, clubes, deportistas profesionales y todos los rubros que acompañan a estas instituciones: técnicos, ayudantes, lavaderos, asistentes.

Una de esas desaparecen McDonalds, Starbruks y los shoppings. Una de esas casi todos los restaurantes cierren. Muy posiblemente no se vendan autos. Es posible que los peajes no recauden. Las cocheras serán más baratas, los negocios de ropa de marca descubrirán que todas las remeras son iguales, que la gran y desproporcionada campaña de las marcas de prestigio no servirán de nada, que la lar publicidad será innecesaria, que cambiar el celular no tendrá sentido y que los millones de usuarios que pagan cable, internet y servicios accesorios, dejarán de hacerlo.

De repente muchos que hasta hace muy poco eran adoradores del dios Mercado ahora suplican al Estado que subvencione sus negocios. Pocos se quejan del dólar super alto, del riesgo país o que el Banco central emita pesos sin respaldo.

No solo cambios en la economía. Habrá cambios en la educación, en la salud, en la cultura, en la vida cotidiana. Todos estos cambios producirán a la larga o a la corta nuevos sistemas de creencias y valores. Parece ser que se descubre que no hay capitalismo sin consumidores y no hay consumo sin ingresos. La vuelta cíclica del dinero que ganan los empleados vuelve a los patrones puede cortarse cuando se tome en cuenta que miles de productos y servicios que consumimos no son de necesidad sino que son estimulados por un modelo de sociedad que consiste en que cada vez pocos tengan mucho y muchísimos tengan poco. Así se descubre que tanto va el cántaro a la fuente hasta que el cántaro se rompe.

Todo esto es pura especulación. No voy a pretender que estas reflexiones sean producto de un estudio profundo. Son simples reflexiones que al parecer no son muy difíciles de creer.

Posiblemente si esto llega a suceder algo bueno pueda pasar. Y eso bueno que puede pasar es que tomemos conciencia que ese 20% del mundo que acumula el 80% de la riqueza y que el 80% restante de los humanos apenas le quede un 20%, no es otra cosa que la llamada DESIGUALDAD.

Es posible que como muchos creen el capitalismo resurja de sus cenizas, que la explotación continúe y que las epidemias se repitan. Es decir, que nada cambie. Si eso sucede, solo descubriremos que Sigmund Freud tenía razón cuando no era optimista respecto al mundo que nos toca vivir.

Una de esas, vamos hacia un mundo mejor. Todo es posible.

Diario de Cuarentena. El azar, la incertidumbre y la ilusión.

El azar, la incertidumbre y la ilusión.

¿Cómo es lo inimaginable? Si no puedo imaginar, fantasear, vislumbrar el futuro es posible que necesite aprender a vivir como si nunca hubiera vivido.

En estos días, cuando estoy viendo una serie, una película vieja o algo de ciencia ficción me extraña ver a gente que camina por las calles, a una familia sentada alrededor de la mesa, a una pareja que se conoce en un tren, a una multitud gritando un gol en una tribuna de una cancha de fútbol, a King Kong en la cúpula del Empire State Building asustando a miles de neoyorquinos. Siento que algo está mal si la gente está a menos de un metro y medio de distancia, sino no tienen un barbijo, si se besan o simplemente se saludan con un apretón de manos.

Este es el primer 24 de marzo que no voy a la Plaza de Mayo, es el primer año en mi vida que no veo un partido de fútbol, que no salgo a la calle, que no veo a mis nietos, que no los beso, abrazo y huelo.

Esto es absolutamente nuevo, inimaginable. Parece ficción pero es pura realidad. Cada mañana, cada madrugada, me pregunto si el mundo cambió de tal manera que voy a pasar el resto de mis días en medio de esta nueva realidad.

Cuando me pongo muy racional contesto mis preguntas más angustiosas con una simple respuesta: hay que esperar la vacuna. Y entonces aparece el fantasma del virus que muta, el virus inteligente que descubrió que los seres humanos con toda su tecnología y sapiencia ignoraron que la naturaleza es sabia y no permitiría que acaben con el planeta.

Todas las mañanas me asomo al balcón y veo a mi vecino de enfrente caminando de punta a punta su propio balcón. Da exactamente 16 pasos hasta un extremo, gira y da otros 16 pasos. ¿Cómo lo sé? Porque los conté. Tiene un balcón de 8.66×2, es decir da 16 pasos para recorrer 17.32 metros . Mientras tanto habla por el celular. Recorre esos 16 pasos en 18 segundos y lo hace por 40 minutos, es decir que camina cada mañana 2400 segundos para recorrer casi 4 kilómetros, 200 metros, sin moverse de su casa. Ni de su balcón. Le grité preguntándole su WhatsApp y me lo cantó uno a uno los números. El primer wapp que le mandé le dije que lo felicitaba porque en 30 días de cuarentena había caminado por su balcón 126 kilómetros, casi lo mismo que haber ido caminando durante un mes a Chascomús. Me contestó con un “ajajaja”. Por mi cuenta hago durante 45 días 22 kilómetros por día en la bicicleta fija.

Paul Auster es un escritor que trabaja sus textos con la idea del azar como eje de las tramas. ¿Qué es el azar? Un efecto, un hecho, que no podemos prever. El hecho que relata Paul Auster en varios de sus libros transcurre en su pubertad. Estando en un campamento de estudiantes en un bosque se desata una tormenta y todos corren para guarescerse debajo de unos árboles. Para alcanzar esa meta hay que cruzar un alambrado. Su amigo de la infancia pone un pie sobre el alambrado para que él pase y en ese momento un rayo alcanza a su amigo que muere electrocutado por darle paso a Paul. Varias veces se pregunta que hubiera pasado si el que hubiera apoyado el pie en el cerco era el mismo y no su amigo. Hubiera muerto. El azar hizo que Paul se salvara de la muerte.

Todos vivimos pendientes del azar. Nunca sabemos si la decisión de cruzar o no una calle puede significar que el azar intervenga para vivir o morir. ¿Salir a la calle y contagiarnos de la enfermedad que provoca el coronavirus? ¿Y si el coronavirus llega a casa de la mano de un proveedor que dejó su mercadería infectada? Todos escuchamos a alguien decir que prefiere morir de la enfermedad del virus a morir de angustia por no salir. Pocos son los que saben que No Salir es más por lo otros que por uno.

Estamos aprendiendo de a poco a vivir con más incertidumbre que la que habitualmente soportamos. Nada es certero de lo que estamos pasando. Nada es totalmente cierto. A veces pasa que la realidad y la fantasía se confunden entre sí. Vivimos en un estado de suspensión.

Seguramente la capacidad de adaptación de los humanos posibilite que más adelante los más jóvenes, los que hoy son pibes y pibas, encuentren un modelo de vida que se adapte la depredación que estamos infringiendo al planeta.

Hoy veía en un noticiero como la guerra continúa en Siria con pandemia. No se sabe que causa más muertes. Miles de millones de dólares, Euros o pesos son usados para matar sin virus. El presidente del país más importante (hasta ahora) del mundo aconseja a inyectarse lavandina. Miles y miles de personas viven la pandemia en un total hacinamiento. Miles de personas enfermas que no sufren el coronavirus mueren por no tener paliativos a sus enfermedades crónicas.

La ilusión es encontrar nuevos paradigmas que nos permitan ser mejores personas. Este mundo está padeciendo lo que hacemos en un estado de victoria del individualismo, el acaparamiento, la desigualdad.

Esta cuarentena no habla del pasado. Hoy nos toca el presente y algo del futuro.

.

.

.

Diario de Cuarentena/Yo tuve un papá millonario que murió pobre.

¿Cuántos millonarios conociste en tu vida?

El primer millonario que conocí en mi vida fue a mi viejo. No era un millonario en serio, de esos millonarios que tienen la guita en un banco suizo, o tienen acciones o bonos de la deuda externa, no. Me estoy refiriendo a un millonario de los años 50 o 60. Mi viejo era un pequeño industrial, lo que hoy se llamaría una PYME mediana o grande. Depende. Era hijo de mi abuelo Jacobo, un inmigrante que llegó de Rusia en 1905 a los 16 años, de profesión sastre y que gracias a esta tierra generosa consiguió hacer una pequeña fortuna con un taller de unas diez o doce máquinas de coser Singer, trabajando para otros talleres más grandes, confeccionando pantalones y camisas. Jacobo y Sofía, mi abuela, tuvieron cinco hijos: Abraham (1912) Luis, mi papá (1914) Juanita (1916), Jaituve (1918) y Sarita (1924). Como correspondía a una familia inmigrante, Abraham, el mayor se recibió de médico, puso su consultorio en Avellaneda y fue un pediatra reconocido y estudioso. Mi papá, dejó el colegio primario en cuarto grado y empezó a vender jabones, casa por casa, a los 11 años. Juanita ayudaba a la abuela Sofía con las cosas de la casa, le encontraron un novio para casarse a la edad de prometer y de pura rebelde se consiguió un amante clandestino que tenía algunas características que no le caían muy bien a Jacobo: era negro (brasileño), fornido, sensual y encima, lo peor, católico. Juanita se suicidó estando embarazada, unos meses antes de cumplir con la promesa de casamiento al novio judío oficial. Jaituve demoró en suicidarse unos 25 años después. Ella cumplió con la promesa de casarse con su primo hermano, mi tío Avelino, con quien tuvo dos hijos, un varón y una nena. Jaituve se suicidó porque se había enamorado del médico de mi tío Avelino, quien a su vez había sufrido un ACV a la temprana edad de 48 años y había quedado paralítico de su lado izquierdo, pero le permitía usar su bastón con la derecha, con el cual le producía variados moretones a la pobre Jaituve. Ella también se suicidó cuando mi abuelo Jacobo no aprobó su separación de Avelino, por más que ella justificara que el bueno y gordo marido le pegaba con un bastón. Finalmente, la menor, Sarita, se casó con un buen muchacho judío, trabajador, que era el dependiente del negocio de Jacobo, su mano derecha, su cadete y también, el candidato ideal para la tía Sarita. Por lo tanto, Sarita no se suicidó. Apenas si se volvió loca, fumadora empedernida, neurótica de manual.

Bueno de esa familia judía surgió mi papá que de vender jabones pasó por distintas etapas hasta llegar a tener una fábrica con casi una centena de obreros y empleados y entre estos últimos un chofer llamado Rodolfo.

Y sí, mi papá, era millonario a los 38 años, tenía chofer y algunas novias que yo conocía porque casi siempre eran o empleadas de confianza o amigas íntimas de mi mamá, Adela, o Adelita para los de mayor confianza.

Así que siendo mi papá millonario, teníamos un departamento de 400 metros cuadrados en Villa Crespo, con jardín, jardinero y dos empleadas de servicio, con cama adentro y Adolfo el chofer.

Mi papá era bastante avaro. Amarrete, se decía. Tacaño, también. Ahí descubrí a la edad temprana que una de las características de los millonarios es que no se desprenden fácilmente del dinero que ganan a costa de sus explotados. Mi papá le dejaba a mi mamá todos los días la plata para el mercado y mi mamá todos los días le reclamaba que eso no alcanzaba. También, en el transcurso de los años escuchaba que no solo le dejaba poco a mamá, sino que además ella lo acusaba de gastarse el dinero con sus amantes, o lo que descubriríamos tiempo después, en una amiga de mi mamá, viuda joven de un cliente de mi papá, con el cual hacían negocios con corrupción mediante.

Cuando Carlos se murió increíblemente después de una operación de apendicitis, su viuda comenzó a ser la novia de mi papá y dejó de ser la amiga de mi mamá. Cosa de millonarios.

Cuando Perón es derrocado por el golpe cívico militar de 1955 mi papá deja de ser millonario. La Fundación Evita, a la que él le vendía miles de indumentarias para los pibes pobres , fue intervenida por las fuerzas militares y por ende nunca cobró lo que le debían. El era acreedor de una organización que los militares consideraban corrupta. No le pagaron y él dejo de ser millonario por unos cuantos años.

Ya casado con su nueva mujer, encontró un nuevo rumbo en Venezuela, la Venezuela del petróleo y la nueva democracia de Rómulo Betancourt el líder de esos momentos del partido Acción Democrática.

Papá, en Venezuela, volvió a ser millonario. Reconstruyó su modelo de fábrica, consiguió ser proveedor del estado venezolano, pagó las coimas necesarias y consiguió su objetivo: nadar en plata, o en Bolívares.

Una vez más, volvió a las grandes casas, a sus gustos de pequeño burgués, con autos importantes y viajes a Europa. Visitó la clínica de la doctora Aslan donde hizo los exámenes previos para conseguir las famosas pastillas de la juventud eterna.

El rodrigazo en la Argentina de Isabel lo encontró financiando sus propias obras de construcción y en menos de una año quedó nuevamente pobre. Y así murió, pobre, en el Hospital Durand, de una septicemia que seguramente hubiera podido evitar en el Otamendi o en la Clínica de la Swiss Medical.

De todo esto me acordé hoy mientras leía con pasión la nota de Horacio Verbitsky acerca del impuesto a las fortunas argentinas. Cómo se oponen los millonarios genuinos, pero también los que no lo son pero sueñan con serlo o admiran a los que lo son.

Hoy un columnista del New York Times decía que lo que habría que encontrar rápido es un antídoto contra Trump, que no solo es multi millonario sino que además es el presidente del país más poderoso del mundo. O quizás el que fue el país más poderoso del mundo.

(Una cuarentena llena de recuerdos familiares. Que dios me perdone)

Diario de Cuarentena. Acerca del amor, la vida y la muerte.

Ingmar Bergman (director de teatro y cine sueco – Upsala 1918 Isla Faro 2007) en una carta dirigida a sus actores y actrices convocándolos a la filmación de una nueva película, les dice: “como siempre esta nueva película tiene como tema la vida, el amor y la muerte”.

Desde hace tiempo, pero especialmente en estos últimos 40 días, justamente de “cuarentena”, esta carta de Bergman me persigue y me deleita. La vida, el amor y la muerte.

Esta semana murieron Fontova y Marcos Mundstok. A ambos los conocí trabajando en publicidad. A Fontova le pedí una letra para una canción (un jingle)  para Alfombras Kalpakian. Quería una cumbia que se burlara de las moquetes y alabara los arabescos. A Marcos, cuando los dos trabajábamos en publicidad en distintas agencias para un cliente importante de esos tiempos: Ducilo (internacionalmente Dupont).

Tenían en común un don: el desparpajo. Sonia Braguetti era un hallazgo del Negro Fontova que Jorge Guinzburg, también muerto, supo explotar gracias a su genio empresario y productor artístico. Marcos inventó a Giuseppe Mastropiero, otro personaje inesperado que hizo de Les Luthiers un éxito que persiste hace medio siglo.

Todos los Luthiers son grandes músicos, menos Marcos, que sabía mucho de música, pero nunca ejecutó un instrumento. No sé si el negro murió pobre, pero seguro no terminó sus días siendo rico.

MI hermano Juan vivió casi toda su vida como un millonario, un exquisito, un excéntrico. Vivió en casas enormes, las mejores ubicadas, con ropa de muy buen gusto, sobre toda inglesa. Juan nunca tomó otro whisky que no fuera Chivas Regall, ni fumó otros cigarrillos que no provinieran de Inglaterra, Estados Unidos u habanos Montecristo originales de Cuba. Murió como lo que fue: un millonario. Juan murió un 28 de agosto de 2010 sin un peso en el bolsillo. El último verano clamaba por un ventilador, vendía sus cuchillos de acero de marca Wüsthof, sus 10 pares de zapatos Church (ingleses) y dos sillones que trajo de la India, para poder seguir tomando champán francés y comer ostras importadas. Murió pobre y vivió como un rico.

Es una confesión: la muerte que más lloré fue la de mi perro Bargach. Bargach era un Boxer adorable. Simpático, cariñoso y amigo entrañable. La mañana del día que se murió se despidió subiéndose con sus patas a mi pecho esperando la caricia en la cabezota. Lo abracé, le besé esa cabeza cuadrada y me fui a trabajar. Cuando volví a la noche a casa y me dijeron que Bargach se había muerto de golpe, seguramente de un infarto masivo, no pude contener un llanto espontáneo, una sensación de pérdida enorme y salí de casa rumbo a algún lado, solo, diciéndome que no era posible, que Bargach era joven, que su vida había sido solo un suspiro. Hice el duelo y hoy, a casi 25 años de su muerte sigue siendo la pérdida de un amigo irremplazable.

Cuando murió Pepe Eliaschev también lloré. A solas, en el baño de mi casa. Mirándome al espejo le dije a Pepe “no me diste la oportunidad de decirte cuanto te despreciaba por tu revés en la vida política”. Yo no lo quería ya a Pepe. Pero yo quería que viviera. Yo quería que algún día me dijera porque me había traicionado pasándose a la derecha. Pero no quería que se muriera.

En casi 80 años aprendí y entendí que a la vida hay que dejarla fluir, que vaya pasando, que transcurra. Claro que lo entendí tarde, pero lo entendí. Mi infancia fue una mezcla de tristezas y pronósticos de cosas terribles. Tuve padres ocupados en otro hermano, en otras cosas y los suplanté por abuelos, novias, amigos entrañables.

Pupi era mi amigo de la adolescencia. También murió muy joven. En la guerrilla de Orán, Salta, siendo un aprendiz de guerrillero en el EGP el ejército guerrillero del pueblo, un movimiento guevarista que impulsó y comandó Jorge Masetti, el Comandante Segundo.

La vida transcurre mientras otros mueren y uno sigue viviendo. El amor es una sensación muy profunda que el tiempo transforma de enamoramiento en amor. El enamoramiento es esa sensación de tener la cabeza ocupada todo el tiempo en otro nombre, en otra imagen, en otros recuerdos, en algunos sueños. Sufrir por amor, aprendí del libro de Igor Caruso La Separación de los Amantes, es perder el lugar privilegiado de otro u otra en su cabeza, en su mente. Cuando uno desaparece de la mente del otro es cuando el sufrimiento por amor se transforma en duelo de muerte.

La vida, el amor y la muerte es un triángulo maravilloso, único e insoportable. Es un peso, una pluma, una pared. Por eso los que acumulan bienes en lugar de amor tienen la misma muerte que los que no acumularon bienes: la nada. Porque la vida empieza de la nada, o casi la nada, y termina en la nada. Nada más cierto que del polvo vienes y en polvo te conviertes.

Hasta mañana.

Freud, Bergman, Woody Allen y mi abuelo Salomón.

Diario de Cuarentena

Freud, Bergman, Woody Allen y mi abuelo Salomón.

Sigmund Freud, Ingmar Bergman, Woody Allen y mi abuelo Salomón Tulchinsky. Tres ídolos famosos y uno anónimo.

Salomón nació en una aldea cercana a Kiev, en Ucrania, en 1891. A los catorce años llegó a Buenos Aires con una valija de cartón y un violín en su estuche. Llegó el 5 de julio de 1905 y ese mismo día con su papá, mi bisabuelo Moisés, tomaron el tranvía en el puerto de Buenos Aires y fueron hasta la Avenida San Martín y Luis Viale, a la dirección que tenían anotada en un papelito de un paisano que había llegado dos años antes. Trabajó de sastre, tocaba el violín en un bar de Villa Crespo, estudió y trabajó de actor de teatro idish, fue sindicalista y anarquista. Viví con él y mi abuela Rosa muchos años de mi infancia. Me leía Bakunin antes de dormirme. Me enseñaba que en la vida hay que compartir lo que uno tiene, porque es la única manera de ser un “mench”, una persona. Salomón me llevaba al cine, al Parque Japonés en Retiro, al Zoológico, al Botánico y también lo acompañaba a las reuniones políticas que tenía con un grupo de compañeros del sindicato del vestido.

A Freud llegué gracias a mi novia de la adolescencia. Frida lo conoció a Freud gracias a la revista Nuestros Hijos, una publicación de avanzada que hablaba de la psicoterapia, del psicoanálisis y de Sigmund Freud.

La primera vez que me analicé fue en 1959. Tuve un par de meses viendo al DR Gallinovsky que era un médico psiquiatra que había ingresado a los cursos de la APA, la Asociación Psicoanalítica Argentina. Poco después comencé una terapia de grupo con León Grinberg, quien terminaba de publicar un libro Psicoterapia de Grupo escrito juntamente con Mari Langer y Emilio Rodrigué. El primer tomo de Freud lo compré en la librería de Fray Mocho, cuyo dueño, Don Marcos, me dio un crédito por pura confianza para pagarlo en seis veces. Compré el tomo Psicoanálisis de los sueños que era la lectura que recomendaban Ángel Garma y Arnaldo Rascovsky en las clases abiertas que daban en la facultad de medicina los martes y jueves. Mi libro de cabecera o el libro que consulto cada vez que me encuentro ante la alternativa de entender algo de lo que pasa con el hombre y la sociedad, es El Malestar en la Cultura.

Fui también un lector apasionado de la correspondencia de Freud, especialmente con Lou Salomé y con el odontólogo William Fliess. También las cartas que le enviaba a Marta Bernays, su novia y esposa de toda la vida.

Mi frustración es no haber sido psicoanalista. También no haber sido un escritor. También no saber disfrutar de la pintura, aunque si del diseño gráfico.

Es difícil explicarlo, pero creo que soy freudiano. ¿Qué significa eso? Que creo en el inconsciente. Para decirlo más sencillo, creo que el inconsciente existe más allá de no poder ubicarlo en ningún lado físico del cuerpo humano.

Como ya lo conté vi mucho cine en mi vida. Miles de películas. De esas miles de películas pocas me produjeron un efecto de sensibilidad artística y emocional como algunas de las películas de Ingmar Bergman. Cuando Huye el Día, El Séptimo Sello, Escenas de la Vida Conyugal y posteriormente Sarabanda, fueron impactos al corazón, golpes al estómago, sudestadas en la cabeza.

Cada tanto veo un documental, una entrevista que la televisión sueca le hace a Bergman y a su actor predilecto Erland Josephson, poco antes que los dos amigos y compañeros mueran. Es un final de vida que resume una vida dedicada al teatro y al cine. (les recomiendo muy especialmente verla en You Tube https://www.youtube.com/watch?v=HqTRUQe-bAc&t=2489s

Con Woody Allen me une una relación generacional. Es apenas siete años mayor, pero siempre pienso que no quiero morirme antes que él para no perderme su última película.

Tengo todas la biografías de Woody. Todas son muy parecidas. Todas intentan demostrar que él y sus personajes son distintos, pero cuanto más intentan menos lo consiguen.

Vi absolutamente todas sus películas. Algunas 10 veces, como Manhattan, Crímenes y Pecados, Hanna y sus hermanas, Match Point. Cuando alguien me dice que una película de Woody es mala yo contesto que la más mala me gusta. ¿Fanatismo? Posiblemente. Ahora está a punto de publicar su Autobiografía. La espero ansiosamente. También espero ver su última película y si por culpa de esta pandemia no se podrá ir al cine por mucho tiempo espero que las nuevas tecnologías sirvan al menos para ver en el televisor estas películas inmensas.

Gracias por leer. Es un gusto.

Diario de Cuarentena 3a Parte. La vida cotidiana en los ’60

Diario de Cuarentena 3a Parte.
La vida cotidiana en los ’60
La generación del ’60 estaba politizada. Los que teníamos entre 20 y 30 años nos caracterizaban algunos hechos referenciales. En enero de 1959 Fidel Castro había bajado de Sierra Maestra, derrocando all dictador y sobador de gringos Fulgencio Batista, Era presidente Arturo Frondizi que estaba continuamente siendo asediado por los militares que habían derrocado a Perón y no le perdonaban que hubiera ganado las elecciones del 23 de febrero de 1958 con su ayuda. Al lado de Frondizi estaba el Tapir, Rogelio Frigerio, un ex comunista que se había corrido a un nacionalismo economicista y proclamaba la teoría del desarrollo económico.
En noviembre de 1962 Jacobo Timerman lanzaba el primer semanario de noticias a la manera de la revista Time de EEUU, Primera Plana.
El peronismo, especialmente el ala sindical, proscripto, crecía en la ilegalidad y el nombre de Perón que había sido prohibido por un decreto de la Revolución Libertadora, el famoso 4161, se inscribía en cada pared del suburbano con el símbolo de una V y encima una p. El famoso Perón Vuelve.
Perón había iniciado un largo exilio que comenzó en Paraguay, siguió en Venezuela y llegó hasta Panamá con un último destino en Madrid, España.
Pasaron 18 años y el famoso Perón vuelve se cumplió. Y volvió a ser presidente en 1974.
El radicalismo se había dividido en dos La UCR del Pueblo y la UCRI, la Unión Cívica Radical Intransigente. Balbín de un lado, Frondizi del otro.
En la década del 60 a la del 70 pasaron por el gobierno Frondizi, Guido, Illia, Onganía, Levingston y finalmente el General Lanusse.
Dos presidentes derrocados, un presidente civil títere de los militares (Guido) y tres militares sucesivos.
El peronismo volvió a la legalidad por poco tiempo. Frondizi cumplió con su palabra y en las elecciones de Marzo de 1962 el peronismo ganó por amplia mayoría la Provincia de Buenos Aires, siendo su candidato a gobernador el sindicalista Andrés Framini,. Frondizi, acosado por la cúpula militar, anuló las elecciones y se produjo el golpe cívico militar que terminaría con el gobierno elegido por el pueblo.
Comienza así una nueva etapa :la lucha armada.

Diario de Cuarentena. Intimidades de las horas de encierro.

Diario de Cuarentena.

Intimidades de las horas de encierro.

Todavía camino a paso ligero, sin bastón, erguido y mirando al frente. Eso no significa que no me cuide. La última vez que me caí y se acercaron dos o tres personas preguntándome como estaba, si necesitaba algo o ¿quiere que llamemos al SAME? Lo que sentí, más que agradecimiento, es vergüenza. Así como me da vergüenza que me ofrezcan el asiento en el colectivo aunque también me da bronca que un pibe sentado en el reservado para embarazad@s, discapacitad@s o viej@s se haga el boludo mirando el celular o mirando para otro lado, es decir a la ventanilla.

Ser viejo, no es chiste. Pero prefiero ser un viejo que conserva el humor. Posiblemente para espantar a la enfermedad, la muerte, la soledad.

Todo esto viene a que le dije a un amigo que esta cuarentena se parecía a un pre-geriátrico o residencia de ancianos. Nos reímos los dos, pero a mí me parece que nos reímos de nervios.

Yo llegué a la vejez casi sin darme cuenta. Algo así como el tiempo en el cine. Esas dos horas que dura la película de Woody Allen que tanto me gusta y por lo tanto cuando me doy cuenta de que está por terminar siento que me gustaría que siga, que siga y siga, es porque el tiempo se me pasó, como se dice, volando. ¿Se dieron cuenta que cuatro horas de auto es una cosa y cuatro horas de avión es otra? Seis horas durmiendo no son seis horas trabajando. O cuarenta minutos de cinta no son cuarenta minutos de un primer tiempo de Boca-River. Necesito tantos ejemplos para decir(me) que mis casi 80 me parecen 60, o exagero, me parecen 50, o 40.

Como no creo en dios, ni en otra vida, ni en la reencarnación, me resulta bastante molesto esto de morirme. No voy a mentir diciendo que es preferible tener pensamientos positivos, o no pensar en “eso”. La gente que conozco de mi edad, de mi generación, tampoco le pasa desapercibido el tema. Los chistes ayudan a mantener el espíritu abierto y no quitarle espacio por más miedo que haya.

Esta cuarentena no me tomó desprevenido. Trabajo, estudio, leo, pienso, estoy en “las redes”, ahora, en cuarentena, y cuando no estaba en cuarentena también. ¿Qué es lo que me falta?

Antes que nada me faltan mis nietos y mi bisnieta. Me falta el ruido , el quilombo, ir a comprar regalos, cosas ricas, el tocarlos, besarlos, abrazarlos. Me faltan los amigos, las amigas, las discusiones, las emociones, las miradas. Me falta la libertad. Eso me falta y eso extraño. Yo tenía un amigo raro e indescifrable con el cual teníamos una relación entrañable. Se llamaba Juan Fresán y se murió antes de tiempo. El tipo era un genio, un tipo brillante. Un diseñador, un artista, un pensador. Juan decía que tenía que vivir al menos a dos o tres cuadras del Florida Garden, la tradicional confitería de Paraguay y Florida. Yo le decía: pero Juan si vos prácticamente no salís de tu casa, nunca vas al Florida Garden, odias encontrarte con gente, por qué tendrías que vivir a tres cuadras del Florida Garden. Juan contestaba: “No me importa que yo no vaya. Lo que me importa es saber que está ahí y yo estoy cerca”.

Pero creo que todo esto es para ocultar otras cosas que me faltan. Me falta la pasión, eso sí me falta. Y eso no se compra, no se alquila, no se disimula. La única pasión que me queda es militar por un mundo totalmente diferente al que vivo y noto que se va debilitando al igual que otras pasiones.

Cuando tenía 30 años tuve una crisis que en esa época se llamaba la crisis de la mitad de la vida, porque se creía, o creíamos que la vida duraba más o menos sesenta años. Y su duraba más era simplemente porque uno duraba más que la vida. En esa crisis de la mitad de la vida los de mi generación queríamos ser hippies. Estaba de moda largar todo e irse a vivir a El Bolsón, en Río Negro, a cuarenta kilómetros de Bariloche. Algunos lo hicieron. Antes que llegara la dictadura, unos meses antes me fui a Venezuela, a Caracas. Lo decidí el día que volvió Perón a la Argentina y viví la guerra de Ezeiza. Había votado a Cámpora y fui, el 1° de mayo de 1973 con el que era mi cuñado de ese entonces a reclamar la libertad de los presos políticos a Villa Devoto. Montoneros era la esperanza. En las reuniones discutíamos cuáles eran las condiciones de fundar una patria socialista. Con una gran amiga hicimos una investigación para El Descamisado sobre la tortura en el conurbano sur de la provincia de Buenos Aires. Cuando presentamos el trabajo, el secretario de redacción nos dijo que no se podía publicar porque a los que denunciábamos como torturadores posiblemente los iba a necesitar el movimiento para “otras tareas”. Poco después, renunciaba Cámpora y asumía Lastieri, el yerno de López Rega. Por eso me fui a Venezuela.

Escribiendo sobre cuarentena en el 2020, las intimidades me retrotraen a los 70. Vaya viaje a la historia. Vaya viaje a la pasión.

Como muchos de ustedes saben intento nunca pasarme de las mil palabras, por eso voy a dejar acá. Aunque prometo que mañana voy a seguir con las intimidades. Ojalá tenga ganas…con esta desapasionada cuarentena. Salute,

Crónicas publicitarias. Ford Falcon (La vida tiene sus miserias) Marcelo Cosin

Pasaba por el sexto piso, donde estaban los directores de cuentas y también la gerencia, cuando Graciela me avisó que tenía una llamada. Levanté el tubo y antes de preguntar quién era escuché una voz cavernosa que me amenazaba con matarme a mí y a mi familia si no me iba del país en 24 horas. Me dijo algo más, pero no me acuerdo porque quedé aturdido, sin saber que debía hacer, pensar o decir. Solo atiné a hacer la pregunta más idiota del momento: ¿pero, quién habla?

El sexto piso era el sexto piso de la agencia J.W.Thompson, el gerente era Horacio Diez, y ese día era el viernes 7 de octubre de 1983, a 23 días de las elecciones presidenciales en las que Raúl Alfonsín sería proclamado el nuevo presidente constitucional de la Argentina.

Casualmente, en esos días, estaban en pleno apogeo las campañas políticas de los dos partidos que aspiraban a gobernar un país destruido por la desaparición de personas, la persecución indiscriminada de toda índole, pobreza, inflación y sobre todo, un país con sus valores sociales despedazados. El final de una guerra absurda, con una sociedad confundida que solo atinaba a confiar en un final terrible y un comienzo, al menos, diferente.

Desde 10 meses atrás, integraba un grupo de profesionales de la publicidad que trabajamos en la campaña publicitaria por la fórmula presidencial Alfonsín-Martínez. Ese grupo era encabezado por David Ratto y también estaba Gabriel Dreyfus.

Cuando me repuse de esa llamada de terror, pude hablar con Emilio Gibaja, coordinador de la campaña desde la UCR y poco después pudo corroborar que no se trataba de ningún grupo político, ni terrorista, ni peronista, ni montonero, ni gremial. También Gibaja pudo saber que el llamado existió y que estaba hecho por profesionales y que seguramente provenía de algún “servicio” pero que no podían identificar exactamente de qué servicio se trataba.

En esos días, además de mi intensa labor en la campaña política estaba en la agencia trabajando la creación de un comercial para Ford – empresa tradicional cliente de JWT – para intentar revitalizar la imagen de una marca con fuertes ribetes cívico-militares-policiales: Ford Falcon.

En esos días, sin que pocos lo supiéramos, existía en la Planta de Ford de Pacheco una fuerza de tareas de la FFAA, seguramente del ejército. Muchos de nosotros comimos asado en ese quincho de Pacheco sin saber que a pocos metros se torturaba y se exterminaba gente.

Casi 30 años después supe la verdad acerca de ese llamado misterioso y amenazador. Provenía del grupo de tareas de Ford y tenía como objetivo alejarme de la producción de ese comercial de televisión para Ford Falcon.

El director de la cuenta de Ford en JWT era en esos momentos Marcos Golfari, quien años después se convirtiera en uno de los más afamados publicitarios mundiales desde la agencia David Ogilvy.

Todos los comerciales de Ford los producía una sola compañía: Horacio Casares y Asociados.

Por las características del comercial que mi grupo había creado, Ford Falcon Comics (vaya título de comercial para esa época) Marcos me había preguntado a quién yo consideraba el mejor director para un trabajo de ese estilo. A Luis Puenzo, le contesté sin dudar a Marcos (Hoy Luis es el presidente del INCAA y en esos momentos aún no había ganado el Clío por la Historia Oficial). Marcos tampoco dudo. Pedile un presupuesto. Así lo hice y Luis me contestó que no pensaba mandarme ningún presupuesto porque sabía que los comerciales de Ford los hacía Horacio Casares “por orden de Ford”.

Pese a todo, un productor de cine de JWT ligado a la mafia Ford, denunció mi propuesta y el resultado fue la amenaza telefónica.

Han pasado 37 años.

Algunos funcionarios de Ford fueron condenados por delitos de lesa humanidad, tortura y desaparición de personas.

Se comprobó que en la Planta de Pacheco de Ford funcionaba un centro de tareas.

La publicidad, muchas veces esconde detrás de sus frivolidades algunas historias que deben ser develadas.

Soy un testigo, aún vivo, de esas miserias.

El comercial terminaba con un coro que cantaba:

“Viva Falcon. Viva Ford”.

Perdón.

Crónicas no aptas para menores de sesenta.(Cortas, más o menos verdaderas)

Marcelo Cosin

El Plus Ultra era un bar. No era un café de esquina, era un bar. Una idea que aparecía en Buenos Aires: el bar americano. Un largo mostrador, con hileras de tres mesas. Una mesa contra la pared, una al medio y otra cerca del mostrador. Por supuesto que no tenía mesas en la calle, pero si una mesa en la misma entrada. En esa mesa se juntaban los muchachos de la barra del “ultra”.

El Plus Ultra estaba sobre la avenida Corrientes, al lado de El Cafetal, casi esquina Canning, la que hoy es Scalabrini Ortiz.

Al lado del Plus Ultra estaba uno de los kioskos de la familia Carucchia, atendido por los mellizos Carucha, jorobados, feos y malhumorados. En frente al Plus Ultra, siempre sentada en una silla alta, estaba “la gorda” atendiendo la librería. A la gorda la ayudaba su hermana Ana. Ahí comprábamos los diarios íntimos con candado que regalábamos sistemáticamente cada vez que teníamos un cumpleaños de quince.

La barra del Ultra tenía lo que hoy llamaríamos “códigos”. Los principales de la barra se sentaban en lugares fijos, modelo que seguramente tomó Sofovich para Polémica en el Bar. El primero en llegar cada mediodía era el Turco Alberto. Se sentaba en la silla que daba a la calle y acompañaba el café encendiendo un Chesterfield sin filtro, importado, que compraba de contrabando en la peluquería de Velazco y Malabia, al lado del Mercado.

Al rato llegaba el gordo Hugo que fumaba Saratoga, y se quedaba apenas un rato porque tenía que entrar a la una a trabajar en Gas del Estado. Que decís, Turco, cómo andás Gordo. Viste lo que pasó con la Junta Consultiva, interrogaba Mauri mientras se acomodaba en una silla al lado del Turco. La Junta Consultiva era la que asesoraba al gobierno cívico militar de Aramburu que era el que había sustituido al General Lonardi tres meses después de la Revolución Libertadora.

En menos de cinco minutos la mesa que daba a la entrada del Plus Ultra sobre la Avenida Corrientes estaba colmada. Se habían sentado a la mesa Rojas, Morris, Tito Maglio, el Turco Jorge, el ruso García, Arnoldo el de la nariz torcida.

Cuando ya no quedaba lugar alrededor de la mesa se incorporaban otros en un segundo círculo de sillas. Todos fumaban. Todos tomaban café. Alguno siempre pechaba fasos y otros siempre pedían págame el café que no tengo un mango.

¿De qué se hablaba en el Plus Ultra esos mediodías?. De política, de percances, de dramas del barrio. De minas, milongas y salidas, estaba reservado para los viernes y sábados, sobre todo, antes de armar el plan. También lo mejor del Ultra eran las historias que se contaban a la madrugada cuando los muchachos se juntaban para terminar el día.

En el Plus Ultra también hubo muertes, afanos, peleas y algunos que lloraron la pérdida o el abandono de alguna mina.

Eso sí, en el Plus Ultra, nunca hubo una traición. Y si la hubo, de eso no se habla.

El lider de la oposición es Clarín

El gobierno de Fernández puso el dedo en la llaga.

La política se saca la careta.

El entorno marca la cancha, el terreno en disputa. Alberto Fernández asume la presidencia el 10 de diciembre después de ganar una elección que pone en evidencia la fragilidad del macrismo que es uno de los pocos gobiernos con posibilidad de renovar el mandato presidencial y no lo consigue. Cualquier analista político formado e intelectualmente honesto no puede dejar de reconocer que los que gobernaron la Argentina los cuatro años que van desde diciembre del 2015 a diciembre de 2020 dejaron al país en bancarrota y no por ineficiencia sino por cumplir un plan diseñado especialmente a tal fin. Macri toma un país prácticamente desendeudado que pudo ser uno de los pocos países del mundo que con poco esfuerzo supero la conmoción internacional de la caída en catarata del Lehman Brothers en el 2008 durante el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner. Macri deja al país en la ruina, empeorando todas la variable con que recibió el gobierno. Una deuda impagable y lo que es peor, todo el dinero recibido, fugado o robado, sin preocuparse siquiera de no dejar las huellas por todas partes.

Pocos días antes de dejar su mandato Néstor Kirchner entrega a Clarín las llaves del dominio comunicacional del país autorizando a la fusión de los dos sistemas de cable más importantes, lo que implica que el Grupo controle el 80% de las redes de medios masivos y selectivos.

No es casual que a los pocos días de asumir Cristina Fernández su período presidencial se desate la lucha frontal por el famoso decreto número 125, que por otro lado fue redactado por el ministro de economía, hoy senador por la oposición de la UCR, Martín Lousteau. Clarín (grupo) y por supuesto La Nación, Infobae, El Cronista, supieron encontrar en la 125 y en el vicepresidente Cobos la manera de ir socavando el poder que el pueblo le había otorgado a CFK.

Ya mucha gente y muchos politic@s olvidaron la famosa frase de Magnetto a Menem: “¿presidente? …puesto menor. Magnetto tiene el poder real y él también es dependiente de otro poder mayor: el poder financiero de los principales bancos y entes del mundo.

No es este el lugar, ni yo soy el indicado, para analizar la filosofía del poder, pero los hechos demuestran que en los grandes temas de la filosofía política, las ideologías, los sistemas de gobierno, la lucha es despareja. En un mundo de casi 8000 millones de human@s un 20% concentra la fortuna, la riqueza y también el poder. El restante 80% apenas si consigue sobrevivir y de ese 80% un gran porcentaje es pobre y pasa hambre.

¿Qué quiere Magnetto, el Grupo Clarín, los dirigentes que lo acompañan? Nada más y nada menos que acumular la mayor cantidad de riqueza posible. Justamente por eso una compleja red táctica y estratégica se pone en acción para dominar a la mayoría que de alguna manera explota y expolia.

La portada de hoy de Clarín es el símbolo de la guerra en la que está embarcado el poder económico-político- social de la pequeña minoría que quiere gobernar la Argentina y el mundo.

“Críticas en redes La oposición cuestionó el congelamiento de precios de telefonía, internet y TV paga: “Es el modelo venezolano”. Este es el título de la versión digital de Clarín y expresa exactamente su rebelión al gobierno nacional. Otras notas no hacen más que apoyar esta idea editorial: “nos oponemos a que el gobierno intervenga en nuestros negocios”. Al grupo Clarín, a Magnetto, a Rocca, a los Banco Internacionales, a los acreedores del país, no les interesa otra cosa que mantener el monopolio de la comunicación, simplemente porque ese monopolio es el mayor capital que tiene el neoliberalismo.

El DNU que hará historia.

Previamente fue un tweet. Alas 8.08PM del 21 de agosto el Presidente Fernández twitteo: Hemos decidido declarar servicios públicos a la telefonía celular, a los servicios de internet y a la televisión paga. De esta manera garantizamos el acceso a los mismos para todos y todas”. El hilo sigue (https://twitter.com/alferdez/status/1296947273591554049?s=20).

Este tweet se transformó en pocas horas en un DNU:

ARGENTINA DIGITAL

Decreto 690/2020

DECNU-2020-690-APN-PTE – Ley N° 27.078. Modificación.

Todo el texto está acá: https://www.pagina12.com.ar/286805-texto-completo-del-dnu-que-regula-celulares-telefonos-intern

Este DNU puede convertirse en una confirmación, un afirmación, de un giro a la construcción de un país nacional, popular y democrático. O no. Si esto fuera simplemente una mueca política todavía estamos temerosos de que el poder económico pueda generar un golpe a la boliviana o a otros tantos golpes blandos que el neoliberalismo está siempre dispuesto a dar.

Hoy es un día bisagra. 22 de agosto de 2020. Fecha trágica histórica de la República Argentina.

Oisland

(Fuera de la aldea)

De Marcelo Cosin

La escena transcurre en la sala de una casa de una típica aldea judía, Svenigorodka, a 17 kilómetros de Kiev, Ucrania,. En el foro, una ventana y una puerta que comunican con la carpintería que mira a la calle principal de la aldea. Las escenas transcurren en una cocina-comedor. En el centro una gran mesa rústica, con sillas, en uno de los laterales la cocina a leña y estantes para untensillos, en el otro un sillón hamaca, una máquina de coser, un samovar, un aparador.

Los personajes:

Rosa: la hermana menor, 16años

Paula: la hermana del medio, 18 años

Clara: la hermana mayor, 22 años

Shlomo: el “novio” de las hermanas

La voz de Mijail: dependiente carpintero de 25 años

La voz de Mote: aprendiz de carpintero de 20 años

La historia: Shlomo, un muchacho judío de 21 años, antes de embarcarse con su padre y un amigo para emigrar a América, decide iniciar un periplo de despedida por las aldeas cercanas a la suya, intuyendo que es un viaje “para siempre”. En esas circunstancias conoce a Rosa y a su hermana Paula, y a través de ellas a Clara, la hermana mayor. Intiman unas horas de un domingo de verano y hace una promesa: “mandar a buscar” a alguna de ellas una vez que él se instale y eche raíces en la nueva tierra. Las tres hermanas, por motivos reales o aparentes, sienten que cada una de ellas será la elegida para emprender el camino de “oisland”, un lugar extranjero, “fuera de acá”.

Escena 1

(Mientras el público ingresa, Clara, la hermana mayor está en la sala, en el área de la cocina, preparando la cena. Tararea una canción en idish. Cada tanto mira por la ventana (desde la cual se ve la calle).

Por la puerta del foro ingresan Rosa y Paula hablando simultáneamente y encimándose. Están excitadas. Hablan en voz muy alta. Clara las observa y se aturde o gesticula aturdimiento.

Paula: (a gran velocidad y sin interrumpirse). Lo que más me gustaba era como movía las manos y especialmente cuando se reía que echaba la cabeza para atrás y después se agarraba la barriga como si le diera retortijones y se seguía riendo y decía que me duele la panza de tanto reírme y el amigo le decía a Shlomo, pará de reírte, qué van a pensar las chicas de vos y vos Rosa te contagiabas de la risa de él o por lo menos a mí me parecía que te reías para que él note que te reías de las cosas de la que él se reía…

Rosa: (simultáneamente a Paula) … porque vos no parabas de hablarle y él ni te escuchaba no sé sí por la risa o porque ni te entendía lo que le decías pero el amigo no podía decir ni “a”, tanto que vos hablabas y sin dejarle un minuto ni un segundo para que el pobre pueda por lo menos decir lo suyo…

Interponiéndose entre las dos, Clara con las palmas de las manos hacia abajo, dando a entender que bajen la voz y al mismo tiempo chistando para que las hermanas se callen.

Clara: (imponiendo su voz). Basta, basta las dos…cállense que no se les entiende nada, no se sabe que están diciendo, ni nada… basta. (Pausa)…basta.

Las tres se dispersan. Paula va hacia la olla que está en la cocina y levanta la tapa con la intención de probar un bocado de lo que se está cocinando. Detrás Clara, que no la deja hacer, arrebatándole la tapa de la olla. Rosa corre la cortina de la ventana (que da a la calle) y mira con expectativa de encontrar algo o a alguien. Rosa se sienta a la mesa, abre un costurero que está a su lado y comienza a zurcir una prenda. Se acerca Clara, le acaricia el pelo y a un costado, a horcajadas, se sienta Paula.

Paula: Conocimos unos muchachos que se van “oisland” …

Rosa: Shlomo se llama uno…

Paula: Shlomo es el más lindo

Rosa: ¿lindo?… ¿qué le viste de lindo?

Paula: Bueno, entonces vos podés quedarte con Hershl

(Una vez más las dos hablan al mismo tiempo mientras se convierte en discusión y enfrentamiento físico. Y también una vez más interviene Clara para separarlas)

Clara: ¡¡¡Terminen de pelear!!! (Levanta la voz). Quiero (dice pausadamente) que una a una y sin hablar al mismo tiempo me cuenten que pasó en la calle y quién es ese tal Shlomo y qué tiene que ver con ustedes y que es eso de irse Oisland.

(Clara mira a las dos chicas. Cada una sigue con lo que está haciendo. Rosa zurce la prenda y Paula desgrana un pan en el plato. Clara espera una contestación escrutando a una y a otra).

Paula: (A Clara). Bajamos la cuesta y en el abasto de verduras de la señora Rasha estaba comprando naranjas este muchacho Shlomo y su amigo que son de Vatutine[1] y vinieron a Svenigorodka, en gira de despedida. La semana que viene saludarán a unos familiares, un hermano que se casó con una chica de Kobrín y que ya tiene dos hijos. Shlomo es violinista y su papá un sastre que ahora se quedó sin clientela por culpa de los cosacos que en la última caballada rompieron la máquina de coser y todos los moldes de trajes y chaquetas. Ellos, tienen un pariente en un Oisland, dicen que América, que ya está ahí y los espera una vez que lleguen en un barco que sale dentro de poco de Odessa y va hasta otro lugar donde otro barco los lleva muy, muy lejos … Oisland.

Clara escucha atentamente. Cada tanto se toma la cara con ambas manos y limpia su sudor con el delantal que lleva puesto. Rosa no deja de zurcir con empeño, sin sacar la vista de la prenda. Cada tanto corta un hilo con sus dientes y sigue con su trabajo. Cuando Paula hace una breve pausa, Clara aprovecha para repreguntar.

Clara: ¿Y por qué se reían tanto que les daba dolor de panza?

Las dos chicas, Rosa y Paula, se miran, bajan la vista y no pueden contener un acceso de risa compulsivo. Clara se mantiene seria y contemplativa. Espera con paciencia que las dos hermanas se calmen y recuperen la conducta seria. No tardan en hacerlo.

Clara: No vuelvan a hacerse las tontas y cuéntenme que era eso que los muchachos decían y les causaba tanta gracia, en fin, quiero que no me oculten nada de lo que pasó en la calle antes que decida hablar con papá y que sea él quién se ocupe de poner las cosas en su lugar.

Rosa: (Mira con complicidad a Paula). (Se dirige a Clara). Nada del otro mundo, hermana. Son muchachos judíos, por supuesto, y como no son de acá vienen con cosas nuevas, diferentes a escuchar a Mijail o Mote, siempre con las mismas estupideces, los mismos chistes tontos y sus historias de haberse escapado de la guerra. ¿No es cierto Paula?

Paula: Es cierto Rosa.

Rosa: ¿Viste Clara? Eso es todo.

Clara: Todo esto me suena a mentiras, mentiras y mentiras. Demasiado simple para tanta risa y tanta pelea entre ustedes dos.

Paula: Puede ser, pero vos no sos mamá.

Rosa: Y aunque te hagas la grande, todavía te falta mucho para mandarnos y exigirnos verdades.

Clara: Me deben respeto porque soy la hermana mayor.

Paula: Si sos la mayor deberías hacerle caso a papá y a la bobe[2] y aceptar que la shajde[3] te va a conseguir un buen partido para casarte.

Clara: (ofuscada). Cállense mocosas. Mucho cuidado con faltar el respeto. Y si no me quieren contar que pasó con esos muchachos no me cuenten, pero prepárense para aceptar las consecuencias. Se van a terminar las salidas por el pueblo sin que yo vaya o algún mayor las acompañe.

Rosa se tapa la cara con la prenda que estaba zurciendo y llora. Paula se levanta de su silla y se arrincona frente al armario. Clara se levanta y consuela a Rosa, acariciándola.

Clara: (A Rosa) Sos la más chica Rosi, la más mimada, la preferida de papá… ¿por qué llorás? ¿Qué grandes problemas tenés?

Rosa: (A Clara). Ese muchacho me va a mandar a llamar desde Oisland y me va a ofrecer matrimonio y yo me voy a ir, me voy a ir a casar con él cuando me mande llamar. No me quiero quedar acá. No quiero volverme vieja como vos, esperando que una Shajde me consiga un buen partido sin más.

Se acerca silenciosamente Paula por detrás de Clara y Rosa. Y escucha el parlamento de Rosa.

Paula: (A Rosa) ¿Se puede saber qué es lo que dijiste acerca de casarte e irte Oisland cuando Shlomo te mande llamar?

Rosa: Lo que oíste, ya que estabas escuchando.

Paula: Me parece que oí mal o por lo menos lo que dijiste es una gran mentira…

Rosa: (levantando el tono) …escuchaste muy bien y dije la verdad. Eso me lo dijo Shlomo cuando subíamos la cuesta y pasábamos por la casa del Rabi[4] Krañavsky.

Paula: Pues te estaba haciendo una broma, porque antes de subir la cuesta y cuando él me dio una naranja y con su navaja hacía un agujerito para chuparla me prometió que si yo le contestaba sus cartas él me mandaría un pasaje de barco para Oisland.

Rosa: La broma te la hacía a vos, porque bien me di cuenta que cuando te daba la naranja a mi me hacía una seña levantando sus cejas y una mueca como diciendo “mirá como me burlo de ésta”.

Paula: ¿Tonta retonta, no te das cuenta que a vos te miraba cómo una nenita y a mí cómo a una mujer?

Rosa: (agresiva): Yo también ya soy mujer…y muy mujer ¿sabés?

Cuando Paula esta dispuesta a contestarle con intenciones aun más duras, Clara se interpone y las separa.

Clara: ¡Otra vez no! Suficiente. Ya me imaginaba que aquí pasaba algo más serio. Un muchacho que en un día sólo, les promete a dos hermanas mandarles pasajes para Oisland, así cómo sí, sin la más mínima responsabilidad. Se terminó, chicas. Acá no se habla más de este muchacho Shlomo. Historia pasada. Parece un goy. No tiene la más mínima intención de mandar nada a nadie. Se divirtió con las dos.

Pierdan cuidado, no voy a contarle nada a papá. Queda entre nosotras tres.

¿Y encima dicen, que ese Shlomo era lindo? Ajj…Oi oi oi.

Apagón

Escena 2

(Cambia la luz. Es de día, un lunes. La escena muestra la sala-estar vacía. En la carpintería, (que no vemos) hay movimiento. Dos dependientes que nos vemos, canturrean mientras trabajan. Se escuchan voces, risas, martillazos y el accionar de un serrucho y cada tanto de un formón).

Voz de Mijail: Y, a veces, el único amigo que uno tiene, es el vodka.

Voz de Mote: yo prefiero una amiga de carne y hueso…

Voz de Mijail: vas tener que ir a buscarla a Kiev, salvo que te resignes a casarte

Voz de Mote: no me voy a quedar toda la vida esperando que una  buena chica judía se apiade de mí.

Voz de Mijail: Idiota… si sos un tontito aprendiz de carpintero, más que esperar que una chica judía, buena y linda, se apiade de vos, primero vas a tener que engañar a un padre de esa chica… demostrarle que tenés…”futuro”…plata, bienes…

Promediando el diálogo de los carpinteros, entra por un lateral Clara. Trae arrastrando un atado de maderas, que los acomoda en un rincón de la cocina.

Por un instante intenta escuchar el diálogo de los dependientes. Pero este se va perdiendo por los ruidos de las herramientas. Clara va de un lado a otro, atareada y dispuesta a encarar la preparación del almuerzo.

Por la puerta del foro, la que da a la carpintería, entra Paula. Se incrementan los ruidos y voces de la  carpintería. Paula, antes de cerrar tras de sí, contesta a uno de los dependientes.

Paula: (a Mote). No creo que te pongan una silla a la mesa del calabat shabat[5], ni que yo tenga ganas de pasear el sábado después la cena, ni tampoco creo que se me ocurra escuchar como cantás tus infantiles canciones.

Mote (la voz del lado de la carpintería): Ya vas a ver… tu papá me prometió que si termino la mesa… me invita.

Paula cierra la puerta, mira el sobre que trae en sus manos, y corre a abrazar a Clara, quien intenta sacársela rápido de encima.

Clara: ¿Qué pasa Paula? ¿De dónde sale tanto amor por la hermana? ¿Qué estas necesitando de mí?

Paula: ¡No me vas a creer!

Clara: Despacio, despacio… ¿qué es lo que no voy a poder creer? … que historia nueva traes del mercado.

Paula: ¡Esto! (muestra el sobre a Clara)

Clara: (intentando arrebatarle el sobre a Paula, que levanta la mano en lo alto para evitar que se lo saque) Dame eso…dame esa carta…dámela Paula…

Paula: (entregando el sobre a Clara)…prometeme que la vas a leer completa sin guardarte nada de lo que dice…prometeme Clara

Clara: (leyendo la escritura en el sobre)… Paula, quiero que sepas que esta carta no está dirigida a vos…

Paula: (interrumpiéndola bruscamente) ¿Cómo que no es para mí?… Es mentira…una mentira tuya…

Clara: Dejame terminar…no está dirigida a vos…sola…está dirigida a Paula y Rosa Kaminietzky…

Paula: ¿Cómo?… ¿a las dos?…no puede ser…a las dos (defraudada)

Clara: Así es Paula…así que cuando Rosa llegue de la casa de la tía Malke, abriremos el sobre y se las voy a leer a las dos.

Paula: Clara, Clarita…te pido por favor…te pido por la memoria de la bobe Emma…te pido por lo que vos más quieras…que la leas ahora, a mí sola…Clarita…a mí sola, por favor.

Clara: (abrazando a Paula)…imposible Paula…en el sobre dice para Paula y Rosa Kaminietzky…

Paula: y bueno…primero dice Paula… ¿no?

Clara: pero después dice…Rosa…

Paula: ¿La carta es de Sholomo, verdad?

Clara: (Dando vuelta el sobre y leyendo  el remitente)…Si es de… (relee en voz alta): Salomón Kordon … me imagino que es Shlomo… Salomón Kordon, calle Luís Viale 729, Paternal, Buenos Aires, Argentina.

Paula: es Shlomo… y eso que dice atrás…es Oisland…¿es Oisland?.

(Se abre la puerta que da a la carpintería y entra Rosa que contesta a uno de los carpinteros que está trabajando)

Rosa: Mejor que termines la mesa calladito la boca sin hacer tantos chistes y cuando papá vuelva esté terminada…porque si no… me parece que se te van a terminar las ganas de hablarme sin permiso.

(Paula cierra la puerta de un portazo, sin darle tiempo al carpintero de contestar)

Paula nota que algo pasa entre sus hermanas y ella. Las mira. Las tres en silencio. Paula interroga con la mirada. Se acerca a Clara que intenta ocultar el sobre. Pero queda en evidencia. Antes que Rosa interrogue a una de las dos, Paula se adelanta.

Paula: Llegó carta.

Rosa: … ¿de Shlomo?

Clara: si…para las dos…

Rosa: ¿Cómo para las dos…que dos?

Paula: y sí, como dice Clara…para mí y para vos…

Rosa: ¿qué nombre pone primero?

Clara: pone el…

Paula (interrumpe bruscamente): ¿qué importa que nombre pone primero?

Rosa: importa, claro…porque pone el mío primero…

Clara: una vez más (interponiéndose entre Paula y Rosa)… ¡basta! Les voy a leer la carta. ¿Alguna de ustedes dos le dijo a Shlomo que no saben leer ni escribir?… (Las dos hermanas niegan con la cabeza). Bueno, veamos que dice el muchacho desde Oisland.

Clara rasga el sobre con cuidado y tomándose el tiempo necesario. Es especialmente lenta en el proceso. La luz baja pausadamente hasta negro total.

Spot ilumina la mesa y sobre ella, parado, al estilo de un bailarín ruso, vestido con bombachas de gaucho, botas, espuelas y poncho criollo, aparece Shlomo. Rodeando la mesa, las tres hermanas. Shlomo actúa la carta como una escena “teatral”, una narración, un cuento. Tiene a mano su violín, un mate, un paquete de yerba Nobleza Gaucha y una bombilla. Las muchachas asisten y festejan, como si fueran un público de la carta.

Música de danza rusa.

Shlomo: (voz off): Buenos Aires, septiembre 10 de 1907.

 Estimadas amigas: Tal como les prometí, aunque con un poco de demora, me dispongo a contarles, desde tan lejos, desde el otro lado del mundo, mis impresiones, imágenes, anotaciones y sentimientos que espero les resulten interesantes y puedan de esta manera hacerse una idea de lo que es estar, como decimos en nuestras tierras, OISLAND.

El viaje sirve, entre otras cosas, para ir acostumbrándose a una vida que no tiene nada que ver con la que, yo por lo menos, vivía en mi aldea, tan cerca de la de ustedes. En ese barco enorme, un barco italiano, el Comte Grande, una vez que zarpa, a los pocos días, se ve la costa, la tierra, por última vez y después todo es redondo, todo es azul, verde o gris, depende, y los grandes cambios son un sol que aparece y hacia la tarde desaparece. Desde nuestra aldea pocas veces confundimos el cielo con nuestras praderas verdes. No es lo mismo en ese barco. La tierra no se mueve, el barco si. El cielo es cielo y océano. El barco es lento, el tiempo en la tercera clase transcurre mucho más lento aún. Nadie dice nada, pero todos tenemos miedo. ¿Qué pasa si el barco se para en la mitad de la nada de un agua inmensa? A veces, parece, que el barco se detiene y cuando eso sucede el corazón es una máquina que se acelera. Cuarenta y cinco días de barco, muchachas, lo preparan a uno para bajar a tierra, besarla, mirarlo todo, aspirar el aire nuevo.

Estoy en La Argentina, la pampa, la América, la tierra nueva, el mundo nuevo. Una hora después de pisar tierra firme, estaba subido a un tranvía, el número 12, y sin saber cómo, mi papá pudo decirle mirando un papel que llevaba en el bolsillo de adentro de la chaqueta, al guarda del tranvía, unas palabras claves que nunca, nunca, voy a olvidar: “Avenida San Martín y calle Luís Viale”. Magia, pura magia. El guarda, que tenía una gorra como de militar, dijo si con la cabeza, le dio dos pedacitos de papel, boletos se llaman, que sacó de una especie de alcancía, nos sentamos en unos bancos de madera y mirábamos por la ventana como pasaba por ahí esta ciudad inmensa, llamada Buenos Aires, llena de gente, con sombreros, trajes y corbatas. En esa calle con nombre de persona, Luís Viale, vive el cuñado de nuestra vecina de Bialistock, que nos esperaba justamente para esos días en que llegamos, con un “mate”, “yerba” y “bombilla”, que, para que voy a decirles de que se trata, si es imposible de contar. Pero la casualidad no es sólo cosa de nuestra tierra. Acá también hay casualidad. Vivo en la calle Luís Viale y yo soy de…Bialistock. Como dijo el cuñado de nuestra vecina, el paisano que nos acomodó en su casa y nos dio trabajo a papá y a mí, “es fácil de acordarse de la calle en que vivimos, Luís es Leibl, Leibale, por eso, cuando salgo y un paisano me pregunta dónde vivo, le contesto…en Leibale Viale.

Esta es la primera carta, muchachas de Volskovyk. Pero no la última. Tengo miles de palabras guardadas y la música se escapa de mi violín. Trabajo de sol a sol. Seis días de la semana. Pero los domingos, los domingos de Buenos Aires, chicas, son únicos, soleados, ventosos o mojados, con tango, asado y… teatro.

Para despedirme. No puedo dejar de tener en mi mente la imagen de las chicas de Volskovyk que suben la cuesta de la calle principal y se pierden en la curva. No pienso no volver a verlas. Están en mi corazón, en mi espalda y en mi cabeza. Acepten que les deje un beso, el que nunca les pude haber dado, aquel día, antes de partir Oisland.

Post Data: Aunque no la conozco, dejen un saludo muy afectuoso para vuestra hermana Clara, de quién tan bien me hablaron.

Firmado, Sholomo

La luz baja hasta negro y sube lentamente. Clara lee la última parte de la carta de Shlomo.

Clara: …antes de partir Oisland. Aunque no la conozco, dejen un saludo muy afectuoso para vuestra hermana Clara, de quién tan bien me hablaron.

Firmado, Sholomo

Rosa: Leela otra vez Clara…

Paula: si una vez más…

Clara: Para nada. No hace falta. Y hay muchas cosas que hacer antes del almuerzo. Papá entrará en menos de diez minutos y todavía no preparé la comida, ni siquiera puse el pan al horno. Y ustedes, dejen de “mainzes”[6] y ayuden a poner la mesa, lavar y pelar las papas y a encender el fuego.

Escena 3

Clara está en la sala. Termina de lavar los platos y acomodarlos. Se saca el delantal y se acomoda en la silla hamaca. De un bolsillo saca el sobre con la carta de Shlomo y la lee apenas moviendo los labios. Cada tanto se sonríe. Finalmente la vuelve a guardar en el sobre y la guarda en su bolsillo. La luz baja y comienza una canción en idish muy romántica y suave.

Clara: (Mirando al techo). Habla con Dios (?). Y a mí, ¿qué me vas a dar como tarea? ¿Soy tan vieja que las únicas que hablan de amor y futuro son mis hermanas? ¿Tengo que olvidarme de dar besos, caminar tomados de la mano con un “josn”[7], ponerme un vestido largo y blanco…irme Oisland?

Un spot ilumina un sector oscuro del escenario y descubre a Shlomo; es un compadrito orillero de la década del 1910. La melodía en idish funde a una milonga. Clara se para, se acerca a Shlomo, él la toma en sus brazos y bailan la milonga. Cuando termina el baile, Clara se separa de él y corre hacia un lateral para refugiarse en la cocina.

Clara: No me haga tener ilusiones Shlomo, por favor se lo pido.

Sholomo: (recita, acercándose a Clara)

[8]En la soledad de tu cuarto de soltera esta el dolor.
Triste realidad, es el fin de tu jornada sin amor.
Lloras y al llorar, van las lágrimas templando tu emoción;
En las hojas de tu viejo novelón te ven sin fuerza palpitar.
Deja de llorar por el príncipe soñado que no fue junto a ti
a aportar el rimero melodioso de su voz tras el ventanal.
Mientras, pega la llovizna en el cristal
Con tus ojos tan cansados de llorar, un paisaje de amor.
 

Sholomo se acerca tiernamente a Clara. (Es como una escena de las películas de Carlos Gardel de los 30).

Sholomo: (arrabalero, gardeliano). Clara, hay una vida después de la frontera. Nos enseñaron a mirar hacia abajo o hacia el cielo. Pero hay un paisaje nuevo mirando al frente, Clara. Muchas cosas están cambiando, y en los ojos de los demás encontrarás tus ilusiones. Hay otras noticias que llegan del mundo, un mundo con mujeres que acompañan a sus hombres a trabajar, a luchar por sus hijos, a construir un presente y no sólo un futuro.

Clara: (romántica)…Shlomo, lléveme con usted Oisland. Yo soy una mujer. Se lavar, planchar, cocinar, se cuidar de los niños. Shlomo, tengo mucho más para dar…puedo darle amor, Shlomo…

La imagen de Shlomo va oscureciéndose  y queda iluminada Clara en la misma posición inicial, hablando con Dios, mirando al techo (cielo).

Clara: (a Dios) Ayudame Dios mío a que Shlomo me elija a mí para ir Oisland, Dios mío, Dios mío…

Apagón.

 

Escena 4

Es de día. En la sala hay un resplandor de sol, de primavera. La puerta que da a la carpintería está entreabierta. Sentadas a la mesa están Paula y Rosa. Paula zurce una prenda muy concentrada. Rosa pinta un cuadro naif.

Desde la carpintería llegan los clásicos sonidos de una carpintería artesanal. Paula se acerca a la puerta que da a la carpintería con intención de cerrarla, pero se queda escuchando un diálogo entre los dependientes, Mijail y Mote.

Voz off de Mote: Me lo dijo el asistente del Rabí Krañavsky

Voz off de Mijail: y a él quién se lo dijo…

Voz off de Mote: lo leyó en el diario que llegó de Kiev.

Voz de Mijail: hay que avisarle al patrón…

Voz de Mote: con los Cosacos a caballo… no hay nada que avisar… hay que esconderse.

Paula cierra la puerta violentamente y se queda apoyada en ella.

Paula (a Rosa): escuchaste Rosa…

Rosa: si escuché qué…

Paula: lo que le dijo Mote a Mijail… se vienen los cosacos…

Rosa: (deja lo que está pintando)… ¡los cosacos!

Paula: Hay que esconderse…eso es lo que dice Mote

Rosa: ¡Mote es un cobarde!

Paula: No digas eso de Mote, Rosa. Somos judíos ¿no?

Rosa: Sí, somos judíos y qué…nunca nos defendemos, nunca nos organizamos para pelearlos. Odio la cobardía.

Paula: Hablás como una goie[9] Rosa. Vivimos en una aldea judía. Somos judíos. Nuestros enemigos nos quieren matar. Nos odian Rosa. Todos los que no son judíos nos odian. No tenemos patria, no tenemos nuestra tierra. Vivimos como gitanos.

Rosa: Prefiero ser gitana, no judía.

Paula se aterra con lo que acaba de escuchar. Corre hacia Rosa y le tapa la boca con una mano.

Paula: Que no te escuche papá, Rosa. Sos loca. Estás loca. Nuestro orgullo es ser judíos. Somos el pueblo elegido. Nadie es como nosotros.

Rosa: ¿entonces será por eso que todos nos odian?…porque somos los elegidos de Dios. Mil veces prefiero no ser tan  “los elegidos” y que nos persigan menos, que nos odien menos, que nos quieran más.

Paula: no sabés lo que decís…sos muy nena, muy pequeña. Alguien te debe poner la cabeza así con esas ideas…antijudías, antisemitas Rosa, ideas antisemitas.

Rosa: Nadie me llena la cabeza, Paula. El día que Shlomo se fue Oisland, cuando íbamos caminando él me hablo…me habló de la libertad, me habló de ser uno mismo. Me dijo que Dios es un invento de los hombres.

Paula la interrumpe violentamente. Zamarrea a Rosa como para despertar a una persona que esta dormida o inconciente.

Paula: Shhh…callate Rosa, Por Dios, callate. Lo único que falta es que papá te escuche blasfemar. ¿Querés que papá se muera de un ataque al corazón? ¿Eso querés?

Rosa: ¡Basta de zamarrearme Paula! Basta. Yo soy yo y no un títere de papá o de Clara o tuya. Pienso lo que quiero. (Pausa).

Paula: Sos muy chica para pensar lo que quieras.

Rosa: y quién me va a obligar a pensar de otra manera, ¿vos?

Paula: Yo no, Rosa. Papá. Papá te va obligar. Sos judía Rosa. No Comunista.

Rosa: en Oisland voy a ser lo que yo quiera, Paula. Les guste o no. A vos, a papá y a quién me quiera obligar a pensar de una sola manera.

Apagón

Escena 5

Spot sobre la mesa de la sala. El resto del escenario a negro. Desde atrás, y de un salto sube a la mesa, como si fuera un escenario, Shlomo. Esta vestido a la moda del 1910. Camisa de cuello redondo, con corbata y travita . Saco ajustado al cuerpo, con los tres botones abrochados. Chaleco. Zapatos abotinados. Sombrero aleado

Shlomo: (muy actuado, a la manera de un presentador de la época). 

Buenos Aires, 6 de febrero de 1910. Queridas amigas de Volskovyk, aquí les escribe Shlomo, o como me dicen acá Salomón, Salo o Shloime, para los amigos de la colectividad. En pocos días cumpliré tres años viviendo en Buenos Aires, Oisland, como decíamos allí. Aunque ustedes no lo puedan creer me siento un “porteño”. Si, un porteño es una persona de aquí, de la ciudad. Porteño, porque vivimos en el puerto, una entrada al mar desde un río marrón y tan grande que cualquiera puede confundirlo con un mar dulce. Hablo en castellano. Bueno, la mayoría de nosotros dice “castellane” y si bien entre nosotros, los paisanos, seguimos hablando en idish, poco a poco nos vamos acostumbrando y aprendiendo el nuevo idioma: el español, o el “castellane”. Mi vida es trabajo, trabajo, violín y teatro. Digo dos veces trabajo, porque además de ser un muy buen oficial sastre en el taller de Ropa de Trabajo de don Iankl Kohen, también participo de las reuniones del sindicato de los obreros del vestido y, estoy muy contento, porque los compañeros del taller me eligieron delegado. Pese a todo me queda tiempo para tocar el violín en los entreactos del teatro Soleil e ir a las conferencias que organizan  unos compañeros de la FORA[10] en el barrio de Constitución.

No todas son flores, amigas queridas. También en Argentina algunos se aprovechan de otros y estos otros no siempre saben que hacer. Acá estamos un poco asustados porque se dictó una ley que se llama de residencia[11] y tememos que injustamente puedan echarnos de esta tierra que estamos aprendiendo a querer y también darnos cuenta que esta gente, de esta tierra, nos empieza a querer a nosotros. Bueno, para ser sincero, no todos.

¿Y que dicen mis novias? La carta que recibí de Paula y Rosa (pero escrita por Clara, me dicen) se las nota un poco tristes y temerosas. ¿Podrían decirme quién de ustedes tres se anima a dar el paso de venir Oisland? No es una broma. Cada vez se hace más necesario pensar en una familia, una compañía, un amor. La foto que me mandaron es muy linda. Las tres están her-mo-sas.

Este año ya ahorré una tercera parte del pasaje de la “novia”. Papá le manda a mamá y a dos de mis hermanos los pasajes para venir en un poco más de seis meses.

Espero que me escriban y me cuenten cuáles son los proyectos para emprender el viaje a una “vida nueva”.

Las quiere, siempre de ustedes,

Shlomo.

Escena 6

Se apaga el spot que ilumina a Shlomo y lentamente aparece una luz nocturna, tenue, de lámparas a kerosene. La sala está irreconocible. Todas la cosas de la cocina están tiradas en el suelo. El aparador  y el samovar caídos. Todo está destruido. Sólo la mesa está intacta. Hay vidrios rotos en el suelo. La puerta que “daba a la carpintería” esta tirada, en el suelo. Por esa puerta entran Clara, Paula y Rosa. Lloran. Clara esconde la cara entre sus manos. Rosa y Paula se abrazan. Lloran. Clara toma un escobillón que esta en el suelo, lo levanta y comienza a barrer.

Clara: Desgraciados, hay bosta de caballo en el medio de nuestra sala. Desgraciados… desgraciados.

Paula: Destrozaron la carpintería, quemaron la madera…

Rosa: no me importan los muebles rotos, me importa que Mijail y Mote están presos…

Clara: (intenta recomponer la casa, acomodando): ni siquiera sabemos si están presos, o vaya a saber dónde están, si es que están…

Paula: Por suerte papá tuvo la ocurrencia de sacarnos a Kirovograd, sabiendo que llegaban los cosacos…

Rosa: Mejor hubiera sido llevarlos a Mijail y a Mote…

Paula:…ellos no son familia

Clara: No es momento, chicas, de echarnos culpas… los desgraciados son los cosacos…

Rosa:… y nosotros los cobardes

Paula: No te permito eso Rosa.

Clara: No peleen, por favor. Dios no permitas que mis hermanas peleen…

Rosa: Por supuesto que lo permite… y también permite que los cosacos nos pisoteen, y permite que los lleven presos a Mote y Mijail … permite, permite y permite tantas cosas que nadie puede realmente pensar que él sea bueno, sabiendo que tiene todo el poder para hacer el bien…

Paula: Estás insultando nuestras creencias, Rosa y eso no lo puedo permitir…

Rosa: Nadie te pidió permiso, Paula.

Clara mira impotente, con el escobillón en mano, la disputa entre las hermanas.

Clara: (al techo)…Dios mío no permitas esta pelea en estas circunstancias en mi familia. No lo permitas.

Rosa sale por la puerta que da a la carpintería. Paula intenta detenerla, pero la puerta le da en la cara.

Escena 7

La sala esta recompuesta. Más vacía. La mesa sigue intacta en el medio de la sala. Paula sentada. Clara pelando papas.

Paula: Quiero decirte que pienso hablar con papá…

Clara: No tenés por qué denunciar a tu  hermana Rosa por lo que piensa y siente…

Paula: No es eso lo que pienso hablar con papá.

Clara: ¿ah, no es eso?… ¿y cuál es el motivo de esa conversación que querés tener con papá?

Paula: Voy a escribirle a Shlomo pidiéndole que me elija a mí para casarme con él en Oisland. De eso voy a hablar con papá y voy a pedirle que me de el permiso.

Clara: ¿Escribirle?… En todo caso deberás pedirme a mí que le escriba en tu nombre… no sabés escribir, no sabés leer…

Paula: Es lo mismo, eso quise decir. En Oisland voy a aprender para escribirle a papá, a vos… (duda) a Rosa.

Clara: (comprensiva y risueña). Muchos planes antes de esperar la respuesta del interesado, ¿no te parece Paula?

Paula: Soy la más linda y además la preferida de papá.

Clara: (ríe)…Sos la del medio Pauluska. Ni tan linda como Rosa ni tan inteligente como la mayor… ¿te acordás?…eso decía mamá. (Ríe más)…la más simpática, agregaba siempre la tía Malke.

Paula: No te hagás la grande. Desde que mamá murió vos quedaste como la garantía de que papá no iba a necesitar casarse de nuevo…sos la novia de papá y la mamacita mía y de Rosa. (Agresiva contenida)… solterita, soltera, solterona.

Clara: No creas, mocosa. Soy una mujer y no una chiquilina analfabeta. Y por las dudas, buscate a otra que te escriba las cartas… estoy demasiado vieja para hacerte favores, según vos.

Paula: No te hagás problemas Clara. La Shajde también sabe escribir. Y seguramente, mejor que vos.

Clara: Perfecto tonta. Así todo el pueblo se va a enterar y si fracasas…se terminaron los pretendientes…tonta.

Paula: No voy a fracasar, no te voy a dar el gusto. La que va a tener que bajar la cabeza y aceptar al más infeliz del pueblo tendrás que ser vos.

Clara: Ya veremos, ya veremos

Paula se va por la puerta que da a la carpintería, dando un portazo.

Clara: (Al techo). Vas a ayudarme, o vas a admitir que Rosa, tiene razón.

Apagón

Escena 7

Oscuridad total. Un spot ilumina a Shlomo, sentado en la silla, hamaca. Tiene el violín entre sus manos. Otro spot sigue a clara que se sienta a los pies de Shlomo.

Clara: (sobreactúa la carta que lee): Volskovyk, abril 22 de 1910. Estimado Shlomo: Espero que la presente lo encuentre bien, en compañía de su padre y amigos de la ciudad de Buenos Aires. Esta vez, Shlomo, no debo hacer la aclaración acerca de mi misión de “escribiente” de mis hermanas Paula y Rosa. Y no lo hago, justamente, porque soy yo, Clara, la que quiere mantener con usted una correspondencia de persona a persona.

Antes que nada, quiero hacerle saber que sus cartas son muy emotivas, llenas de noticias y no carentes de humor, cosa que me doy cuenta, lo caracteriza.

No quiero dar más vueltas al motivo central de mi carta. Posiblemente, usted, no lo tome a bien, pero quiero expresarle que, en el transcurso de este tiempo, siendo intermediaria en la lectura de las cartas que usted escribe a mis hermanas y, al mismo tiempo, ser la intérprete de las que ellas le escriben a usted, no he podido, dejar de enamorarme… enamorarme de usted.

Ya lo he escrito y no pretendo volver a atrás, ni romper esta carta, ni siquiera arrepentirme.

Estos son mis sentimientos y como usted se refiere a mí en las cartas que envía, es posible que entienda cuales son mis intenciones. Sólo le pido, Shlomo, que, si usted rechaza mis pretensiones, simplemente no me mencione más en sus misivas, ni me mande saludos ni siquiera lo haga a través de interpósitas personas.

Espero su respuesta en caso de ser positiva. Si no es así, hasta siempre y le deseo el más grande de los éxitos en su vida personal y profesional.

Suya,

Clara Kaminietzky.

Escena 8

La mesa está servida. Es una cena de viernes a la noche. En la cabecera, el lugar del padre está vacío. De un lado Rosa y Paula. En la otra cabecera, Clara. Silencio absoluto. Cada una de las muchachas mira hacia su plato. El candelabro de siete velas está encendido.

Clara: Papá está por llegar. Espero que se sepan comportar y esta cena sea en familia y de paz. ¿Están de acuerdo?

Paula y Rosa siguen mirando sus platos. No levantan la cabeza.

Clara: ¿No me piensan contestar? Soy su hermana mayor.

Paula: (Sin levantar la cabeza): Siempre fuiste la preferida.

Rosa: (Levantando la cabeza y mirando de frente). A mi me alegra que hayas sido la elegida, Clara. Tenés alma de esposa, ama de casa, (siempre fuiste una buena “balbuster”), y de madre. ¡Qué seas muy feliz!

Paula: No va a ser ni la primera ni la última vez que a una le quiten el novio.

Clara: Shlomo nunca fue tu novio, Paula.

Paula: …el tuyo, tampoco.

Rosa: Un novio no es un juguete, un muñeco, por el que peleábamos cuando éramos chicas…

Paula: Si yo supiera escribir… Shlomo me hubiera elegido a mí…

Clara: No seas tonta Paula…él eligió a una mujer, a la más responsable de todas…

Rosa: Vamos Clara…él no eligió a nadie. Las que elegimos somos las mujeres…

Paula: (A Clara). Papá ya me dijo que voy a tener que ayudarlo a soportar tu ausencia…

Clara: Yo los voy a extrañar muchísimo a todos…a vos también Paula…

Rosa: Y nosotras a vos, Clara. ¿Quién va a cocinar?

Paula: ¿y limpiar?…

Clara: Y cuidar a papá…eso, cuidar a papá.

Paula: Clara, ¿vos nunca lo viste a Shlomo?…ni sabés cómo es… no siquiera sabés si es lindo…

Clara: (se levanta y de una caja saca una foto). Es él, me la mandó con la última carta. Está tocando el violín. En esta otra hablando en el sindicato. Parece un actor de teatro.

Apagón

En el medio de la sala Clara, parada, al lado de dos valijas de cartón, atadas con un cinto de cuero para que no se abran. Paula y Rosa a sus laterales. La escena comienza congelada. A medida que hablan, los personajes van tomando vida.

Rosa: Estás realmente linda, Clara…muy parecida a la bobe Emma.

Paula: es cierto, igual a la bobe Emma.

Rosa: ¿y vas a recordarnos siempre y a querernos?

Paula: ¿y a cuidarnos?

Rosa: ¿y vas a hablar en “castellane”?

Paula: ¿y a tomar mate con la bombilla?

Rosa: ¿y a bailar tango, ir al Parque Japonés, bañarte en el río marrón…?

Paula:…viajar en tranvía 12, vivir en calle Viale, ser de Paternal…

Rosa: (emocionada)…darte besos con Shlomo, casarte, tener hijos, mirarlo cuando toca el violín…Clara, Clara…te vas,

Paula: (se abrazan las tres)…Oisland…Oisland…Oisland

Se enciende el spot sobre la mesa, salta sobre ella Shlomo y  la ayuda a subir a Clara, a Paula y a Rosa.

Música: Arráncame la Vida, cantada por Chico Novarro y Andrea Tenutta.

Shlomo baila consecutivamente con Rosa, Paula y finalmente con Clara, a quien besa apasionadamente.

FIN


[1] Bialistok, Volskovyk y Kobrin, son aldeas de población judía cercanas a la frontera con Polonia.

[2] Bobe, es abuela en idish

[3] Shajde, celestina, casamentera

[4] Rabi, rabino

[5] Ritual religioso del viernes a la noche

[6] Mainzes, cuentos.

[7] Josn, novio, contrayente.

[8] “Nunca tuvo novio”, de agustín Bardi y Enrique Cadìcamo

[9] Goie, gentil, cristiana

[10] La Federación Obrera Regional Argentina (FORA) fue una importante federación obrera argentina fundada el 25 de mayo de 1901

[11] Se conoce como Ley de Residencia o Ley Cané a la ley 4.144 de Residencia sancionada por el Congreso de la Nación Argentina en 1902 que permitió expulsar de la Argentina a militantes obreros extranjeros, principalmente anarquistas y socialistas.

El creador Schussheim

El creador Schussheim.

Hay una gran diferencia entre ser creativo y ser un creador.Schussheim fue un creador, un inventor, un ingeniero del humor, un vanidoso orgulloso de serlo, un soberbio que admiraba su soberbia y la disfrutaba. El único competidor que Jorge admitía era su otro yo. Su ego. No alcanzan los adjetivos para calificar a este tipo tan diferente, tan único, tan admirado, tan odiado.Retomo la idea: creativo se llama generalmente a un publicitario que consigue de una manera original, novedosa y eficiente, contar una historia sobre una marca, un producto, un servicio o un político (da lo mismo). En el mundo se cuentan con los dedos de dos manos a esos prodigiosos creativos publicitarios. Acá, en la Argentina, los mejores creativos fueron esos tipos brillantes que supieron hacer justamente anuncios, avisos, spots, etc. que rompían los moldes generalmente conservadores, plagiados, de la publicidad. Hugo Casares y David Ratto fueron esas estrellas cósmicas de la publicidad. También lo fue Jorge Schussheim. Pero Jorge tenía una diferencia: él era un creador. Creó música y letras, creo conjuntos musicales, creo empresas, creo industrias, creo restaurantes y creo…un personaje: Jorge Schussheim.Muchos de los emprendimientos que inició Jorge, fracasaron. Tuvo una exitosa agencia de publicidad que terminó vendiendo a su socio Fernando Braga Menéndez por un cheque de escasos ceros. Fracasó en sus emprendimientos gastronómicos que eran ideas brillantes, con comidas exquisitas y menús escritos por él que eran verdaderos textos de literatura mayor. Su mayor éxito, la canción de la Coca Cola, nunca le dio un solo pesos. Tuvo un emprendimiento de campo, en Baradero, para criar chanchos, que conseguía muchos amigos que iban a comer asado.Tuvo autos de lujo, se compró un avión que el mismo piloteaba, construyo una casa en Palermo Soho con teatro incluido que tuvo que vender por no soportar que el barrio se pusiera de moda y lo incomodaran hasta el hartazgo los ruidos de los boliches vecinos.Fuimos socios varios años junto a Rubén Weinsteiner. Formamos S+C+W una consultora en estrategias de comunicación política. La misma que creo en el 2012 #YoNoVoy, el lema que se oponía a la marcha opositora a CFK por parte de los mismos que ayer organizaron el “banderazo” contra el gobierno de Alberto y Cristina. Esa vez, Patricia Bullrich, junto a Eduardo Amadeo y otros, siendo diputada pidió al Poder Ejecutivo un informe acerca de quiénes éramos y cuánto cobrábamos. Nada cobramos.Nos divertimos mucho, trabajamos mucho y nunca nos aprobaron ningún presupuesto. Jorge tenía la idea de cobrar exactamente 10 veces más de lo que yo pensaba que era razonable. Yo decía 2000 y Jorge pedía 20000. Así nos fue.El último trabajo que hicimos juntos fue para Gustavo López, cuando aspiraba a ser Jefe de Gobierno de la Ciudad. Esa fue la última pelea. Coincidíamos en que si algo no íbamos a hacer era un afiche con la cara de Gustavo López. Dos días después me mostró un aviso con la foto de Gustavo López. La pelea fue a los gritos. Como un inocente le dije: habíamos quedado que la estrategia era sin foto de Gustavo. Su respuesta fue la que esperaba:“La estrategia soy yo”.Jorge era un experto en inventar “historias verdaderas”. Contador de chistes judíos, inventor de anécdotas y sobre todo un relator profesional. Por ejemplo, le dijo a Luis Kon, su amigo entrañable y a Any Ventura en su programa de radio que yo había inventado para Raúl Alfonsín la famosa frase de “Un médico, allí”. Cuando yo mismo le decía que eso no era cierto y que fue un invento del mismo Raúl, ¿qué contestaba, Jorge? Nos conviene que hayas sido vos el que inventó eso.Contaba en forma reiterada que su suegra, la mamá de Lía Jelín, yendo en auto a Baradero, una vez le preguntó, “Jorge, cuanto falta para Ingeniero Auschwitz”. No era cierto, pero era tan gracioso como lo contaba que un o quería escucharlo cien veces.Más de una vez adjudicaba una anécdota a uno y a otro amigo. Nadie se animaba a decirle que eso ponía en evidencia sus fantasiosas leyendas.Viajando a Rosario para hacer una presentación a una agrupación política, con Rubén Weinsteiner, nos dimos cuenta de que algo le pasaba. Iba al baño a cada rato. Le dije si le pasaba algo, si se sentía mal, Me dijo: “es algo que ya conozco, meo sangre, eso quiere decir que tengo un cáncer de vejiga. Ya tuve una vez ese cáncer y se opera, no es nada. Y no vuelvan a preguntarme qué me pasa”. – Jorge, es una locura, cuando lleguemos a Rosario vamos a una clínica.- Ni en pedo.- No seas boludo, te vas a morir.- ¿Morir? Ese es un problema para los otros. No para mí.Y así fue. La muerte de Jorge nos deja a muchos huérfanos de su humor, su talento, su soberbia y sobre todo de su creación.

La contramarcha del 17 de agosto.

Una clase social ¿infantil, negadora, perversa o idiota?Intento de diversas maneras reflexionar acerca de la actitud de un sector minoritario pero notorio de la sociedad argentina. Es acerca de los que salieron a manifestar ayer, 17 de agosto, o los que se quedaron en sus casas pero adhieren a la idea de protestar contra el gobierno nacional a partir de diversas excusas que tienen la característica de ser emocionales, íntimas, y casi irracionales.Escuchando y viendo los testimonios de los participantes a la concentración en el Obelisco, frente a la casa de CFK y en Olivos, frente a la residencia presidencial, tuve diversas sensaciones que están expresadas en el título de la nota. Pensé que eran testimonios de infantes, o de personas con característica psicológica de los negadores. También pensé que se trataba de perversos y perversas. Finalmente, me pareció que eran simplemente una masa de idiotas. Ahora, después de dejar pasar casi un día – tiempo que me tomé para escribir desalojado de pura pasión – entiendo que es una mezcla de todas esas condiciones que mencioné más arriba.No me cabe duda de que estamos frente a una guerra cultural en la que los medios de comunicación, especialmente las redes sociales cumplen un papel determinante. Cada día que pasa, acercándome a la difícil condición de octogenario, estoy más y más convencido de que la condición humana es muy débil. No es casual que en 5000 años de cultura, aún hoy, las religiones siguen siendo indispensables para la gran mayoría de los terrestres.El lenguaje, la lengua, el habla, que nos distingue de otras especies, que nos permitió ser seres con capacidad de comunicación compleja, no fueron suficientes para erradicar la naturaleza de ser personas influenciables, necesitadas de ser abastecidas de contenidos que nos penetran como si fuéramos dóciles animalitos que nos seducen con con ofrendas adornadas de verdades indescifrables. Somos fáciles presas de los cazadores de idiotas.En 60 años de cultura neoliberal pudieron alcanzar la meta de despolitizar, idiotizar e inculcar la idea del individualismo. El capitalismo necesita de consumidores, no de personas. Para eso es necesario esclavizarlos de pies de manos, pero principalmente dominar su cabeza, su ideología, sus creencias, sus valores.Posiblemente eso suceda inclusive con muchos que piensan como nosotros, los buenos, los que creemos que tenemos razón y seguramente las tenemos. Pero no podemos ocultar que padecemos de similares consecuencias. No tenemos que pelear y vencer a los negadores, perversos e idiotas sino que tenemos que trabajar para terminar con los medios que responden al neoliberalismo. Seguramente te va a parecer una pelea rara y desigual, pero lamentablemente si no hacemos eso seguramente los idiotas nos ganarán la partida. Tienen mucho poder. Estamos a tiempo. No seamos nosotros los idiotas.

40Domingo Fenicio, Luis Kon y 38 personas más10 comentarios61 veces compartidoMe gustaComentarCompartir