Hoy habla para ustedes, Raúl Alfonsín.

¡Cómo pasa el tiempo!

En unos días se cumplen 12 años de mi muerte. Pasaron volando.

Poco antes de morirme, me invitaron a la inauguración de mi propio busto en la Casa Rosada. No fue justamente un presidente radical sino una presidenta peronista. ¿Casualidad o consecuencia?

Fue el primero de octubre de 2008. Seis meses antes de estirar la pata. Fue mi último discurso en público y justamente desde la Casa de Gobierno. La Rosada.

Cuando descubrieron el busto me sorprendí. No me vi identificado. Parecía otro. Diría que parecía que estuviera muerto. Y la verdad es que estaba vivo. Y bien vivo. Aunque un poco clueco producto de ese cáncer de pulmón que siempre pensé que lo vencería.

Ese día dije que si por mí fuera no hubiera permitido ese homenaje en vida. Siempre pensé – y muchas veces lo dije – que había que seguir ideas, no hombres (hoy agregaría ni mujeres). Nunca me gustó ser autorreferencial. Eso dije, pero haciendo memoria y destapando momentos de la historia política tengo que reconocer que es casi imposible llevar adelante una utopía sin el sostén de una imagen personal, de un liderazgo del individuo, de una capacidad propia de seducción. ¿Eso quiere decir que me contradigo con lo que afirmé tantas veces? No. Rotundamente, no. Son complementos.

No me pidan coherencia ahora que ya no estoy entre ustedes. ¿De qué serviría? Por eso voy a alternar algunas ideas filosóficas con otras anécdotas de mi vida política y también de corregirme de algunas afirmaciones que en su momento fueron categóricas.

La unidad nacional.

Siempre fue mi obsesión. Claro que como todo concepto unívoco – como es el de unión nacional – requiere de interpretación. Durante la dictadura, que para mi gusto duró una eternidad, tuve más tiempo de leer y pensar. Todos saben que Erich Fromm fue un autor que me dio capacidad de reflexión no solo para la política sino para plantear preguntas acerca de la sociedad, el mundo, el amor. Pero sobre todo Fromm me permitió interrogarme acerca de la libertad, la democracia y el autoritarismo. Pero más importante aún es la antítesis que plantea Fromm: el odio.

Tengo absoluta certeza acerca de que la gran mayoría del pueblo tiene sentimientos y metas comunes.

Me fui de este mundo sabiendo que aún quedaban muchas cosas por hacer para constituir la unión nacional. Pude conmemorar medio siglo de presidente civiles y también dejar asentado que faltaba hacer en términos generales para asegurar los famosos cien año de democracia.

Dije en ese último discurso que “Democracia es vigencia de la libertad y los derechos pero también la existencia de igualdad de oportunidades y distribución equitativa de la riqueza, los beneficios y las cargas sociales, tenemos libertad, pero nos falta igualdad”[1]

Pasaron más de doce años y ya llevamos treinta y ocho años de gobiernos civiles. Casi seis años de mi presidencia (siempre recuerdo que fueron cinco año y nueves meses), diez de Menem, dos de de la Rúa, el año y cinco meses de Duhalde, los cuatro de Néstor Kirchner, los ocho de Cristina y los cuatro de Mauricio Macri, y transcurriendo los primeros dos de Alberto Fernández.

El indescifrable periodista Lanata inventó, promovió y aprovechó el concepto de grieta para definir la desunión del pueblo argentino. Escuché y leí cientos de versiones acerca de la grieta. Hay una interpretación que parece contundente: la grieta es entre los de arriba y los de abajo. Los de arriba son muy pocos pero tienen el dominio hegemónico de los medios de comunicación y también los de producción. Los de abajo son la mayoría, pero no tienen casi nada. Por eso, a doce años de mi último discurso en el que señalé que el problema mayor era la desigualdad sigue vigente y, según veo, se agravó durante la presidencia del representante de los de arriba, Mauricio Macri.

Desigualdad

Los últimos años de mi vida fueron tiempos de síntesis y reflexión, aunque nunca dejé de tener una participación en la política. Creo que la lucha entablada por años tratando de demostrar que sin una unión verdadera que rompiera con los egoísmos y las ambiciones personales iba a ser imposible conseguir un país más justo. Simplemente, un país sin desigualdad. O al menos un país que fuera disminuyendo el índice de desigualdad.

¿Qué felicidad pueden conseguir aquellos que acumulan riqueza a costa de la pobreza de los demás? Yo se bien que muchos pueden tildarme de inocente o de no entender la realidad del mundo cruel en el que vivimos.

“Democracia es vigencia de la libertad y los derechos pero también existencia de igualdad de oportunidades y distribución equitativa de la riqueza, los beneficios y las cargas sociales: tenemos libertad, pero nos falta igualdad” ( Discurso del 1° de octubre de 2008)

El “padre de la democracia” fue un atributo que nunca me gustó. Nadie me pidió permiso para usarlo. ¿Saben por qué? Porque de ser así sería el padre de un hijo rengo, de una hija coja. La democracia no es ganar elecciones, ni poder votar cada dos años, ni siquiera es solo el derecho a la libertad de expresión. Eso es el piso de la democracia y me he muerto con multimillonarios incapaces de dar una mano cuando la mayoría del pueblo sufre de falta de alimento.

“Gobernar es dar trabajo”, muy linda la frasecita,  pero cuando te juntás con los capitanes de la industria, con los banqueros extranjeros, con los dueños de los poderosos medios de comunicación, y les pedís que ganen menos y paguen mejores salarios porque eso significará a la corta más beneficios para ellos pero con mejor calidad de vida para el pueblo, te miran por arriba y cuando salen comentan entre ellos que uno es un comunista.

¿Promover el bienestar general? Eso recitaba en mis campañas electorales repitiendo el Preámbulo de la Constitución Nacional. ¿Cómo vas a promover el bienestar general si lo único que te interesa es ganar lo más posible con el mínimo de sacrificio?

La Patria de Magnetto

En mi época había un diario, Ámbito Financiero, dirigido por un tipo frío e inteligente, Julio Ramos, que se hizo millonario publicando en la tapa del diario el precio del dólar negro y la tasa de interés de los plazos fijos. En mi época eso se llamaba la Patria Financiera. También estaba la patria socialista, la patria peronista, pero nunca escuché hablar de la patria radical o la patria alfonsinista. Me cansé en los discursos de hablar de la Unión Nacional. Una vez me consiguieron una entrevista con Héctor Magnetto. Vino a Olivos. La condición que puso era sin grabadores, ni micrófonos, ni terceros. Le dije a todo que sí. Le pregunté si quería café, té o agua. Me dijo que no quería nada. La reunión duró menos de diez minutos. Volví a preguntarle: ¿quería saber que quieren en Clarín para dejar de atacarnos, ofendernos y denigrarnos? Contestó: libertad de prensa. Le dije que eso lo tenían desde el mismo día que asumí la presidencia y que era notorio que así era. Entonces – dijo – eso es suficiente. Se levantó de la silla, me saludo y se fue. Cuando Terragno fue a La Rioja a verlo a Menem, que era el presidente electo, ¿saben con quién lo encontró? : Con Magnetto. Estaban arreglando como le iba a dar Canal 13. Comenzaba la era de la patria neoliberal.

La democracia y los virus.

¿Qué hubiera hecho yo desde la presidencia si me hubiera tocado una pandemia como la que está viviendo el mundo? ¿De qué lado me encontrarían? Voy a traer un recuerdo histórico que no fue un virus pero sí un momento dramático para la reciente democracia que estábamos tratando de construir.

Semana Santa de 1987. Hace treinta y cuatro años. Pese a nuestros históricos desacuerdos la cúpula y el pueblo peronista estaba a nuestro lado para defender no solo la democracia. Estábamos juntos porque reconocíamos un enemigo común: la dictadura y el autoritarismo. Las fotos lo dicen todo. La presencia de Antonio Cafiero en el balcón de la Casa de Gobierno y otros importantes dirigentes del justicialismo.

Frente a la pandemia no hubiera imaginado otro escenario que ese.

Tengo una gran desilusión. (y no es la única). Se privilegian las menudencias electorales, las pequeñeces de poder frente a la vida de los ciudadanos (y ahora diría y de las ciudadanas).

Parece ser que el mundo avanza hacia la derecha y si eso es así habrá muchas otras pandemias, y de todo tipo.

Futuro cercano.

Desde el fondo de los tiempos, justamente, el tiempo es lo de menos. No hay futuro, pero si hay memoria. Quisiera dejar, mirando mi propia memoria, algunas ideas básicas que por otro lado están en mis discursos, mi pensamiento y en el diálogo con mis compañeros de ruta.

No hay unión sin que se dejen de lado la mezquindad.

No hay democracia sin igualdad.

No hay política sin ética de la solidaridad.

Son tres principios que he repetido en mis sesenta años de político. Y debería agregar que no hay mundo posible sin política. Por eso siempre pude darme cuenta que los que querían minimizar la política en el fondo lo que querían era esclavizarnos. La no política es un principio de las dictaduras.

En un nuevo aniversario de mi muerte les deseo a todos comprensión por los que menos tienen. Nada más que eso. Eso sería suficiente.


[1] Discurso pronunciado el 1°de octubre de 2008 en ocasión del acto que celebró la inclusión de su escultura en el salón de bustos de la casa de gobierno.

La cultura de la incertidumbre.

Una mezcla de actualidad, comunicación y política.

Pasó un año.

Fue por esta época que aparecieron las noticias sobre un virus que afectaba a un pueblo de China, Wuhan. Días después aparece en Buenos Aires el primer caso. Un viajero, argentino, llegado de Europa, que se interna en Swiss Medical de Pueyrredón y Santa Fe y provoca un primer sobresalto entre las embarazadas del lugar y de sus familiares.

Hace un año, parecen diez años.

La vida cambia. Aparecen las versiones. Surge el miedo. No se sabe bien qué está pasando. Aparece la cuarentena. Las calles están vacías. No hay clases. No hay espectáculos. Cierran los negocios. Solo permanecen abiertos los comercios de alimentos y las farmacias. El gobierno asume una posición de resguardo a la sociedad. Crece la imagen positiva del presidente que aparece como un guardián de la salud pública. La oposición por un momento parece aceptar una tregua en beneficio de la vida. El Jefe de Gobierno de la Ciudad se reúne con el Gobernador Kicillof y con el presidente. Hay aplausos en los balcones a los héroes de la salud.

Incertidumbre.

Cada persona, cada familia, cada grupo social, construyó su nuevo ámbito de vida de acuerdo con la multiplicidad de factores que incidían en sus procesos de adaptación a las nuevas reglas de convivencia. Desde el punto de vista psicológico sabemos que una persona – y mucho más los chicos y chicas – prefieren lo conocido a lo desconocido, la estabilidad, la rutina. Si bien la idea de cambio, aventura o riesgo es mencionada a veces como desafíos que motivan, la realidad es que el ser humano se adapta la certeza y rechaza la incertidumbre. Y justamente lo que trajo la pandemia del Covid-19 es un estado generalizado de INCERTIDUMBRE.

La incertidumbre no es un estado de emergencia. Esta presente en la vida. Sin embargo cuando la incertidumbre se hace presente como realidad manifiesta y no latente la sociedad reacciona de manera imprevisible. A veces, esa reacción es “negar la realidad”. La incertidumbre produce ansiedad, angustia y una de las maneras de soportarla es LA NEGACIÓN.

“ Lo que los medios masivos imponen a cada uno de nosotros, se opone muchas veces a la posibilidad de interrogación y aparentemente disminuye el sufrimiento social que proviene de la incertidumbre.” ( Qué difícil es pensar incertidumbre y perplejidad. Janine Puget)

La incertidumbre produce sufrimiento social.

Janine Puget introduce a los medios masivos justamente para interpretar su rol frente a la incertidumbre. El “no saber”, el “no saber lo que realmente pasa” coloca a los medios de comunicación en un plano superior. Es algo así como “ellos (los medios) saben lo que yo no sé y por lo tanto su superioridad (“saben más, están más informados”) pasan a formar parte de una verdad que puede afrontar la incertidumbre.

Cuando una catástrofe irrumpe en nuestra vida social (y esta pandemia lo es) rompe los esquemas de la cotidianeidad. Despertarse y no ir a trabajar o a la Universidad o a abrir el negocio son hechos que al cabo de pocos días – al convertirse en la nueva rutina que no es la establecida – cada cual asume un rol que muchas veces no es el mismo que se tenía antes de la pandemia. La incertidumbre se acrecienta cuando la realidad es la asume el rol de ser vocera de lo que no sabemos. La incertidumbre por momentos se vuelve certidumbre cuando se dan a conocer las cifras, las estadísticas, los números. Generalmente “esta realidad” muestra lo cierto, lo verdadero y por lo tanto la sociedad, cada individuo, debe guarecerse de la angustia del sufrimiento, del dolor y una de las maneras que tiene es la de NEGAR.

Un mundo hostil

El año 2020 figurará como un momento bisagra de la historia universal. A diferencia de la llamada Gripe Española del 1918, ésta, la Covid-19, no pasará simplemente a ser un hito sin serias consecuencias futuras. Esta pandemia producirá cambios irreductibles en la vida de las personas. Y entre esos cambios, más allá de los individuales, algunos conciernen a la actividad social, política y económica.

El neoliberalismo habrá logrado acumular para pocos mayor cantidad de bienes, de r recursos y sistemas de explotación.

El mundo tendrá más hambre, más explotación y menos trabajo. La clase media descenderá más de un peldaño. La única posibilidad de recuperación será que los gobiernos nacionales y populares sostengan un criterio de lucha contra las corporaciones.

Un tiempo para la unión de los desprotegidos.

Para los años que vienen solo queda un recurso: la unión de los desprotegidos, es decir de la mayoría de la población mundial.

Cada hombre, cada mujer que caiga en la desventura del hambre y el empobrecimiento deberá juntarse con su par para intentar vencer al explotador.

No va a ser fácil y muchos caerán en la lucha. Pero es lo que hay que intentar.

Revuelto Gramajo. La Política, un invento argentino.

Es famosa la historia del invento culinario porteño por excelencia: el revuelto gramajo.

Después que Félix Luna aclarara que su versión del revuelto Gramajo era una ficción, el periodismo culinario encontró la verdad. El Revuelto Gramajo es un invento de los hermanos Arturo e Ignacio Gramajo, play boys de los años treinta, que una noche encontraron “la cocina cerrada” del famoso Restaurante Rio Bamba, de Río Bamba y Santa Fe , en la ciudad de Buenos Aires y metiéndose en la cocina gracias a ser clientes famosos por sus buenas propinas, crearon el plato que lleva su apellido, mezclando papas paillé recién freídas, un par de huevos frescos y cortando en tiritas un buen jamón cocido.

La política argentina es, de alguna manera, una metáfora del Revuelto Gramajo. Si bien no es nada original, los ingredientes son comunes, la mezcla, o la “rosca”, la hace especialmente particular.

¿Dónde está la política?

En ese afán de simplificar se puede pensar que la política está en todas partes y en todo momento. O recurrir a las definiciones. (Aristóteles)

La política está en todas partes porque en el tironeo de una misma cuerda hacia polos opuestos siempre ganan los más poderosos, los más forzudos.

La enorme mayoría de ciudadanos y ciudadanas no tironean de la cuerda. No sólo son espectadores sino que además sufren las consecuencias.

La política es, simplificando, una puja de poder entre dos o un poco más de jugadores, para imponer a todos los demás una serie de acciones administrativas que inciden directamente en sus vidas cotidianas y de relación.

Administrar “la polis”, dirían los griegos.

Política argentina

En la Argentina sucedió algo extraordinario: se inventó el peronismo.

Esa caracterización que muchas veces se hace del argentino, tan equivocada, porque es una caracterización del porteño, “canchero, piola, engreído, machista, pendenciero, peleador, ególatra, narcisista, etc.” tiene mucho que ver con la política vernácula.

Por supuesto que la “cultura ciudadana porteña” es dinámica y todo lo escrito en el párrafo anterior hoy podría adaptarse al lenguaje femenino o al inclusivo.

Si “me tenés los huevos llenos” hoy se equipara a “me tenés la concha seca” y no sólo un “boludo” es un idiota sino que hay también “boludas”, eso quiere decir que los calificativos en masculino necesariamente se adaptan a los femeninos. Muchas cosas cambian cada vez con mayor rapidez sin que nos demos cuenta.

Hasta que militares, civiles y clérigos tomaran el poder con la más perversa idea de gobernar en 1976, la política estaba en manos casi exclusivas de los hombres. No había mujeres en la política argentina, salvo casos excepcionales: Eva Perón, Alicia Moreau de Justo, y la rama femenina del Partido Peronista, otra de las innovaciones creativas del invento argento llamado “peronismo”.

Hasta que llegó el peronismo de la mano de Perón y el “ángel” de Evita, la política argentina era una pelea entre reformistas radicales y conservadores de levita, galera y bastón.

“De esto no se habla y esto no se toca”

Es necesario meterse en algunos datos para entender la política argentina.

Se calcula que en la Argentina la población es de 45 millones de habitantes. Un estimado de Naciones Unidas calcula que 2,6 millones son extranjeros no nacionalizados. En la última elección presidencial votaron sobre un padrón de 30 millones de inscriptos, 26.570 millones. Aproximadamente un 25% de los que votan tienen entre 16 y 30 años. Un 40% tienen entre 30 y 60 años. Un 12% entre 60 y 70. Los que tienen más de 70 no tienen obligación de votar pero representan casi un 10% del padrón. Otra característica del padrón electoral es que entre un 15 y un 20% no vota.

Sólo un 20% de la población (2 millones de familias) son las que viven bien. Las que pueden viajar, comer en restaurantes caros, tener uno o dos autos, casa propia o posiblemente dos. Compran ropa, son habitués a los shoppings y aparecen en la televisión cuando los reporteros hacen notas, hablando como “gente preparada”. En ese 20% (unas 8 millones de personas) sólo un 5%, es decir, 2 millones 200 mil personas. Son realmente ricas. Tienen ingresos económicos altos, superiores a los 20 o 30 mil dólares al año. Pero haciendo cálculos más finos apenas un grupo privilegiado de 300 a 500 multimillonarios acaparan en ingreso de unos 32 millones de argentinos. Y más profundo aún podemos saber que este año que terminó los 50 multimillonarios de la Argentina DECLARARON (no se sabe cuanto es lo que no declaran) bienes por casi 50 mil millones de dólares. ¿Alguien imagina contando esa cantidad de billetes? https://www.infobae.com/economia/2020/07/21/los-mas-ricos-de-la-argentina-quienes-son-y-cuanto-dinero-tienen-las-mayores-fortunas-del-pais/

 La realidad es que esa suma debería ser el doble o más tomando en cuenta que los bienes muebles que declaran son a precio de ABL y no del real. Además cada uno de ellos tienen una o más cuentas en paraísos fiscales. Los argentinos atesoran u$s222.807 millones en dinero depositado en el exterior, cajas de seguridad o lo que se conoce como “colchón”, según surge de datos oficiales calculados al primer trimestre del año.

https://www.ambito.com/economia/afip/cuanto-dinero-tienen-depositado-los-argentinos-el-exterior-n5114477

¿De qué estamos hablando?

Aunque no parezca estamos hablando de política, en varios sentidos.

La desigualdad no es nueva ni siquiera es desconocida. Sucede que aprendimos a convivir con ella. Y hay algo peor: un enorme sector de los que tienen poco o casi nada está penetrado con la idea de que esos que son sus explotadores representan el modelo de sociedad que quieren alcanzar. Este es el verdadero drama. Somos víctimas y sin embargo nos identificamos con nuestros victimarios. Y eso es en todo sentido. No sólo en lo económico. No se entiende, de otra manera, como un 40% de los votantes prefiere a quien se alza con los beneficios del trabajo ajeno.

Todo esto es política. Política es conceder a otros nuestros derechos de seres humanos. Concedemos que endeuden al país (que es nuestro) en nuestro nombre. Concedemos que concedan soberanía (que es nuestra). Concedemos que estipulen los impuestos, que fijen las relaciones con otros países, que establezcan las leyes y concedemos que los jueces disten los fallos y especialmente concedemos lo que se llama poder de policía, es decir, que en nuestro nombre repriman, apresen o maten.

¿Votar es hacer política?

No. Votar es entregar nuestra voluntad para que política hagan otros en nuestro nombre.

La democracia tenía algún sentido cuando los atenienses 500 años de Cristo, intentaban que una minoría elegida que separaba a las mujeres y a los esclavos pudieran en forma directa ejercer su derecho a gobernar.

Hoy la democracia como sistema de gobierno está herida y casi moribunda. Cuando desde EEUU elegir a los representantes del pueblo para que gobiernen se convirtió en un juego de marketing público la democracia se desmoronó.

La mayoría de los que votamos no sabemos que votamos. Todos nos movemos con slogans, simpatías y nos dejamos seducir como consumidores que nos enseñaron a ser.

Esta es una nota utópica.

Significa que no va a cambiar nada.

Pero igual la publico porque ejerzo un solo derecho que me queda: escribir lo que pienso. Informar de lo que sé. Intentar tener la conciencia libre. Abrir el inconsciente todo lo que pueda. Como siempre espero que toque a algunos en alguna parte del cuerpo o, como si existiera, del alma.

Los Fernández

Los Fernández.(Conversación supuesta entre Cristina y Alberto)

Pantalla dividida. A la derecha. Cristina está en su dormitorio de la calle Uruguay, en la cama, con una notebook sobre sus rodillas. A la izquierda Alberto está en Olivos, en su despacho, en el escritorio, revisando documentos en su computadora. Sábado de una tarde de febrero de 2021.

Cristina: ¿Estás durmiendo una siesta, Alberto?

Alberto: Cristina! No, nada de siesta. Laburando y aprovecho que ya se fueron los invitados para darme un refresco de soledad. ¿Cómo estás vos?

Cristina: Con el aire a 24.

Alberto: Buena ciudadana (risas)…y eso que el ANSES te dejó sin doble jubilación (risas).

Cristina: ¿Vos también lees Clarín, parece, no?

Alberto (risas)…es la costumbre, que vas a hacer…

Cristina: Che…¿tuviste alguna molestia con la “rusa”?

Alberto: Con la rusa, no. Con el ruso, sí.

Cristina: Hablaste dos horas con Vladimir.

Alberto: Qué confianza con el presidente de la Unión Soviética, Vicepresidenta.

Cristina: Hay que pararlo un poco, se va de mambo cuando lo dejás hablar.

Alberto: Todo el tiempo pensaba en esa serie en la que el traductor decía lo que quería…

Cristina: La vi. Los traductores son todos espías, ¿sabías?

Alberto: Si, claro. No te olvides que yo puse al nuestro.

Cristina: ¿sin mi permiso?

Alberto: (risas largas) Me tenté. Después aparece en TN y no sabemos como hacen.

Cristina: Vos no sabrás. Yo sé.

Alberto: Pasame el dato, así me avivo. ¿Dónde ponen las cámaras?

Cristina: Tenés que leer sobre Inteligencia Artificial. Todo es posible. Ahora nos están escuchando.

Alberto: No me digas!!! Debajo del escritorio debe estar el enano.

Cristina: No boludo…es Majulito que se hace pasar por el que te trae el café. (risas)

Alberto: No dejo que entre nadie…Cristina: Estás con Dylan?…

Alberto: Si, claro. Por supuesto, Dylan, firme junto al pueblo.

Cristina: No me confiaría tanto. Mirá si le pusieron un chip.Alberto: No hace falta. Dylan viene y me lo cuenta. Ayer lo deje un rato hablando con Macrón y el francés ni se dio cuenta.

Cristina: ¿Macrón? .Ese que vi en la televisión no era Macrón. Era un doble.

Alberto: No te hagas problema…tampoco era yo. Era un doble.

Cristina: Si tu doble es Vilma.

Alberto: Prefiero que sea Santiaguito.

Cristina: Lo llevaste al almuerzo.

Alberto: Para distraerlo a Máximo.

Cristina: Para eso llevale a Mayra.

Alberto: No hace falta. Si ahora rosquea con Sergio.

Cristina: Parece ser que quiere que Máximo lo quiere en la fórmula.

Alberto: Sergio lo quiere a Máximo en la fórmula.Cristina: Mirá que de eso sabemos los Kirchner (risas)

Alberto: Pero en tu fórmula yo fui primero.

Cristina: Puras estrategias muchacho! (risas)

Alberto: Otro Kirchner presidente?Cristina: “Puesto menor”, diría Máximo.

Alberto: Me llamó Garganta Ronca.

Cristina: ¿y ahora que amenaza tiene?

Alberto: Quiere negociar el 20% de cablevisión

Cristina: ¿quiere el 30% de aumento?

Alberto: (risas)…el cuarenta…

Cristina: Proponele llevarlo en la lista por la Ciudad, así le ganamos a Mauri

Alberto: ¿Quiere ir en primer lugar?

Cristina: Siempre y cuando le den la banca al fondo a la derecha, para dormir mejor.

Alberto: Nos tenemos que juntar, Cristina.

Cristina: ¿Para?

Alberto: ¿Cómo “para”?

Cristina: Mantengamos la distancia social, hermano.

Alberto: No me querés cerca vos.

Cristina: No hace falta, la llamo a Fabi.

Alberto: a mi me atiende siempre el boludo cuando llamo al Instituto.

Cristina: Pasame tu lista por Telegram

Alberto: ¿por Telegram?…se entera todo el mundo.

Cristina: Es lo que quiero. A ver si la ponés a Marcela como candidata.

Alberto: Para sacarla de Justicia.

Cristina: ¿Qué Justicia…? Para sacarla de Injusticia.

Alberto: Ya lo pianté a Nielsen

Cristina: Antes que el nos piante a nosotros…no sería la primera vez.

Alberto: Pero te puse al tuyo.

Cristina: ¿te puse?…Qué confianzudo estás!

Alberto: Bueno…lo puisimos.

Cristina: ¿pusimos?…¿quiénes?

Alberto: ¿podemos empatar una?

Cristina: Dale…la próxima con Putin hablo yo.

Alberto: Después salis en la revista Caras.

Cristina: Ese es mi deseo último.

Alberto: Beso

CristinaCristina: Abrazo, Alberto.

FIN

La era de “La vida a distancia Prudencial”

Marcelo Cosin

Ernestina, mi bisnieta, nació el 27 de diciembre de 2019. A días de comenzar el año de la transformación, 2020. El 12 de marzo, cuando aún no había cumplido tres meses, Ernestina comenzó a vivir en la era de la pandemia. Un mundo nuevo, diferente al que conocimos. ¿Cómo será este mundo cuando Ernestina tenga mi edad y posiblemente sea aún muy joven? Esto pensando en Ernestina en 2200. Con ochenta juveniles años. Con reemplazo de los órganos que se desgastan. Con IA, con Inteligencia Artificial capaz de dominar la inteligencia humana. Pero no sé, realmente no puedo imaginar, en qué clase de comunidad, en qué clase de sociedad, en que sistema de gobierno vivirá mi querida bisnieta.

Incertidumbre: el nuevo estado de conciencia.

Estamos entrando en la primer etapa del gran cambio: la incertidumbre. Todos hablamos de la incertidumbre – o algunos y algunas – pero los significados que le atribuimos son diferentes. Están los que piensan que la incertidumbre es un “compás de espera” hasta que llegue el fin de la pandemia producto de la vacuna salvadora que logrará que en un tiempo determinado todo vuelva a ser como era antes. Para otros, la incertidumbre llegó para quedarse. La incertidumbre es un estado de conciencia, una certeza a medias, un “no saber”. Es posible que antes de la pandemia la incertidumbre estuviera presente, pero en estado latente. Lo que produjo la incertidumbre fue el estallido de la muerte.

Negación.

Si hay algo que nos cuesta a todos es CAMBIAR. En general los partidos políticos en sus campañas electorales promueven el cambio sin saber que lo que nos produce miedo es cambiar. Mudarse es estresante porque significa un cambio importante. Así como casarse, separarse, salir del placard, entrar al placard, cambiar el voto, cambiar de trabajo, quedarse sin trabajo, pasar de la salud a la enfermedad y hasta el más temido de los cambios: morirse.

Quizás por todo esto como antecedente es que enfrentar a la pandemia nos demostró que una actitud generalizada es negar. ¿Qué es negar? Respecto a la pandemia negar es antes que nada desconocer la gravedad. Negar es un salvavidas frente para enfrentar la verdad. Negar es cerrar los ojos para no ver. Negar es esconder, driblear. Negar es hacerse el zonzo o la zonza. Negar es pensar que le va a pasar a otro/a. Negar es no querer enfrentar la realidad. Y por eso, negar CONTAGIA.

Consecuencias

La economía mundial enfrenta una dicotomía que queda reflejada en un solo dato: diez (10) empresarios en el mundo acumularon en 12 meses ganancias que podrían servir para pagar las 8 mil millones de vacunas que necesita el planeta para superar la crisis pandémica.

La desigualdad no es nueva. La desigualdad es evolutiva y cada día genera más gente con hambre, mortalidad infantil, guerras, crímenes. Como si esto fuera poco la naturaleza toma sus revanchas contra la desbocada acción humana que pone en jaque la biodiversidad. Incendios provocados, inundaciones producto de la desforestación, terremotos, tsunamis, ponen en evidencia la sentencia de Federico Engels que el peor enemigo de la revolución es la naturaleza.

Un mundo en el que el 20% de la población concentra el 80% de la riqueza dice de sobra que la vida humana vale poco.

La derecha neoliberal hace saber que sus intereses no son otros que la acumulación a costa de los que producen y trabajan y cada vez hay más acumulación con menos trabajo gracias a la tecnología que absorbe puestos de trabajo.

Las consecuencias de la pandemia mundial son inmedibles en términos reales. En primer lugar porque no se sabe si esta pandemia no es solo la primera sino que se deduce que no es la última.

Millones de personas piden regresar a la “normalidad”. Un regreso a una vida anterior que ahora se supone era mejor que la actual. La fantasía es que el tiempo pasado era mejor. Nadie o pocos ponen en duda que lo que nos ocurre no es otra cosa que lo que forjamos con un comportamiento egoísta y nada solidario.

Conclusiones

Con vacunas, con inmunidad, con una detención de la pandemia, el mundo no volverá a ser lo que fue. El estado de incertidumbre se convertirá en conciencia de la sociedad. Sin un cambio político y social en mundo corre el peligro en convertirse en un infierno. La negación no para la realidad. Apenas la evade. Una nueva generación de dirigentes deberá enfrentar esta realidad y decidir si hay una revolución en el fondo y en las formas. Quizás esto sea una utopía. Es un signo de esperanza.

Apuntes s/creación.

Nada en la vida es más importante que crear.

Crear es producir algo nuevo, desconocido, original, novedoso, inesperado.

Nada de esto es imposible para el ser humano o ser humana.

Para crear es necesario asociar distintas ideas que surgen de diferentes campos, territorios, mentes, sensaciones, percepciones, capacidades, fuentes, imágenes, sueños, ensueños, fantasías, entre otras posibilidades de la asociación de ideas.

Vivimos un tiempo en el que predomina un clima, una sensación, un “mood” diría un colega llamado Arquitecto Federico Ortíz, que llamamos incertidumbre. La incertidumbre genera un escenario que es propicio para la creación. Es propicio porque es parecido a la nebulosa que se produce en algunos sueños tenebrosos. No se sabe bien por donde avanzar.

Acerca de Sigmund Freud.

El block maravilloso.

Cuando desconfiamos de nuestra memoria —desconfianza que alcanza gran intensidad en los neuróticos, pero que también está justificada en los normales— podemos complementar y asegurar esta función por medio de anotaciones gráficas. La superficie que conserva estas anotaciones, pizarra, u hoja de papel, es entonces como una parte materializada del aparato mnémico que llevamos, invisible, en nosotros. Nos bastará, pues, saber el lugar en el que se halla el «recuerdo» así fijado para poderlo «reproducir» a voluntad, con la certeza de que ha permanecido invariable, habiendo eludido así las deformaciones que quizá hubiese sufrido en nuestra memoria. Pero cuando queremos servirnos ampliamente de esta técnica para perfeccionar nuestra función mnémica, advertimos que podemos poner en práctica dos distintos procedimientos. Podemos, primeramente, elegir una superficie que conserve intacta, durante mucho tiempo, la anotación a ella confiada; esta es, una hoja de papel sobre la que escribiremos con tinta, obteniendo así una «huella mnémica permanente». La desventaja de este procedimiento consiste en que la capacidad de la superficie receptora se agota pronto. La hoja de papel no ofrece ya lugar para nuevas anotaciones, y nos vemos obligados a tomar otras nuevas. Por otro lado, la ventaja que este procedimiento nos ofrece al procurarnos una «huella permanente» puede perder para nosotros su valor cuando, al cabo de algún tiempo, deja de interesarnos lo anotado y no queremos ya «conservarlo en la memoria». El segundo procedimiento no presenta estos defectos. Si escribimos, por ejemplo, con tiza sobre una pizarra, tendremos una superficie de capacidad receptora ilimitada, de la que podremos borrar las anotaciones en cuanto cesen de interesarnos, sin tener por ello que destruirla o tirarla. El inconveniente está aquí en la imposibilidad de conservar una huella permanente, pues al querer inscribir en la pizarra cubierta ya de anotaciones alguna nueva, tenemos que borrar parte de las anteriores. Así pues, en; los dispositivos con los cuales sustituimos nuestra memoria, parecen excluirse,: entre sí, la capacidad receptora ilimitada y la conservación de huellas permanentes; hemos de renovar la superficie receptora o destruir las anotaciones. Los aparatos auxiliares que hemos inventado para perfeccionar o intensificar nuestras funciones sensoriales están todos construidos a semejanza del órgano sensorial correspondiente o de un parte del mismo (lentes, cámaras fotográficas, trompetillas, etc.). Desde este punto de vista, los dispositivos auxiliares de nuestra memoria parecen muy defectuosos, pues nuestro aparato anímico realiza precisamente lo que aquéllos no pueden. Presenta una ilimitada capacidad receptora de nuevas percepciones y crea, además, huellas duraderas, aunque no invariables, de las mismas. Ya en La interpretación de los sueños (1900) expusimos la sospecha de que esta facultad, poco común, correspondía a la función de dos distintos sistemas (órganos del aparato anímico). Poseeríamos un sistema encargado de recibir las percepciones, pero no de conservar de ellas una huella duradera, conduciéndose así, con respecto a cada nueva percepción, como una cuartilla intacta. Tales huellas permanentes de los estímulos cogidos surgirían luego en los «sistemas mnémicos» situados detrás del sistema receptor. Más tarde (Más allá del principio del placer) Librodot El block maravilloso Sigmund Freud 2 agregamos la observación de que el fenómeno inexplicable de la conciencia nace en el sistema perceptor en lugar de las huellas duraderas. Hace poco tiempo ha surgido en el comercio, con el nombre de «block maravilloso», un objeto que parece prometer mayor utilidad que la hoja de papel o la pizarra. No pretende ser más que un memorándum del cual pueden borrarse cómoda y sencillamente las anotaciones. Pero si lo observamos más detenidamente encontramos en su construcción una singular coincidencia con la estructura por nosotros supuesta de nuestro aparato perceptor y comprobamos que puede, en efecto, ofrecernos las dos cosas: una superficie receptora siempre pronta y huellas permanentes de las anotaciones hechas. El block maravilloso es una lámina de resina o cera de color oscuro, encuadrada en un marco de papel y sobre la cual va una fina hoja transparente, sujeta en su borde superior y suelta en el inferior. Esta hoja es la parte más interesante de todo el aparato. Se compone, a su vez, de dos capas separables, salvo en los bordes transversales. La capa superior es una lámina transparente de celuloide, y la inferior, un papel encerado muy delgado y translúcido. Cuando el aparato no es empleado, la superficie interna del papel encerado permanece ligeramente adherida a la cara superior de la lámina de cera. Para usar este block maravilloso se escribe sobre la capa de celuloide de.la hoja que cubre la lámina de cera. Para ello no se emplea lápiz ni tiza, sino como en la antigüedad, un estilo o punzón. Pero en el block maravilloso, el estilo no graba directamente la escritura sobre la lámina de cera, sino por mediación de la hoja que la recubre, adhiriendo a la primera, en los puntos sobre los que ejerce presión, la cara interna del papel encerado, y los trazos así marcados se hacen visibles en un color más oscuro, en la superficie grisácea del celuloide. Cuando luego se quiere borrar lo escrito basta separar ligeramente de la lámina de cera la hoja superior, cuyo borde inferior queda libre. El contacto establecido por la presión del estilo entre el papel encerado y la lámina de cera, contacto al que se debía la visibilidad de lo escrito, queda así destruido, sin que se establezca de nuevo al volver a tocarse ambos, y el block maravilloso aparece otra vez limpio y dispuesto a acoger nuevas anotaciones. Las pequeñas imperfecciones de este objeto no presentan, naturalmente, para nosotros interés alguno, puesto que nuestra intención no es sino perseguir sus coincidencias con la estructura de nuestro aparato anímico perceptor. Si después de escribir sobre el block maravilloso separamos con cuidado la hoja de celuloide de la de papel encerado, seguimos viendo lo escrito sobre la superficie de este último y podemos preguntarnos qué utilidad ha de tener la hoja de celuloide. Pero en seguida advertimos que el papel encerado se rasgaría o se arrugaría si escribiésemos directamente sobre él con el estilo. La hoja de celuloide es, por tanto, una cubierta protectora del papel encerado, destinada a protegerle de las acciones nocivas ejercidas sobre él desde el exterior. El celuloide es un

Los ’60

Relatos con retraso.

Los ’60 Una generación en blanco y negro.

La librería de Jorge Álvarez, en Libertad y Lavalle. El Lorraine y la librería Fausto, en la avenida Corrientes. El chocolate con churros de La Giralda, a la tres de la matina. La Paz, en Paraná y Corrientes, en la mesa de David Viñas, Piri Lugones y el colorado Ramos. La librería del viejo Palumbo, con olor a libro viejo y a Imparciales Negros sin filtro. Un café de parado en el Sorocabana de Talcahuano esquina Corrientes. El cineArte, una porción de fugazzeta en Guerrín, una caminata hasta Ángel Gallardo, donde termina Almagro y empieza Villa Crespo. Los ’60.

O si no, el Florida Garden, en la mesa que atendía César, con Federico Peralta Ramos, Jorge Schussheim, el turco Asís, Ronald Shakespeare y el salpicón de ave con salsa golf. El Di Tella, al lado de la Galería del Este, con Nacha Guevara, Roberto Plate, Villanueva y Alfredo Arias. La disquería El Agujerito, la librería de Casares, a la que iba Borges, cuando cruzaba de su departamento en Maipú y Marcelo T de Alvear hasta la galería

Después de las doce la noche pasar por La Academia, jugarse unos dados, tomarse un café en vaso chico, una Bols, otra Bols y caminar hasta el Social de Sarmiento y Callao. Encontrarse con el tarta Barraza, con Germán Rozenmacher y el rengo Sofovich. Caminar hasta la Avenida de Mayo, entrar a ver si hay alguien en el Tortoni, seguir hasta los 36 Billares y a la vuelta comerse un pescado en el Hispano con una jarra de Manzanilla y una nata de postre.

Los sábados a la noche del Plus Ultra de Corrientes y Canning (Scalabrini Ortiz) con Daniel Schargorodsky, Pupi Rotblat, el turco Alberto, Tito Maglio, Hugo Schargo, el ruso Morris y contar como te fue con las minas, como anduvo el levante y fumarse unos Jockey Club con cafecito después de comerte un “milonga”, un tostado de pan francés sin corteza, con doble mayonesa, salame cargado y queso.

Los 60 con música de Los Plateros para chapar, Angelito Vargas para milonguear, Louis Armstrong para escuchar y Los Fronterizos para estar en la onda del folklore.

En los 60 estudiaba abogacía y rendía materias una detrás de otra hasta que me tocaron las codificadas (Procesales, Comercial y Contratos) y me di cuenta que a mí lo que me gustaba era escribir y no aprenderme leyes de memoria. Por eso me hice periodista, izquierdista, neoperonista, casi frondicista, pero sobre todo me hice un muchacho “intelectual”. Comparaba y robaba muchos libros, me dio un crédito Don Marcos de la librería Fray Mocho de Sarmiento y Callao, afanaba en Fausto y leía poemas, Primera Plana, Propósitos de Barletta y descubría a Jack Keruak (El Ángel Subterráneo, En el Camino) y también los libros de James Bond. Comparaba El Escarabajo, El Grillo de Papel y frecuentaba a La Cueva de Pueyrredón y Santa Fe para escuchar a Sandro y los de Fuego.

Los ’60 fueron mágicos. Una mezcla de The Beatles con Falú, el Di Tella con la Nuvelle Vague, el amor libre con el ácido lisérgico de la Clínica de Fontana, las pilchas con Villa Gesell y el periodismo con la publicidad.

Por eso, cuando pienso que pasaron 60 años y yo tenía 20 y no como ahora 80 me avivo que no hay máquina del tiempo. Apenas hay, tiempo. Esto sigue, mientras pueda,

Las palabras nunca están vacías.

Crónicas con retraso

Sos un “chitrulo”. En la década del ’50 uno lo escuchaba a menudo. Un chitrulo comenzó siendo un ingenuo pero siguió como boludo. Antes en los cuarenta era un “cabeza de alcornoque”, algo así como un bruto, analfabeto un tipo incapaz de entender lo que pasa. En la misma época un idiota pero inocentón era un “perejil” y después se convirtió en uno al que lo agarra la cana pese a ser inocente. Un pibe que no se avivaba de los que estaba pasando a su alrededor era un “zanagoria”, algo así como un “pelandrún” o peor aún, un “paparulo”. Algunas verduras o vegetales siempre fueron buenas metáforas de algunas condiciones humanas, como por ejemplo ser un “zapallo”, o un “nabo”.

En los ’50 todos eran “flacos”. No importaba cuanto pesaba el amigo o el compañero de banco, era “hola flaco”, qué decís “flaco”. También entre las pibas se trataban de “flaca”. Pero en los ’60, posiblemente gracias a Landrú, los “flacos y las flacas” pasaron a ser “gordis”.

Cuando uno o una se excitaba y hablaba muy rápido y sin parar otro u otra le decía: “ para flaco (flaca) que estás yendo a 100 por hora”. En los 40, los 50, 100 por hora era una velocidad extrema. Los autos en las rutas, esos Ford y esos Chevrolet, no pasaban los 80 y a Mar del Plata se tardaba en llegar 8 horas. Primero tenías que tomar Avenida Mitre, cruzar todo Avellaneda y Wilde, doblar a la derecha y tomar la avenida Calchaquí, después de única de doble mano que era la general Belgrano hasta el cruce de Alpargatas, cruzar la YPF y entrar en esa “cinta asfáltica”, angosta y peligrosa que era la ruta dos y cada tanto había un accidente falta y por eso la llamaban la “ruta de la muerte”. 100 por hora era una barbaridad.

Antes del golpe de estado de la Revolución Libertadora o Fusiladora los que estaban en contra de Perón era “contreras” y la clase media alta tenía en la casa una o dos “sirvientas”, la mayoría correntinas, santiagueñas o chaqueñas. La clase más aristocráticas tenía sirvientas “gallegas” o españolas inmigrantes que habían llegado un poco antes o durante la guerra civil española.

Los abuelos de la década del 50 tenían nombres de acuerdo con su procedencia. Si eran italianos se llamaban Genaro, Vittorio, Bruno o Francesca, Giovanna. Así como los italianos eran tanos, los españoles eran todos gallegos y los judíos eran “rusos” aunque vinieran de Alemania y los árabes eran todos turcos, sin distinguir sirios de libaneses. Uno en el barrio podía ser “rusito” si te querían o “ruso de mierda” si te odiaban. Los hijos de españoles eran gallegos así hubieran nacido en San Telmo y aunque te llamaras Rodrigo, si tu abuela era “la nona”, seguro que vos eras “el tano.

  • ¿Vos la tenés cortada, ruso?
  • Cortada no, boludo, me hicieron el “bris”
  • ¿Y eso que es?  que te la cortaron, ruso.
  • No, boludo. Te sacan el pellejo.
  • Te la rebanan, ruso.
  • Mi vieja dice que es por higiene.

Las palabras nunca fueron vacías. En los 50 aparecieron los “petiteros”, los adolescentes que usaban “botamanga” (palabra sastreril) angosta de 18 centímetros en los pantalones, sacos de tres botones y dos tajitos y cortones que se distinguían de los “milongueros” que vestían con trajes domingueros para ir a bailar con trajes oscuros, negros, con rayas blancas, de dos botones.

Todo ese lenguaje, ese ritual, esas costumbres están reflejadas en números viejos de la Revista Rico Tipo con los dibujos de Calé, un dibujante excepcional.

El “chabón” que se usa ahora era el “vesre” de Boncha y Boncha era una manera de “no decir” boludo de la misma manera que en esas épocas era mucho más cuidadoso el hablar y por eso se decía

“ándate a la con…ferencia de tu hermana”, para evitar el mal visto concha, porteñísimo inentendible en otras ciudades de Latinoamérica.

Esto sigue porque todavía quedan muchas palabras por analizar como por ejemplo, “tarúpido, colgado, charlatán, albóndiga, traga, marcha atrás, varonera,”

Sacate la Careta” (Título paradigma de un libro de Alberto Ure)Cómo hacer comunicaciones de marketing eficientes sin medios masivos de comunicación. (marcelo cosin)

“Sacate la Careta” (Título paradigma de un libro de Alberto Ure)Cómo hacer comunicaciones de marketing eficientes sin medios masivos de comunicación. (marcelo cosin)
El pedido de la Secretaría de Comercio Interior de amparar el acuerdo de “congelamiento de precios” con la supresión de avisos de ofertas de Supermercados y Cadenas de electrodomésticos en los medios masivos de comunicación, puede representar  una gran oportunidad de marketing.Seguramente para muchos, esta propuesta, no será otra cosa que un artilugio “K”. Anticipo este ¿prejuicio?, por tener en cuenta experiencias parecidas. Pero, a fuerza de ser considerado un profesional con medio siglo de experiencia en la materia, asumo la responsabilidad de plantear la instancia.de oportunidad de negocios.Antes que nada es necesario olvidar por un rato todo lo que se sabe, se escucha, se dice, se rumorea, se especula, sobre el tema.Un anuncio publicado en los diarios Clarín y La Nación, de una página, del CEMCI (Cámara empresaria de medios de comunicación independiente) dice en su titular: En estas páginas encontrabas las ofertas del día. Ahora por presión oficial vas a comprar a ciegas. La foto muestra a un hombre y una mujer con los ojos vendados.El CEMCI es una institución que prácticamente no existe. No tiene ni una web oficial. Por supuesto está manejada por el grupo Clarín. Se la encontró especialmente para firmar un anuncio hecho a las apuradas, sin sentido y sin repercusión.Dice el cuerpo de texto: “sin publicidad es imposible que te enteres de cuáles son los precios de los productos…”. Que la publicidad necesita mentir no cabe demasiada argumentación. Más aún es una mentira piadosa ya que, como dicen Farber y Bonta en su clásico libro de las 99 preguntas acerca del marketing y la publicidad, existe una especia de pacto tácito entre anunciante-agencia y consumidor por el cual se acepta que la publicidad necesita, exagerar. Una especie de diálogo entre el anunciante y el consumidor por el cual uno lo dice al otro “vos sabés que lo que decimos necesita una manera, un cómo decirlo, que seguramente vos aceptarás como una forma necesaria de la publicidad”.Pero en este caso, que el CEMCI diga tan seriamente que sin publicidad es imposible que te enteres de los precios de los productos va más allá del pacto tan bien definido por los autores mencionados. Es falso y todos se dan cuenta que es falso. La gente se entera generalmente de los precios de los productos en el punto de venta, en el local.Para el CEMCI es decir para el Grupo Clarín y sus socios La Nación, Perfil y otros, inclusive los que apoyan o defienden al gobierno, la “presión” del gobierno, de Guillermo Moreno, que implica la no inserción de anuncios en los medios masivos es una verdadera herida en los ingresos por inversión publicitaria. No solo los medios, sino también esta “presión” del gobierno influye en las centrales de medios que manejan los presupuestos publicitarios de supermercados, y cadenas de artículos para el hogar.Al solo efecto de establecer la masa de dinero afectado a la publicidad de Hipermercados, Supermercados, Cadenas de Artículos para el Hogar, simplemente tengamos en cuenta que una página de Clarín, ubicación privilegiada, del día domingo, tiene una tarifa plana, sin descuentos del orden de 1 millón de pesos.Por supuesto las tarifas de La Nación, Perfil, Página 12 y diarios del interior, son relativamente más bajas.También tenemos que tener en cuenta que los descuentos diversos son altos y en ellos influyen la continuidad, la cantidad, y por supuesto los descuentos especiales que muchas veces no llegan a los bolsillos de los anunciantes, sino que van quedando en el camino de los intermediarios.Nadie duda, por el simple hecho de hojear los diarios, que las cadenas de supermercados y de artículos para el hogar, son sus principales anunciantes. Esos anuncios tienen la particularidad de anunciar los productos, las promociones con los bancos y también la participación de las marcas de cada rubro.¿Cuántos negocios participan de estos anuncios? ¿Cuál es el negocio de los bancos? ¿Cuánto cuesta realmente un televisor LCD? ¿Por qué alguien piensa que si tiene un teléfono celular de un año de antigüedad es viejo? ¿Cuántas preguntas más acerca del deseo de los consumidores por tener, tener y tener, podríamos hacernos sin encontrar respuestas lógicas?Una cuestión central, de la que no puedo opinar por falta de conocimiento es si el congelamiento de precios por sesenta días es bueno, regular o malo para el país o para la gente. Reconozco que ese tema me sobrevuela y aunque tengo opinión como consumidor y ciudadano no hace a esta nota.Pero, si estoy convencido que puedo cuestionar, reflexionar y si se quiere teorizar acerca del tema de la comunicación publicitaria del marketing de retailing o de comercio minorista y cuáles pueden ser las consecuencias de producir cambios en este género de anuncios.De dónde viene este tema?A principios de siglo XX, entre 1907 y 1910, Sears, la tienda de multi productos más famosa de los EEUU, enviaba millones de catálogos por correspondencia a sus clientes y potenciales clientes. Esos catálogos no eran pequeños. Tenían más de 800 páginas y eran famosos los ilustradores que minuciosamente detallaban las bombas de agua, las colecciones de cuchillas, los diferentes modelos de fajas y sostenedores, así como las cortadoras de césped hogareñas y miles de productos más. (https://www.google.com/url?sa=i&rct=j&q=&esrc=s&source=images&cd=&cad=rja&docid=JhRMsUhv0RTy3M&tbnid=k2gwlfoIB7NfRM:&ved=0CAUQjRw&url=http%3A%2F%2Fmx.ioffer.com%2Fi%2F%25C2%25A1libro-1900-del-cat%25C3%25A1logo-de-sears-roebuck-usado-en-perfectas-condiciones!!-196340500&ei=6BIZUb-QEJTc8ATJh4CYBw&bvm=bv.42080656,d.eWU&psig=AFQjCNGglci8eBNAw-MFpOmL1pPujqHDXw&ust=1360684130136196)Antes de la primera guerra mundial, los EEUU, marcaba los pasos de una sociedad que estimulada por la revolución industrial, el progreso, el desarrollo, el fordismo, acercaba como estilo de vida (life style) la posesión de bienes, la acumulación, la propiedad privada y la competencia.La Argentina, en esa misma era, no era muy diferente, salvo que ese estilo de vida estaba restringido a un sector exclusivo de la ciudad y en plena expansión de Vivir como en París, pero también con la aparición de los inmigrantes, con la ilusión de “hacerse la América”, progresar, tener hijos doctores, y también la aparición de las ideas sindicalistas, anarquistas y socialistas.Pero ya la familia Vigil había lanzado sus revistas Para Ti y La Chacra. (https://www.google.com/search?q=Para+Ti+1904&hl=es-419&tbo=d&source=lnms&tbm=isch&sa=X&ei=HBUZUZKsApP88QSo1IDwCg&sqi=2&ved=0CAcQ_AUoAA&biw=1536&bih=747#imgrc=YjJBnUN0wZqgQM%3A%3B-iu15fj4f5HJpM%3Bhttp%253A%252F%252Frepositorio2.masoportunidades.com.ar%252FARG01%252F33%252F212%252F1193752%252Ffotos%252F%252F1193752_3_2011912_17_1_44.jpg%3Bhttp%253A%252F%252Fwww.masoportunidades.com.ar%252Faviso%252F6375936-para-ti-1904-23dic58-nochebuena-en-belen-cine-moda-disponible-en-buenos-aires%3B620%3B400).Poco a poco la idea general de una vida enmarcada en la necesidad de mostrarle a los demás lo que uno tiene fue ganando más y más espacio en la sociedad argentina.Después de la segunda guerra mundial, con una Europa parecida a una gran Villa Miseria descontrolada por el hambre, la suciedad y el dolor por los millones de muertos, los Estados Unidos de Norte América comenzaban bajo la generación de los nacidos en las post guerra una lucha a muerte por los símbolos de consumo.La televisión demorada por la guerra, arrasó con los livings de las casas norteamericanas y por ende con los comerciales de televisión en los que la General Electric demostraba que la vida era otra cosa con las Máquinas de Lavar Ropa, las licuadoras y las heladeras eléctricas.Chesterfield, Philip Morris y Kent demostraban que fumando se levantaba más mujeres y al mismo tiempo con Lux y Palmolive los cutis eran más tersos y los trastes más deseados.Madison Avenue y sus agencias de publicidad, con la contraseña de Vance Packard y los “focus groups” focalizaron su atención en encontrar las mejores maneras de penetrar en las cabezas de las personas para convencerlas de que la vida era mejor vivirla teniendo más cosas, siendo más lindos, más exitosos, más varoniles, más femeninas y sobre todo…siendo mejor que los otros. Eso es la vida.Los supermercados.Mientras existiera un mostrador y detrás del mismo hubiera un almacenero la leche sería leche, el aceite, aceite y el arroz,  arroz. El que mandaba era don Manolo y encima, podía darle crédito anotando en la libreta de tapa de hule negra,Cuando alguien descubre que es más negocio la rápida salida de la mercadería, a mayor velocidad, con más clientes y con menos empleados, cambia de ubicación la caja registradora y en lugar de ponerla en el mostrador se la coloca a la salida del negocio. Unos estantes llamados góndolas reemplazan las estanterías y el negocio se duplica y triplica y nace el “autoservicio”.El autoservicio o el inicio del supermercadismo trajo aparejado dos cosas importantes para el llamado marketing:1.     La necesidad de las empresas de construir marcas con identidad, diferenciación y personalidad ya que las mismas necesitaban arreglárselas por sí mismas para ser elegidas por el consumidor.2.     La aparición de la televisión como medio masivo y especialmente específico para convencer, persuadir y también informar acerca de esas marcas.Eso llevó a consecuencias inmediatas en el desarrollo de los negocios de venta minorista. Hasta ese momento el que hacía el pedido era Don Manolo. El minorista era el que tenía el dominio de la clientela y era el dueño de las marcas. Las empresas pioneras en el marketing de productos, desde hacía un tiempo, venían ejerciendo su predominio haciéndole notar al almacenero que las señoras preferirían Aceite Cocinero al aceite suelto que vendía a granel. Lever, Colgate y Procter & Gamble se habían anticipado al “vender” sus marcas por encima de los genéricos. Pero todavía los productos a granel no tenían marcas. No había Arroz Gallo, sino arroz. “Deme un pan de jabón”, era lo clásico en lugar de un Jabón Federal para la ropa. Rinso, se adelantó haciendo avisos diciendo que “lava más blanco” y Colgate o Kolynos prometiendo que son dentífricos que dejan los dientes más blancos o la sonrisa más fresca.¿Por y para qué hacen anuncios de 4 o 5 páginas los supermercados o tiendas como Garbarino, Frávega o Compumundo?Esta semana uno de los temas que ocuparon las principales páginas de los diarios de mayor circulación fue el de la noticia acerca del acuerdo de la Secretaría de Comercio Interior y las principales cadenas de supermercados, casas de artículos para el Hogar y en estos días Librerías y Papelerías. Seguramente a partir de estos acuerdos se seguirán sumando otros rubros.Las noticias en los diarios Clarín, La Nación, Perfil, El Cronista, principalmente, fueron confusas. La Nación daba un titular que inducía a pensar que el acuerdo incluía específicamente la “prohibición de publicar avisos”. Ese mismo día, el viernes 8 de febrero, en la portada de La Nación decía que estaba prohibido publicar avisos desde el día 1 de febrero. Ese viernes 8 de febrero, dos páginas más adelante, el supermercado Coto publicaba en ese medio 4 (cuatro) páginas completas de anuncios.http://www.lanacion.com.ar/1552926-unanime-rechazo-de-la-oposicion-a-la-prohibicion-de-anuncios-en-los-medios
El sábado, casi todos cambiaron la palabra prohibición por “presión”.Sin embargo el columnista Pablo Sirven escribió una nota que pone de relieve el verdadero sentido de la campaña contra el congelamiento de precios.http://www.lanacion.com.ar/1552929-un-ataque-directo-a-la-economia-de-los-diariosAtaque directo a la economía de los diarios, es el título de Sirven.Algún otro medio pudo haber titulado “Una verdadera defensa del consumidor y de las finanzas de las empresas.El domingo 10 de febrero un reportaje a Guillermo Olivetto, gurú del marketing doméstico, publicado por el diario Clarín pone de manifiesto la predisposición del medio y del grupo para dañar las acciones del gobierno, generando un título que nada tiene que ver con lo que responde el entrevistado.http://www.clarin.com/politica/congelamiento-Gobierno-anabolico-sostener-consumo_0_863313748.html

El  título de la nota es : El congelamiento de precios del Gobierno es como un anabólico para sostener el consumo. (El periodista es Ezequiel Burgo, quién firma la nota).

A continuación reproduzco la nota. Fíjense en las preguntas que hace el periodista y especialmente en las respuestas. Después analice el título:
Guillermo Oliveto se especializa en temas de consumo y mercado. Desde una oficina que mira a una arboleda de Palermo Hollywood, dirige una consultora que se llama W. Licenciado en Administración por la UBA, Oliveto trabaja desde hace 18 años con empresas ligadas al consumo masivo en cuestiones de estrategias comerciales e investigación de mercado. A continuación un resumen de la charla con Clarín.Hay un congelamiento de precios por 60 días, ¿el público irá corriendo a las góndolas?Depende del resto que tenga en sus bolsillos. No creo que haya tanto dinero como para que eso suceda. Sí es cierto que el consumidor es hipersensible a cualquier variable relacionada con su poder adquisitivo. Y está entrenado para explotar al máximo lo que llamo anabólicos del consumo, que son los descuentos, tarjetas y días especiales de las semanas para comprar.¿El congelamiento es un suerte de anabólico?Sí, el congelamiento de precios que hizo el Gobierno es como un anabólico para sostener el consumo. De alguna manera está diciendo que estos productos podrían costar más caro.¿Esta medida se parece a las de la década del 70 u 80?No. Se parece a lo que el kirchnerismo hizo históricamente con el consumo: toma una medida puntual para maximizar su crecimiento. Lo que entendió el kirchnerismo desde que gobierna es el impacto del consumo. Y sólo desde ese lugar puede analizarse esta medida: un gobierno que dice “queremos que la gente siga gastando”.¿Cree que funcionará?Tiene chance si se resuelve el resto de los temas en 60 días.¿Cuáles son los otros temas?Las paritarias. El consumo empezó flojo el año pasado por culpa del retraso de las paritarias. Entre marzo y abril la gente se había quedado con los sueldos viejos y los precios nuevos. Y eso provocó un estancamiento respecto a los boom de 2010 y 2011. La recuperación vino cuando se resolvió el tema de las paritarias. Y entonces a partir de julio y agosto el consumo retomó ritmo. Terminó el año con subas de 2% y caídas de 2%. El Gobierno no quiero que eso ocurra en un año electoral.Los proveedores están afuera del acuerdo, ¿eso puede despertar tensiones en estos 60 días?Quedaron afuera pero de alguna manera están adentro. Las cadenas dijeron que no van a aceptar aumentos de los fabricantes. De hecho, el Secretario de Comercio tiene relación con los proveedores.¿Cómo afecta la medida al negocio de las empresas de consumo?Por definición dura 60 días. Quién tenía pensado hacer ajustes en marzo deberá esperar. Aunque también se verá favorecido porque venderá, en teoría, un volumen mayor. El Gobierno está pensando “te abastezco de volumen, bancá a ajustar los precios”.¿Cómo ve la evolución del consumo para el resto de 2013?Mejor que el año pasado. El consumo masivo crecerá 2,5 y 3% en volumen. Shoppings entre 2% y 3%. Las ventas de autos podrían subir entre 3 y 4%. En electrodomésticos podría crecer cerca de 8 y 9%. El Gobierno tomará medidas pro-consumo, habrá aumentos de jubilaciones, asignaciones y resolverá las paritarias de cara a las elecciones. Probablemente la suba sea menos que en 2007 y 2011, cuando el contexto macroeconómico era diferente.¿Hasta qué punto la inflación no afecta a las empresas de consumo masivo?Está en sus agendas. Pero a la vez el consumo sigue creciendo.¿Pero sus balances no se deterioran cada vez más?Uno puede decir que la venta de autos en 2012 cayó 2% cuando en 2011 había subido 27%. Pero también es correcto decir que en 2012 se vendieron 850.000 autos. Los volúmenes del mercado interno argentino siguen siendo fuertes y atractivos. El consumo de alimentos creció 70% entre 2002 y 2012. El de autos creció 750%. El mercado doméstico, al menos hoy, está parado en un lugar donde un crecimiento de 2% o una caída de 2% no cambia la mirada de ningún empresario para decir “dejo de invertir”.Destaco este diálogo:¿Esta medida se parece a las de la década del 70 u 80?No. Se parece a lo que el kirchnerismo hizo históricamente con el consumo: toma una medida puntual para maximizar su crecimiento. Lo que entendió el kirchnerismo desde que gobierna es el impacto del consumo. Y sólo desde ese lugar puede analizarse esta medida: un gobierno que dice “queremos que la gente siga gastando”.¿Cree que funcionará?Tiene chance si se resuelve el resto de los temas en 60 días.
Es decir que este convenio entre el gobierno y las empresas de distribución no ha sido criticado ni por las empresas, ni las cámaras de consumidores, ni por los mismos usuarios.Supongamos que Cencosud (grupo que en la Argentina concentra a varias marcas de retail como Jumbo, Disco, Easy, entre otras) invierte en publicidad alrededor de 10 millones de dólares. ¿Para qué los invierte?. La pregunta parece tener una respuesta obvia: para vender lo pronosticado. O simplemente para cumplir con las metas comerciales. ¿y si no los gastara?…Otra respuesta obvia. Si cualquier consultor en comunicaciones de marketing en una entrevista con el presidente de Cencosud le demostrara que el 80% de su presupuesto en medios masivos es un gasto que no sirve para nada. ¿Cuál sería la reacción del presidente de Cencosud?. ¿Le interesaría la propuesta?.Para poder justificar esta potencial propuesta es necesario romper con principios que parecen inamovibles y presupuestos teóricos que merecen ser desterrados.Algunos ejercicios que podrían ayudar a comprender este cambio de paradigma.Por ejemplo, cualquier plan de marketing tiene una serie de metas que se persigue alcanzar y es necesario que se establezcan las acciones que se implementarán para lograrlo.Casi siempre las acciones de comunicación figuran como importantes y se les asigna unos recursos económicos.A veces de una manera explícita y en otras implícitas se establece por ejemplo que las marcas o la marca de la compañía tengan una determinada presencia en la mente de los consumidores y sobre todo que esa presencia se traduzca en valores positivos que puedan materializarse en calificativos.Para ser un poco terrestre. El gerente de Supermercados Jumbo casi seguro quiere que los clientes de Jumbo sigan yendo a sus tiendas pensando que es el mejor lugar por el servicio que presta y sobre todo porque piensa que la calidad de sus productos es superior y además es el que dispone de mayor variedad de marcas.No es el mismo caso que el gerente general de Supermercados Vea que aspirará a que sus clientes valoren especialmente los precios bajos que tiene su supermercado.Para el gerente de Carrefour, con los nuevos Carrefour Express su principal preocupación será quitarle clientes a los supermercados chinos dándoles no solamente “cercanía” sino además una mayor satisfacción por el clima, la iluminación y la limpieza de sus locales.Y para los dueños de los supermercados chinos todo pasará por tener los precios más bajos, comprar a los mejores precios, tener ofertas notables en algunos rubros para poder ganar en otros en las compras no planificadas e insistir en que es el más cercano a su casa, “acá a la vuelta”.Como podrán darse cuenta no todos los que están en el negocio del autoservicio tienen los mismos objetivos, ni disponen de los mismos recursos, ni el mismo sistema de comunicación.Por lo tanto, el congelamiento de precios, pone a todos, en una misma posición pero solo en materia de precios y precio no es lo único que hace que una persona compre en un negocio determinado.Wal-Mart no publica avisos en los diarios. Coto publica en gran cantidad. Disco, muy poco. Jumbo en La Nación. Supermercados chinos, jamás.Esto quiere decir que uno de los puntos que relaciona a todos los supermercados en el acuerdo sobre congelamiento de precios, es, justamente, el precio. Sin embargo no todos los supermercados persiguen el mismo objetivo.Al congelar por 60 días o más la publicación de avisos, por propia decisión de los anunciantes, lo que sucede es que no hay motivos competitivos para anunciar ni precios ni promociones. Todo queda congelado, aunque no todo queda sin competencia.Si todos los empresarios supermercadistas se hubieran juntado sin la secretaría de Comercio Interior e igual hubieran acordado suspender los anuncios de ofertas ¿los medios estarían de acuerdo?. Y hubiera sido posible que eso sucediera. ¿por qué?, simplemente porque dadas las circunstancias los mejores recursos que tienen los empresarios es destinar sus esfuerzos a promover sus marcas, sus servicios, sus ofertas, sus promociones…en el punto de venta.Por otra parte, esta medida podría poner a prueba otros medios que en el caso de fidelización de clientes y promoción de ofertas sería mucho más útil que los medios masivos de comunicación: la telefonía celular, la web, el mailing y los cientos de recursos promocionales mucho más económicos que los monótonos y aburridos avisos de ofertas.Invito a todos los publicitarios que trabajan en Nuevos Medios que aprovechen esta circunstancia que abre el acuerdo del congelamiento de precios.Hay muchas más oportunidades en el marketing digital para los retailers que las páginas de los diarios.Finalmente, a la gente que compra. Este congelamiento de precios acordado entre el gobierno y los empresarios ¿usted cree que lo favorece?. Por empezar, pueden mantener los precios porque se ahorran una fortuna en avisos. En segundo lugar, en la lucha entre los fabricantes de productos y quienes los comercializan, es bueno que no necesiten que los medios se queden con gran parte de su plata.Muchos colegas pensarán que estoy tirando abajo el negocio. Los más jóvenes entenderán por el contrario, que estoy abriendo las compuertas de las nuevas oportunidades.Palermo, lunes de carnaval, 2013.

Cristina: realidad y percepción.

Uno – Una investigación acerca de la imagen de Cristina Fernández Kirchner.

La imagen es una representación de la realidad, pero no es la realidad misma. Escribir o hablar acerca de la imagen de una persona implica hacer un estudio, un análisis de esa representación, de ese reflejo de la realidad. La imagen de Cristina no es Cristina sino lo que los demás creen ver, piensan, califican, opinan, justifican, proyectan acerca de ella.

Cristina Fernández es una persona pública. Ser una persona pública significa que es ampliamente conocida, que desde hace muchos años tiene una presencia significativa en los medios masivos, en los selectivos, en las redes sociales. Acerca de Cristina se han realizados cientos de investigaciones acerca de su personalidad, su desempeño en la función pública, su valoración como presidenta, vice-presidenta, como mujer, como madre, como sujeto social.

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Percepción.

Cristina Fernández ocupa un lugar privilegiado desde 2003 en un espacio de la mente de millones de argentinos, argentinas, ciudadanos y ciudadanas de otros países, en personalidades mundiales y especialmente en los medios masivos de comunicación y en las redes sociales, pero también en los ámbitos privados de las reuniones de negocios, los hogares de personas comunes, en las instituciones , en ámbitos académicos y populares. Especialmente en la Argentina, Cristina debe figurar en primer lugar de conocimiento (Sé quién es) y en particular en los comentarios periodísticos de quienes la respetan como los que la desprecian. Hay varios videos de cientos de repeticiones del nombre Cristina en boca de quienes la insultan, la maltratan, la ensucian y desprestigian.

¿La imagen se construye?

La imagen es un reflejo, una proyección. Cada uno(a) de nosotros(as) tenemos una imagen. Es decir, aunque no queramos vamos dejando estelas en el camino que dibujan una imagen que se materializa, recién, cuando es percibida por otro(a).

Cuando nos mostramos, cuando hablamos, cuando escribimos, generamos unos rasgos que van construyendo una imagen. ¿Esa imagen que construimos es una representación exacta de nosotros mismos?. No, la imagen es la que percibe el otro y no lo que nosotros queremos tener como imagen

La imagen de una persona, es decir, la idea que tenemos acerca de una persona, no es fija ni definitiva. Depende de las distintas representaciones que esa persona exhibe, muestra o connota o denota.

Así como frente a la foto de una persona algunos pueden ver o mejor aún percibir que rasgos tiene, imaginar cómo piensa, cómo siente, otro puede ver o percibir lo contrario. ¿Pero la foto es la misma?. Si, nuestra percepción es la que se ocupa de generar un significado de esa foto, de esa imagen.

Versus

Es la misma Cristina. ¿Cuántas Cristinas hay?. Sólo una. Pero en las cabezas de las personas hay más de una. Y esa imagen que alguien tiene de Cristina puede ir cambiando a medida que se modifiquen las imágenes que de ella se tienen.

Próximo capítulo: Cristina mujer.

Yo, el otro y los demás.

Los fines de año coinciden con los balances, el pan dulce, los cohetes, los accidentes de auto, las discusiones en los festejos, los reclamos y las promesas. Y especialmente, en este año, año de pandemia, de sobresalto, de dolor por pérdidas muy sentidas.

Comentar la actualidad o hacer un balance sobre el año sería una redundancia. No tengo más comentarios que lo que aparece en las redes sociales y especialmente en las dos últimas cartas de CFK.Me importa más lo que puedo leer debajo del agua, o simplemente permitirme una lectura de lo que no se dice, se oculta, o no es lo más evidente.

Hay una pregunta que cada tanto hago: ¿de qué estamos hablando?Detrás de cada tema, de cada titular de los diarios o repeticiones como loros de frases que aparecen en Facebook, Twitter o Instagram hay un fondo, una trama, en el que se esconde otra cosa diferente a lo que se dice.¿Por qué pienso cómo pienso?¿Por qué creo en dios? ¿Por qué estoy a favor del aborto legal? ¿Por qué odio a los negros, o a los judíos o a los homosexuales?

Las creencias, los valores no son genéticos, son adquiridos. Más allá de la formación básica adquirida de la familia, la escuela, la iglesia, el club, los amigos, la ideología, las ideas básicas de una persona son consecuencia de una palabra amplia y constitutiva: la cultura.

Hay hijos e hijas de padres y madres progresistas, de izquierda, militantes sociales que fueron apropiados por fascistas, nazis y por lo tanto recibieron una formación y una manera de pensar igual o muy parecida a la de sus familias adoptantes.También, los menos, que pudieron percibir a través de otras fuentes otras ideas y lograron zafar de esa cultura cruenta y maligna.La grieta y un mundo desigual.

En un mundo de casi ocho mil millones de vidas humanas, más de la mitad sufre condiciones humillantes, hambre, pobreza. Sólo 2000 personas en el mundo tienen riquezas acumuladas por mas de 1000 millones de dólares. Dos mil sobre 8 mil millones. ¿Alguien puede imaginar cuando dinero es 1000 millones de dólares? (https://elordenmundial.com/vivimos-en-un-mundo-tan-desigual/)

Un ejemplo bastaría para demostrar que la grieta no es una brecha política, ni siquiera económica, ni tan solo cultural: la grieta no es otra cosa muy vieja: la lucha de clases.¿Para qué quiere alguien acumular una fortuna? ¿Por qué el que la acumula no es capaz de distribuirla entre quienes no tienen nada? ¿La tecnología tan avanzada no logra superar las diferencias enormes entres los que tienen más y los que no tienen nada?Dos ejemplo de nuestra actualidad pueden servir de modelo de lo que estoy tratando de sugerir.

La ley llamada Impuesto a la Riqueza y la ley de Aborto seguro, legal y gratuito.¿Qué hay detrás de 12 mil multimillonarios que se niegan a devolver un mínimo de su patrimonio para ayudar a millones que no tienen nada?¿Qué hay detrás de quiénes con hipocresía defienden las “dos vidas” cuando la realidad es que esas personas de dinero cuando tienen que abortar lo hacen en clínicas o con médicos que otorgan seguridad y cuidado y niegan a que el Estado haga lo mismo con millones de mujeres que mueren en abortos baratos o caseros sin respaldo alguno?

La falsa moral, la hipocresía, el desentendimiento del otro y la otra, forman parte de un mundo que se volvió absolutamente desigual.La verdadera lucha detrás de cada una de estas leyes, de estas manifestaciones, no es otra que una lucha por la igualdad, la justicia y en contra de la cultura neoliberal que impuso en el mundo un estilo de vida que aparentemente beneficia a unos pocos.

Y ni eso.

El banquero Jorge Brito subió a un helicóptero declarando que llamaba a una desobediencia civil para no pagar un impuesto a la riqueza, es decir a una desobediencia para que millones de pobres pudieran con su tributo estás apenas un poco mejor.Murió en un accidente. Se fue de este mundo igual que un indigente: sin nada.No pretendo encontrar moralejas inútiles.

Apenas pretendo volver a pensar.

FicciónNews El amor por la patria es puro Cuento.

No puedo dormir, le dijo Eduardo (Duhalde) a Chiche (Hilda Beatriz Gonzáles de Duhalde). Hacete una leche con miel, contesto la petisa mientras se daba vuelta en la cama y se tapaba con el acolchado hasta la cabeza. Es que no puedo dormir porque tengo pesadillas, Pipi. Chiche odia que el Negro la llame Pipi. El Negro se levanta de la cama a oscuras, se calza las pantuflas escocesas rojas y negras, las que él dice que le dan suerte para ganar elecciones, y eludiendo la banqueta larga que está al pie de la cama, abre la puerta del baño, enciende la luz, se mira al espejo y sonríe.

Una aclaración. El baño en suite del matrimonio Duhalde está especialmente acondicionado. Sí, especialmente. El lavabo o pileta no está a la altura normal de 1.10 metros y el espejo siguiendo esa altura también está debajo de lo normal. El Negro mide 1.56 y Chiche 1.49. Si no hubieran acondicionado los artefactos a sus alturas tendrían serios inconvenientes para mirarse, peinarse o afeitarse.

Bueno, el Negro se mira al espejo, sonríe como siempre con la boca torcida a la izquierda, se pasa la manito regordeta por el pelo, abre la canilla de agua caliente, se lava las manos con un jabón neutro, abre el botiquín que está debajo de la pileta, encuentra el Rivotril de 2 miligramos, se lo lleva a la boca, esa boca de labios finitos, se pone la pastilla rosadita en la mitad de la lengua, agarra el vaso que está sobre la repisa, lo llena hasta la mitad de agua de la canilla, y se engulle el psicofármaco.

Al rato nomás, el Negro está durmiendo.

El Negro sueña que está en un cuarto muy oscuro. Él está parado en su cuna, agarrado de los barrotes, llora, grita y patalea. Sueña que es un nenito, pero se sueña a sí mismo como un nenito que tiene la cabeza, la cara, de un adulto. Es el mismo, nenito, pero con su cara de ahora, de un señor de cabeza grande – como todo el mundo sabe -pero de cuerpo de dos añitos, o quizás de tres añitos. Nadie acude a ayudarlo, a tranquilizarlo, a tomarlo upa. El Negro grita mamá. Un grito agudo, de voz chillona y finita. Mamá. En la pesadilla el grito tiene eco. El sonido de mamá choca con las paredes del cuarto. María Esther, su mamá, le habla al Negrito detrás de la puerta de su dormitorio. Le dice que duerma, que se calme, que su papá Tomás tiene que descansar. Pero la voz de María Esther suena con voz de Patria. ¿Cómo es la voz de patria en un sueño del Negro? Es como la voz de la directora de su colegio en Lomas de Zamora. Una voz autoritaria, pesada, una voz que da órdenes del estilo “rompan filas” o “el silencio alumnos”. Pero Eduardito sabe que es la voz de la patria la que le dice que se deje de joder chillando como un marrano. Eduardo sueña que entra por la ventana un ángel envuelto en una bandera argentina. Sabe que es un ángel porque tiene alas. El negro piensa, dios es argentino y me manda un angelito. “Eso es señal de algo”, piensa en el sueño el Negro.

A la mañana siguiente Duhalde se levanta temprano. Chiche duerme hasta más tarde. Recuerda el sueño con lujo de detalles. Reconoce esa cuna. No es la que él tenía cuando era un nene. Esa cuna la vio en algún lado. De repente tiene la imagen de la cuna que se transforma en barrotes. Está despierto, desnudo, en el baño, mirándose al espejo. Los barrotes, esos barrotes. No era una cuna. Era la cárcel. Como una ráfaga aparece la imagen de los dos pibes que murieron en la estación antes llamada Avellaneda. Se toma la cabeza con ambas manitas. Descubre que por esa maldita desgracia tuvo que llamar a elecciones anticipadas. Cruza por su cabeza la imagen de De la Rúa perdido en el set de televisión de Tinelli. Cruza por el espacio de su frente, ancha, el llamado a Raúl Alfonsín. Escucha la voz del Padre de la Democracia. Se acuerda bien de lo que le dijo esa mañana: “De la Rúa está grogui, don Raúl”.

  • Me prende la computadora, Raquel.
  • Si, doctor, ya mismo.
  • Me pone el Esquipe, Raquel
  • ¿Skype, doctor?
  • Eso, Raquel
  • Ya mismo, doctor
  • Comuníqueme con Fantino, Raquel.
  • Fantino está a la tarde, doctor
  • Entonces con…cómo se llama…el negro…el negro Oro. Eso.
  • Está en Montevideo
  • Deme con una radio, pero que sea buena
  • ¿La AM750, doctor?
  • NO!!! Esa no.
  • Mitre?
  • Esa ya no me atiende
  • ¿Rivadavia?
  • …y si no hay otra

El doctor Eduardo Duhalde, hoy declaró a Radio Rivadavia que el presidente Fernández está grogui, como estuvo De la Rúa y el mismo cuando fue presidente. Esta vez le preguntaron si tenía un ataque psicótico, pero el doctor Duhalde no contestó. Hoy fue internado en un nosocomio de la ciudad de La Plata. Iba envuelto en una bandera argentina, gritaba con voz de directora de colegio, “La Patria es la otra” y repetía, “La Patria es la otra”.

Hoy a la tarde, el presidente Alberto Fernández se interesó por el estado de salud del expresidente y le contestaron que estaba repuesto e iba a ser dado de alta en las próximas horas.

Cuando salió del Hospital de la ciudad de las diagonales, el Negro tenía el pantalón negro mojado, justo de la bragueta para abajo. Chorreaba orín por uno de sus tobillos.

La patria está enferma, dijo uno de sus custodios.

Hoy a la madrugada soñé con Alfonsín.

Sí, soñé que hablaba con Raúl Alfonsín.

Este es el apunte mi sueño.

Yo estaba sentado en un sillón clásico, esos de orejas a los costados, de felpa verde, con la tela un poco gastada. Raúl estaba sentado también pero en uno de los brazos del sillón. Por eso el estaba un poco agachado, hacia mí, escuchándome.

Le decía a Raúl Alfonsín:

“Raúl usted no ganó ni por la plataforma, ni por el pacto síndico militar, ni por la campaña publicitaria. No, Raúl. Usted ganó porque usted representaba a un padre protector, capaz de dar seguridad a un pueblo huérfano. Lo bueno era que usted no necesitaba actuar de padre comprensivo. Era evidente que usted era así. No era necesario que fuera creíble. Lo que usted decía era verdad y se le creía. Ahora Raúl nos pasa que este pueblo tiene confundido los padres. Mire, Raúl, Alberto es un gran presidente, como a usted le tocó lo peor. A usted Raúl le tocó gobernar con el aliento en la nuca de los militares. A Alberto le toca gobernar con el aliento en la nuca de la muerte de la pandemia y para peor con los hijos y los nietos de los golpistas patean do las puertas. Usted, Raúl, ¿no puede volver? Raúl se acercó a mi oído y me susurró: ¿pero que quiere que yo haga, Marcelo?

Me desperté seguro que lo que había soñado era trascendente. No se si lo que escribí son las palabras textuales de mi sueño. ¿quién lo puede saber?, pero no tengo dudas que soñé con Raúl Alfonsín y que él me escuchaba atentamente.

Antes de escribir este sueño pensé mucho. Durante toda la mañana no pude hacer otra cosa que pensar en el sueño. También pensaba en escribirlo o no. Tengo la sensación que hace falta producir un efecto que nos ponga a todos en la realidad, en el peligro de los que están fuera de sí. Estoy seguro que los enemigos son pocos, poderosos e incapaces de retroceder un paso de sus metas de poder.

Como suele suceder con el peligro no está a la vista con un cartel rojo con una calavera. Esta ahí, presente como un fantasma. Un día llegó Aramburu, otro Onganía, Lanusse, Videla, pero también llegó Menem, de la Rúa y Macri.

Hace un minuto escuché en radio 10 a Méndez preguntando si lo de Duhalde no fue una alerta.

Hace falta producir un evento. Hace falta que Alberto y Cristina juntos den un mensaje de unidad del 60 o 70 por ciento de los que aún estamos en contra de la derecha.

No creo en los mensajes del más allá. Pero soñar con Alfonsín me dio esperanzas.

Una de esas, una de estas noches sueño con Perón o, mejor, con Evita.

Marcelo

Lanata, Chomsky, Verbitsky y Duhalde.(El mundo como lo que es: un chiquero)

Hoy es otro domingo de pandemia.

¿La verdad?, ¿quiere que le diga, la verdad? Estoy adaptado.

Ayer le dije a mi hijo Juan que no tenía planes para mañana (domingo) y que tampoco mañana, domingo, voy a tener planes para el lunes. Cada día empiezo un día y cuando termina, termina el plan. Así es. Y mirá que apoyo la cuarentena, al gobierno, al lenguaje inclusivo, al impuesto a la riqueza, a la reforma judicial y todo lo demás. Estoy de este lado de la grieta. Soy casi como un comunista corregido. O un alfonsinista histórico. Quizás algún día me acepten la solicitud al peronismo.

Hoy es domingo y a las diez, cuando me decidí a dejar la cama, la radio con los auriculares en las orejas, directamente desde el celular leí la carta del director del Cohete a la Luna. Si, la carta que me llega todos los domingos a la madrugada por e-mail en la que Horacio Verbitsky me cuenta como viene la mano. Cuando leí las primeras líneas me di cuenta que la mano venía por uno de esos chismes que tiene “el Perro” que son puro dulce de leche. Después de leer la carta y la nota (Pescados y ajedrez) (¡Qué título, mamá!) me levanté dispuesto a investigar qué es lo que realmente Duhalde quiere. Así de simple.

La nota es imperdible (https://www.elcohetealaluna.com/pescados-y-ajedrez/). Duhalde actuó una operación con toda la intención de conseguir algo para él. Seguramente seguir presente en el escenario. A los casi 79 años, Tachuela como lo llama Horacio, o el Cabeza, como nadie le dice, o simplemente El Negro como le dicen los íntimos, como casi todo los políticos argentinos y no argentinos, quiere permanecer, quiere sentir el amor del pueblo, quiere reconocimiento, o como dice Dolina, “todo lo que hacemos es para levantarnos minas”, que en pocas palabras significa darse un masaje al ego.

Duhalde, te recuerdo, fue concejal de Lomas de Zamora, cuando Cámpora ganó las elecciones en 1973 y, fíjate vos, llegó a intendente, mirá como lo cuenta Wikipedia: “y por acefalía terminaría siendo Intendente de su ciudad natal, luego de que las presiones de la Unión Obrera Metalúrgica (Sindicato argentino) terminaran con la baja de la intendencia del por entonces Intendente de la ciudad, Pedro Pablo Turner, apoyado por la Juventud Peronista. Bandas armadas presionaron a otros dos Concejales para que renunciaran al puesto, mientras la Triple A (Alianza Anticomunista Argentina) llegaba a Lomas de Zamora para asesinar a Turner y a sus partidarios de la Juventud Peronista, fuertes en la universidad local y en algunos barrios. Durante la intendencia de Duhalde, la Triple A y comandos de la policía provincial llevaron a cabo varios asesinatos y secuestros, entre ellos la masacre de Pasco. (https://es.wikipedia.org/wiki/Eduardo_Duhalde).

Por lo tanto, El Negro, comienza la carrera barriendo opositores. Tenía en 1974 treinta y tres años, la edad de Cristo. Y no para.

No te voy a contar toda la vida de Duhalde. Ni tampoco que era guardavidas en la pileta en la que trabajaba cuando la conoció a Chiche, que era una petisa que estaba bien buena.

En abril del 2000, poco después de perder las elecciones presidenciales con Fernando de la Rúa, el aburrido, el “cabezón” reabrió su inmobiliaria familiar con un importante aviso en Clarín Clasificados. Muchos pensaron que nada mejor que una inmobiliaria para mantener sus contactos en cada distrito de la provincia de Buenos Aires.

Después fue vice de Menem, gobernador de la Provincia de Buenos Aires, candidato a Presidente en 1999 con Palito Ortega de vice, senador nacional y gracias a eso, resultó electo presidente transitorio en el 2001.

Su famosa frase “el que depositó dólares, recibirá dólares”, fue algo más que una anécdota. Tuvo que adelantar el llamado a elecciones por el asesinato de Maxi Kosteki y Darío Santillán. Dio por sentado que el corredor de autos Reutemann sería su próximo presidente, pero no pudo ser. Midió al cordobés De la Sota, pero los números no le daban. El único que le quedaba era Néstor Kirchner, pero nadie lo conocía. Pensó que lo iba a manejar como si fuera Chirolita, pero lo máximo que pudo hacer fue dejarle por un tiempo a Lavagna, que a su vez, era el mérito de Raúl Alfonsín, que lo acompañó casi en secreto en su afán de ser presidente.

Todo aparenta ser un nuevo fracaso de Duhalde. No habrá golpe de Estado, pero si habrá intento de golpes blandos. Antes de hacer la denuncia en Animales Sueltos le robó cinco minutos a Alberto Fernández, que lo mandó a hablar con Cristina. Cristina le dijo que esa denuncia debía hacerla al Chivo Rossi y el Chivo Rossi le dijo que se quedara tranquilo, que no había golpe militar en la Argentina. El mismo jefe del estado Mayor del Ejército argentino lo tranquilizó vía Twitter.

Pero lo más importante de este domingo fue una nota nada tranquilizadora del intelectual vivo más importante del mundo Noam Chomsky.

“No ha habido otro momento de estas características en la historia de la Humanidad. Así lo asegura el prestigioso intelectual y activista estadounidense Noam Chomsky, quien dijo que la pandemia del coronavirus ha hecho de estos tiempos los más oscuros de los que se tenga memoria. Chomsky explicó que el presente representa un “punto de confluencia de distintas crisis muy graves”, entre las que se incluyen una amenaza de guerra nuclear, cambio climático, la pandemia del coronavirus, una gran depresión económica y una contraofensiva racista que tiene como epicentro a los Estados Unidos. (https://www.pagina12.com.ar/288631-noam-chomsky-tenemos-poco-tiempo-para-decidir-si-la-vida-hum)

Por eso, vuelvo al comienzo. O lo que le dije a mi hijo Juan: Mi plan termina hoy a la noche. Con un poco de suerte mañana a la mañana tendré alguno.

La publicidad en la Cultura

Esta es la portada de un libro digital que se edita diariamente en Facebook, Twitter e Instagram y en mi blog www.mycreacion.com
No tiene fin en dos sentido del fin: no termina nunca y no se sabe para qué es. Pueden publicar todos aquellos que crean que tienen algo para aportar. Se abrirá, pronto o no, un grupo para participar, debatir y publicar. El título parte de un libro: El Malestar en la Cultura de Sigmund Freud. En este caso “la publicidad” reemplaza a “el malestar”. Vengo investigando en este tema hace medio siglo. Tengo miles de páginas de apuntes. Una biblioteca referida a temas que abarca la cultura y la publicidad. Miles de anuncios, comerciales de televisión, y últimamente, publicidad digital, en redes y portales. El tema es apasionante para publicitari@s, polític@s, periodistas, psicólog@s. Parto de una idea simple: la publicidad, las comunicaciones de marketing, las promociones, son verdaderas armas de transformación, de penetración. Es decir, la publicidad es una cultura viviente de la nadie es ajena. En general los publicitari@s que conozco están más interesados en ganar dinero que en aportar sus ideas a obras como la que propongo. Muchos de ellos están retirad@s. Otr@s en actividad, pero no los conozco. Este es el primer informe. Voy a trabajar en este tema combinado con otros que estoy llevando a cabo sin apuro. Al fin y al cabo, recién voy a cumplir 79 años y me siento bastante bien. Miren, la publicidad es una disciplina muy abarcadora. Pocos pueden imaginar cómo interviene de una manera transversal en la vida de los human@s. Para finalizar les pido a los interesados en participar que contesten a este post. Habrá otras maneras. Están tod@s cordialmente invitados. Comienza la función. (Este prólogo es un homenaje a mi amigo Juan Fresán que me enseñó a disfrutar de cada fracaso como su fuera el último)

Esconder la basura debajo de la alfombra.

“No me amargues el día, no me deprimas, hay que ser optimista, siempre que llovió paró, no pasa nada, hay que olvidarse de esto, la vacuna viene a fin de año, fíjate en Europa, volvió el fútbol , este es un invento de los chinos, son los comunistas que quieren volver, etcétera”.

Vos sabés de qué te hablo.

De la negación, del miedo, de todo aquello que la cultura neoliberal nos impuso como estilo de vida y sin embargo creemos que en esos valores radica la felicidad.

Cada tanto aparece en la televisión, en las redes sociales, en la calle, una demostración de “no pasa nada”. La publicidad (salvo la del gobierno) toma como tema la pandemia y nos muestra, como siempre, un mundo divertido, cordial, con amor, familia, sexo y niños puros y plenos de simpatía.

¿Qué escondemos?

El miedo.

Tanto se habla de la cultura colonizadora de mentes del neoliberalismo que me parece necesario exponerla.

La desigualdad, la miseria, el odio, la violencia son más viejas que el trueno y la lluvia. Vienen de tan atrás que uno se olvida. La lucha siempre fue una: unos pocos tratando de imponerse sobre los muchos. Y la verdad es que vienen imponiéndose históricamente. Por goleada.

Todo indica que el neoliberalismo es un dogma económico y en todo caso económico social. Pero este dogma esconde el verdadero espíritu del neoliberalismo: someter al otro. El neoliberalismo es en esencia un sistema de dominación. Y lo más importante es que este modelo antiguo, heredero del liberalismo tradicional, es un modelo de apropiación del mundo a través de concentrar la mayor riqueza posible a costa del trabajo y la producción de los demás.

El neoliberalismo propone un juego en el que gana aquel que más acumula. Para eso es necesario que en el juego haya ganadores y perdedores. Nadie gana nada del otro si no lo somete. A la larga es un juego en que cual uno se queda con casi todo. Y si es todo, más ganador aún.

En este juego de estrategia es necesario conseguir que otros produzcan, pero, a la larga o a la corta, eso que les pertenece (de acuerdo con la teoría de la propiedad) lo pierden. La paradoja es que al perder tienen que atenerse a las reglas del juego que impone el ganador. Y el ganador necesita que los que perdieron sigan produciendo. Ese es el círculo. No hay capitalismo sin producción, no hay producción sin trabajadores. Por eso el neoliberalismo, que intenta despreciar la dictadura del proletariado necesita algo más que imponer sus principios por la fuerza (aunque la usa). El neoliberalismo usa las estrategias de la dominación por la cultura.

¿Cuáles son esas estrategias?

Convencer que la felicidad radica en la propiedad de una casa, un auto, viajes, ropa, moda, tecnología, etc. El neoliberalismo necesita que el que produce se desprenda de lo que recibe devolviendo su salario al mismo que se lo dio, con la característica de que ese salario que obtuvo le rindió ganancia a su patrón.

Como el empleador depende de su empleado necesita engañarlo.

¿Cómo es el engaño?

El poderoso engaña al desvalido haciéndole creer que si se empeña llegará a ser como él. Le inculca la idea del progreso a través de la competencia, de tener un enemigo (el enemigo no es el empleador sino el otr@ como él o ella).

El neoliberalismo necesita seducirlo para seguir explotándolo.

Por eso le muestra la vida de fantasía a través de la publicidad, el marketing.

Muchos podrían insinuar que es una manera de motivar a los que menos tienen a esforzarse por tener más, por llegar. Pero no es así. El mundo lo demuestra.

El ejemplo está en la pandemia. En plena crisis universal, con el virus creciendo y rebrotando, con millones de desocupados, con más hambrientos que nunca, con más chicos desnutridos, con caídas brutales de la economía, con amenazas de los bancos de no poder devolver los depósitos, con la idea del presidente Trump de suspender las elecciones en EEUU, cinco, solo cinco multimillonarios del mundo acrecentaron sus fortunas por cinco. Solo uno de ellos, Bezos de Amazon consiguió en cinco días todos los dólares que necesitaría la Argentina para pagar su impagable deuda causada por otro millonario menor pero intensamente perverso que hoy trata de olvidarse de sus delitos en París.

El neoliberalismo necesita de la cultura. Para eso monopoliza los medios de comunicación, la tecnología, los negocios, los mercados. El neoliberalismo se apodera de las mentes de los miles de millones de human@s para convencerlos de ser sus propios caníbales. Y lo peor es que lo consigue. Miles y miles de pobres vapuleados por el neoliberalismo defienden sus principios. Son los que desprecian la cuarentena, son los que no les importa que mueran los otros, son los que desprecian a los apenas más pobres que ellos.

Por eso decimos que la batalla es cultural. Por eso asoma una idea de apocalipsis. Por eso muchos creen que la felicidad volverá a ser como era antes sin darse cuenta de que antes eran también unos infelices.

Hay una pequeña abertura que deja abierta la pandemia: la libertad, la igualdad y la pelea contra el neoliberalismo que intentará de todos modos volver a ser toda la mierda que siempre fue.

Diario de cuarentena. Certezas de la incertidumbre

Diario de cuarentena

Certezas de la incertidumbre

“Solo sé que no sé nada”, ¿se acuerdan de esta frase que circulaba en las clases de filosofía del colegio secundario, allá por la década del 50? ¿Se acuerdan quién la dijo. Se le atribuye a Sócrates, si bien es Platón quién la menciona como dicha por Sócrates.

Seguramente se acuerdan de la famosa “gafe” de Menem que en un reportaje dijo que sus lecturas preferidas eran las obras completas de Sócrates, quién en verdad, no dejó ni una sola obra escrita. Ni siquiera su famosa frase de Solo sé que no se nada”.

De esto se trata esta columna de hoy. Algo sabemos. Como muchos dicen nada será igual. Otros suponen que en poco tiempo todo volverá a ser como siempre fue. Los del medio ambulan entre nada va a ser igual a “con el tiempo todo volverá a ser igual”. No lo sabemos. Estamos en estado de suspensión, especulación, tristeza, desamparo y ansiedad. Pero podemos ir especulando con algunas cosas. Juntos podemos sacar algunas conclusiones.

Hay algunas aseveraciones que parecen no generar dudas. Por ejemplo que esta enfermedad es mucho más grave para l@s viej@s. Las estadísticas mundiales señalan que más del 80% de l@s muert@s tenían más de 70 años. Es más, el promedio ronda los 71 años. Los más jóvenes seguramente tienen otras ilusiones con respecto a la evolución de la enfermedad. Pero muchos anuncian que esta pandemia, que ya estaba anunciada, no será la única. Hay puesta mucho esperanza en la vacuna, aunque todos los científicos coinciden en que para eso hay que esperar al menos un año o año y medio.

Hay señales claras de que todo no será igual. Algunos economistas adelantan que la caída mundial de la economía en este año rondará el 10%. En los EEUU, en menos de un mes hay 10 millones de solicitudes de subsidio por desempleo. Según El País de Madrid, a España le llevará dos años recuperarse de esta tragedia, siempre y cuando las condiciones de la pandemia sean positivas para la población. Hay industrias que no saben si esto significa la quiebra en cadena de aerolíneas internacionales, aeropuertos, cadenas de hoteles, compañías de Cruceros, agencias de viajes y turismo. Muchísimos profesionales independientes están prácticamente desamparados si no fuera por la ayuda del Estado: actores y actrices, la industria del cine, los espectáculos teatrales, electricistas, decoradores, maquilladores, vestuaristas, solo por mencionar algunas. Médicos, odontólogos, kinesiólogos, son una rama de la salud que sufren las consecuencias de las cuarentenas. Colegios privados que no cobran las cuotas porque hay padres que no cobran sus sueldos. El servicio doméstico está sin trabajar y no todos los hogares de clase media tienen ingresos o ahorros como para pagar esos sueldos. Gimnasios, clubes, deportistas profesionales y todos los rubros que acompañan a estas instituciones: técnicos, ayudantes, lavaderos, asistentes.

Una de esas desaparecen McDonalds, Starbruks y los shoppings. Una de esas casi todos los restaurantes cierren. Muy posiblemente no se vendan autos. Es posible que los peajes no recauden. Las cocheras serán más baratas, los negocios de ropa de marca descubrirán que todas las remeras son iguales, que la gran y desproporcionada campaña de las marcas de prestigio no servirán de nada, que la lar publicidad será innecesaria, que cambiar el celular no tendrá sentido y que los millones de usuarios que pagan cable, internet y servicios accesorios, dejarán de hacerlo.

De repente muchos que hasta hace muy poco eran adoradores del dios Mercado ahora suplican al Estado que subvencione sus negocios. Pocos se quejan del dólar super alto, del riesgo país o que el Banco central emita pesos sin respaldo.

No solo cambios en la economía. Habrá cambios en la educación, en la salud, en la cultura, en la vida cotidiana. Todos estos cambios producirán a la larga o a la corta nuevos sistemas de creencias y valores. Parece ser que se descubre que no hay capitalismo sin consumidores y no hay consumo sin ingresos. La vuelta cíclica del dinero que ganan los empleados vuelve a los patrones puede cortarse cuando se tome en cuenta que miles de productos y servicios que consumimos no son de necesidad sino que son estimulados por un modelo de sociedad que consiste en que cada vez pocos tengan mucho y muchísimos tengan poco. Así se descubre que tanto va el cántaro a la fuente hasta que el cántaro se rompe.

Todo esto es pura especulación. No voy a pretender que estas reflexiones sean producto de un estudio profundo. Son simples reflexiones que al parecer no son muy difíciles de creer.

Posiblemente si esto llega a suceder algo bueno pueda pasar. Y eso bueno que puede pasar es que tomemos conciencia que ese 20% del mundo que acumula el 80% de la riqueza y que el 80% restante de los humanos apenas le quede un 20%, no es otra cosa que la llamada DESIGUALDAD.

Es posible que como muchos creen el capitalismo resurja de sus cenizas, que la explotación continúe y que las epidemias se repitan. Es decir, que nada cambie. Si eso sucede, solo descubriremos que Sigmund Freud tenía razón cuando no era optimista respecto al mundo que nos toca vivir.

Una de esas, vamos hacia un mundo mejor. Todo es posible.

Diario de Cuarentena. El azar, la incertidumbre y la ilusión.

El azar, la incertidumbre y la ilusión.

¿Cómo es lo inimaginable? Si no puedo imaginar, fantasear, vislumbrar el futuro es posible que necesite aprender a vivir como si nunca hubiera vivido.

En estos días, cuando estoy viendo una serie, una película vieja o algo de ciencia ficción me extraña ver a gente que camina por las calles, a una familia sentada alrededor de la mesa, a una pareja que se conoce en un tren, a una multitud gritando un gol en una tribuna de una cancha de fútbol, a King Kong en la cúpula del Empire State Building asustando a miles de neoyorquinos. Siento que algo está mal si la gente está a menos de un metro y medio de distancia, sino no tienen un barbijo, si se besan o simplemente se saludan con un apretón de manos.

Este es el primer 24 de marzo que no voy a la Plaza de Mayo, es el primer año en mi vida que no veo un partido de fútbol, que no salgo a la calle, que no veo a mis nietos, que no los beso, abrazo y huelo.

Esto es absolutamente nuevo, inimaginable. Parece ficción pero es pura realidad. Cada mañana, cada madrugada, me pregunto si el mundo cambió de tal manera que voy a pasar el resto de mis días en medio de esta nueva realidad.

Cuando me pongo muy racional contesto mis preguntas más angustiosas con una simple respuesta: hay que esperar la vacuna. Y entonces aparece el fantasma del virus que muta, el virus inteligente que descubrió que los seres humanos con toda su tecnología y sapiencia ignoraron que la naturaleza es sabia y no permitiría que acaben con el planeta.

Todas las mañanas me asomo al balcón y veo a mi vecino de enfrente caminando de punta a punta su propio balcón. Da exactamente 16 pasos hasta un extremo, gira y da otros 16 pasos. ¿Cómo lo sé? Porque los conté. Tiene un balcón de 8.66×2, es decir da 16 pasos para recorrer 17.32 metros . Mientras tanto habla por el celular. Recorre esos 16 pasos en 18 segundos y lo hace por 40 minutos, es decir que camina cada mañana 2400 segundos para recorrer casi 4 kilómetros, 200 metros, sin moverse de su casa. Ni de su balcón. Le grité preguntándole su WhatsApp y me lo cantó uno a uno los números. El primer wapp que le mandé le dije que lo felicitaba porque en 30 días de cuarentena había caminado por su balcón 126 kilómetros, casi lo mismo que haber ido caminando durante un mes a Chascomús. Me contestó con un “ajajaja”. Por mi cuenta hago durante 45 días 22 kilómetros por día en la bicicleta fija.

Paul Auster es un escritor que trabaja sus textos con la idea del azar como eje de las tramas. ¿Qué es el azar? Un efecto, un hecho, que no podemos prever. El hecho que relata Paul Auster en varios de sus libros transcurre en su pubertad. Estando en un campamento de estudiantes en un bosque se desata una tormenta y todos corren para guarescerse debajo de unos árboles. Para alcanzar esa meta hay que cruzar un alambrado. Su amigo de la infancia pone un pie sobre el alambrado para que él pase y en ese momento un rayo alcanza a su amigo que muere electrocutado por darle paso a Paul. Varias veces se pregunta que hubiera pasado si el que hubiera apoyado el pie en el cerco era el mismo y no su amigo. Hubiera muerto. El azar hizo que Paul se salvara de la muerte.

Todos vivimos pendientes del azar. Nunca sabemos si la decisión de cruzar o no una calle puede significar que el azar intervenga para vivir o morir. ¿Salir a la calle y contagiarnos de la enfermedad que provoca el coronavirus? ¿Y si el coronavirus llega a casa de la mano de un proveedor que dejó su mercadería infectada? Todos escuchamos a alguien decir que prefiere morir de la enfermedad del virus a morir de angustia por no salir. Pocos son los que saben que No Salir es más por lo otros que por uno.

Estamos aprendiendo de a poco a vivir con más incertidumbre que la que habitualmente soportamos. Nada es certero de lo que estamos pasando. Nada es totalmente cierto. A veces pasa que la realidad y la fantasía se confunden entre sí. Vivimos en un estado de suspensión.

Seguramente la capacidad de adaptación de los humanos posibilite que más adelante los más jóvenes, los que hoy son pibes y pibas, encuentren un modelo de vida que se adapte la depredación que estamos infringiendo al planeta.

Hoy veía en un noticiero como la guerra continúa en Siria con pandemia. No se sabe que causa más muertes. Miles de millones de dólares, Euros o pesos son usados para matar sin virus. El presidente del país más importante (hasta ahora) del mundo aconseja a inyectarse lavandina. Miles y miles de personas viven la pandemia en un total hacinamiento. Miles de personas enfermas que no sufren el coronavirus mueren por no tener paliativos a sus enfermedades crónicas.

La ilusión es encontrar nuevos paradigmas que nos permitan ser mejores personas. Este mundo está padeciendo lo que hacemos en un estado de victoria del individualismo, el acaparamiento, la desigualdad.

Esta cuarentena no habla del pasado. Hoy nos toca el presente y algo del futuro.

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Diario de Cuarentena/Yo tuve un papá millonario que murió pobre.

¿Cuántos millonarios conociste en tu vida?

El primer millonario que conocí en mi vida fue a mi viejo. No era un millonario en serio, de esos millonarios que tienen la guita en un banco suizo, o tienen acciones o bonos de la deuda externa, no. Me estoy refiriendo a un millonario de los años 50 o 60. Mi viejo era un pequeño industrial, lo que hoy se llamaría una PYME mediana o grande. Depende. Era hijo de mi abuelo Jacobo, un inmigrante que llegó de Rusia en 1905 a los 16 años, de profesión sastre y que gracias a esta tierra generosa consiguió hacer una pequeña fortuna con un taller de unas diez o doce máquinas de coser Singer, trabajando para otros talleres más grandes, confeccionando pantalones y camisas. Jacobo y Sofía, mi abuela, tuvieron cinco hijos: Abraham (1912) Luis, mi papá (1914) Juanita (1916), Jaituve (1918) y Sarita (1924). Como correspondía a una familia inmigrante, Abraham, el mayor se recibió de médico, puso su consultorio en Avellaneda y fue un pediatra reconocido y estudioso. Mi papá, dejó el colegio primario en cuarto grado y empezó a vender jabones, casa por casa, a los 11 años. Juanita ayudaba a la abuela Sofía con las cosas de la casa, le encontraron un novio para casarse a la edad de prometer y de pura rebelde se consiguió un amante clandestino que tenía algunas características que no le caían muy bien a Jacobo: era negro (brasileño), fornido, sensual y encima, lo peor, católico. Juanita se suicidó estando embarazada, unos meses antes de cumplir con la promesa de casamiento al novio judío oficial. Jaituve demoró en suicidarse unos 25 años después. Ella cumplió con la promesa de casarse con su primo hermano, mi tío Avelino, con quien tuvo dos hijos, un varón y una nena. Jaituve se suicidó porque se había enamorado del médico de mi tío Avelino, quien a su vez había sufrido un ACV a la temprana edad de 48 años y había quedado paralítico de su lado izquierdo, pero le permitía usar su bastón con la derecha, con el cual le producía variados moretones a la pobre Jaituve. Ella también se suicidó cuando mi abuelo Jacobo no aprobó su separación de Avelino, por más que ella justificara que el bueno y gordo marido le pegaba con un bastón. Finalmente, la menor, Sarita, se casó con un buen muchacho judío, trabajador, que era el dependiente del negocio de Jacobo, su mano derecha, su cadete y también, el candidato ideal para la tía Sarita. Por lo tanto, Sarita no se suicidó. Apenas si se volvió loca, fumadora empedernida, neurótica de manual.

Bueno de esa familia judía surgió mi papá que de vender jabones pasó por distintas etapas hasta llegar a tener una fábrica con casi una centena de obreros y empleados y entre estos últimos un chofer llamado Rodolfo.

Y sí, mi papá, era millonario a los 38 años, tenía chofer y algunas novias que yo conocía porque casi siempre eran o empleadas de confianza o amigas íntimas de mi mamá, Adela, o Adelita para los de mayor confianza.

Así que siendo mi papá millonario, teníamos un departamento de 400 metros cuadrados en Villa Crespo, con jardín, jardinero y dos empleadas de servicio, con cama adentro y Adolfo el chofer.

Mi papá era bastante avaro. Amarrete, se decía. Tacaño, también. Ahí descubrí a la edad temprana que una de las características de los millonarios es que no se desprenden fácilmente del dinero que ganan a costa de sus explotados. Mi papá le dejaba a mi mamá todos los días la plata para el mercado y mi mamá todos los días le reclamaba que eso no alcanzaba. También, en el transcurso de los años escuchaba que no solo le dejaba poco a mamá, sino que además ella lo acusaba de gastarse el dinero con sus amantes, o lo que descubriríamos tiempo después, en una amiga de mi mamá, viuda joven de un cliente de mi papá, con el cual hacían negocios con corrupción mediante.

Cuando Carlos se murió increíblemente después de una operación de apendicitis, su viuda comenzó a ser la novia de mi papá y dejó de ser la amiga de mi mamá. Cosa de millonarios.

Cuando Perón es derrocado por el golpe cívico militar de 1955 mi papá deja de ser millonario. La Fundación Evita, a la que él le vendía miles de indumentarias para los pibes pobres , fue intervenida por las fuerzas militares y por ende nunca cobró lo que le debían. El era acreedor de una organización que los militares consideraban corrupta. No le pagaron y él dejo de ser millonario por unos cuantos años.

Ya casado con su nueva mujer, encontró un nuevo rumbo en Venezuela, la Venezuela del petróleo y la nueva democracia de Rómulo Betancourt el líder de esos momentos del partido Acción Democrática.

Papá, en Venezuela, volvió a ser millonario. Reconstruyó su modelo de fábrica, consiguió ser proveedor del estado venezolano, pagó las coimas necesarias y consiguió su objetivo: nadar en plata, o en Bolívares.

Una vez más, volvió a las grandes casas, a sus gustos de pequeño burgués, con autos importantes y viajes a Europa. Visitó la clínica de la doctora Aslan donde hizo los exámenes previos para conseguir las famosas pastillas de la juventud eterna.

El rodrigazo en la Argentina de Isabel lo encontró financiando sus propias obras de construcción y en menos de una año quedó nuevamente pobre. Y así murió, pobre, en el Hospital Durand, de una septicemia que seguramente hubiera podido evitar en el Otamendi o en la Clínica de la Swiss Medical.

De todo esto me acordé hoy mientras leía con pasión la nota de Horacio Verbitsky acerca del impuesto a las fortunas argentinas. Cómo se oponen los millonarios genuinos, pero también los que no lo son pero sueñan con serlo o admiran a los que lo son.

Hoy un columnista del New York Times decía que lo que habría que encontrar rápido es un antídoto contra Trump, que no solo es multi millonario sino que además es el presidente del país más poderoso del mundo. O quizás el que fue el país más poderoso del mundo.

(Una cuarentena llena de recuerdos familiares. Que dios me perdone)

Diario de Cuarentena. Acerca del amor, la vida y la muerte.

Ingmar Bergman (director de teatro y cine sueco – Upsala 1918 Isla Faro 2007) en una carta dirigida a sus actores y actrices convocándolos a la filmación de una nueva película, les dice: “como siempre esta nueva película tiene como tema la vida, el amor y la muerte”.

Desde hace tiempo, pero especialmente en estos últimos 40 días, justamente de “cuarentena”, esta carta de Bergman me persigue y me deleita. La vida, el amor y la muerte.

Esta semana murieron Fontova y Marcos Mundstok. A ambos los conocí trabajando en publicidad. A Fontova le pedí una letra para una canción (un jingle)  para Alfombras Kalpakian. Quería una cumbia que se burlara de las moquetes y alabara los arabescos. A Marcos, cuando los dos trabajábamos en publicidad en distintas agencias para un cliente importante de esos tiempos: Ducilo (internacionalmente Dupont).

Tenían en común un don: el desparpajo. Sonia Braguetti era un hallazgo del Negro Fontova que Jorge Guinzburg, también muerto, supo explotar gracias a su genio empresario y productor artístico. Marcos inventó a Giuseppe Mastropiero, otro personaje inesperado que hizo de Les Luthiers un éxito que persiste hace medio siglo.

Todos los Luthiers son grandes músicos, menos Marcos, que sabía mucho de música, pero nunca ejecutó un instrumento. No sé si el negro murió pobre, pero seguro no terminó sus días siendo rico.

MI hermano Juan vivió casi toda su vida como un millonario, un exquisito, un excéntrico. Vivió en casas enormes, las mejores ubicadas, con ropa de muy buen gusto, sobre toda inglesa. Juan nunca tomó otro whisky que no fuera Chivas Regall, ni fumó otros cigarrillos que no provinieran de Inglaterra, Estados Unidos u habanos Montecristo originales de Cuba. Murió como lo que fue: un millonario. Juan murió un 28 de agosto de 2010 sin un peso en el bolsillo. El último verano clamaba por un ventilador, vendía sus cuchillos de acero de marca Wüsthof, sus 10 pares de zapatos Church (ingleses) y dos sillones que trajo de la India, para poder seguir tomando champán francés y comer ostras importadas. Murió pobre y vivió como un rico.

Es una confesión: la muerte que más lloré fue la de mi perro Bargach. Bargach era un Boxer adorable. Simpático, cariñoso y amigo entrañable. La mañana del día que se murió se despidió subiéndose con sus patas a mi pecho esperando la caricia en la cabezota. Lo abracé, le besé esa cabeza cuadrada y me fui a trabajar. Cuando volví a la noche a casa y me dijeron que Bargach se había muerto de golpe, seguramente de un infarto masivo, no pude contener un llanto espontáneo, una sensación de pérdida enorme y salí de casa rumbo a algún lado, solo, diciéndome que no era posible, que Bargach era joven, que su vida había sido solo un suspiro. Hice el duelo y hoy, a casi 25 años de su muerte sigue siendo la pérdida de un amigo irremplazable.

Cuando murió Pepe Eliaschev también lloré. A solas, en el baño de mi casa. Mirándome al espejo le dije a Pepe “no me diste la oportunidad de decirte cuanto te despreciaba por tu revés en la vida política”. Yo no lo quería ya a Pepe. Pero yo quería que viviera. Yo quería que algún día me dijera porque me había traicionado pasándose a la derecha. Pero no quería que se muriera.

En casi 80 años aprendí y entendí que a la vida hay que dejarla fluir, que vaya pasando, que transcurra. Claro que lo entendí tarde, pero lo entendí. Mi infancia fue una mezcla de tristezas y pronósticos de cosas terribles. Tuve padres ocupados en otro hermano, en otras cosas y los suplanté por abuelos, novias, amigos entrañables.

Pupi era mi amigo de la adolescencia. También murió muy joven. En la guerrilla de Orán, Salta, siendo un aprendiz de guerrillero en el EGP el ejército guerrillero del pueblo, un movimiento guevarista que impulsó y comandó Jorge Masetti, el Comandante Segundo.

La vida transcurre mientras otros mueren y uno sigue viviendo. El amor es una sensación muy profunda que el tiempo transforma de enamoramiento en amor. El enamoramiento es esa sensación de tener la cabeza ocupada todo el tiempo en otro nombre, en otra imagen, en otros recuerdos, en algunos sueños. Sufrir por amor, aprendí del libro de Igor Caruso La Separación de los Amantes, es perder el lugar privilegiado de otro u otra en su cabeza, en su mente. Cuando uno desaparece de la mente del otro es cuando el sufrimiento por amor se transforma en duelo de muerte.

La vida, el amor y la muerte es un triángulo maravilloso, único e insoportable. Es un peso, una pluma, una pared. Por eso los que acumulan bienes en lugar de amor tienen la misma muerte que los que no acumularon bienes: la nada. Porque la vida empieza de la nada, o casi la nada, y termina en la nada. Nada más cierto que del polvo vienes y en polvo te conviertes.

Hasta mañana.

Freud, Bergman, Woody Allen y mi abuelo Salomón.

Diario de Cuarentena

Freud, Bergman, Woody Allen y mi abuelo Salomón.

Sigmund Freud, Ingmar Bergman, Woody Allen y mi abuelo Salomón Tulchinsky. Tres ídolos famosos y uno anónimo.

Salomón nació en una aldea cercana a Kiev, en Ucrania, en 1891. A los catorce años llegó a Buenos Aires con una valija de cartón y un violín en su estuche. Llegó el 5 de julio de 1905 y ese mismo día con su papá, mi bisabuelo Moisés, tomaron el tranvía en el puerto de Buenos Aires y fueron hasta la Avenida San Martín y Luis Viale, a la dirección que tenían anotada en un papelito de un paisano que había llegado dos años antes. Trabajó de sastre, tocaba el violín en un bar de Villa Crespo, estudió y trabajó de actor de teatro idish, fue sindicalista y anarquista. Viví con él y mi abuela Rosa muchos años de mi infancia. Me leía Bakunin antes de dormirme. Me enseñaba que en la vida hay que compartir lo que uno tiene, porque es la única manera de ser un “mench”, una persona. Salomón me llevaba al cine, al Parque Japonés en Retiro, al Zoológico, al Botánico y también lo acompañaba a las reuniones políticas que tenía con un grupo de compañeros del sindicato del vestido.

A Freud llegué gracias a mi novia de la adolescencia. Frida lo conoció a Freud gracias a la revista Nuestros Hijos, una publicación de avanzada que hablaba de la psicoterapia, del psicoanálisis y de Sigmund Freud.

La primera vez que me analicé fue en 1959. Tuve un par de meses viendo al DR Gallinovsky que era un médico psiquiatra que había ingresado a los cursos de la APA, la Asociación Psicoanalítica Argentina. Poco después comencé una terapia de grupo con León Grinberg, quien terminaba de publicar un libro Psicoterapia de Grupo escrito juntamente con Mari Langer y Emilio Rodrigué. El primer tomo de Freud lo compré en la librería de Fray Mocho, cuyo dueño, Don Marcos, me dio un crédito por pura confianza para pagarlo en seis veces. Compré el tomo Psicoanálisis de los sueños que era la lectura que recomendaban Ángel Garma y Arnaldo Rascovsky en las clases abiertas que daban en la facultad de medicina los martes y jueves. Mi libro de cabecera o el libro que consulto cada vez que me encuentro ante la alternativa de entender algo de lo que pasa con el hombre y la sociedad, es El Malestar en la Cultura.

Fui también un lector apasionado de la correspondencia de Freud, especialmente con Lou Salomé y con el odontólogo William Fliess. También las cartas que le enviaba a Marta Bernays, su novia y esposa de toda la vida.

Mi frustración es no haber sido psicoanalista. También no haber sido un escritor. También no saber disfrutar de la pintura, aunque si del diseño gráfico.

Es difícil explicarlo, pero creo que soy freudiano. ¿Qué significa eso? Que creo en el inconsciente. Para decirlo más sencillo, creo que el inconsciente existe más allá de no poder ubicarlo en ningún lado físico del cuerpo humano.

Como ya lo conté vi mucho cine en mi vida. Miles de películas. De esas miles de películas pocas me produjeron un efecto de sensibilidad artística y emocional como algunas de las películas de Ingmar Bergman. Cuando Huye el Día, El Séptimo Sello, Escenas de la Vida Conyugal y posteriormente Sarabanda, fueron impactos al corazón, golpes al estómago, sudestadas en la cabeza.

Cada tanto veo un documental, una entrevista que la televisión sueca le hace a Bergman y a su actor predilecto Erland Josephson, poco antes que los dos amigos y compañeros mueran. Es un final de vida que resume una vida dedicada al teatro y al cine. (les recomiendo muy especialmente verla en You Tube https://www.youtube.com/watch?v=HqTRUQe-bAc&t=2489s

Con Woody Allen me une una relación generacional. Es apenas siete años mayor, pero siempre pienso que no quiero morirme antes que él para no perderme su última película.

Tengo todas la biografías de Woody. Todas son muy parecidas. Todas intentan demostrar que él y sus personajes son distintos, pero cuanto más intentan menos lo consiguen.

Vi absolutamente todas sus películas. Algunas 10 veces, como Manhattan, Crímenes y Pecados, Hanna y sus hermanas, Match Point. Cuando alguien me dice que una película de Woody es mala yo contesto que la más mala me gusta. ¿Fanatismo? Posiblemente. Ahora está a punto de publicar su Autobiografía. La espero ansiosamente. También espero ver su última película y si por culpa de esta pandemia no se podrá ir al cine por mucho tiempo espero que las nuevas tecnologías sirvan al menos para ver en el televisor estas películas inmensas.

Gracias por leer. Es un gusto.

Diario de Cuarentena 3a Parte. La vida cotidiana en los ’60

Diario de Cuarentena 3a Parte.
La vida cotidiana en los ’60
La generación del ’60 estaba politizada. Los que teníamos entre 20 y 30 años nos caracterizaban algunos hechos referenciales. En enero de 1959 Fidel Castro había bajado de Sierra Maestra, derrocando all dictador y sobador de gringos Fulgencio Batista, Era presidente Arturo Frondizi que estaba continuamente siendo asediado por los militares que habían derrocado a Perón y no le perdonaban que hubiera ganado las elecciones del 23 de febrero de 1958 con su ayuda. Al lado de Frondizi estaba el Tapir, Rogelio Frigerio, un ex comunista que se había corrido a un nacionalismo economicista y proclamaba la teoría del desarrollo económico.
En noviembre de 1962 Jacobo Timerman lanzaba el primer semanario de noticias a la manera de la revista Time de EEUU, Primera Plana.
El peronismo, especialmente el ala sindical, proscripto, crecía en la ilegalidad y el nombre de Perón que había sido prohibido por un decreto de la Revolución Libertadora, el famoso 4161, se inscribía en cada pared del suburbano con el símbolo de una V y encima una p. El famoso Perón Vuelve.
Perón había iniciado un largo exilio que comenzó en Paraguay, siguió en Venezuela y llegó hasta Panamá con un último destino en Madrid, España.
Pasaron 18 años y el famoso Perón vuelve se cumplió. Y volvió a ser presidente en 1974.
El radicalismo se había dividido en dos La UCR del Pueblo y la UCRI, la Unión Cívica Radical Intransigente. Balbín de un lado, Frondizi del otro.
En la década del 60 a la del 70 pasaron por el gobierno Frondizi, Guido, Illia, Onganía, Levingston y finalmente el General Lanusse.
Dos presidentes derrocados, un presidente civil títere de los militares (Guido) y tres militares sucesivos.
El peronismo volvió a la legalidad por poco tiempo. Frondizi cumplió con su palabra y en las elecciones de Marzo de 1962 el peronismo ganó por amplia mayoría la Provincia de Buenos Aires, siendo su candidato a gobernador el sindicalista Andrés Framini,. Frondizi, acosado por la cúpula militar, anuló las elecciones y se produjo el golpe cívico militar que terminaría con el gobierno elegido por el pueblo.
Comienza así una nueva etapa :la lucha armada.

Diario de Cuarentena. Intimidades de las horas de encierro.

Diario de Cuarentena.

Intimidades de las horas de encierro.

Todavía camino a paso ligero, sin bastón, erguido y mirando al frente. Eso no significa que no me cuide. La última vez que me caí y se acercaron dos o tres personas preguntándome como estaba, si necesitaba algo o ¿quiere que llamemos al SAME? Lo que sentí, más que agradecimiento, es vergüenza. Así como me da vergüenza que me ofrezcan el asiento en el colectivo aunque también me da bronca que un pibe sentado en el reservado para embarazad@s, discapacitad@s o viej@s se haga el boludo mirando el celular o mirando para otro lado, es decir a la ventanilla.

Ser viejo, no es chiste. Pero prefiero ser un viejo que conserva el humor. Posiblemente para espantar a la enfermedad, la muerte, la soledad.

Todo esto viene a que le dije a un amigo que esta cuarentena se parecía a un pre-geriátrico o residencia de ancianos. Nos reímos los dos, pero a mí me parece que nos reímos de nervios.

Yo llegué a la vejez casi sin darme cuenta. Algo así como el tiempo en el cine. Esas dos horas que dura la película de Woody Allen que tanto me gusta y por lo tanto cuando me doy cuenta de que está por terminar siento que me gustaría que siga, que siga y siga, es porque el tiempo se me pasó, como se dice, volando. ¿Se dieron cuenta que cuatro horas de auto es una cosa y cuatro horas de avión es otra? Seis horas durmiendo no son seis horas trabajando. O cuarenta minutos de cinta no son cuarenta minutos de un primer tiempo de Boca-River. Necesito tantos ejemplos para decir(me) que mis casi 80 me parecen 60, o exagero, me parecen 50, o 40.

Como no creo en dios, ni en otra vida, ni en la reencarnación, me resulta bastante molesto esto de morirme. No voy a mentir diciendo que es preferible tener pensamientos positivos, o no pensar en “eso”. La gente que conozco de mi edad, de mi generación, tampoco le pasa desapercibido el tema. Los chistes ayudan a mantener el espíritu abierto y no quitarle espacio por más miedo que haya.

Esta cuarentena no me tomó desprevenido. Trabajo, estudio, leo, pienso, estoy en “las redes”, ahora, en cuarentena, y cuando no estaba en cuarentena también. ¿Qué es lo que me falta?

Antes que nada me faltan mis nietos y mi bisnieta. Me falta el ruido , el quilombo, ir a comprar regalos, cosas ricas, el tocarlos, besarlos, abrazarlos. Me faltan los amigos, las amigas, las discusiones, las emociones, las miradas. Me falta la libertad. Eso me falta y eso extraño. Yo tenía un amigo raro e indescifrable con el cual teníamos una relación entrañable. Se llamaba Juan Fresán y se murió antes de tiempo. El tipo era un genio, un tipo brillante. Un diseñador, un artista, un pensador. Juan decía que tenía que vivir al menos a dos o tres cuadras del Florida Garden, la tradicional confitería de Paraguay y Florida. Yo le decía: pero Juan si vos prácticamente no salís de tu casa, nunca vas al Florida Garden, odias encontrarte con gente, por qué tendrías que vivir a tres cuadras del Florida Garden. Juan contestaba: “No me importa que yo no vaya. Lo que me importa es saber que está ahí y yo estoy cerca”.

Pero creo que todo esto es para ocultar otras cosas que me faltan. Me falta la pasión, eso sí me falta. Y eso no se compra, no se alquila, no se disimula. La única pasión que me queda es militar por un mundo totalmente diferente al que vivo y noto que se va debilitando al igual que otras pasiones.

Cuando tenía 30 años tuve una crisis que en esa época se llamaba la crisis de la mitad de la vida, porque se creía, o creíamos que la vida duraba más o menos sesenta años. Y su duraba más era simplemente porque uno duraba más que la vida. En esa crisis de la mitad de la vida los de mi generación queríamos ser hippies. Estaba de moda largar todo e irse a vivir a El Bolsón, en Río Negro, a cuarenta kilómetros de Bariloche. Algunos lo hicieron. Antes que llegara la dictadura, unos meses antes me fui a Venezuela, a Caracas. Lo decidí el día que volvió Perón a la Argentina y viví la guerra de Ezeiza. Había votado a Cámpora y fui, el 1° de mayo de 1973 con el que era mi cuñado de ese entonces a reclamar la libertad de los presos políticos a Villa Devoto. Montoneros era la esperanza. En las reuniones discutíamos cuáles eran las condiciones de fundar una patria socialista. Con una gran amiga hicimos una investigación para El Descamisado sobre la tortura en el conurbano sur de la provincia de Buenos Aires. Cuando presentamos el trabajo, el secretario de redacción nos dijo que no se podía publicar porque a los que denunciábamos como torturadores posiblemente los iba a necesitar el movimiento para “otras tareas”. Poco después, renunciaba Cámpora y asumía Lastieri, el yerno de López Rega. Por eso me fui a Venezuela.

Escribiendo sobre cuarentena en el 2020, las intimidades me retrotraen a los 70. Vaya viaje a la historia. Vaya viaje a la pasión.

Como muchos de ustedes saben intento nunca pasarme de las mil palabras, por eso voy a dejar acá. Aunque prometo que mañana voy a seguir con las intimidades. Ojalá tenga ganas…con esta desapasionada cuarentena. Salute,

Crónicas publicitarias. Ford Falcon (La vida tiene sus miserias) Marcelo Cosin

Pasaba por el sexto piso, donde estaban los directores de cuentas y también la gerencia, cuando Graciela me avisó que tenía una llamada. Levanté el tubo y antes de preguntar quién era escuché una voz cavernosa que me amenazaba con matarme a mí y a mi familia si no me iba del país en 24 horas. Me dijo algo más, pero no me acuerdo porque quedé aturdido, sin saber que debía hacer, pensar o decir. Solo atiné a hacer la pregunta más idiota del momento: ¿pero, quién habla?

El sexto piso era el sexto piso de la agencia J.W.Thompson, el gerente era Horacio Diez, y ese día era el viernes 7 de octubre de 1983, a 23 días de las elecciones presidenciales en las que Raúl Alfonsín sería proclamado el nuevo presidente constitucional de la Argentina.

Casualmente, en esos días, estaban en pleno apogeo las campañas políticas de los dos partidos que aspiraban a gobernar un país destruido por la desaparición de personas, la persecución indiscriminada de toda índole, pobreza, inflación y sobre todo, un país con sus valores sociales despedazados. El final de una guerra absurda, con una sociedad confundida que solo atinaba a confiar en un final terrible y un comienzo, al menos, diferente.

Desde 10 meses atrás, integraba un grupo de profesionales de la publicidad que trabajamos en la campaña publicitaria por la fórmula presidencial Alfonsín-Martínez. Ese grupo era encabezado por David Ratto y también estaba Gabriel Dreyfus.

Cuando me repuse de esa llamada de terror, pude hablar con Emilio Gibaja, coordinador de la campaña desde la UCR y poco después pudo corroborar que no se trataba de ningún grupo político, ni terrorista, ni peronista, ni montonero, ni gremial. También Gibaja pudo saber que el llamado existió y que estaba hecho por profesionales y que seguramente provenía de algún “servicio” pero que no podían identificar exactamente de qué servicio se trataba.

En esos días, además de mi intensa labor en la campaña política estaba en la agencia trabajando la creación de un comercial para Ford – empresa tradicional cliente de JWT – para intentar revitalizar la imagen de una marca con fuertes ribetes cívico-militares-policiales: Ford Falcon.

En esos días, sin que pocos lo supiéramos, existía en la Planta de Ford de Pacheco una fuerza de tareas de la FFAA, seguramente del ejército. Muchos de nosotros comimos asado en ese quincho de Pacheco sin saber que a pocos metros se torturaba y se exterminaba gente.

Casi 30 años después supe la verdad acerca de ese llamado misterioso y amenazador. Provenía del grupo de tareas de Ford y tenía como objetivo alejarme de la producción de ese comercial de televisión para Ford Falcon.

El director de la cuenta de Ford en JWT era en esos momentos Marcos Golfari, quien años después se convirtiera en uno de los más afamados publicitarios mundiales desde la agencia David Ogilvy.

Todos los comerciales de Ford los producía una sola compañía: Horacio Casares y Asociados.

Por las características del comercial que mi grupo había creado, Ford Falcon Comics (vaya título de comercial para esa época) Marcos me había preguntado a quién yo consideraba el mejor director para un trabajo de ese estilo. A Luis Puenzo, le contesté sin dudar a Marcos (Hoy Luis es el presidente del INCAA y en esos momentos aún no había ganado el Clío por la Historia Oficial). Marcos tampoco dudo. Pedile un presupuesto. Así lo hice y Luis me contestó que no pensaba mandarme ningún presupuesto porque sabía que los comerciales de Ford los hacía Horacio Casares “por orden de Ford”.

Pese a todo, un productor de cine de JWT ligado a la mafia Ford, denunció mi propuesta y el resultado fue la amenaza telefónica.

Han pasado 37 años.

Algunos funcionarios de Ford fueron condenados por delitos de lesa humanidad, tortura y desaparición de personas.

Se comprobó que en la Planta de Pacheco de Ford funcionaba un centro de tareas.

La publicidad, muchas veces esconde detrás de sus frivolidades algunas historias que deben ser develadas.

Soy un testigo, aún vivo, de esas miserias.

El comercial terminaba con un coro que cantaba:

“Viva Falcon. Viva Ford”.

Perdón.

Crónicas no aptas para menores de sesenta.(Cortas, más o menos verdaderas)

Marcelo Cosin

El Plus Ultra era un bar. No era un café de esquina, era un bar. Una idea que aparecía en Buenos Aires: el bar americano. Un largo mostrador, con hileras de tres mesas. Una mesa contra la pared, una al medio y otra cerca del mostrador. Por supuesto que no tenía mesas en la calle, pero si una mesa en la misma entrada. En esa mesa se juntaban los muchachos de la barra del “ultra”.

El Plus Ultra estaba sobre la avenida Corrientes, al lado de El Cafetal, casi esquina Canning, la que hoy es Scalabrini Ortiz.

Al lado del Plus Ultra estaba uno de los kioskos de la familia Carucchia, atendido por los mellizos Carucha, jorobados, feos y malhumorados. En frente al Plus Ultra, siempre sentada en una silla alta, estaba “la gorda” atendiendo la librería. A la gorda la ayudaba su hermana Ana. Ahí comprábamos los diarios íntimos con candado que regalábamos sistemáticamente cada vez que teníamos un cumpleaños de quince.

La barra del Ultra tenía lo que hoy llamaríamos “códigos”. Los principales de la barra se sentaban en lugares fijos, modelo que seguramente tomó Sofovich para Polémica en el Bar. El primero en llegar cada mediodía era el Turco Alberto. Se sentaba en la silla que daba a la calle y acompañaba el café encendiendo un Chesterfield sin filtro, importado, que compraba de contrabando en la peluquería de Velazco y Malabia, al lado del Mercado.

Al rato llegaba el gordo Hugo que fumaba Saratoga, y se quedaba apenas un rato porque tenía que entrar a la una a trabajar en Gas del Estado. Que decís, Turco, cómo andás Gordo. Viste lo que pasó con la Junta Consultiva, interrogaba Mauri mientras se acomodaba en una silla al lado del Turco. La Junta Consultiva era la que asesoraba al gobierno cívico militar de Aramburu que era el que había sustituido al General Lonardi tres meses después de la Revolución Libertadora.

En menos de cinco minutos la mesa que daba a la entrada del Plus Ultra sobre la Avenida Corrientes estaba colmada. Se habían sentado a la mesa Rojas, Morris, Tito Maglio, el Turco Jorge, el ruso García, Arnoldo el de la nariz torcida.

Cuando ya no quedaba lugar alrededor de la mesa se incorporaban otros en un segundo círculo de sillas. Todos fumaban. Todos tomaban café. Alguno siempre pechaba fasos y otros siempre pedían págame el café que no tengo un mango.

¿De qué se hablaba en el Plus Ultra esos mediodías?. De política, de percances, de dramas del barrio. De minas, milongas y salidas, estaba reservado para los viernes y sábados, sobre todo, antes de armar el plan. También lo mejor del Ultra eran las historias que se contaban a la madrugada cuando los muchachos se juntaban para terminar el día.

En el Plus Ultra también hubo muertes, afanos, peleas y algunos que lloraron la pérdida o el abandono de alguna mina.

Eso sí, en el Plus Ultra, nunca hubo una traición. Y si la hubo, de eso no se habla.

Las mujeres y el poder.

Cristina Fernández fue la primera mujer electa presidenta con el voto popular. El siglo XXI el feminismo parece ser el avance político más importante.

Entrevista a Cristina Fernández

Cristina Fernández de Kirchner fue la primera mujer electa presidenta en la Argentina por el voto popular. Previamente, María Estela Martínez de Perón ejerció la presidencia, constitucionalmente, posterior a la muerte en ejercicio de Juan Domingo Perón, siendo su esposa la vicepresidenta.

Para analizar el material gráfico de la presencia de lo femenino es indispensable fijar las imágenes de Evita, Eva Duarte o María Eva Duarte de Perón.

Evita Actriz

Primeras Damas

Regina Pacini, la mujer de Marcelo T de Alvear.

Zulemas (Zulema Yoma y Zulemita Menen)

Zulemita fue Primera Dama y Elena Fagionatto de Frondizi: la única foto en Google.