Esconder la basura debajo de la alfombra.

“No me amargues el día, no me deprimas, hay que ser optimista, siempre que llovió paró, no pasa nada, hay que olvidarse de esto, la vacuna viene a fin de año, fíjate en Europa, volvió el fútbol , este es un invento de los chinos, son los comunistas que quieren volver, etcétera”.

Vos sabés de qué te hablo.

De la negación, del miedo, de todo aquello que la cultura neoliberal nos impuso como estilo de vida y sin embargo creemos que en esos valores radica la felicidad.

Cada tanto aparece en la televisión, en las redes sociales, en la calle, una demostración de “no pasa nada”. La publicidad (salvo la del gobierno) toma como tema la pandemia y nos muestra, como siempre, un mundo divertido, cordial, con amor, familia, sexo y niños puros y plenos de simpatía.

¿Qué escondemos?

El miedo.

Tanto se habla de la cultura colonizadora de mentes del neoliberalismo que me parece necesario exponerla.

La desigualdad, la miseria, el odio, la violencia son más viejas que el trueno y la lluvia. Vienen de tan atrás que uno se olvida. La lucha siempre fue una: unos pocos tratando de imponerse sobre los muchos. Y la verdad es que vienen imponiéndose históricamente. Por goleada.

Todo indica que el neoliberalismo es un dogma económico y en todo caso económico social. Pero este dogma esconde el verdadero espíritu del neoliberalismo: someter al otro. El neoliberalismo es en esencia un sistema de dominación. Y lo más importante es que este modelo antiguo, heredero del liberalismo tradicional, es un modelo de apropiación del mundo a través de concentrar la mayor riqueza posible a costa del trabajo y la producción de los demás.

El neoliberalismo propone un juego en el que gana aquel que más acumula. Para eso es necesario que en el juego haya ganadores y perdedores. Nadie gana nada del otro si no lo somete. A la larga es un juego en que cual uno se queda con casi todo. Y si es todo, más ganador aún.

En este juego de estrategia es necesario conseguir que otros produzcan, pero, a la larga o a la corta, eso que les pertenece (de acuerdo con la teoría de la propiedad) lo pierden. La paradoja es que al perder tienen que atenerse a las reglas del juego que impone el ganador. Y el ganador necesita que los que perdieron sigan produciendo. Ese es el círculo. No hay capitalismo sin producción, no hay producción sin trabajadores. Por eso el neoliberalismo, que intenta despreciar la dictadura del proletariado necesita algo más que imponer sus principios por la fuerza (aunque la usa). El neoliberalismo usa las estrategias de la dominación por la cultura.

¿Cuáles son esas estrategias?

Convencer que la felicidad radica en la propiedad de una casa, un auto, viajes, ropa, moda, tecnología, etc. El neoliberalismo necesita que el que produce se desprenda de lo que recibe devolviendo su salario al mismo que se lo dio, con la característica de que ese salario que obtuvo le rindió ganancia a su patrón.

Como el empleador depende de su empleado necesita engañarlo.

¿Cómo es el engaño?

El poderoso engaña al desvalido haciéndole creer que si se empeña llegará a ser como él. Le inculca la idea del progreso a través de la competencia, de tener un enemigo (el enemigo no es el empleador sino el otr@ como él o ella).

El neoliberalismo necesita seducirlo para seguir explotándolo.

Por eso le muestra la vida de fantasía a través de la publicidad, el marketing.

Muchos podrían insinuar que es una manera de motivar a los que menos tienen a esforzarse por tener más, por llegar. Pero no es así. El mundo lo demuestra.

El ejemplo está en la pandemia. En plena crisis universal, con el virus creciendo y rebrotando, con millones de desocupados, con más hambrientos que nunca, con más chicos desnutridos, con caídas brutales de la economía, con amenazas de los bancos de no poder devolver los depósitos, con la idea del presidente Trump de suspender las elecciones en EEUU, cinco, solo cinco multimillonarios del mundo acrecentaron sus fortunas por cinco. Solo uno de ellos, Bezos de Amazon consiguió en cinco días todos los dólares que necesitaría la Argentina para pagar su impagable deuda causada por otro millonario menor pero intensamente perverso que hoy trata de olvidarse de sus delitos en París.

El neoliberalismo necesita de la cultura. Para eso monopoliza los medios de comunicación, la tecnología, los negocios, los mercados. El neoliberalismo se apodera de las mentes de los miles de millones de human@s para convencerlos de ser sus propios caníbales. Y lo peor es que lo consigue. Miles y miles de pobres vapuleados por el neoliberalismo defienden sus principios. Son los que desprecian la cuarentena, son los que no les importa que mueran los otros, son los que desprecian a los apenas más pobres que ellos.

Por eso decimos que la batalla es cultural. Por eso asoma una idea de apocalipsis. Por eso muchos creen que la felicidad volverá a ser como era antes sin darse cuenta de que antes eran también unos infelices.

Hay una pequeña abertura que deja abierta la pandemia: la libertad, la igualdad y la pelea contra el neoliberalismo que intentará de todos modos volver a ser toda la mierda que siempre fue.

Diario de cuarentena. Certezas de la incertidumbre

Diario de cuarentena

Certezas de la incertidumbre

“Solo sé que no sé nada”, ¿se acuerdan de esta frase que circulaba en las clases de filosofía del colegio secundario, allá por la década del 50? ¿Se acuerdan quién la dijo. Se le atribuye a Sócrates, si bien es Platón quién la menciona como dicha por Sócrates.

Seguramente se acuerdan de la famosa “gafe” de Menem que en un reportaje dijo que sus lecturas preferidas eran las obras completas de Sócrates, quién en verdad, no dejó ni una sola obra escrita. Ni siquiera su famosa frase de Solo sé que no se nada”.

De esto se trata esta columna de hoy. Algo sabemos. Como muchos dicen nada será igual. Otros suponen que en poco tiempo todo volverá a ser como siempre fue. Los del medio ambulan entre nada va a ser igual a “con el tiempo todo volverá a ser igual”. No lo sabemos. Estamos en estado de suspensión, especulación, tristeza, desamparo y ansiedad. Pero podemos ir especulando con algunas cosas. Juntos podemos sacar algunas conclusiones.

Hay algunas aseveraciones que parecen no generar dudas. Por ejemplo que esta enfermedad es mucho más grave para l@s viej@s. Las estadísticas mundiales señalan que más del 80% de l@s muert@s tenían más de 70 años. Es más, el promedio ronda los 71 años. Los más jóvenes seguramente tienen otras ilusiones con respecto a la evolución de la enfermedad. Pero muchos anuncian que esta pandemia, que ya estaba anunciada, no será la única. Hay puesta mucho esperanza en la vacuna, aunque todos los científicos coinciden en que para eso hay que esperar al menos un año o año y medio.

Hay señales claras de que todo no será igual. Algunos economistas adelantan que la caída mundial de la economía en este año rondará el 10%. En los EEUU, en menos de un mes hay 10 millones de solicitudes de subsidio por desempleo. Según El País de Madrid, a España le llevará dos años recuperarse de esta tragedia, siempre y cuando las condiciones de la pandemia sean positivas para la población. Hay industrias que no saben si esto significa la quiebra en cadena de aerolíneas internacionales, aeropuertos, cadenas de hoteles, compañías de Cruceros, agencias de viajes y turismo. Muchísimos profesionales independientes están prácticamente desamparados si no fuera por la ayuda del Estado: actores y actrices, la industria del cine, los espectáculos teatrales, electricistas, decoradores, maquilladores, vestuaristas, solo por mencionar algunas. Médicos, odontólogos, kinesiólogos, son una rama de la salud que sufren las consecuencias de las cuarentenas. Colegios privados que no cobran las cuotas porque hay padres que no cobran sus sueldos. El servicio doméstico está sin trabajar y no todos los hogares de clase media tienen ingresos o ahorros como para pagar esos sueldos. Gimnasios, clubes, deportistas profesionales y todos los rubros que acompañan a estas instituciones: técnicos, ayudantes, lavaderos, asistentes.

Una de esas desaparecen McDonalds, Starbruks y los shoppings. Una de esas casi todos los restaurantes cierren. Muy posiblemente no se vendan autos. Es posible que los peajes no recauden. Las cocheras serán más baratas, los negocios de ropa de marca descubrirán que todas las remeras son iguales, que la gran y desproporcionada campaña de las marcas de prestigio no servirán de nada, que la lar publicidad será innecesaria, que cambiar el celular no tendrá sentido y que los millones de usuarios que pagan cable, internet y servicios accesorios, dejarán de hacerlo.

De repente muchos que hasta hace muy poco eran adoradores del dios Mercado ahora suplican al Estado que subvencione sus negocios. Pocos se quejan del dólar super alto, del riesgo país o que el Banco central emita pesos sin respaldo.

No solo cambios en la economía. Habrá cambios en la educación, en la salud, en la cultura, en la vida cotidiana. Todos estos cambios producirán a la larga o a la corta nuevos sistemas de creencias y valores. Parece ser que se descubre que no hay capitalismo sin consumidores y no hay consumo sin ingresos. La vuelta cíclica del dinero que ganan los empleados vuelve a los patrones puede cortarse cuando se tome en cuenta que miles de productos y servicios que consumimos no son de necesidad sino que son estimulados por un modelo de sociedad que consiste en que cada vez pocos tengan mucho y muchísimos tengan poco. Así se descubre que tanto va el cántaro a la fuente hasta que el cántaro se rompe.

Todo esto es pura especulación. No voy a pretender que estas reflexiones sean producto de un estudio profundo. Son simples reflexiones que al parecer no son muy difíciles de creer.

Posiblemente si esto llega a suceder algo bueno pueda pasar. Y eso bueno que puede pasar es que tomemos conciencia que ese 20% del mundo que acumula el 80% de la riqueza y que el 80% restante de los humanos apenas le quede un 20%, no es otra cosa que la llamada DESIGUALDAD.

Es posible que como muchos creen el capitalismo resurja de sus cenizas, que la explotación continúe y que las epidemias se repitan. Es decir, que nada cambie. Si eso sucede, solo descubriremos que Sigmund Freud tenía razón cuando no era optimista respecto al mundo que nos toca vivir.

Una de esas, vamos hacia un mundo mejor. Todo es posible.

Diario de Cuarentena. El azar, la incertidumbre y la ilusión.

El azar, la incertidumbre y la ilusión.

¿Cómo es lo inimaginable? Si no puedo imaginar, fantasear, vislumbrar el futuro es posible que necesite aprender a vivir como si nunca hubiera vivido.

En estos días, cuando estoy viendo una serie, una película vieja o algo de ciencia ficción me extraña ver a gente que camina por las calles, a una familia sentada alrededor de la mesa, a una pareja que se conoce en un tren, a una multitud gritando un gol en una tribuna de una cancha de fútbol, a King Kong en la cúpula del Empire State Building asustando a miles de neoyorquinos. Siento que algo está mal si la gente está a menos de un metro y medio de distancia, sino no tienen un barbijo, si se besan o simplemente se saludan con un apretón de manos.

Este es el primer 24 de marzo que no voy a la Plaza de Mayo, es el primer año en mi vida que no veo un partido de fútbol, que no salgo a la calle, que no veo a mis nietos, que no los beso, abrazo y huelo.

Esto es absolutamente nuevo, inimaginable. Parece ficción pero es pura realidad. Cada mañana, cada madrugada, me pregunto si el mundo cambió de tal manera que voy a pasar el resto de mis días en medio de esta nueva realidad.

Cuando me pongo muy racional contesto mis preguntas más angustiosas con una simple respuesta: hay que esperar la vacuna. Y entonces aparece el fantasma del virus que muta, el virus inteligente que descubrió que los seres humanos con toda su tecnología y sapiencia ignoraron que la naturaleza es sabia y no permitiría que acaben con el planeta.

Todas las mañanas me asomo al balcón y veo a mi vecino de enfrente caminando de punta a punta su propio balcón. Da exactamente 16 pasos hasta un extremo, gira y da otros 16 pasos. ¿Cómo lo sé? Porque los conté. Tiene un balcón de 8.66×2, es decir da 16 pasos para recorrer 17.32 metros . Mientras tanto habla por el celular. Recorre esos 16 pasos en 18 segundos y lo hace por 40 minutos, es decir que camina cada mañana 2400 segundos para recorrer casi 4 kilómetros, 200 metros, sin moverse de su casa. Ni de su balcón. Le grité preguntándole su WhatsApp y me lo cantó uno a uno los números. El primer wapp que le mandé le dije que lo felicitaba porque en 30 días de cuarentena había caminado por su balcón 126 kilómetros, casi lo mismo que haber ido caminando durante un mes a Chascomús. Me contestó con un “ajajaja”. Por mi cuenta hago durante 45 días 22 kilómetros por día en la bicicleta fija.

Paul Auster es un escritor que trabaja sus textos con la idea del azar como eje de las tramas. ¿Qué es el azar? Un efecto, un hecho, que no podemos prever. El hecho que relata Paul Auster en varios de sus libros transcurre en su pubertad. Estando en un campamento de estudiantes en un bosque se desata una tormenta y todos corren para guarescerse debajo de unos árboles. Para alcanzar esa meta hay que cruzar un alambrado. Su amigo de la infancia pone un pie sobre el alambrado para que él pase y en ese momento un rayo alcanza a su amigo que muere electrocutado por darle paso a Paul. Varias veces se pregunta que hubiera pasado si el que hubiera apoyado el pie en el cerco era el mismo y no su amigo. Hubiera muerto. El azar hizo que Paul se salvara de la muerte.

Todos vivimos pendientes del azar. Nunca sabemos si la decisión de cruzar o no una calle puede significar que el azar intervenga para vivir o morir. ¿Salir a la calle y contagiarnos de la enfermedad que provoca el coronavirus? ¿Y si el coronavirus llega a casa de la mano de un proveedor que dejó su mercadería infectada? Todos escuchamos a alguien decir que prefiere morir de la enfermedad del virus a morir de angustia por no salir. Pocos son los que saben que No Salir es más por lo otros que por uno.

Estamos aprendiendo de a poco a vivir con más incertidumbre que la que habitualmente soportamos. Nada es certero de lo que estamos pasando. Nada es totalmente cierto. A veces pasa que la realidad y la fantasía se confunden entre sí. Vivimos en un estado de suspensión.

Seguramente la capacidad de adaptación de los humanos posibilite que más adelante los más jóvenes, los que hoy son pibes y pibas, encuentren un modelo de vida que se adapte la depredación que estamos infringiendo al planeta.

Hoy veía en un noticiero como la guerra continúa en Siria con pandemia. No se sabe que causa más muertes. Miles de millones de dólares, Euros o pesos son usados para matar sin virus. El presidente del país más importante (hasta ahora) del mundo aconseja a inyectarse lavandina. Miles y miles de personas viven la pandemia en un total hacinamiento. Miles de personas enfermas que no sufren el coronavirus mueren por no tener paliativos a sus enfermedades crónicas.

La ilusión es encontrar nuevos paradigmas que nos permitan ser mejores personas. Este mundo está padeciendo lo que hacemos en un estado de victoria del individualismo, el acaparamiento, la desigualdad.

Esta cuarentena no habla del pasado. Hoy nos toca el presente y algo del futuro.

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Diario de Cuarentena/Yo tuve un papá millonario que murió pobre.

¿Cuántos millonarios conociste en tu vida?

El primer millonario que conocí en mi vida fue a mi viejo. No era un millonario en serio, de esos millonarios que tienen la guita en un banco suizo, o tienen acciones o bonos de la deuda externa, no. Me estoy refiriendo a un millonario de los años 50 o 60. Mi viejo era un pequeño industrial, lo que hoy se llamaría una PYME mediana o grande. Depende. Era hijo de mi abuelo Jacobo, un inmigrante que llegó de Rusia en 1905 a los 16 años, de profesión sastre y que gracias a esta tierra generosa consiguió hacer una pequeña fortuna con un taller de unas diez o doce máquinas de coser Singer, trabajando para otros talleres más grandes, confeccionando pantalones y camisas. Jacobo y Sofía, mi abuela, tuvieron cinco hijos: Abraham (1912) Luis, mi papá (1914) Juanita (1916), Jaituve (1918) y Sarita (1924). Como correspondía a una familia inmigrante, Abraham, el mayor se recibió de médico, puso su consultorio en Avellaneda y fue un pediatra reconocido y estudioso. Mi papá, dejó el colegio primario en cuarto grado y empezó a vender jabones, casa por casa, a los 11 años. Juanita ayudaba a la abuela Sofía con las cosas de la casa, le encontraron un novio para casarse a la edad de prometer y de pura rebelde se consiguió un amante clandestino que tenía algunas características que no le caían muy bien a Jacobo: era negro (brasileño), fornido, sensual y encima, lo peor, católico. Juanita se suicidó estando embarazada, unos meses antes de cumplir con la promesa de casamiento al novio judío oficial. Jaituve demoró en suicidarse unos 25 años después. Ella cumplió con la promesa de casarse con su primo hermano, mi tío Avelino, con quien tuvo dos hijos, un varón y una nena. Jaituve se suicidó porque se había enamorado del médico de mi tío Avelino, quien a su vez había sufrido un ACV a la temprana edad de 48 años y había quedado paralítico de su lado izquierdo, pero le permitía usar su bastón con la derecha, con el cual le producía variados moretones a la pobre Jaituve. Ella también se suicidó cuando mi abuelo Jacobo no aprobó su separación de Avelino, por más que ella justificara que el bueno y gordo marido le pegaba con un bastón. Finalmente, la menor, Sarita, se casó con un buen muchacho judío, trabajador, que era el dependiente del negocio de Jacobo, su mano derecha, su cadete y también, el candidato ideal para la tía Sarita. Por lo tanto, Sarita no se suicidó. Apenas si se volvió loca, fumadora empedernida, neurótica de manual.

Bueno de esa familia judía surgió mi papá que de vender jabones pasó por distintas etapas hasta llegar a tener una fábrica con casi una centena de obreros y empleados y entre estos últimos un chofer llamado Rodolfo.

Y sí, mi papá, era millonario a los 38 años, tenía chofer y algunas novias que yo conocía porque casi siempre eran o empleadas de confianza o amigas íntimas de mi mamá, Adela, o Adelita para los de mayor confianza.

Así que siendo mi papá millonario, teníamos un departamento de 400 metros cuadrados en Villa Crespo, con jardín, jardinero y dos empleadas de servicio, con cama adentro y Adolfo el chofer.

Mi papá era bastante avaro. Amarrete, se decía. Tacaño, también. Ahí descubrí a la edad temprana que una de las características de los millonarios es que no se desprenden fácilmente del dinero que ganan a costa de sus explotados. Mi papá le dejaba a mi mamá todos los días la plata para el mercado y mi mamá todos los días le reclamaba que eso no alcanzaba. También, en el transcurso de los años escuchaba que no solo le dejaba poco a mamá, sino que además ella lo acusaba de gastarse el dinero con sus amantes, o lo que descubriríamos tiempo después, en una amiga de mi mamá, viuda joven de un cliente de mi papá, con el cual hacían negocios con corrupción mediante.

Cuando Carlos se murió increíblemente después de una operación de apendicitis, su viuda comenzó a ser la novia de mi papá y dejó de ser la amiga de mi mamá. Cosa de millonarios.

Cuando Perón es derrocado por el golpe cívico militar de 1955 mi papá deja de ser millonario. La Fundación Evita, a la que él le vendía miles de indumentarias para los pibes pobres , fue intervenida por las fuerzas militares y por ende nunca cobró lo que le debían. El era acreedor de una organización que los militares consideraban corrupta. No le pagaron y él dejo de ser millonario por unos cuantos años.

Ya casado con su nueva mujer, encontró un nuevo rumbo en Venezuela, la Venezuela del petróleo y la nueva democracia de Rómulo Betancourt el líder de esos momentos del partido Acción Democrática.

Papá, en Venezuela, volvió a ser millonario. Reconstruyó su modelo de fábrica, consiguió ser proveedor del estado venezolano, pagó las coimas necesarias y consiguió su objetivo: nadar en plata, o en Bolívares.

Una vez más, volvió a las grandes casas, a sus gustos de pequeño burgués, con autos importantes y viajes a Europa. Visitó la clínica de la doctora Aslan donde hizo los exámenes previos para conseguir las famosas pastillas de la juventud eterna.

El rodrigazo en la Argentina de Isabel lo encontró financiando sus propias obras de construcción y en menos de una año quedó nuevamente pobre. Y así murió, pobre, en el Hospital Durand, de una septicemia que seguramente hubiera podido evitar en el Otamendi o en la Clínica de la Swiss Medical.

De todo esto me acordé hoy mientras leía con pasión la nota de Horacio Verbitsky acerca del impuesto a las fortunas argentinas. Cómo se oponen los millonarios genuinos, pero también los que no lo son pero sueñan con serlo o admiran a los que lo son.

Hoy un columnista del New York Times decía que lo que habría que encontrar rápido es un antídoto contra Trump, que no solo es multi millonario sino que además es el presidente del país más poderoso del mundo. O quizás el que fue el país más poderoso del mundo.

(Una cuarentena llena de recuerdos familiares. Que dios me perdone)

Diario de Cuarentena. Acerca del amor, la vida y la muerte.

Ingmar Bergman (director de teatro y cine sueco – Upsala 1918 Isla Faro 2007) en una carta dirigida a sus actores y actrices convocándolos a la filmación de una nueva película, les dice: “como siempre esta nueva película tiene como tema la vida, el amor y la muerte”.

Desde hace tiempo, pero especialmente en estos últimos 40 días, justamente de “cuarentena”, esta carta de Bergman me persigue y me deleita. La vida, el amor y la muerte.

Esta semana murieron Fontova y Marcos Mundstok. A ambos los conocí trabajando en publicidad. A Fontova le pedí una letra para una canción (un jingle)  para Alfombras Kalpakian. Quería una cumbia que se burlara de las moquetes y alabara los arabescos. A Marcos, cuando los dos trabajábamos en publicidad en distintas agencias para un cliente importante de esos tiempos: Ducilo (internacionalmente Dupont).

Tenían en común un don: el desparpajo. Sonia Braguetti era un hallazgo del Negro Fontova que Jorge Guinzburg, también muerto, supo explotar gracias a su genio empresario y productor artístico. Marcos inventó a Giuseppe Mastropiero, otro personaje inesperado que hizo de Les Luthiers un éxito que persiste hace medio siglo.

Todos los Luthiers son grandes músicos, menos Marcos, que sabía mucho de música, pero nunca ejecutó un instrumento. No sé si el negro murió pobre, pero seguro no terminó sus días siendo rico.

MI hermano Juan vivió casi toda su vida como un millonario, un exquisito, un excéntrico. Vivió en casas enormes, las mejores ubicadas, con ropa de muy buen gusto, sobre toda inglesa. Juan nunca tomó otro whisky que no fuera Chivas Regall, ni fumó otros cigarrillos que no provinieran de Inglaterra, Estados Unidos u habanos Montecristo originales de Cuba. Murió como lo que fue: un millonario. Juan murió un 28 de agosto de 2010 sin un peso en el bolsillo. El último verano clamaba por un ventilador, vendía sus cuchillos de acero de marca Wüsthof, sus 10 pares de zapatos Church (ingleses) y dos sillones que trajo de la India, para poder seguir tomando champán francés y comer ostras importadas. Murió pobre y vivió como un rico.

Es una confesión: la muerte que más lloré fue la de mi perro Bargach. Bargach era un Boxer adorable. Simpático, cariñoso y amigo entrañable. La mañana del día que se murió se despidió subiéndose con sus patas a mi pecho esperando la caricia en la cabezota. Lo abracé, le besé esa cabeza cuadrada y me fui a trabajar. Cuando volví a la noche a casa y me dijeron que Bargach se había muerto de golpe, seguramente de un infarto masivo, no pude contener un llanto espontáneo, una sensación de pérdida enorme y salí de casa rumbo a algún lado, solo, diciéndome que no era posible, que Bargach era joven, que su vida había sido solo un suspiro. Hice el duelo y hoy, a casi 25 años de su muerte sigue siendo la pérdida de un amigo irremplazable.

Cuando murió Pepe Eliaschev también lloré. A solas, en el baño de mi casa. Mirándome al espejo le dije a Pepe “no me diste la oportunidad de decirte cuanto te despreciaba por tu revés en la vida política”. Yo no lo quería ya a Pepe. Pero yo quería que viviera. Yo quería que algún día me dijera porque me había traicionado pasándose a la derecha. Pero no quería que se muriera.

En casi 80 años aprendí y entendí que a la vida hay que dejarla fluir, que vaya pasando, que transcurra. Claro que lo entendí tarde, pero lo entendí. Mi infancia fue una mezcla de tristezas y pronósticos de cosas terribles. Tuve padres ocupados en otro hermano, en otras cosas y los suplanté por abuelos, novias, amigos entrañables.

Pupi era mi amigo de la adolescencia. También murió muy joven. En la guerrilla de Orán, Salta, siendo un aprendiz de guerrillero en el EGP el ejército guerrillero del pueblo, un movimiento guevarista que impulsó y comandó Jorge Masetti, el Comandante Segundo.

La vida transcurre mientras otros mueren y uno sigue viviendo. El amor es una sensación muy profunda que el tiempo transforma de enamoramiento en amor. El enamoramiento es esa sensación de tener la cabeza ocupada todo el tiempo en otro nombre, en otra imagen, en otros recuerdos, en algunos sueños. Sufrir por amor, aprendí del libro de Igor Caruso La Separación de los Amantes, es perder el lugar privilegiado de otro u otra en su cabeza, en su mente. Cuando uno desaparece de la mente del otro es cuando el sufrimiento por amor se transforma en duelo de muerte.

La vida, el amor y la muerte es un triángulo maravilloso, único e insoportable. Es un peso, una pluma, una pared. Por eso los que acumulan bienes en lugar de amor tienen la misma muerte que los que no acumularon bienes: la nada. Porque la vida empieza de la nada, o casi la nada, y termina en la nada. Nada más cierto que del polvo vienes y en polvo te conviertes.

Hasta mañana.

Freud, Bergman, Woody Allen y mi abuelo Salomón.

Diario de Cuarentena

Freud, Bergman, Woody Allen y mi abuelo Salomón.

Sigmund Freud, Ingmar Bergman, Woody Allen y mi abuelo Salomón Tulchinsky. Tres ídolos famosos y uno anónimo.

Salomón nació en una aldea cercana a Kiev, en Ucrania, en 1891. A los catorce años llegó a Buenos Aires con una valija de cartón y un violín en su estuche. Llegó el 5 de julio de 1905 y ese mismo día con su papá, mi bisabuelo Moisés, tomaron el tranvía en el puerto de Buenos Aires y fueron hasta la Avenida San Martín y Luis Viale, a la dirección que tenían anotada en un papelito de un paisano que había llegado dos años antes. Trabajó de sastre, tocaba el violín en un bar de Villa Crespo, estudió y trabajó de actor de teatro idish, fue sindicalista y anarquista. Viví con él y mi abuela Rosa muchos años de mi infancia. Me leía Bakunin antes de dormirme. Me enseñaba que en la vida hay que compartir lo que uno tiene, porque es la única manera de ser un “mench”, una persona. Salomón me llevaba al cine, al Parque Japonés en Retiro, al Zoológico, al Botánico y también lo acompañaba a las reuniones políticas que tenía con un grupo de compañeros del sindicato del vestido.

A Freud llegué gracias a mi novia de la adolescencia. Frida lo conoció a Freud gracias a la revista Nuestros Hijos, una publicación de avanzada que hablaba de la psicoterapia, del psicoanálisis y de Sigmund Freud.

La primera vez que me analicé fue en 1959. Tuve un par de meses viendo al DR Gallinovsky que era un médico psiquiatra que había ingresado a los cursos de la APA, la Asociación Psicoanalítica Argentina. Poco después comencé una terapia de grupo con León Grinberg, quien terminaba de publicar un libro Psicoterapia de Grupo escrito juntamente con Mari Langer y Emilio Rodrigué. El primer tomo de Freud lo compré en la librería de Fray Mocho, cuyo dueño, Don Marcos, me dio un crédito por pura confianza para pagarlo en seis veces. Compré el tomo Psicoanálisis de los sueños que era la lectura que recomendaban Ángel Garma y Arnaldo Rascovsky en las clases abiertas que daban en la facultad de medicina los martes y jueves. Mi libro de cabecera o el libro que consulto cada vez que me encuentro ante la alternativa de entender algo de lo que pasa con el hombre y la sociedad, es El Malestar en la Cultura.

Fui también un lector apasionado de la correspondencia de Freud, especialmente con Lou Salomé y con el odontólogo William Fliess. También las cartas que le enviaba a Marta Bernays, su novia y esposa de toda la vida.

Mi frustración es no haber sido psicoanalista. También no haber sido un escritor. También no saber disfrutar de la pintura, aunque si del diseño gráfico.

Es difícil explicarlo, pero creo que soy freudiano. ¿Qué significa eso? Que creo en el inconsciente. Para decirlo más sencillo, creo que el inconsciente existe más allá de no poder ubicarlo en ningún lado físico del cuerpo humano.

Como ya lo conté vi mucho cine en mi vida. Miles de películas. De esas miles de películas pocas me produjeron un efecto de sensibilidad artística y emocional como algunas de las películas de Ingmar Bergman. Cuando Huye el Día, El Séptimo Sello, Escenas de la Vida Conyugal y posteriormente Sarabanda, fueron impactos al corazón, golpes al estómago, sudestadas en la cabeza.

Cada tanto veo un documental, una entrevista que la televisión sueca le hace a Bergman y a su actor predilecto Erland Josephson, poco antes que los dos amigos y compañeros mueran. Es un final de vida que resume una vida dedicada al teatro y al cine. (les recomiendo muy especialmente verla en You Tube https://www.youtube.com/watch?v=HqTRUQe-bAc&t=2489s

Con Woody Allen me une una relación generacional. Es apenas siete años mayor, pero siempre pienso que no quiero morirme antes que él para no perderme su última película.

Tengo todas la biografías de Woody. Todas son muy parecidas. Todas intentan demostrar que él y sus personajes son distintos, pero cuanto más intentan menos lo consiguen.

Vi absolutamente todas sus películas. Algunas 10 veces, como Manhattan, Crímenes y Pecados, Hanna y sus hermanas, Match Point. Cuando alguien me dice que una película de Woody es mala yo contesto que la más mala me gusta. ¿Fanatismo? Posiblemente. Ahora está a punto de publicar su Autobiografía. La espero ansiosamente. También espero ver su última película y si por culpa de esta pandemia no se podrá ir al cine por mucho tiempo espero que las nuevas tecnologías sirvan al menos para ver en el televisor estas películas inmensas.

Gracias por leer. Es un gusto.

Diario de Cuarentena 3a Parte. La vida cotidiana en los ’60

Diario de Cuarentena 3a Parte.
La vida cotidiana en los ’60
La generación del ’60 estaba politizada. Los que teníamos entre 20 y 30 años nos caracterizaban algunos hechos referenciales. En enero de 1959 Fidel Castro había bajado de Sierra Maestra, derrocando all dictador y sobador de gringos Fulgencio Batista, Era presidente Arturo Frondizi que estaba continuamente siendo asediado por los militares que habían derrocado a Perón y no le perdonaban que hubiera ganado las elecciones del 23 de febrero de 1958 con su ayuda. Al lado de Frondizi estaba el Tapir, Rogelio Frigerio, un ex comunista que se había corrido a un nacionalismo economicista y proclamaba la teoría del desarrollo económico.
En noviembre de 1962 Jacobo Timerman lanzaba el primer semanario de noticias a la manera de la revista Time de EEUU, Primera Plana.
El peronismo, especialmente el ala sindical, proscripto, crecía en la ilegalidad y el nombre de Perón que había sido prohibido por un decreto de la Revolución Libertadora, el famoso 4161, se inscribía en cada pared del suburbano con el símbolo de una V y encima una p. El famoso Perón Vuelve.
Perón había iniciado un largo exilio que comenzó en Paraguay, siguió en Venezuela y llegó hasta Panamá con un último destino en Madrid, España.
Pasaron 18 años y el famoso Perón vuelve se cumplió. Y volvió a ser presidente en 1974.
El radicalismo se había dividido en dos La UCR del Pueblo y la UCRI, la Unión Cívica Radical Intransigente. Balbín de un lado, Frondizi del otro.
En la década del 60 a la del 70 pasaron por el gobierno Frondizi, Guido, Illia, Onganía, Levingston y finalmente el General Lanusse.
Dos presidentes derrocados, un presidente civil títere de los militares (Guido) y tres militares sucesivos.
El peronismo volvió a la legalidad por poco tiempo. Frondizi cumplió con su palabra y en las elecciones de Marzo de 1962 el peronismo ganó por amplia mayoría la Provincia de Buenos Aires, siendo su candidato a gobernador el sindicalista Andrés Framini,. Frondizi, acosado por la cúpula militar, anuló las elecciones y se produjo el golpe cívico militar que terminaría con el gobierno elegido por el pueblo.
Comienza así una nueva etapa :la lucha armada.

Diario de Cuarentena. Intimidades de las horas de encierro.

Diario de Cuarentena.

Intimidades de las horas de encierro.

Todavía camino a paso ligero, sin bastón, erguido y mirando al frente. Eso no significa que no me cuide. La última vez que me caí y se acercaron dos o tres personas preguntándome como estaba, si necesitaba algo o ¿quiere que llamemos al SAME? Lo que sentí, más que agradecimiento, es vergüenza. Así como me da vergüenza que me ofrezcan el asiento en el colectivo aunque también me da bronca que un pibe sentado en el reservado para embarazad@s, discapacitad@s o viej@s se haga el boludo mirando el celular o mirando para otro lado, es decir a la ventanilla.

Ser viejo, no es chiste. Pero prefiero ser un viejo que conserva el humor. Posiblemente para espantar a la enfermedad, la muerte, la soledad.

Todo esto viene a que le dije a un amigo que esta cuarentena se parecía a un pre-geriátrico o residencia de ancianos. Nos reímos los dos, pero a mí me parece que nos reímos de nervios.

Yo llegué a la vejez casi sin darme cuenta. Algo así como el tiempo en el cine. Esas dos horas que dura la película de Woody Allen que tanto me gusta y por lo tanto cuando me doy cuenta de que está por terminar siento que me gustaría que siga, que siga y siga, es porque el tiempo se me pasó, como se dice, volando. ¿Se dieron cuenta que cuatro horas de auto es una cosa y cuatro horas de avión es otra? Seis horas durmiendo no son seis horas trabajando. O cuarenta minutos de cinta no son cuarenta minutos de un primer tiempo de Boca-River. Necesito tantos ejemplos para decir(me) que mis casi 80 me parecen 60, o exagero, me parecen 50, o 40.

Como no creo en dios, ni en otra vida, ni en la reencarnación, me resulta bastante molesto esto de morirme. No voy a mentir diciendo que es preferible tener pensamientos positivos, o no pensar en “eso”. La gente que conozco de mi edad, de mi generación, tampoco le pasa desapercibido el tema. Los chistes ayudan a mantener el espíritu abierto y no quitarle espacio por más miedo que haya.

Esta cuarentena no me tomó desprevenido. Trabajo, estudio, leo, pienso, estoy en “las redes”, ahora, en cuarentena, y cuando no estaba en cuarentena también. ¿Qué es lo que me falta?

Antes que nada me faltan mis nietos y mi bisnieta. Me falta el ruido , el quilombo, ir a comprar regalos, cosas ricas, el tocarlos, besarlos, abrazarlos. Me faltan los amigos, las amigas, las discusiones, las emociones, las miradas. Me falta la libertad. Eso me falta y eso extraño. Yo tenía un amigo raro e indescifrable con el cual teníamos una relación entrañable. Se llamaba Juan Fresán y se murió antes de tiempo. El tipo era un genio, un tipo brillante. Un diseñador, un artista, un pensador. Juan decía que tenía que vivir al menos a dos o tres cuadras del Florida Garden, la tradicional confitería de Paraguay y Florida. Yo le decía: pero Juan si vos prácticamente no salís de tu casa, nunca vas al Florida Garden, odias encontrarte con gente, por qué tendrías que vivir a tres cuadras del Florida Garden. Juan contestaba: “No me importa que yo no vaya. Lo que me importa es saber que está ahí y yo estoy cerca”.

Pero creo que todo esto es para ocultar otras cosas que me faltan. Me falta la pasión, eso sí me falta. Y eso no se compra, no se alquila, no se disimula. La única pasión que me queda es militar por un mundo totalmente diferente al que vivo y noto que se va debilitando al igual que otras pasiones.

Cuando tenía 30 años tuve una crisis que en esa época se llamaba la crisis de la mitad de la vida, porque se creía, o creíamos que la vida duraba más o menos sesenta años. Y su duraba más era simplemente porque uno duraba más que la vida. En esa crisis de la mitad de la vida los de mi generación queríamos ser hippies. Estaba de moda largar todo e irse a vivir a El Bolsón, en Río Negro, a cuarenta kilómetros de Bariloche. Algunos lo hicieron. Antes que llegara la dictadura, unos meses antes me fui a Venezuela, a Caracas. Lo decidí el día que volvió Perón a la Argentina y viví la guerra de Ezeiza. Había votado a Cámpora y fui, el 1° de mayo de 1973 con el que era mi cuñado de ese entonces a reclamar la libertad de los presos políticos a Villa Devoto. Montoneros era la esperanza. En las reuniones discutíamos cuáles eran las condiciones de fundar una patria socialista. Con una gran amiga hicimos una investigación para El Descamisado sobre la tortura en el conurbano sur de la provincia de Buenos Aires. Cuando presentamos el trabajo, el secretario de redacción nos dijo que no se podía publicar porque a los que denunciábamos como torturadores posiblemente los iba a necesitar el movimiento para “otras tareas”. Poco después, renunciaba Cámpora y asumía Lastieri, el yerno de López Rega. Por eso me fui a Venezuela.

Escribiendo sobre cuarentena en el 2020, las intimidades me retrotraen a los 70. Vaya viaje a la historia. Vaya viaje a la pasión.

Como muchos de ustedes saben intento nunca pasarme de las mil palabras, por eso voy a dejar acá. Aunque prometo que mañana voy a seguir con las intimidades. Ojalá tenga ganas…con esta desapasionada cuarentena. Salute,

Crónicas publicitarias. Ford Falcon (La vida tiene sus miserias) Marcelo Cosin

Pasaba por el sexto piso, donde estaban los directores de cuentas y también la gerencia, cuando Graciela me avisó que tenía una llamada. Levanté el tubo y antes de preguntar quién era escuché una voz cavernosa que me amenazaba con matarme a mí y a mi familia si no me iba del país en 24 horas. Me dijo algo más, pero no me acuerdo porque quedé aturdido, sin saber que debía hacer, pensar o decir. Solo atiné a hacer la pregunta más idiota del momento: ¿pero, quién habla?

El sexto piso era el sexto piso de la agencia J.W.Thompson, el gerente era Horacio Diez, y ese día era el viernes 7 de octubre de 1983, a 23 días de las elecciones presidenciales en las que Raúl Alfonsín sería proclamado el nuevo presidente constitucional de la Argentina.

Casualmente, en esos días, estaban en pleno apogeo las campañas políticas de los dos partidos que aspiraban a gobernar un país destruido por la desaparición de personas, la persecución indiscriminada de toda índole, pobreza, inflación y sobre todo, un país con sus valores sociales despedazados. El final de una guerra absurda, con una sociedad confundida que solo atinaba a confiar en un final terrible y un comienzo, al menos, diferente.

Desde 10 meses atrás, integraba un grupo de profesionales de la publicidad que trabajamos en la campaña publicitaria por la fórmula presidencial Alfonsín-Martínez. Ese grupo era encabezado por David Ratto y también estaba Gabriel Dreyfus.

Cuando me repuse de esa llamada de terror, pude hablar con Emilio Gibaja, coordinador de la campaña desde la UCR y poco después pudo corroborar que no se trataba de ningún grupo político, ni terrorista, ni peronista, ni montonero, ni gremial. También Gibaja pudo saber que el llamado existió y que estaba hecho por profesionales y que seguramente provenía de algún “servicio” pero que no podían identificar exactamente de qué servicio se trataba.

En esos días, además de mi intensa labor en la campaña política estaba en la agencia trabajando la creación de un comercial para Ford – empresa tradicional cliente de JWT – para intentar revitalizar la imagen de una marca con fuertes ribetes cívico-militares-policiales: Ford Falcon.

En esos días, sin que pocos lo supiéramos, existía en la Planta de Ford de Pacheco una fuerza de tareas de la FFAA, seguramente del ejército. Muchos de nosotros comimos asado en ese quincho de Pacheco sin saber que a pocos metros se torturaba y se exterminaba gente.

Casi 30 años después supe la verdad acerca de ese llamado misterioso y amenazador. Provenía del grupo de tareas de Ford y tenía como objetivo alejarme de la producción de ese comercial de televisión para Ford Falcon.

El director de la cuenta de Ford en JWT era en esos momentos Marcos Golfari, quien años después se convirtiera en uno de los más afamados publicitarios mundiales desde la agencia David Ogilvy.

Todos los comerciales de Ford los producía una sola compañía: Horacio Casares y Asociados.

Por las características del comercial que mi grupo había creado, Ford Falcon Comics (vaya título de comercial para esa época) Marcos me había preguntado a quién yo consideraba el mejor director para un trabajo de ese estilo. A Luis Puenzo, le contesté sin dudar a Marcos (Hoy Luis es el presidente del INCAA y en esos momentos aún no había ganado el Clío por la Historia Oficial). Marcos tampoco dudo. Pedile un presupuesto. Así lo hice y Luis me contestó que no pensaba mandarme ningún presupuesto porque sabía que los comerciales de Ford los hacía Horacio Casares “por orden de Ford”.

Pese a todo, un productor de cine de JWT ligado a la mafia Ford, denunció mi propuesta y el resultado fue la amenaza telefónica.

Han pasado 37 años.

Algunos funcionarios de Ford fueron condenados por delitos de lesa humanidad, tortura y desaparición de personas.

Se comprobó que en la Planta de Pacheco de Ford funcionaba un centro de tareas.

La publicidad, muchas veces esconde detrás de sus frivolidades algunas historias que deben ser develadas.

Soy un testigo, aún vivo, de esas miserias.

El comercial terminaba con un coro que cantaba:

“Viva Falcon. Viva Ford”.

Perdón.

Crónicas no aptas para menores de sesenta.(Cortas, más o menos verdaderas)

Marcelo Cosin

El Plus Ultra era un bar. No era un café de esquina, era un bar. Una idea que aparecía en Buenos Aires: el bar americano. Un largo mostrador, con hileras de tres mesas. Una mesa contra la pared, una al medio y otra cerca del mostrador. Por supuesto que no tenía mesas en la calle, pero si una mesa en la misma entrada. En esa mesa se juntaban los muchachos de la barra del “ultra”.

El Plus Ultra estaba sobre la avenida Corrientes, al lado de El Cafetal, casi esquina Canning, la que hoy es Scalabrini Ortiz.

Al lado del Plus Ultra estaba uno de los kioskos de la familia Carucchia, atendido por los mellizos Carucha, jorobados, feos y malhumorados. En frente al Plus Ultra, siempre sentada en una silla alta, estaba “la gorda” atendiendo la librería. A la gorda la ayudaba su hermana Ana. Ahí comprábamos los diarios íntimos con candado que regalábamos sistemáticamente cada vez que teníamos un cumpleaños de quince.

La barra del Ultra tenía lo que hoy llamaríamos “códigos”. Los principales de la barra se sentaban en lugares fijos, modelo que seguramente tomó Sofovich para Polémica en el Bar. El primero en llegar cada mediodía era el Turco Alberto. Se sentaba en la silla que daba a la calle y acompañaba el café encendiendo un Chesterfield sin filtro, importado, que compraba de contrabando en la peluquería de Velazco y Malabia, al lado del Mercado.

Al rato llegaba el gordo Hugo que fumaba Saratoga, y se quedaba apenas un rato porque tenía que entrar a la una a trabajar en Gas del Estado. Que decís, Turco, cómo andás Gordo. Viste lo que pasó con la Junta Consultiva, interrogaba Mauri mientras se acomodaba en una silla al lado del Turco. La Junta Consultiva era la que asesoraba al gobierno cívico militar de Aramburu que era el que había sustituido al General Lonardi tres meses después de la Revolución Libertadora.

En menos de cinco minutos la mesa que daba a la entrada del Plus Ultra sobre la Avenida Corrientes estaba colmada. Se habían sentado a la mesa Rojas, Morris, Tito Maglio, el Turco Jorge, el ruso García, Arnoldo el de la nariz torcida.

Cuando ya no quedaba lugar alrededor de la mesa se incorporaban otros en un segundo círculo de sillas. Todos fumaban. Todos tomaban café. Alguno siempre pechaba fasos y otros siempre pedían págame el café que no tengo un mango.

¿De qué se hablaba en el Plus Ultra esos mediodías?. De política, de percances, de dramas del barrio. De minas, milongas y salidas, estaba reservado para los viernes y sábados, sobre todo, antes de armar el plan. También lo mejor del Ultra eran las historias que se contaban a la madrugada cuando los muchachos se juntaban para terminar el día.

En el Plus Ultra también hubo muertes, afanos, peleas y algunos que lloraron la pérdida o el abandono de alguna mina.

Eso sí, en el Plus Ultra, nunca hubo una traición. Y si la hubo, de eso no se habla.

Esconder la basura debajo de la alfombra.

“No me amargues el día, no me deprimas, hay que ser optimista, siempre que llovió paró, no pasa nada, hay que olvidarse de esto, la vacuna viene a fin de año, fíjate en Europa, volvió el fútbol , este es un invento de los chinos, son los comunistas que quieren volver, etcétera”.

Vos sabés de qué te hablo.

De la negación, del miedo, de todo aquello que la cultura neoliberal nos impuso como estilo de vida y sin embargo creemos que en esos valores radica la felicidad.

Cada tanto aparece en la televisión, en las redes sociales, en la calle, una demostración de “no pasa nada”. La publicidad (salvo la del gobierno) toma como tema la pandemia y nos muestra, como siempre, un mundo divertido, cordial, con amor, familia, sexo y niños puros y plenos de simpatía.

¿Qué escondemos?

El miedo.

Tanto se habla de la cultura colonizadora de mentes del neoliberalismo que me parece necesario exponerla.

La desigualdad, la miseria, el odio, la violencia son más viejas que el trueno y la lluvia. Vienen de tan atrás que uno se olvida. La lucha siempre fue una: unos pocos tratando de imponerse sobre los muchos. Y la verdad es que vienen imponiéndose históricamente. Por goleada.

Todo indica que el neoliberalismo es un dogma económico y en todo caso económico social. Pero este dogma esconde el verdadero espíritu del neoliberalismo: someter al otro. El neoliberalismo es en esencia un sistema de dominación. Y lo más importante es que este modelo antiguo, heredero del liberalismo tradicional, es un modelo de apropiación del mundo a través de concentrar la mayor riqueza posible a costa del trabajo y la producción de los demás.

El neoliberalismo propone un juego en el que gana aquel que más acumula. Para eso es necesario que en el juego haya ganadores y perdedores. Nadie gana nada del otro si no lo somete. A la larga es un juego en que cual uno se queda con casi todo. Y si es todo, más ganador aún.

En este juego de estrategia es necesario conseguir que otros produzcan, pero, a la larga o a la corta, eso que les pertenece (de acuerdo con la teoría de la propiedad) lo pierden. La paradoja es que al perder tienen que atenerse a las reglas del juego que impone el ganador. Y el ganador necesita que los que perdieron sigan produciendo. Ese es el círculo. No hay capitalismo sin producción, no hay producción sin trabajadores. Por eso el neoliberalismo, que intenta despreciar la dictadura del proletariado necesita algo más que imponer sus principios por la fuerza (aunque la usa). El neoliberalismo usa las estrategias de la dominación por la cultura.

¿Cuáles son esas estrategias?

Convencer que la felicidad radica en la propiedad de una casa, un auto, viajes, ropa, moda, tecnología, etc. El neoliberalismo necesita que el que produce se desprenda de lo que recibe devolviendo su salario al mismo que se lo dio, con la característica de que ese salario que obtuvo le rindió ganancia a su patrón.

Como el empleador depende de su empleado necesita engañarlo.

¿Cómo es el engaño?

El poderoso engaña al desvalido haciéndole creer que si se empeña llegará a ser como él. Le inculca la idea del progreso a través de la competencia, de tener un enemigo (el enemigo no es el empleador sino el otr@ como él o ella).

El neoliberalismo necesita seducirlo para seguir explotándolo.

Por eso le muestra la vida de fantasía a través de la publicidad, el marketing.

Muchos podrían insinuar que es una manera de motivar a los que menos tienen a esforzarse por tener más, por llegar. Pero no es así. El mundo lo demuestra.

El ejemplo está en la pandemia. En plena crisis universal, con el virus creciendo y rebrotando, con millones de desocupados, con más hambrientos que nunca, con más chicos desnutridos, con caídas brutales de la economía, con amenazas de los bancos de no poder devolver los depósitos, con la idea del presidente Trump de suspender las elecciones en EEUU, cinco, solo cinco multimillonarios del mundo acrecentaron sus fortunas por cinco. Solo uno de ellos, Bezos de Amazon consiguió en cinco días todos los dólares que necesitaría la Argentina para pagar su impagable deuda causada por otro millonario menor pero intensamente perverso que hoy trata de olvidarse de sus delitos en París.

El neoliberalismo necesita de la cultura. Para eso monopoliza los medios de comunicación, la tecnología, los negocios, los mercados. El neoliberalismo se apodera de las mentes de los miles de millones de human@s para convencerlos de ser sus propios caníbales. Y lo peor es que lo consigue. Miles y miles de pobres vapuleados por el neoliberalismo defienden sus principios. Son los que desprecian la cuarentena, son los que no les importa que mueran los otros, son los que desprecian a los apenas más pobres que ellos.

Por eso decimos que la batalla es cultural. Por eso asoma una idea de apocalipsis. Por eso muchos creen que la felicidad volverá a ser como era antes sin darse cuenta de que antes eran también unos infelices.

Hay una pequeña abertura que deja abierta la pandemia: la libertad, la igualdad y la pelea contra el neoliberalismo que intentará de todos modos volver a ser toda la mierda que siempre fue.

Algún día nos vamos a dar vuelta como una media.

Sobre Gorilas, fachos, troskos, peronchos y Ks.

Si hoy hubiera elecciones presidenciales Alberto Fernández ganaría con el 54% de los votos. Este es el porcentaje de ciudadan@s que apoyan las decisiones del del gobierno en materia sanitaria respecto a la pandemia del corona virus.

Pero este apoyo por el mérito de un gobierno de ser de los más eficientes respecto a un tema crucial que afecta al mundo también incluye los planes de subsidios, créditos y de alimentación a los sectores más carenciados.

Del 46% restante hay que ocuparse pese a que no votarían al frente electoral que se constituyó para las elecciones del 2019.

El opositor/a que odia todo lo que sea peronismo, populismo.

Es el o la opositor/a que sobresale rápidamente en el bloque “antiperonista”. La mayoría no adscribe, ni es afiliad@ a un partido político. Tienen una historia que se remonta a 1955 aunque ya casi todos son nacidos después de 1970. Es una vieja historia que se remonta a ser “contrera” antes que se los llamara “gorilas”. Son colonizad@s por mitos, leyendas, falsedades y mentiras repetidas una y mil veces por las mismas voces que desde hace 70 años se propalan por todo medio que tienen a su alcance. Hay pilas y pilas de bibliografía que analizan el fenómeno “gorila”, el anti-peronismo carnal.

Alejandro Grimson, antropólogo reconocido e historiador de una generación que no conoció a Perón, dice que la fobia al peronismo alcanza al 25% de los hombres y mujeres que votan en la Argentina. No son pocos. Al menos 10 millones de argentin@s sienten a nivel de piel odio por todo aquello que alcance alguna denominación, símbolo o cercanía al peronismo. Casi todos odian al peronismo y cuando se les pregunta por que aducen frases hechas y repetidas : ladrones, corruptos, vagos. Hay cientos de frases que usan para manifestar su odio a todo lo que contenga algo de peronismo. Históricamente, después del golpe cívico-militar que derrocó a Perón en 1955 y cuyo gobierno golpista llegó a prohibir a través de un decreto (4161) que se mencionara la palabra Perón, la de sus familiares, sus símbolos y cualquier representación similar, lo que circulaba en medios de comunicación era llamarlo a Perón “Tirano Prófugo”. Mientras Perón en su exilio era ayudado por algunos de sus amigos a subsistir, en su país se hablaba de su fortuna en oro, joyas y dinero que había conseguido acumular durante su presidencia y media. (1946-1955).

La oposición “facha”.

Ser opositor al gobierno es una cosa y ser “facho” es otra. Así como no todos los que se auto titulan “de izquierda” son troskos. Cuando le preguntás a un “peroncho” porqué odia a los troskos te contesta diciendo que “son funcionales a la derecha”. Cuando le preguntás a un trosko porqué odia a los peronchos, te contestan, porque son fachos. La verdad es que ni los acusados de fachos son todos fachos ni todos los “zurdos” son funcionales a la derecha. Más aún, si uno profundiza en la pregunta acerca de “qué es el trotskismo”, la mayoría no sabe. Más aún no sabe cuál es la diferencia entre el marxismo-leninismo de Stalin con el marxismo-leninismo de Trotsky. Trosko para el peronismo es horrible, tan horrible como el peronismo para los troskos. Por ejemplo pocos peronistas pueden explicar por qué en todos los actos de Cristina hay banderas del Partido Comunista CE , es decir el Partido Comunista Congreso Extraordinario, como así también cientos de imágenes del Ché Guevara y de Fidel Castro. ¿Son troskos? No son troskos. Son comunistas. ¿Y Cristina que es? Es centro izquierda? Pero no es que el partido Justicialista proclama la Tercera Posición: Ni yanquis, ni marxistas: peronistas.

Resulta que hay fachos pro-Videla, pero también hay fachos peronistas que fueron perseguidos por la dictadura. ¿O no son fachos?

Fachos son los periodistas de La Nación, los que escriben cartas al diario pidiendo que liberen a los presos de la dictadura por trato inhumano. ¿Morales Solá, qué es? ¿Facho? ¿Y Leuco? ¿Leuco era trosko en los 90 y ahora es facho?

La grieta es simbólica, histórica y pelotuda.

Para el filósofo Hobbes el estado natural del humano es la guerra. Sigmund Freud tampoco era muy optimista respecto a la relación humana. Desde que tenemos memoria histórica el mundo está en guerra. Unos contra otros. La grieta es una constante. En términos cotidianos para la realidad argentina es fácil reconocer a los distintos bandos.

Para el fútbol es más importante que el rival pierda que el propio equipo gane. ¿River o Boca? Unitarios y Federales, Morenistas y Saavedristas, Rosas o Sarmiento, Radicales y conservadores, Atlanta o Chacarita, militares contra civiles, feminismo Vs machismo, Etc. Vs Etc.

Si pensás que “el jubilado” hizo lo correcto en matar al chorro estás contra Fernández, si por el contrario resulta que el “jubilado” es un asesino, son K. Si estás de acuerdo con la cuarentena sos oficialista y si estás en contra de la cuarentena, sos PRO o macrista.

Si te parece bien que Alberto llame a Larreta amigo sos un blando o no sos peronista y si te parece mal sos K pero no sos de Alberto.

La verdad de la milanesa.

Alguien definió la grieta universal de manera más sencilla: Los de arriba oprimen a los de abajo. Y, los de arriba son pocos y poderosos y los de abajo son muchos y débiles.

Esa es la grieta desde siempre.

Somos más pero tenemos piedras. Ellos son menos pero tiene armas y gas pimienta. Somos más pero no tenemos guita. Ellos son menos pero la tienen toda. Ellos son blancos, nosotros somos negros.

¿Y en que nos igualamos?

La muerte nos iguala. Ahí no hay grieta. La diferencia hay que encontrarla en la vida. Algún día entenderemos que la única bandera que tenemos es La Igualdad. La libertad, está controlada por ellos. Los que acaparan son ellos. Nosotros, no les interesamos.

¿Es tan difícil entender estas diferencias?

Por eso me parece que hay que aprovechar la eclosión de la pandemia. Lo que necesitamos son líderes que nos comprendan y que sepan que algún día nos vamos a dar vuelta. Como una media nos vamos a dar vuelta.

Posiblemente, nos espera un mundo distinto.

Marcelo Cosin.

Estamos sobreviviendo en un mundo que inesperadamente pasa por la experiencia de darse cuenta de que el modelo social y económico que había logrado imponerse sobre el comunismo soviético, se derrumba.

Así como cayó el Muro de Berlín, símbolo del comienzo de la era de la desigualdad, el modelo capitalista triunfante, también tropieza y tambalea.

El consumismo, la idea de acaparar lo más posible a costa de los que menos tienen, la debacle ecológica, el individualismo, el poder cibernético, el ascenso de gobiernos de derecha, son hechos y valores que, al menos, están puestos en duda, por la simple y contundente amenaza de un virus del que se sabe poco y que produce cambios insospechables en la vida cotidiana de miles de millones de personas.

De repente, el mercado, ese dios que aparentemente domina a través de las leyes de la libertad económica, de la oferta y la demanda, que no necesita del Estado, que seduce con la publicidad, los envases y la imagen de marca, no sabe dónde ponerse, como ubicarse y menos aún planificar el futuro.

Es posible que el gran poder de los Poderosos consiga cambiar el mundo a sus mejores posibilidades. Se trata de desprenderse de un ínfimo porcentaje de humanos y humanas y recomponer un mundo de una desigualdad medida y acomodada a sus intereses. Si así fuera, un nuevo capitalismo, aún más devorador y egoísta, readaptaría los roles económicos y sociales. No va a resultar fácil.

En el discurso de hoy (24 de julio de 2020) Alberto Fernández da algunas señales de como esta pandemia podría ayudar a construir un modelo peronista moderno. Fernández dice que se ilusiona con un futuro con más igualdad distributiva, con mayor poder de empresas que producen bienes y servicios pequeñas y medianas, con incentivo por parte del Estado y con la participación de “todos”. Este “todos”, que además lleva la marca en el Frente que le dio el ascenso a la presidencia, es casi seguro utópico.

Fernández apuesta a un futuro posible: la caída de la globalización, de las marcas globales. Seguramente el gobierno especula con nuevos hechos:

  1. Menos o poco movimiento aéreo y por ende menor circulación de cultura consumista.
  2. Caída del turismo convencional internacional
  3. Caída de las marcas globales
  4. Apertura de mercados a bienes primarios
  5. Desarrollo de productos y servicios locales con capacidad industrial competitiva

¿Dónde está la oportunidad?

En un cambio cultural. En primer lugar la pandemia consiguió descubrir realidades que estaban ocultas:

  1. El trabajo a distancia es posible.
  2. La tele consulta profesional: médicos, abogados, contadores. Hasta kinesiólogos consiguieron trabajar de esta manera y, demás está decirlo, las psicólogas, psicólogos y profesionales de las diversas ramas de la salud.
  3. La educación a distancia.
  4. El delivery en general

Por supuesto hay problemas difíciles de solucionar. Por ejemplo como armar pareja. Los lugares típicos para conocerse y comenzar una relación son los lugares de trabajo (especialmente oficinas), universidades, gimnasios, boliches, o en la calle. Todos estos territorios están casi vedados.

La idea que intento comunicar es la de oportunidades desconocidas. Aunque la principal es partir de un concepto muy difícil: no sabemos, no se sabe. No se trata de optimismo o pesimismo. Se trata de no usar la negación. Por ejemplo: “esto termina a fin de año”, “muchos no tienen ni un estornudo”, “mejor contagiarse de una vez”, “que se mueran los que se tienen que morir”, etc.

La oportunidad es no imaginar que todo va a volver a ser como era. Primero porque si todo vuelve a ser como era, no es una buena noticia. Y segundo, porque es imposible que eso suceda.

Hay que romper con una cultura que nos impusieron. ¿Qué cultura?, la de suponer que la felicidad se consigue teniendo más y sobre todo teniendo más que el otro. Quizás aprendamos a que momentos felices se consigue siendo mejores personas, no más ricas. Que la meta no sea un auto mejor, sino un auto que se rompa menos, que gaste menos. Un auto sirve para trasladarse no para demostrarle al otro o a la otra que un@ es más potente.

Para terminar.

Estoy en el grupo de “vulnerables”. Posiblemente por eso este influenciado en las ideas que transmito. Al menos, presumo que no son ideas viejas ni nuevas. Son miradas en épocas de pandemia.

Atrapados sin Salida

Atrapados sin salida.
Marcelo Cosin
Son días más que difíciles. Por más que se quiera disimular la pandemia pone al descubierto la profunda crisis política, economía y social que padece la humanidad. Sin eufemismos podemos hacernos cargo que la frase que más se intenta ocultar es que “no sabemos que está pasando”. No sabemos en todos los sentidos y con todos los significados. No sabemos cuántos infectados realmente hay, ni cuántos muertos, ni cuales son los las posibilidades reales de que esta situación no se convierta en un “convivir con la enfermedad, el contagio, el virus”. Las miradas más optimistas son las que destacan una baja letalidad en los menores de sesenta años, pero tampoco se sabe si la mutación del virus puede inclusive variar estas condiciones. Convivir con la peste y con futuras pestes parece ser el camino que vamos a tener que transitar por mucho tiempo. La neurosis social hace que la negación sea el procedimiento al que más se recurre para seguir viviendo sin desesperar del todo.
La nota de hoy de Alfredo Zaiat pone en evidencia que el poder real representado por el grupo Clarín y Techint no cederán.
El mundo está dominado por unos pocos y esos pocos tienden a querer apropiarse cada vez más de todo. Eso significa que quedan pocas alternativas y esas no siempre son políticas. El mundo está dominado por una cultura que falsamente nos inculca que la felicidad radica en pelear con el “otro” por arrebatarle lo que tiene. La idea del emprendedor, el consumo, acaparar, tener más, va a terminar por acabar con todos nosotros.
El reformismo o la idea de un desarrollo nacional o regional en contra de los intereses oligopólicos es casi imposible.
No se trata de querer negociar con el enemigo. Y es enemigo porque quiere terminar con nosotros. Con ese no se negocia. Estamos probando ser un país capitalista bueno, distributivo y decente. Son contradicciones. Hay que vencer, porque convencer, no podemos.

Incertidumbre y Confusión

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Incertidumbre y confusión.


La incertidumbre de la cual todo el mundo habla se intenta tapar con teorías simplonas que van desde la negación del problema a las interpretaciones acerca del contagio, los medicamentos caseros, el enamoramiento de la cuarentena y las protestas anti cuarentenas o pensar que es necesario abrir los comercios, los shoppings y los gimnasios.
Cada cual asume la angustia de lo que no se sabe y sobre todo la angustia acerca de la muerte como puede.
Tenemos la costumbre (de todos los tiempos) de poner el carro delante del caballo.
El problema no es abrir los negocios, salir a correr, que el peluquero corte el pelo o que los hoteleros tengan turistas, etc..
El problema es que el virus puso al modelo patas para arriba.
¿Cuál es el modelo?
El modelo es el capitalismo neoliberal. Aunque repetitivo es necesario aclararlo. Desde la revolución Industrial comenzó a crecer la idea de una felicidad basada en la acumulación: tener más es ser más feliz. Ese modelo ilusorio motivó que cada vez más en el mundo muy, pero muy pocos acapararan el 80% o más de la riqueza y que el 20% restante se tuviera que conformar con la miseria de las sobras que dejaban los super poderosos.
Este modelo que prosperó y que venció al modelo socialista que no pudo, no supo o no quiso hacer las cosas bien para que hubiera un mundo mejor, con igualdad y dignidad, es el que hoy está colapsando.
Por lo tanto, este virus vino a poner a prueba el mundo capitalista neoliberal. Los muchos que hoy exigen al estado ayuda, subvención son los que desprecian a los “vagos, choriplaneros, los que cobran las AUH”. Ahora, creen que el Estado debe hacerse cargo de lo que ellos despreciaron.
Casi siempre las graves crisis ponen en emergencia los modelos de mercado. ¿Por qué? Simplemente porque los modelos basados en la competencia dejan fuera de carrera a los sectores sociales más vulnerables. El modelo neoliberal está basado en que haya ganadores (pocos) y perdedores (muchos). el sistema se alimenta con esta fórmula. Cuando el mundo entra en crisis, el modelo también. Si hay miedo de muerte sólo quedan dos recursos: aceptar las normas iguales para todos o ir a una guerra en la cual solo quedarán vivos los más poderosos. Por eso, creo, que lo que resta para la incertidumbre del futuro es que el Estado se haga cargo de la distribución de la producción, el consumo, la riqueza. En los países en los que la salud pública fue abandonada y sólo aplica la privada, hoy se ven necesitados de expropiar.
El tema da para mucho más. Pero la extensión nunca es buena en estos lares.

El virus puso al modelo a prueba.

Mente Colonizada.

Libros: Adán y Eva: la verdad detrás del mito más poderoso de la ...

Mente colonizada. (1ª parte) (941 palabras

(Una expresión que no todos comprenden)

Mente colonizada. ¿de qué se trata?

Colonizar es un verbo que usamos habitualmente para referirnos a una acción de sometimiento, de imponer una cultura, un estilo de vida. Estar colonizados implica que siempre hay un “otro” que nos impone algo. Siempre supimos que fuimos una colonia de España, que los belgas, los franceses, los holandeses y especialmente los ingleses colonizaban poblaciones africanas, americanas, indias. Colonizar es algo así como imponernos algo, generalmente por la fuerza. Wikipedia, a su manera, define la colonización: “Colonización es la acción de dominar un país o territorio por parte de otro. El proceso de colonización puede ser de carácter político, militar, cultural o presentar otras manifestaciones así como desarrollarse de en forma violenta o pacífica”

¿Es la mente un territorio? Sí.

Los humanos tenemos características que nos separan o diferencian de otras especies. También los gorilas, los chimpancés y otros primos hermanos tienen la capacidad de colonizar territorios y congéneres, pero solo nosotros alcanzamos el poder de colonizar mentes.

Muchas más veces de las que pensamos – y casi sin darnos cuenta – actuamos colonizando o intentando colonizar mentes. Cuando las mamás retan (y casi siempre con razón) colonizan mentes. Educar, de alguna manera es colonizar. “Eso no se hace, eso no se toca” es colonizar. El bautismo, el Bart Mitzva, la comunión, son sin dudas actos de colonización. Respetar las tradiciones, saludar de determinada manera, dejar el lado de la pared, etcétera, son ejemplos de colonización. Y no significa que eso esté mal Son ejemplo para mostrar que significa incidir con poder en las mentes ajenas.

¿Por qué tenemos determinadas ideas, valores, creencias? ¿Por qué pensamos como pensamos y por qué tenemos la ideología que tenemos?

En algunos casos nietos que fueron apropiados mantuvieron la cultura, los principios, los valores y las creencias de sus apropiadores. Nacieron de vientres de mujeres torturadas, violadas y asesinadas. Sin embargo mantuvieron las ideas, el cariño y la cultura de los mismos que torturaron a sus madres, padres y amigos de sus madres y padres. ¿Es posible? Sí, es posible. La cultura no es una herencia genética. Sus mentes, la de es@s chic@s , fueron colonizadas y lo fueron de la peor manera posible. En algunos casos, esa cultura transmitida choca con otras culturas que el nieto apropiado permite que prosperen en su cabeza. Un amigo, un indicio, alguna desconfianza. Y eso también sucedió. La cultura es responsable de lo que pensamos, hacemos y nos dejamos hacer. Eso también es colonizar las mentes.

¿Cómo se coloniza una mente?

Hablando a otr@, escribiendo para otr@, gesticulando, dibujando. Hay muchas maneras de colonizar, casi siempre estamos colonizando cada vez que comunicamos a otr@. Cuando comunicamos a través de palabras, imágenes, gestos, acciones (abrazar, besar, llorar, reír, sonrojarnos, palmear, golpear y otras maneras similares) estamos incidiendo en el otr@. No hay comunicación sin efecto. La más inocente acción de comunicar conlleva un acto, un intento de incidir en la conducta del otr@.

Apropiarse de la mente del otr@ o al menos intervenir en ella parece ser un acto constitutivo humano. En la biblia es lo que Lucifer hace con Eva al convencerla de algo que estaba prohibido. ¿Con cuáles recursos? El diablo convence, seduce, coloniza la mente de Eva, diciéndole que coma el fruto del árbol de la sabiduría y de esa manera y entonces podría “ver” la realidad, la verdad, el saber. Adán y Eva (Génesis 3) originarios seres creados por un dios todopoderoso nacieron a la vida con la posibilidad de gozar de aire libre, bosque, árboles y retozar ambos por el paraíso, un territorio imaginario libre de acechanzas y peligros, aparentes. Eva en su encuentro con la Serpiente (disfraz del diablo) cae en la tentación (el deseo) de “saber”. Dios había prevenido a ambos (Adán y Eva) de la prohibición de comer del árbol del “bien y del mal”. Eva come el fruto y convence a Adán de hacer lo mismo. Ambos, después de comer, descubren la mutua desnudez y seguramente se erotizan al mirarse y comprueban que se desean y tienen una relación sexual (cogen). Como ahora saben (comieron del árbol de la sabiduría y del bien y el mal) no tienen dudas que contravinieron la orden de dios, violaron la prohibición y por ende se esconden. Pese a todo, por algo dios es dios, los encuentra, los interpela y como todo amo los castiga por no cumplir con el mandato del propietario del paraíso: Eva deberá parir con extremo dolor a sus hijos y Adán deberá ganar el sustento de todos (Eva, hijos) labrando la tierra, cultivando trigo (o maíz) y amasando el pan, todo eso, transpirando, es decir con el “sudor de su frente”. Dios los hace a Adán y a Eva a “su imagen y semejanza”, por ende es su patrón, su dueño y les da los parámetros de existencia: una felicidad inocente, en un lugar más que paradisíaco (es el propio Edén), sin la carga del trabajo, sin necesidad de procrear (no había sexo permitido, obviamente), con gran cantidad de árboles que brindaban sus frutos, menos el prohibido: el del saber.

Dios coloniza la mente de Adán y de Eva. Pero Eva se rebela, escucha a la serpiente, comen del fruto prohibido, se ven desnudos, se aproximan, se desean, se tocan, Eva permite a Adán que penetre en ella, posiblemente los dos experimenten un orgasmo pleno, luego descansan, quizás duermen y al despertar descubren que están desnudos y de una parral consiguen dos hojas de parra con las que se cubren sus respectivos genitales.

Primera parte de la historia de la colonización de las mentes.

(Continuará).

Un mundo sin Marcas

Diario de Cuarentena

Un mundo sin marcas.

¿Qué va a cambiar después de la pandemia?

Una centena de intelectuales, sociólogos, economistas, escritores y hasta empresarios y figuras internacionales y nacionales de la farándula del espectáculo pronostican a su manera como va a ser lo que viene después que el virus desaparezca, o aparezca la vacuna, o algo inesperado suceda.

https://www.pagina12.com.ar/258063-los-intelectuales-y-los-lugares-comunes-ante-el-coronavirus

https://www.20minutos.es/noticia/4214632/0/cuando-acabara-coronavirus-cientificos/

https://www.anagrama-ed.es/libro/nuevos-cuadernos-anagrama/pandemia/9788433916419/NCA_25

Me interesa especular sobre el mismo tema, pero desde mi óptica de publicitario, docente e investigador del tema de los medios, los mensajes, las redes sociales y, especialmente de las marcas o el marketing de las marcas.

El nacimiento de las Marcas como herramientas de colonización.

Con la victoria de los aliados contra el Eje, después de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos fue el beneficiado de haber resultado ganador de la contienda sin sufrir bombardeos alemanes a sus ciudades. (Salvo el ataque del Imperio Japonés a Pearl Harbor en 1941).

El fin de la guerra dio lugar a una serie de cambios en el estilo de vida norteamericano que constituyeron en lo que se dio en llamar el American Life Style o Estilo de Vida Norteamericano.

El primer fenómeno fue la aparición de la generación del baby boomer o los nacidos (en gran proporción) en los EEUU después de haber finalizado la guerra. Los soldados que llegaban vivos a sus lugares de origen produjeron un gran número de nacimientos, hecho que dio lugar a numerosas notas periodísticas.

El segundo fenómeno fue que EEUU fortaleció su economía con la producción especialmente del petróleo, de materias primas agrícolas y un fuerte desarrollo de la tecnología para la producción. Europa estaba devastada y sufría hambre. EEUU introdujo el Plan Marshall para rehabilitar la economía de los países vencidos pero al mismo tiempo introdujo a las empresas privadas norteamericanas. En EEUU la idea era producir, crecer y gastar. Así fue como se desarrollaron las industrias automotrices, la construcción, la armamentística, los alimentos y se le dio impulso a todas aquellas que produjeran innovación como fue el caso de General Electric, las telecomunicaciones y especialmente un rápido desarrollo de la televisión.

En Estados Unidos aparecieron los primeros supermercados que reemplazaban los negocios minoristas, los Shoppings o Centros de Compra, o Malls, a medida que aparecía un sistema de comercialización que iba a crecer y perdurar: el autoservicio.

Dos nuevas formas de consumo iban a consolidarse: 1) la aparición de lo descartable. 2) La aparición de las marcas con sus nombres, diseños y envases.

Hasta ese momento casi todos los productos eran genéricos: la leche, el aceite, la harina, los fideos, el arroz, las aceitunas y las galletitas.

Hay mucha historia detrás de las marcas, pero no quiero extenderme para no perder el hilo de lo que puede desencadenar la pandemia con respecto a las marcas, el marketing y su aliada la publicidad.

La colonización de las marcas.

Todos tenemos marcas preferidas. ¿Preferís los helados de Fredo o los de Pérsico? ¿Te da lo mismo los fideos de Don Vicente que los de Matarazzo o los moñitos de Marolio? Si sos de Coca Cola no aceptás Pepsi y aún podemos ser más estrictos con las marcas. Por ejemplo, River es una marca y Boca es una marca. El HSBC es una marca de Banco y Cabal una tarjeta de crédito. Palermo es una marca además de ser un barrio y Cristina es una marca, aún sin Fernández y sin Kirchner.

Todas las marcas tienen un valor. Algunas un preciso valor económico. Por ejemplo para una empresa que mide el valor de las marcas como Interbrand puede decirte cuánto vale en dólares Coca Cola, Microsoft o Apple. Por ejemplo, hasta diciembre de 2019, la marca de mayor valor en el mundo es Apple. Si querés comprarla deberías tener en el banco o en colchón unos 234.241 millones de dólares. ¿Y Coca Cola? Durante años Coca Cola fue la marca mejor cotizada en el mundo entero. ¿Sabés cuánto vale ahora? Apenas 63 mil millones de dólares, casi cuatro veces menos que Apple.

Best Brands

Hay millones de marcas en el mundo entero. Hay marcas comerciales como las que mencionamos hasta ahora. Hay marcas de países, de ciudades y hasta hay marcas de intendencias. Argentina es una marca, La Rioja es una marca y Chivilcoy también es una marca. Perón es una marca registrada, lo mismo es Maradona y encima Diego Maradona es una marca y otra distinta es “el 10” que es otra marca registrada. También Dalma Maradona es una marca. Y si tu dentista se llama Dr. Guitelman puede ser una marca registrada.

Las marcas son como las personas: tienen un nombre, una identidad, una personalidad, una simbología, una imagen y un posicionamiento. Hay cientos o miles de libros escritos sobre la Marca. (por las dudas que te interese el tema: https://www.google.com/search?rlz=1C1OKWM_esAR827AR827&sxsrf=ALeKk00POfLFxG9TmfzRtGVcqUPDVPJ5UA:1589753474432&source=univ&tbm=isch&q=kapferer&sa=X&ved=2ahUKEwiLuP6Y9bvpAhUfD7kGHVU7D4wQsAR6BAgJEAE&biw=1236&bih=568

Durante años y siglos los imperios se construían en base a la conquista de territorios. Así fue con el imperialismo romano que llegó a abarcar territorios de distintos continentes, o el imperialismo turco, o el inglés y también el imperialismo español (del cual fuimos parte) y del imperialismo norteamericano (del cual también seguimos siendo parte).

Inglaterra, España, Bélgica, Holanda, Dinamarca, Estados Unidos, entre otros fueron países que colonizaron territorios y pueblos. Algunos por ocupación militar, otros por tratados comerciales. Pero con el correr del tiempo muchos de esos territorios fueron liberándose de sus colonizadores. Nosotros mismos fuimos una colonia española y ahora mismo, un territorio legalmente argentino como las Islas Malvinas son ocupadas y son colonia del reino británico.

Pero cambian las formas pero no las mañas. ¿Somos nosotros colonia? Este es el cambio. Ser colonia significa depender, obedecer, aceptar y fundamentalmente no ser soberanos. La Argentina tiene una constitución por la cual se declara independiente de toda dominación extranjera. Sin embargo, nuestra deuda externa está bajo las leyes de jurisdicción norteamericana. Somos colonia.

Las Marcas son la forma que encontraron los países más poderosos de conquistar territorios, pero en lugar de ser territorios físicos son territorios en las mentes de las personas.

Cuando uno pide un big-mac en McDonalds o toma un capuccino en Starbucks está cediendo parte de su dinero a los accionistas de esas empresas. Las marcas tienen el poder de seducirnos a través de sus encantos que generalmente vienen sostenidos por la aliada de las marcas llamada publicidad.

Cuando estamos en cuarentena, en estado de suspensión y pensamos que posiblemente el mundo cambiará, ¿no podemos imaginar como sería un mundo sin marcas? Parece imposible. Es verdad. Pero al menos deberíamos hacer una reflexión cuando pensemos en un mundo más igual, con menos explotación y con un Estado capaz de organizar una sociedad que menos comprometida con el “tener” que no el “ser”.

¿Si estoy seguro de esto que me parece necesario?

No.